domingo, 23 de abril de 2023

Esclavos

Se aprendió a manipular el fuego y con ello aumentaron considerablemente las posibilidades alimenticias. Se inventó el garrote y se acrecentó el poder de los más hábiles en su manejo. Después se domesticó el caballo y se pudo abarcar mucho más territorio. Con la invención de la rueda se multiplicaron las posibilidades de llevar cosas de aquí para allá, o sea, de comerciar. Cuando se inventó la escritura fue como si al ser humano le hubiese crecido un órgano que le permitía trasladar fielmente el recuerdo de sus experiencias a las generaciones siguientes. La vela, la máquina de vapor, la electricidad, la asepsia, el motor de explosión, los aeroplanos... el internet. 

Hace ya casi treinta años que vengo usando el internet. De hecho, se podría decir, a primera vista, que mi vida tiene un antes y un después de que el invento entrase en mi vida. Sin embargo, como el haber tenido la manía de escribir dietarios me otorga un plus de memoria, ahora tengo serias dudas de que el vivir enganchado a la red me haya aportado, como tendemos a pensar, grandes ventajas a mi atribulado transitar por este conocido por el vulgo como valle de lágrimas.

Qué duda cabe de que ha sido una herramienta facilitadora de ciertas tareas autoimpuestas. La música y las matemáticas, por ejemplo. Lo que no puedo saber es en qué medida me ha facilitado, porque, al fin y al cabo, son dos empeños en los que la parte del león se la lleva la propia pasión. Y por supuesto que los servicios de la Khan Academy me fueron utilísimos, pero sin las previas lecciones que me dio Amaya en Aguilar de Campoo lo más probable es que me hubiera servido de poco. Lo mismo que la música, que si no hubiese sido por todas las academias y profesores que he frecuentado poco hubiese tenido que rascar. 

El caso es que releyendo mis dietarios observo que, sin ni siquiera saber lo que era el internet, mi vida, en esencia era exactamente igual que la de ahora que, por fas o por nefas, estoy todo el día colgado del invento. Sí, ahora escribo aquí, que es una forma de hacer público lo escrito. Pero, al respecto, es como echar una gota de agua en el océano. Lo que cuenta es la gota de agua y, eso, me cuesta producirla exactamente igual ahora que cuando me la guardaba para mí. 

Y por supuesto que está la cosa esa de la información. ¿Qué es la información? Una vez escuché a un monje de un monasterio de clausura que al ser preguntado si no echaba en falta saber del mundo, contestó que a él qué más le daba enterarse o no enterarse de que Monica Lewinski le había hecho una felación a Clinton. Porque, no se engañen, de ese tipo es toda la información que recibimos de los medios. La verdadera es cuando te sientas en tu casa con un libro de Platón o Aristóteles entre las manos y tratas de aprender a observar el mundo que te rodea. Porque, convéncete, si no te has detenido lo suficiente en la lectura de ese tipo de autores, por mucho que mires para donde mires, lo más probable es que no veas nada. 

Así que, ojo al parche, porque las cosas no son, ni mucho menos, lo que nos quieren hacer creer que son. Uno lee historia, a Heródoto, a Tucídides, a Tito Livio, a Tácito, a Suetonio, a... ¿y de qué se da cuenta? Pues de que en aquellos tiempos remotos las preocupaciones de la gente eran exactamente las mismas que las que tiene ahora. La única diferencia que yo aprecio es que se ha producido una especie de pérdida de conciencia de si mismo. Antaño los esclavos sabían que lo eran y hoy día dudo mucho de que se enteren de que lo son. Porque lo son; de eso pueden estar seguros al cien por cien.  

jueves, 20 de abril de 2023

Refinamiento canalla

Esta mañana, tengo que confesarlo, he tenido una hemorragia de satisfacción. Estaba con la partitura de Oblivion y de pronto me he dado cuenta de que ya me empieza a sonar. ¡Condenado Piazzolla! Me tiene completamente hechizado. Es endemoniadamente complicado para mis capacidades interpretativas. Pero, a qué engañarse, sin él la música de la segunda mitad del siglo XX se queda en muy poco. Como siempre pasa, en la decadencia de las naciones es cuando surgen los grandes artistas. Y Argentina no es una excepción. 

Ya les decía el otro día que la filosofía del tango es una mezcla de escepticismo y cinismo y a vivir que son dos días. Por eso, quizá, es que el tango ha traspasado todas las fronteras y se ha erigido en una especie de tótem del refinamiento canalla, la única respuesta aceptable a un mundo sin Dios. Y si ya Carlos Gardel lo elevó hasta cumbres inaccesibles para la mayoría de los mortales, lo de Piazzolla es un puro tirarse de cabeza en el proceloso mar de las pasiones desatadas donde solo los elegidos pueden sobrevivir. En lo que a mí hace, no he encontrado compositor que me permita diferenciar, y valorar, tanto a los diferentes intérpretes. No es lo mismo un Otoño Porteño interpretado por Stefanie Jones que por Ana Vidovic. Ana es correcta, pero Stefanie es sobrenatural. Por no hablar de Mario Stefano Pietrodarchi que se trasporta, arrastrándote con él, a los espacios siderales. 

La música; no fue por nada que Thomas Mann, que sabía mucho del asunto, hiciese pactar con el diablo al protagonista de su biblia musical, el Doctor Faustus. Porque es que, en llegando a ciertos niveles de manipulación de las emociones es impensable que no haya por detrás algo diabólico que le sirva de soporte. En fin, ahora que ando con el Drácula de Stoker, ¡qué bien lo comprendo todo!

miércoles, 19 de abril de 2023

Lechuga

Sigo releyendo mis dietarios -y de paso puliéndolos-, y de pronto me encuentro con una entrada que quiero comentarles por parecerme curiosa. Estaba a la sazón pasando unos días en el piso que por entonces tenía en Cabezón de la Sal y vino a visitarme un amigo de esos que perduran sean cual sean las vicisitudes de la vida. Habíamos comido y bebido generosamente y estábamos de sobremesa con la lengua fácil. Y, entonces, me dijo:  No sabía si contártelo, pero como el vino me ha puesto en disposición de ello te lo voy a contar: ayer me encontré con fulanito y le dije que hoy iba a venir a comer contigo. Me contestó que él no podría comer conmigo porque me consideraba una mala persona o algo así. Luego, para rematar mi denigración, dijo que cuando yo trabajaba en Salamanca había querido curar los cánceres de pulmón con lechuga. No me acordaba ya de que alguien hubiese podido decir una cosa tan chusca de mí, pero tampoco me ha extrañado mucho porque cuando, por lo que sea, se quiere denigrar a alguien lo mejor es no pararse en mientes. 

El caso es que el mentado fulanito había sido en tiempos gran amigo mío y por esas cosas de la vida nos habíamos ido distanciando, en lo que a mí respecta, de una forma, pienso, instintiva. Que es lo que tienen las afinidades electivas que, al nada tener que ver con la sangre, están sometidas al escrutinio de la razón. Si algo te ha chirriado por dentro, queda apuntado en el debe y, así, al haber le pasa como a la piel de zapa, o sea, que merma sin remisión. Una de las últimas chirriaduras, sucedidas cuando la piel de zapa ya estaba muy mermada, la conté en el mismo dietario porque fue uno de esos momentos de la vida en los que más que vergüenza sientes rabia. Es una historia sórdida que pone las cataduras de cada cual al descubierto. Después de aquello, ya, poco rascamos juntos. Y por otro lado, como yo me fui de Santander al poco, despidiéndome a la sueca, pues, no volví a saber prácticamente nada de él, ni ganas. 

De todas formas, lo que me ha llamado más la atención es que fulanito hubiese podido dar pábulo a lo de la lechuga. Aunque, después, recordando que el sujeto en cuestión militaba en organizaciones de cariz comunista, empecé a hilar más fino. Todos hemos visto películas y leído libros en los que se describe de lo que son capaces los comunistas para deshacerse de quien les molesta. 

En fin, que no sé por qué les he contado esto, porque es una nimiedad irrelevante, o sea, un pleonasmo. Por lo demás, yo tampoco podría ir a comer con él, pero, es que, ni con él ni con casi nadie que no sea el poco más de la media docena de personas con las tengo algún trato.  

lunes, 17 de abril de 2023

Scaremongering

El otro día les contaba a propósito de la novela Drácula de Bram Stoker. La leí en su día y me ayudó mucho a comprender toda esa simbología que se esconde detrás de la figura de los Vampiros. ¿Por qué tanta insistencia en escribir y hacer películas sobre ellos? Y, sobre todo, por qué tienen tanto éxito. Así que como ya apenas me acordaba de aquella lectura y unas puntualizaciones de Santi sobre ella me habían despertado la curiosidad, no lo dudé un instante y me fui a la librería de segunda mano que hay en la calle San Luis a ver si me podía agenciar un ejemplar. Y hubo suerte. 

Así es que llevo un par de días enfrascándome al atardecer en su lectura. Como todos esos autores de la segunda mitad del XIX y comienzos de XX, Bram Stoker, te fríe a detalles sobre el paisaje y particularidades, digamos que antropológicas, de las personas que en él habitan. Bien mirado, es un verdadero tostón, y doy la razón a quienes piensan que esa minuciosidad será la que se encargue de que ese tipo de novelas pasen muy pronto al cajón del olvido.

El caso es que ahora ando por donde el protagonista nos cuenta cómo fue su llegada al castillo de Drácula. Un suma y sigue de insinuaciones inquietantes con las que se pretende y, seguramente consigue, poner al lector en un estado de inquietud espiritual de índole temerosa. Intriga y dolor de barriga, como decíamos de niños. Muy ingenuo todo. 

Los ingleses tienen una palabra para tales lluvias de inquietantes insinuaciones: scaremongering. Una palabra que, por cierto, ha sido muy utilizada entre los sectores escépticos respecto de lo de la famosa pandemia, para definir la actitud de los diferentes gobiernos. La promoción del miedo, una emoción que como cualquiera sabe deja a las personas indefensas. 

Y esa es la cuestión que ya me va aclarando la lectura de las primeras páginas, lo fácil que es suscitar el miedo. Solo hay que sacar a pasear un ápice de esa cualidad que todos poseemos en mayor o menor medida y que se llama sadismo. Porque el castillo de Drácula no tiene de por sí por qué inspirarnos miedo. Si lo miras con la perspectiva de Polansky lo que te da es risa. En cualquier caso, lo de los vampiros, por decirlo con esa expresión tan catalana, hay que hacérselo mirar porque, ¡ojo al parche! Que donde menos se piensa salta la liebre.    

sábado, 15 de abril de 2023

Tres pies al gato

Como les iba diciendo ando releyendo los dietarios que escribí hace ya casi treinta años. Y es muy curioso lo que estoy descubriendo. Ya por entonces apuntaba formas de un escepticismo recalcitrante que, sin embargo, no me impulsaba todavía a evitar por todos los medios a mi alcance acceder a cualquier tipo de información, sobre todo, que tuviese que ver con la política y los políticos. Todavía creía por entonces que había televisiones y televisiones, periódicos y periódicos. Me había hecho colocar una parabólica apuntando al Astra y podía ver un montón de canales de todo el mundo. Aunque andaba muy colgado con el canal franco-alemán ARTE, eso no impedía curiosear por los que cantidad de países emitían en inglés, supongo que para hacerse propaganda. 

Pues bien, ¿saben qué?, que la impresión que acababa sacando de todo aquello es la misma que saco ahora cuando buscando vídeos de música por YouTube mis ojos caen sobre los titulares de los otros vídeos. Es una impresión completamente desazonante. Por un lado, los vendedores de crecepelos al más puro estilo de los carromatos de las películas del oeste. Por otro, los que están tan mal que solo se consuelan vendiendo la idea de que estamos al borde del abismo. Y poco más. 

El mundo es inamovible porque por más cachivaches que se inventen para que "no farte de na", el ánimo insatisfecho es la esencia del ser humano. Y, unos, tratan de salir de ese pozo adoptando una actitud agónica y, los otros, la inmensa mayoría, una actitud jeremiaca. Y de ahí ese balanceo esquizofrénico entre el optimismo de unos y el pesimismo de los otros. Un juego que siempre queda en tablas. Y de ahí el eterno retorno que le dicen. 

No queda más remedio que salirse por la tangente e ir a dar en los clásicos. Cada edad tiene los suyos. A la que tengo le vienen como de molde Pessoa y Khayyam. Los leo y vuelvo a leer y me afianzo... ¿o sería más exacto decir que me consuelo? Da igual, porque si algo me enseñan es que es absurdo buscarle tres pies al gato.  

viernes, 14 de abril de 2023

Fouteado

En esas letras de canción cubana, más de una vez he escuchado la palabra fouetear. O sea, dar latigazos. Seguro que viene de la afición de los patrones franceses a tal práctica por aquello de que ningún esclavo se les subiese a las barbas. Sea como sea, es palabra que ya está interiorizada en el lenguaje de la isla. Los franceses, cuando algo les afecta mucho, dicen "frappé de plein fouet". Es decir, que como si les hubiesen dado un latigazo. Imposible pasarlo por alto. 

Uno, que al fin y al cabo no es más que un esclavo se sus pasiones, también de vez en cuando es foueteado por alguna de ellas. Si bien es verdad que, dadas las actuales circunstancias de mi vida, los fouteazos que recibo son del mismo calibre que mis pasiones, o sea, casi imperceptibles. Pero ahí están, en cualquier caso y, como es preceptivo, no lo puedo pasar por alto. 

De este tenor. Leo:

"Nada más... Un poco de sol, una brizna de brisa, unos árboles que enmarcan la distancia, el deseo de ser feliz, la pena por el sucederse de los días, la ciencia siempre insegura y la verdad siempre por descubrir... Nada más, nada más... Nada más, sí..."

¿Es que se puede resumir mejor lo que es la vida? La pena de ver pasar los días sin que los deseos se cumplan, sin que la ciencia nos aporte soluciones ni la verdad se haga presente para iluminarnos. Solo el sol y la brisa... y, a qué engañarse, la copa de vino llena que nos recomienda Khayyam:

"Ignorante que te crees sabio, yo te miro resoplar

entre el infinito del pasado y el infinito del porvenir.

Querría plantar un mojón entre esos infinitos y sentarte en él...

Vete mejor a sentarte bajo un árbol, cerca de una jarra de vino que te haga olvidar tu impotencia."

 

jueves, 13 de abril de 2023

De poetas

Dijo un poeta hace mil años que / la noche no es quizá más que el párpado del día.

Otro poeta, hace un siglo: 

En cualquier espíritu que no sea disforme, existe la creencia en Dios. /

En cualquier espíritu que no sea disforme, no existe la creencia en un Dios definido. /

Y Él, al que, por indefinido, no podemos asignar atributos, es, por eso mismo, el sustantivo absoluto.


Personalmente, desde que empecé a pensar con dos dedos, tuve entre mis primeras, si no la primera, ideas a dilucidar la del sustantivo absoluto por antonomasia, es decir, Dios. Por eso ha sido que me parezca que no hay pregunta más ridícula que esa de ¿cree usted en Dios? Es imposible definirse sobre lo que por su propia naturaleza es indefinible. En todo caso, la pregunta, pienso, debería ser ¿qué idea tiene usted de Dios? Porque, al ser indefinible, es de todo punto inevitable que haya tantas formas de concebirle como cabezas pensantes hay sobre la faz de la tierra. 

En cualquier caso, es el constructo humano que está en el origen de todo. Allí donde cuatro homínidos se juntaron para mejor defenderse lo primero que crearon fue un Dios cohesionador. Un tótem. Como aquellos niños del Señor de la Moscas a los que una tormenta arrojó sobre una isla desierta. En cuatro días ya adoraban a uno y le ofrecían víctimas para aplacar sus furores. 

Para mí, Dios, y hasta que otra iluminación no venga a desmentirme, es lo que da respuesta a todo lo que no la tiene. Todas esas cuestiones trascendentes que atormentan al ser humano hasta que llega Dios a calmarle. Y entonces, como hiciera el padre Astete, empieza a aplicarle adjetivos a cada cual más superferolítico con la intención, supongo, de ponerle de su parte. Un juego infantil sin mayores consecuencias. 

Porque, el caso es ese, que Dios es algo que se escapa a nuestras posibilidades lingüísticas. ¿Se acuerdan de cuando Wittgenstein les pidió a sus alumnos de Cambridge que le describieran el aroma del café? ¿Lo han intentado ustedes alguna vez? Hubiera sido inútil, porque solo hubieran podido decir que el aroma del café es el aroma del café. Dios, lo mismo. 

lunes, 10 de abril de 2023

Cambalache

En su acostumbrada entrega dominical, ayer nos regaló Paola Hermosín el tango Cambalache. Como siempre, antes de interpretar la pieza hizo algunas consideraciones sobre ella. En este caso, en vez de ser sobre la técnica musical fueron de tipo sociológico dada la letra del tango. "Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé", es el comienzo. Lo demás por el estilo. O sea, que, para qué nos vamos a engañar: escepticismo, cinismo y tirar para adelante que son dos días. Es la filosofía del tango. Y quizá la de Argentina en su conjunto: nunca conocí país al que se le fuera tanta fuerza por la boca. 

Digo Argentina y quizá debiera decir el mundo entero. La prueba es que pocos géneros musicales tienen una penetración tan universal como el tango. Y para colmo, va y llega Piazzolla y se pone a la cabeza de todos los repertorios que quieren salirse de lo ya masticado y deglutido. 

¡Por todos los demonios, deja ya de ir a cualquier misa de cualquier religión!, parece ser el grito que se escapa de todas esas letras. Y sálvate a tu manera. "Tomo y obligo, mándese un trago / que hoy necesito el recuerdo matar".  

¿Es que hay alguien que no necesite matar el recuerdo cada dos por tres? 

Mil años ha, sostenía Khayyam:

"¿Dices que el vino es el único bálsamo?

¡Traedme todo el vino del universo!

Mi corazón tiene tantas heridas... ¡Todo el vino del universo

y que mi corazón conserve sus heridas!"


 

domingo, 9 de abril de 2023

Lo telúrico

Hace años, veintisiete concretamente, mantenía con Santi, que se había ido a Japón, una sustanciosa correspondencia. Le había comentado a propósito de Drácula, la novela de Bram Stoker que acababa de leer y, ahora, releyendo mis dietarios de entonces, me encuentro con su respuesta:

“... y eso no tanto por las mismas recurrencias a la vida diaria que tú observas, sino por el vigoroso entramado literario de sus páginas, a saber: el artificio de que diarios, cartas y notas escritas por los personajes acaben haciendo la novela permite que el punto de vista del narrador gire, como una cámara, recorriendo circularmente todo el paisaje imaginativo alrededor del vampiro, que nunca escribe (porque la escritura es reflexión, pensamiento, y los lados oscuros de nuestro yo no piensan, si no sólo actúan). Esta idea del optimismo dieciochesco de la letra como arma contra lo telúrico, los impulsos destructivos, “naturales” y salvajes, me resulta atractivísima (habida cuenta del camino posterior de la humanidad y de dónde hemos acabado llegando): al principio de la novela el joven atrapado en el castillo escribe: trato de llevar mis ideas a este diario porque si no me volvería loco.”

El asunto éste de los vampiros me empezó a apasionar en los albores de una cierta madurez. Supongo que en ello tuvo que ver mi progresiva conciencia de lo sutil que resulta la pertenencia a ese no por despreciable menos atractivo club. Sin duda, me ayudó en ese desvelamiento la película de Polanski El Baile de los Vampiros. ¿Con qué motivos había acudido yo tantas noches a los bailes en el castillo? Al respecto algo tuvo que ver en ello la ilusión de que el vacío existencial se puede llenar sin necesidad de recurrir a la agonía. La vida acomodaticia siempre acaba dando en eso. 

Quizá, esa naciente conciencia de pertenencia a tan despreciable condición fue la que me incitó a escribir buscando con ello algún tipo de redención. Pero no me engaño, el que fue mordido por una adicción siempre lleva sobre sí la querencia de la recaída. ¡Es todo tan complicado! ¡Les costó tanto a los dioses vencer a la noche y el caos! Lo telúrico, en definitiva. 

sábado, 8 de abril de 2023

Dark journey

King Lear: the bitter chronicle of a man´s dark journey from ignorance to understanding (la amarga crónica del oscuro viaje de un hombre desde la ignorancia hasta el entendimiento). O sea, como la vida misma. Y, si no, que alguien con dos dedos me diga que a él no le pasó. 

El rey Lear pensó, como todos los incautos, que si se lo sabía montar el resto de su vida la podría dedicar al dolche farniente. Esto que los socialdemócratas llaman jubilación. Es decir, jubileo permanente. Indulgencia plenaria. Y a ello se puso el buen rey ignorante de que la condición humana es la que es. Incluso, la de las propias hijas. 

Personalmente, lo de la jubilación siempre me ha parecido un disparate. Claro que, a mí la cabeza no me da para jugar al golf. En cualquier caso, con golf o sin él está claro que es la puntilla. Aunque para ser sinceros, hay demasiados trabajos en los que la puntilla vine ya de mucho más atrás que la jubilación. Y en el caso de los funcionarios, ni te digo: el día que sacaron las oposiciones firmaron su sentencia de muerto viviente.  

Sin la menor duda, el Rey Lear no había leído a los clásicos. Porque si los hubiera leído, desde la primera página se habría enterado de que la vida es agonía o no es. En definitiva, de lo que se trata es de morir con las botas puestas.

No quiero continuar porque no tengo muy buen día. Y no sé por qué, porque me ha despertado Santi con un artículo sobre Omar Khayyan en el que se explica como resolvía este señor las ecuaciones de tercer grado por medio de dibujos geométricos. Una verdadera pasada. Ya ven, este hombre que ha pasado a la historia por sus cantos al vino, resulta que solucionaba las ecuaciones de tercer grado trescientos años antes que los matemáticos florentinos.  De todas formas, si quieren abreviar su viaje de la ignorancia al entendimiento, yo les recomiendo que lean a Omar, pero no al matemático, sino al poeta. 


"Sobre la tierra abigarrada, camina alguien que no es musulmán ni infiel, 

que no es ni rico ni pobre. No venera ni a Alá ni a sus leyes.

No cree en la verdad. No afirma nunca. 

Sobre la tierra abigarrada, ¿quién es ese hombre bravo y triste?"



viernes, 7 de abril de 2023

Variaciones Goldberg

Glen Gould, en llegando a un grado de prestigio próximo al de Dios, decidió no tocar más en público. Le parecía que a la perfección a la que aspiraba solo se podía acercar por medio de grabaciones en las que se podía repetir un pasaje tantas veces como quisiera hasta sentirse plenamente satisfecho. No es de extrañar que los técnicos de sonido que colaboraban con él acabasen hasta los mismísimos. Claro, la diferencia de sensibilidad que le separaba de ellos era abismal. Y más que, Glen, que era un neurótico profundo, andaba siempre hasta el culo de pastillas, que ya saben lo que eso agudiza las dotes perceptivas. En fin, son cosas de los genios que hay que aceptar de buena gana porque, lo que cuenta, son los resultados, que, en el caso de Glen son, por así decirlo, la cúspide de la interpretación de Bach... más o menos como Salamanca viene a ser la cúspide del plateresco. Y perdonen la disquisición.

Sea como sea, a mí lo que realmente me gusta es verle interpretar. Me parece un espectáculo irrepetible. Todo su cuerpo participa de las evoluciones armónicas que se trae entre manos. Da la sensación de que su concentración le eleva muy por encima del mundo terrenal. Es decir, como que no es de este mundo. En fin, son cosas que produce la naturaleza por puro capricho para que los humanos tengamos motivos de maravillamiento. 

El caso es que uno anda siempre con estas cosas del maravillamiento por medio de las interpretaciones musicales. Lo mismo puede ser Ksenija Sidorova con el acordeón que Cande acompañando su canto con el contrabajo. Por no hablar de la facilidad casi obscena con la que Yamandu trastea su guitarra de siete cuerdas. La lista sería interminable, pero no quiero dejarlo aquí sin mencionar a la guitarrista Sara Guerrero; lo mismo que con Glen, la intensidad del escucharla se multiplica viéndola interpretar. Su cuerpo, su expresión facial, dan testimonio de las progresiones armónicas que ejecuta con sus dedos. Es un fenómeno de la naturaleza porque, de lo contrario, es imposible entender que a los veintiséis años pueda, no solo retener todo ese repertorio en la cabeza sino, también, interpretarle con ese grado de musicalidad tan personal y perfecto diría yo.

Y mientras tanto siguen las procesiones. Ayer, cuando encendí la tele para ver qué película del oeste estaban poniendo, me encontré con una procesión por las calles de Zamora que, por cierto, es la ciudad donde nació Sara. Me quedé enganchado unos minutos porque tengo un cariño especial a esa ciudad -llegué a ella muchas veces en bicicleta-. El caso es que allí estaba un tipo explicando las procesiones al modo que Perico Delgado explica el Tour. ¡Socialistas en acción! No pueden tolerar que nos hagamos nuestra propia idea de lo que vemos. ¡Por Dios bendito, qué plaga!

jueves, 6 de abril de 2023

Truth is coming

Truth is coming. Al menos eso es lo que afirmó el otro día Elon Musk. Para los que no lo hayan pillado, se lo diré en cristiano: la verdad está saliendo a la luz. Y, desde luego, la compra que hizo Elon de Twitter parece estar colaborando a que así sea. Ayer colgaron en esa plataforma la entrevista que una comisión independiente canadiense, National Citizens Inquiry, le hizo a un tal Dr. Trozzi. Pues bien, las evidencias que se dan es esa entrevista son tan abrumadoras que solo desde mecanismos psicológicos inducidos por el miedo se puede resistir a aceptar la verdad que alumbra. Es terrible, pero es así: cuando uno ha sido engañado de forma tan miserable hay que tener mucha grandeza moral para aceptarlo. Porque, además, este engaño, para mayor desdoro de los engañados, fue propiciado por ese coctel letal que forman al mezclarse la ignorancia con la cobardía. 

¡Por Dios bendito, pero cómo quieren que se olvide la saña con la que fueron tratados los que no se dejaron engañar! ¿Es que acaso se hizo alguna vez mayor ridículo que el de aquellos que se desgañitaban llamando a la cruzada contra los que eran tildados de negacionistas? ¿Y cómo van a ignorar ahora a los millones de perjudicados por haberse metido lo que no era ni seguro ni efectivo ni, sobre todo, vacuna? Sus fotos están por todas las calles del mundo y ya nadie se atreve a arrancarlas como hacían al principio. ¿Pero es que vamos a poder vivir con todo esto sobre las conciencias? Se ve que el personal sabe muy poco de lo que el sentimiento de culpa puede hacer con nuestras  vísceras cuando uno se obstina en negarlo. Así, que una de dos, o se acepta la verdad o el mundo se pudrirá de una vez por todas... bueno, mejor dicho, la pequeña parte del mundo que se salvó de las arremetidas de Disney y Hollywood en general.

Y nunca olviden que como el tenista serbio hubo unos cuantos cientos de millones por todo el mundo. No todo el mundo es igual. Y por sus hechos les conoceréis.  

martes, 4 de abril de 2023

Bloody conundrum

Holanda tiene las dimensiones de una provincia española. Eso no es óbice para que sea la segunda exportadora mundial de alimentos. ¿Cómo puede ser eso? Muy fácil, tecnología mediante. Y ya saben lo que pasa con la tecnología, y por si no lo saben se lo digo yo: es fuego robado a los dioses. A la larga, es posible, e incluso probable, que sea beneficioso, pero, a corto plazo, hay que soportar el rebote de los dioses, que no es manco. Recuerden a Prometeo encadenado. Solo cuando Atenea se apiada y corre a desatar las cadenas se puede empezar a disfrutar de ese fuego. 

Como he vivido en Tierra de Campos sé lo que es la tecnología aplicada a la agricultura. Salía a cabalgar por las mañanas y, en cualquier época del año, veía a los tractores con sus alas extendidas venga a arrojar líquidos mefíticos sobre los campos. Los resultados saltaban a la vista: mares de cereal impolutos. Ni una mala amapola que llevarse a los ojos. Pero, según pude leer en diversas publicaciones, los dioses no están todavía aplacados por Atenea: al parecer,  padecer de diversos cánceres es doce veces más frecuente en la gente del campo que en la de las ciudades. No sé lo que habrá de verdad en eso y, por otra parte, aceptar sin más una relación causa efecto entre esas pócimas que arrojan y la frecuencia de los cánceres es muy aventurado. Pero, la mosca detrás de la oreja es imposible evitarla. 

El caso es que el gobierno de Holanda, siguiendo instrucciones de la Comunidad Europea, quiere poner coto a ese fuego robado porque, según ellos, está causando muchos estragos; por su parte los agricultores dicen que, non sense, porque ya vino Atenea a desatarles y controlan ese fuego a la perfección. ¿Quién se llevará el gato al agua? Quedan demasiadas batallas por delante como para aventurar una respuesta. 

De momento los agricultores han formado un partido y encontrado a una líder. De resultas, en las últimas elecciones habidas han ganado un montón de escaños. Así que las espadas están muy en alto. Y por si no fuera eso poco, la líder, joven y guapa, anda diciendo por ahí que ella quiere ser la Farage holandesa. Es decir, que quiere sacar a Holanda de la Comunidad Europea. 

El quiz de toda esta cuestión es que hay que alimentar a siete mil millones de personas y son, precisamente, los agricultores los que producen la comida. Dicho en el idioma común, todo esto es un bloody conundrum. Un maldito embrollo, para que nos entendamos. ¿Qué hacemos al respecto? ¿Dejamos de echar mierdas al campo y nos acostumbramos a comer menos? ¿O seguimos comiendo a dos papos y que sea lo que Dios quiera? Bueno, en realidad, lo que Dios quiera va a ser hagamos lo que hagamos, pero eso no quita para que sea inevitable que no cese la guerra entre los que viven de su trabajo y los que quieren vivir de organizar la vida de los que trabajan. Es algo tan viejo como el mundo y sin solución posible. 

domingo, 2 de abril de 2023

Inmortalidad

Creo haberle oído decir a Torrente Ballester que escribir sobre uno mismo es bastante miserable. Desde luego que él escribió mayormente ficción, pero, luego, tuvo un hijo que le salió rana y, como el maestro Martínez, lo contó todo porque había estado allí. En fin, servidor no va a entrar en la cosa de la miseria porque, entre otras cosas, he escrito, casi infinito, sobre mí. Y no me arrepiento nada. Al revés, pienso que pocas cosas me han servido tanto para aliviar mi siempre atribulada psique. Otra cosa será lo de hacer público lo escrito, y a eso me imagino que sería a lo que quería referirse Torrente. Al respecto, el Dr, Johson alababa la costumbre de escribir memorias, pero para uso personal y teniendo siempre un amigo de confianza encargado de quemarlas en el caso de que al autor le ocurriese cualquier imprevisto desagradable

Pero también tengo alguna experiencia en lo de escribir ficción. Quizá no haya nada en este mundo para conseguir esa absurda, pero insoslayable, aspiración humana de inmortalidad como escribir ficción. Y, de no ser así, díganme ustedes a qué otro, sea rey o sea porquero, se recuerda de la época de Homero. Por no hablar de Cervantes o Shakespeare, ¿Hubo alguna vez personajes más universales que ellos de quinientos años para acá? 

Y es que la ficción es crear mundos nuevos. O sea, lo que hace Dios, el más inmortal de todos los seres... aunque tampoco mucho, porque:

"La vida pasa. ¿Qué queda de Bagdad y de Balk?

El menor tropiezo es fatal a la rosa demasiado abierta. 

Bebe vino y contempla la luna

evocando las civilizaciones que ella ha visto apagarse."  

En cualquier caso, les puedo asegurar, pocas experiencias he tenido en la vida como la de escribir ficción. Creas personajes y les pones a interactuar entre ellos. Al principio, no te cuesta controlarles, pero pronto empiezan a cobrar vida propia y solo puedes seguirles la pista. Y a veces te hacen gracia y, otras, te desquician. Es como una inmersión en otra realidad de la que no puedes escapar hasta que ya no te queda la menor curiosidad por satisfacer. 

En fin, perdonen que hable tanto sobre mí, pero es que, como es al que mejor conozco... o eso me parece.    

sábado, 1 de abril de 2023

Novelas

Sigo con la revisión de mi vida a través de lo que sobre ella escribí. Con la distancia que proporcionan los casi treinta años pasados desde aquel entonces tormentoso, me regodeo al comprobar los malabarismos mentales que fui capaz de elaborar por tal de mantenerme erguido frente a la fuerza de los elementos. Porque, ¡madre mía, como arreciaban! 

Porque el caso fue que, no podría asegurar si por mi buena o mala cabeza, durante todos aquellos años no paré de meterme en berenjenales que en ocasiones exigieron del arte de un Houdini para poder escapar. Y no es, ni mucho menos, que mi vida haya sido como la de "El Maestro Juan Martínez que estaba allí y lo vio", pero tampoco la de Gregorio Samsa, por más que la de Gregorio diese para una buena novela... claro que no por los méritos de Gregorio, sino por los de quien nos la contó. 

Porque esa es la cuestión, que todas las vidas son una buena novela si se saben contar. Y, francamente, e inmodestia aparte, pienso que yo he sabido contar la mía. Cualquier día de estos la publico y podrá comprobarlo el que quiera. Aunque reconozco que, quizá, todavía, no esté maduro para tanta exposición. Pero, en cualquier caso, ya saben que el narcisismo en algunos tira más que carreta de bueyes o pelo de coño. Por más que, luego, te ahogues en el estanque. ¡Y qué le vamos a hacer!