domingo, 30 de junio de 2024

HERÁCLITO/PARMÉNIDES

Me mandó Santi la siguiente pintada que apareció en alguna calle de algún sitio de mundo; la acompañaba con el siguiente comentario: no todo está perdido: 

ARRIBA HERÁCLITO

ABAJO PARMÉNIDES

Resumiendo: todo cambia versus todo es imperecedero. O algo así. La más vieja de todas las polémicas filosóficas.

Ayer, por motivos que no vienen al caso, vi uno o dos minutos de retransmisión del Tour de Francia. Seguro que Fede lo está viendo, pensé. El caso es que en ese casi instante de atención me dio tiempo a escuchar a alguien -debió ser Perico Delgado- decir: "ya, pero eso que dices es entrar en cuestiones metafísicas". ¡Leches -me dije- qué nivel está adquiriendo esto! Sí, desde luego que Santi tiene razón: no todo está perdido. 

Todo cambia, todo permanece, es una polémica del estilo de la que tuvo al cristianismo desde sus inicios hasta nuestros días porque no hubo un Perico Delgado que viniese a ponerla fin. ¿A quién coño con dos neuronas le puede importar si el hijo se transustancia o no se transustancia en el padre? Porque es que, además, qué es eso de transustanciarse. Es hablar por hablar con palabras cuyo significado se nos escapa. 

Es evidente, de toda evidencia, que todo cambia para que todo permanezca. No hay que leer historia para darse cuenta; basta con poner un poco de atención en la propia vida. Y por lo mismo, todo hijo se parece a su padre en la misma medida que le detesta. Leía el otro día en una novela de Gide sobre la alegría que recibe un chaval al enterarse de manera fortuita de que, el que creía ser su padre, no lo era. Siendo así las cosas, piensa el chaval, ya no tengo la menor necesidad de odiarle.

Lo que para mí demuestra la pintada de marras es que el ser humano necesita imperiosamente, por razones que se me escapan, encontrar motivos para polemizar. Polemizar es como un agua que al beberla da sed. Imposible saciarse por más que se tenga la ilusión de conseguirlo tomando partido... como el que hizo la pintada. Parménides y Heráclito, opiniones que se complementan para acercarse a la escurridiza verdad.  

Personalmente, me acojo a lo de Pessoa: los únicos problemas con solución son los matemáticos. Por eso todos los días procuro hacer un rato de esa gimnasia. Quizá así, quiero pensar, mantendré algo de tensión espiritual hasta el final... que es de lo que se trata. 


sábado, 29 de junio de 2024

Trapaza II

El bachiller Trapaza es un tipo digno de estudio. La verdad es que no comprendo cómo no tiene un puesto más relevante en el imaginario popular de este país. Quizá sea por el lenguaje alambicado de sus diálogos y peroratas. Pero, también, porque a la gente del común no le suele caer simpática la inteligencia que se usa para aprovecharse del prójimo. Porque Trapaza es un superdotado: lo mismo hace versos, que canta y toca el laúd, que hace trampas en el juego, que seduce con su trato. Su único problema es que no distingue el bien del mal, como esos personajes de las películas de los hermanos Coen. En términos psiquiátricos diríamos que Trapaza es un psicópata. El no distinguir el bien del mal le lleva por vía directa a considerar que el fin justifica los medios. Así es que, como todos sus fines son ambiciosos, los medios que tiene que utilizar para conseguirlos en un dos por tres tienen que ser por fuerza fraudulentos. En eso consiste la gracia del personaje, en vivir una vida de fantasía sostenida en el engaño, o la trapacería. Al final, son tantos los hilos del entramado engañoso que es normal que alguno se suelte y tirando de él viene a descubrirse todo el pastel; si hay suerte, tiene tiempo para salir por piernas; si no la tiene, acaba molido a palos, lo cual, para nada le sirve de lección. Que en eso consiste, fundamentalmente, ese tipo de psicopatía, en la incapacidad de aprender de los propios errores.

Lo que contribuye a darle tanta gracia al asunto es que los planes ambiciosos de trapaza se reducen por lo general al más viejo de todos los recursos trapaceros: pegar un buen braguetazo para salir de la miseria de una vez por todas. Recuerdo haber oído comentar de niño acerca de algunos braguetazos que se habían dado entre las amistades de mis padres. El típico médico a trancas y barrancas al que su suegro le había pagado el costoso aparataje necesario para montar una clínica. Luego, a lo largo de la vida vi que de eso había por el mundo para dar y tomar. Supongo que, cuando alguien está inmerso en uno de esos proyectos, lo más probable es que llegue a creerse que, en realidad, él se casa por amor. Y desde luego que por amor lo hace, aunque no sea capaz de distinguir la línea que separa a la prometida de su dinero. Pocos temas más manidos tendrán el cine y la literatura en general. Y es que el mundo, en esto, como en todo lo fundamental, no ha cambiado un ápice desde la noche de los tiempos hasta hoy. Pareciera que con esto del marxismo y tal, se hubiese desvanecido, al menos en parte, el mito del linaje, pero nada más lejos de la realidad. Lo de "buena familia" sigue corriendo de boca en boca con no menos fuerza que en los tiempos de Trapaza.  Y aquello de Don Quijote de que nadie es más que nadie si no hace más que nadie, nunca pudo pasar de ser más que una saludable intención. 

Por lo demás, las aventuras del bachiller Trapaza son un interesante fresco en el que se ve retratada la sociedad española de siglo XVII. Ya solo por eso merece mucho la pena su lectura. Porque de ahí, con sus grandezas y miserias, venimos. Un buen espejo en el que mirarse, en definitiva. 

viernes, 28 de junio de 2024

Falsirela

Tratábamos ayer en nuestras conversaciones transcontinentales del paso del mito al logos. Creo recordar que María Zambrano señala este trascendental hito en el momento en el que a un tal Thales de Mileto se le ocurrió decir ¿por qué?. ¿Por qué son las cosas como son? ¿Qué sentido tienen?

La humanidad tuvo su hito en Thales, y los individuos, que son toda la humanidad, lo tienen cuando empiezan a preguntar: es la edad conocida como la de los porqués. Es, por así decirlo, la evolución natural. Sin embargo, no conviene hacerse ilusiones: la tendencia del ser humano a mitificar es irresistible. De pronto se nos olvida preguntarnos por los porqués de las cosas y no conformamos para darlas por sentadas con el hecho de que estén de moda, es decir, que muchas personas las consideren deseables.  La publicidad ¿qué otra cosa es sino una máquina de mitificar cosas tontas? Incitar a la gente a tener determinadas actitudes por el simple hecho de que le viene bien al que incita. Así, con esa insistencia publicitaria, es como se regresa a la sociedad que podríamos calificar como "prelogos". La sociedad del sinsentido. O sea, de los mitos. 

Supongo que siempre ha sido igual porque pocas cosas más constantes en la historia de la humanidad que la insistencia publicitaria. Todo el mundo tratando de llevar el agua a su molino por medio de engaños. Y es que es tan fácil engañar al ser humano que, por lo general, se pasa la mayoría de su tiempo deseando ser engañado con algo que venga a sacarle de sus angustias por arte de birli-birloque. Y así es que nada tiene de extraño que todo alrededor sea un puro engaño. Por decirlo al modo de Gracián, nos pasamos la vida corriendo hacia la casa de Falsirela, una señora guapísima, simpatiquísima, complaciente, y todos los encantos que ustedes quieran, que solo tiene un inconveniente que es, ni más ni menos, que nos chupa la sangre: nos deja inermes.

 En fin, que ¡qué difícil es dejar atrás la imbecilidad! 

miércoles, 26 de junio de 2024

El rayo sosegado

Perdonen que insista. 

En la sala de espera de la aerolínea Qantas del aeropuerto de Brisbane ha aparecido un panel gigante en el que se afirma que millones de americanos están pesarosos por haberse vacunado del covid-19. El que quiera que extraiga sus conclusiones. 

Por otra parte, la liberación de Assange le ha puesto en el centro del panorama informativo y todo el que no está ciego y sordo se está pudiendo enterar de cuales fueron los motivos por los que le tuvieron catorce años preso. El hombre está diciendo la suya que no es otra que el que se informa por los medios de comunicación habituales, periódicos y televisiones, es porque, sencillamente, es un ignorante. El día que la gente deje de mirar esos medios se acabarán las guerras, porque su finalidad no es otra que envenenar a la gente con mentiras para predisponerles al odio del diferente. 

Afortunadamente, la inmensa mayoría de la juventud ya tiene aprendida esa lección, lo cual quiere decir que a los poderes en curso les queda muy poco recorrido. Yo no sé ustedes, pero yo lo palpo en el ambiente. Lo dijo el poeta y nunca mejor dicho: una gran nube mental está descargando su rayo sosegado. Instituto Juan de Mariana, Universidad Francisco Marroquín, Tucker Carlson Television, Telegram, Joe Rogan, etc., etc., etc..

¿Cuánto creen ustedes que va a resistir el mantra de la ultraderecha? La extorsión organizada se ha quedado sin más argumentos. Dan risa, y darían pena si no fuese porque amenazan con llevarnos a pique. ¡Vocación de servicio público! ¡Menuda jeta que tiene los tíos! Y las tías, por supuesto, faltaría más. 

martes, 25 de junio de 2024

Assange

Julian Assange está libre. Después de muchos años, catorce o así, de calvario, los últimos cinco en una prisión de máxima seguridad en el Reino Unido, en una celda de 2x3, aislado veintitrés horas al día. Su delito: informar por libre. Decir la verdad, en definitiva. Al final, ha sido tanta la presión popular que las autoridades se lo han pensado. La acusación que pesaba sobre él era que había difundido secretos de estado. Una vez más, la milonga de la seguridad. Decir la verdad pone en peligro la seguridad de la gente. Entiéndase, la gente que manda: los oligarcas. La consagración del engaño como bien supremo. A esto es a lo que llegó la humanidad, supongo que en la noche de los tiempos. 

Recuerdo que cuando empezó el asunto Assange adopté una actitud de arrogante indiferencia. Gente que para hacerse notar se mete en camisa de once varas, pensé, idiota de mí. Entonces llegó lo de la pandemia y vi la luz: allí donde hubiese que firmar para pedir su liberación, firmé. Es lo que tiene sufrir injusticias, que te quita la arrogancia y te hace pensar. Estábamos, entonces, siendo engañados con descaro para obligarnos a estar presos en casa. No se permitió la menor disidencia, ni siquiera por parte de los más prestigiosos expertos en la materia. Recuerden con el desprecio que trataron en Francia a Luc Montagnier... no tardarán, supongo, en hacerle homenajes de desagravio para lavar la conciencia. Sí, señores, la cosa fue muy grave y pudo pasar, entre otras cosas, por la actitud de arrogante indiferencia que yo, y tantos como yo, adoptamos cuando trincaron a Assange. 

En otro orden de cosas, ayer, primer día de verano propiamente dicho, me llegué a Maliaño caminando. Por hacer algo me metí en el restaurante japones que hay en el complejo comercial Bahía Real. Mi impresión fue que al más viejo de los clientes que había allí le triplicaba la edad. Me atendió una chiquita que, de entrada, me preguntó si sabía de qué iba la cosa. Me costó comprender la jugada. Se trataba de un menú infinito: de entrada podías pedir cuatro platos y tenías que esperar diez minutos para poder pedir otros cuatro, y así hasta el infinito. Le dije a la chiquita que eligiese por mí, me los trajeron, me los comí, y ya no podía más. Pedí un postre y la chiquita casi se indignó porque no pedía otros cuatro platos. Entonces fue cuando miré a mi alrededor y caí en la cuenta de que la mayoría de los jóvenes que atiborraban el local tenían sobrepeso. Al final, todo cuadra. 32,50 € me importó el experimento. Si me hubiese informado como Dios manda antes de empezar, otro gallo me hubiese cantado, pero pasan los años y uno no aprende; va por la vida como si las cosas fuesen como siempre... y las cosas como siempre nunca han sido. A las cosas superfluas, me refiero. Gajes del oficio. 

lunes, 24 de junio de 2024

Va en serio

 Veo uno de esos cortos en el que un periodista de El País está entrevistando a un joven político emergente. Un tal Alvise que, por lo visto, ha fundado un partido con el que ha conseguido tres asientos en el parlamento europeo. El caso es que el tal Alvise ha puesto las cartas boca arriba  en todo lo referente a la represión que sufrimos cuando la dichosa pandemia. El entrevistador con una vehemencia propia de alguien acorralado trata de demostrar que aquí a nadie se le obligó a nada. Y no deja hablar al entrevistado. Algo realmente cómico: la típica huida hacia delante del mentiroso. 

Se lo traigo a colación porque me ha parecido muy indicativo del nerviosismo que reina por doquier. El otro día trataba de conversar yo con la propietaria de una librería de viejo que frecuento y me acabó pasando como a Alvise con el periodista de El País. Y es que, no es para menos, porque se palpa el fin de una hegemonía. La gente vive feliz bajo el yugo de las hegemonías. Hegemonías en las que se cultivan las diferencias insignificantes para que parezcan gigantes. Derecha/izquierda, Madrid/Barcelona, y todas esas pamemas que no significan nada. Y esa falacia es la que se está desmontando. Cada vez a más gente no le importa decir que vivimos sometidos a la tiranía de la mafia política sin distinción de siglas. Para todo hay que pedirles permiso. Así es que nos pasamos la vida rellenando papeles hasta para dar cinco duros a tus hijos. 

Y en esto que Milei llega a Madrid y es la apoteosis. Es como el Bautista que viene a bautizar al nuevo mesías. Quizá la ungida sea esa chica tan mona que gobierna la comunidad. Ya hace tiempo que viene apuntando formas, como se suele decir. Aunque hay por ahí otros menos contaminados que ella. No se puede saber, pero la marea que viene es ostensible. Encaramado en un estrado levantado al efecto en el mismísimo Casino de Madrid, Huerta de Soto declaraba la guerra solemnemente a la mafia política que nos exprime como si fuésemos esponjas. 

En adelante ya solo queda por saber si el final va a ser por lisis o por crisis. Como en las enfermedades que, unas veces, van cediendo poco a poco y, otras, de pronto, te pasas toda la noche sudando a mares y a la mañana te levantas como nuevo. En cualquier caso, imposible evitar la violencia. Cuando los enfermos se curan los médicos se quedan sin trabajo. Y, como dijo el clásico: " A fe doctor que con usted de nada sirve el acogerse a sagrado". Un médico sin trabajo es, por definición, un terrorista. Si le hace falta se saca una pandemia del bolsillo por arte de birli-birloque. 

En fin, que la cosa está de lo más interesante, porque esta vez sí que parece que va en serio. 


 

domingo, 23 de junio de 2024

Institutos de mierda

 “Bárbaros, vayan pasando, / con sus vergas afiladas, / con sus pollas como espadas /me vayan tomando el mando.”

Me envía Santi, junto a estos versos, una foto del novísimo "INSTITUTO DE LAS IDENTIDADES DE LA DIPUTACIÓN DE SALAMANCA". 

¿Se acuerdan de aquella novela de Juan Goitisolo, "Señas de Identidad"? Hasta entonces, nunca había oído hablar de tal cosa. Yo, como Dios, era el que era por lo que hacía y de todo lo demás que me venía dado ni siquiera se me pasaba por la cabeza sacarlo a relucir para definirme. Tenía un padre y una madre y había nacido en un sitio, exactamente igual que todo el mundo. No en vano Goitisolo era nacido en Cataluña. Allí, como después pude comprobar, no apeaban de la boca el sintagma "la nostra identitat". Allí, a lo que se veía, el individuo no existía como tal; era el rebaño el que le definía. O sea, lo dado por el azar. Luego vino lo del enano saltarín con su milonga del "tots plegats" que aunque quiera decir "todos juntos" tiene un no sé qué como de todos plegados, es decir, doblados por la cintura para expresar humillación. Ni que decir tiene que el enano saltarín se hizo millonario con aquella milonga. Otra cosa fueron los plegats, que, al parecer, desde aquel entonces no han hecho otra cosa que retroceder en el ranking de la gente con futuro.

En definitiva, señores míos, apelar a la identidad no es más que una treta de los perdedores. Un engaño más de la cultura socialista que se agarra a las quimeras como las ladillas a los pelos del pubis. Siempre pasa cuando algo que fue hegemónico va de retirada. No hay más que escuchar el discurso que  hizo ayer Huerta de Soto en la entrega del Premio Juan de Mariana a Milei. Ya empieza a ser lugar común gritar que el rey va desnudo. Libertad individual es un pleonasmo y libertad colectiva un oxímoron. Lo uno va de soi y lo otro no puede ser y además es imposible. 

En fin, no desesperen, porque, lo que nos está llegando de Salamanca, nada que ver con ese instituto de mierda; es mas bien el fruto de aquella semilla que plantaron los escolásticos de San Esteban en el siglo XVI y que ahora se esparce por el mundo gracias al esfuerzo que hicieron unos señores austriacos a principios del XX. Y en esas estamos, y cada vez más en lo que decía Don Quijote: "nadie es más que nadie si no hace más que nadie". Lo demás, lo dicho, milongas de enano saltarín.    

sábado, 22 de junio de 2024

Trapacerías

Se me acerca un mendigo cuya cara, y físico en general, me retrotrae a tiempos muy pretéritos. Le suelo ver por cualquier barrio de la ciudad, siempre a toda mecha, con aspecto de enajenado; a veces está pidiendo, con una agitación fuera de lo común, a la puerta del Mercadona que frecuento. Nunca le he dado nada porque, por lo que sea, me irritan los mendigos. Nietzsche decía que se les debería matar porque si no les das te quedas mal y, si les das, peor. En cualquier caso son una figura universal que ha inspirado mucha literatura. De hecho, picaresca y mendicidad, primas hermanas. Sea como sea, aproveché el que se me acercase para salir de dudas. ¿A qué colegio fuiste?, le dije. A La Salle, me contestó. Entonces, me lo expliqué todo. Era el pequeño de un par de hermanos borderline que sufrían el escarnio de los perversos, o, mejor dicho, de los que les aventajaban en un par de puntos. No quise saber más de su venir a dar en lo que estaba y le di un par de euros. Entonces, como buen mendigo, quiso aprovechar el tirón y empezó su cantinela conmiserativa. No le dejé avanzar y me despedí con un "que tengas suerte". Una ironía, sin duda, porque si algo era evidente es que los dioses le tenían dejado de su mano desde que nació. 

En el mismo orden de cosas, estoy ya a punto de rematar las aventuras del bachiller Trapaza. No sé si la palabra trapacería la habrá tomado la lengua de este personaje o, más bien, a este personaje le puso el autor tal nombre inspirándose en la palabra prexistente. La propia novela parece sugerir esta última posibilidad. En cualquier caso, Trapaza, cualquier cosa menos borderline. Tiene, por contra, una aguda inteligencia que, por algún tipo de querer de los dioses, le impele sin contrapesos a usarla para hacer trapacerías. La moraleja que nos deja el autor al respecto es que de casta le viene al galgo, porque al inicio de la novela nos relata la trapacera coyunda de la que surge Trapaza. Unos padres, sin duda, cabezas de chorlito, que no se andan en consideraciones a la hora de satisfacer sus más primarios deseos. Pero ni padres ni hijo son malas personas. Son ilusos que cuando ven por cualquier lado a la que pintan calva se tiran a degüello porque creen que es la oportunidad de su vida para salir de una vez por todas de la miseria. Entonces, echan mano de su fantasía y van construyendo una trama de mentiras que inevitablemente les lleva a ser molidos a palos si las circunstancias no les permiten salir por pies. Por cierto que esa palabra que tanto gusta y se usa ahora, resiliencia, pareciera que se inventó para describir a los tipos como Trapaza. Cualquier otro, como hizo el mismo Guzmán de Alfarache, se echan en manos de la mendicidad a la primera de cambio, Trapaza, por contra, hace honor a su nombre y, si no encuentra oportunidad de engañar a alguien, se la inventa y hace como que se la cree. Por eso es que, más que tragedia, su vida sea comedia. 

A la postre, todos tenemos algo bastante de Trapaza. Vivir del cuento, haciendo trapacerías es lo que predomina. Otra cosa es que la mayoría no caiga en la cuenta de que lo que cree es su trabajo no es más que pura trapacería. Pero ésta es otra historia.  

viernes, 21 de junio de 2024

¡Viva la anarquía!

La tecnología  ha sido siempre la partera de los grandes cambios sociales que, en general, siempre han ido en la dirección de una mayor toma de conciencia de si mismo por parte del ser humano. Y es que la tecnología, desde los tiempos de Prometeo para acá, nos ha liberado de las pesadas cargas de la vida y, por tanto, nos ha regalado tiempo que hemos empleado, entre otras cosas, en pensar en nosotros mismos. Y así hemos descubierto que estamos hechos a imagen y semejanza de los dioses, que es como decir que nos sentimos plenamente capacitados para decidir, por lo menos en parte, sobre nuestro destino: se nos hace cada vez más insoportable que alguien nos marque la senda por la que debemos caminar y tratamos por todos los medios de buscar nuestro camino.

A tal respecto, el  paso que hemos dado de hace treinta años para acá ha sido de gigante. La tecnología digital le ha quitado de las manos al que nos quiere guiar el monopolio de la información. Quizá nunca haya habido una revolución de semejante calado. Sin monopolio de la información, la anarquía, forma suprema de organización social, se nos da por añadidura. Y en ello, aunque tímidamente por el momento, es en lo que estamos.

Todo se le está yendo de las manos al poder constituido. Se le escurre como la arena entre los dedos. La gente joven utiliza su propia moneda y sortea todos los mecanismos de control fiscal. Lo sé a ciencia cierta porque mi nieto no tiene ni rey, ni patria y no sé si tendrá Dios. En cualquier caso hace sus negocios sin pasar por taquilla y vive donde le da la gana. A los veintiún años ya es más dueño de su destino que todo lo que yo hubiera podido soñar a lo largo de mi dilatada vida. 

O sea que, infórmense, porque a lo mejor resulta que todavía andan creyendo en agüeros y hechicerías. Todo este montaje de coches, bares, turismo, etc., no es más que las cadenas con las que Zeus tiene a Prometeo sujeto a una roca del Cáucaso. Infórmense, que es tanto como decir que vendrá Atenea a liberarles. ¡Viva la anarquía!

jueves, 20 de junio de 2024

As time goes by

Ya estamos en uno de esos veranos cantábricos que cuando era niño era la madre de todas mis desesperaciones. Predomina un sol entre nubes con un viento del noroeste cargado hasta los topes de humedad. Al sol intermitente no hay quien resista un minuto y, a la sombra, te pelas de frío. Malos tiempos para ir de playa. E, incluso, para pasear, porque hay que estar todo el rato en plan, alirongo, alirongo, alirongo, la chaqueta me la quito y me la pongo. En cualquier caso, en casa se está de maravilla y, en la calle, a la sombra y al socaire, también, porque la temperatura es idónea, y más si te acuerdas de la que tienen de la cordillera para abajo que es que ¡madre mía, cómo es esta España! 

"As time goes by". Frank Sinatra. Eso es todo lo que necesito para entender de qué va todo esto. Todo lo demás, material de relleno.



Debes recordar esto
You must remember this
Un beso sigue siendo un beso
A kiss is still a kiss
Un suspiro es solo un suspiro
A sigh is just a sigh
Las cosas fundamentales se solicitan
The fundamental things apply
Como pasa el tiempo
As time goes by


Y cuando dos amantes cortejan
And when two lovers woo
Todavía dicen te amo
They still say I love you
En eso puedes confiar
On that you can rely
No importa lo que traiga el futuro
No matter what the future brings
Como pasa el tiempo
As time goes by


Luz de luna y canciones de amor
Moonlight and love songs
Nunca desactualizado
Never out of date
Corazones llenos de pasión
Hearts full of passion
Celos y odio
Jealousy and hate
mujer necesita hombre
Woman needs man
Y el hombre debe tener su pareja
And man must have his mate
Que nadie puede negar
That no one can deny


Sigue siendo la misma vieja historia
It's still the same old story
Una lucha por el amor y la gloria
A fight for love and glory
Un caso de vida o muerte
A case of do or die
El mundo siempre dará la bienvenida a los amantes
The world will always welcome lovers
Como pasa el tiempo
As time goes by

miércoles, 19 de junio de 2024

Libre mercado

 Hoy por la mañana, apenas amanecido, he publicado en Amazon "TIEMPOS DE PESTILENCIA POLITICAMENTE INDUCIDA". Es el cuarto de una serie que, sí los dioses no me llaman a capítulo, pienso alargar con unos cuantos títulos más. Escribir, como toda artesanía, es lo que tiene, que se acumula un material que a nadie le interesa salvo al propio artesano que le cuesta deshacerse de él por una especie de tonta esperanza de que algún día sea reconocido su valor. Nadie es ajeno a la vanidad, por más que, en mi caso, como en el de tantos artesanos que he conocido, la parte del león del estímulo viene dada por la necesidad imperiosa de evadirse de la realidad sin que para ello haya que hacer grandes dispendios de energía. No sé qué sería de mí, ni, ni siquiera, si todavía sería, si no me hubiese dedicado a estos menesteres.

TIEMPOS DE PESTILENCIA es una recopilación de las entradas del blog que por entonces escribía. Las revisé y, juez y parte, sentencié a favor de publicarlas. Fueron aquellos, días de lecturas intensas. Un recorrido por mí exigua y manoseada biblioteca. Del Siglo de Oro para atrás, hasta llegar a la esencia de nuestra cultura, las tragedias y comedias griegas.  Eso sí, pasando por el Decamerón, sin el cual, cualquier visión de conjunto quedaría seriamente mutilada. 
Osea, que, si alguien quiere enterarse de dónde le viene lo más sustancioso del conocimiento de lo que somos, no tiene más que ir a Amazon y gastarse tres euros, versión Kindle, o 12 euros en papel, y ya tiene resuelto su problema. 
Que pasen un buen día. 

martes, 18 de junio de 2024

Bird flu

Los burócratas insisten e insisten e insisten: es solo cuestión de tiempo, pero lo que es llegar, llegará. Se refieren a la gripe de los pollos. Los hay tan optimistas que dicen que solo matará entre el treinta y el cincuenta por ciento. Por supuesto que las grandes corporaciones farmacéuticas ya andan afilándose los colmillos. Y claro, la chusma enardecida no ve la hora de ponerse a la cola para que le salven la vida con la nueva vacuna ad hoc, es decir, la solución específicamente elaborada para el problema artificialmente creado. ¡Lo que deben andar riéndose los dioses por las doradas cumbres! ¿No queríais fuego? ¡Pues toma lumbre y media!

No cabe duda de que la sangre del mundo se ha espesado tanto que está pidiendo a gritos una sangría para disminuir su viscosidad y poder seguir circulando por sus venas. El problema a dilucidar sería, entonces, qué tipo de sangría sería la más conveniente, si selectiva -las élites insaciables- o masiva -las masas enchusmatizadas-. Y ahí, como comprenderán, tenemos un gran problema para cuya resolución no hay teoremas que valgan. Porque, como me decía una viejecita cubana con la que ayer compartí ascensor: "Sí, pero a ver quién es el que tumba eso". Eso, o sea, el castrismo. 

Las mafias del poder extienden sus tentáculos hasta los más apartados vericuetos de la sociedad. Siempre hay allí alguien dispuesto a partirse el alma por defender la beneficiosa influencia del Estado. Vientres agradecidos. Sin embargo, el mundo ha visto de todo y, como se suele decir, ¡torres más altas han caído! Nada es eterno. 

Personalmente, ando inmerso en una guerra encarnizada entre el escepticismo objetivista y el subjetivismo optimista. A lo uno me arrastra la evidencia de mi próximo fin y, a lo otro, la ilusión de un futuro posible para mi descendencia. Supongo que nada podría hacer toda la fuerza de mi intelecto para cambiar ese estado de cosas porque se trata de las inmutables leyes de la naturaleza. 

En resumidas cuentas, que todo parece indicar que de aquí a cuatro días no vamos a poder comer ni filetes de pechuga ni huevos... por imperativo sanitario. Ya ven a donde nos ha llevado tanta facultad de medicina. ¡Con lo bien que se vivía en el mundo cuando el médico más próximo estaba a cincuenta leguas! 

lunes, 17 de junio de 2024

Apology

Purgandus Populus. No se si se acuerdan de aquel programa de televisión. Lo más seguro es que fue la última vez que en una televisión pública se emitió algo encaminado a despertar las conciencias. Claro que eso de despertar conciencias es de entre todo lo relativo, lo que más. ¿Qué conciencias despertaba aquel programa? Se lo voy a decir: ninguna. A la poca gente que le gustó aquello, fue porque ya estaban despiertos. La inmensa mayoría lo rechazó como cosa incomprensible. Eso, seguro que Boadella, su autor, lo sabía de antemano. Pero el arte es eso, una semilla que cae en terreno yermo a la espera de que el cambio de las condiciones climáticas le haga fértil. Así ha sido siempre. Y habrá un día en que los españoles descubran El Quijote y, por añadidura, entiendan Purgandus Populus, y entonces será el verdadero renacimiento de la patria, cualquier cosa que eso sea. 

Las personas, cada sí, cada no, necesitan purgarse para que la mierda no se les atasque en el celebro y les convierta en basura con patas. Digamos que esa es la esencia de la vida, el no poder bajar nunca la guardia porque todo a nuestro alrededor tiende a emponzoñarnos. Lucifer nunca descansa de ofrecernos duros a cuatro pesetas y, lo hace con tan diversos y sofisticados disfraces que nos es muy difícil aprender de una ocasión para otra. Así es que pocas metáforas del trascurrir del ser humano por la vida se pueden comparar a la que le describe como "puta por rastrojo". 

Pero no hay que desesperar porque todo en la naturaleza tiene sus contrapesos y las fuerzas del mal no son una excepción. Siempre aparece por ahí alguien que las enfrenta y las hace palidecer por una temporada. Digamos que ese alguien nos purga y, libres ya de excrementos, volvemos a ser personas. Me he acordado de estas evidencias que suelen olvidarse al ver esta mañana un cartel que ha aparecido en un café de Melburne ocupando buena parte de su fachada. Dice así:

Apology

To the UnVacinated 

& Vax-Coerced


Last year we didn´t know:

-The injection DOES NOT stop Covid transmission

-It does NOT protect others


Now we know.

We were wrong to exclude you



domingo, 16 de junio de 2024

Populus impurgatum

La guerra cultural en España se sigue centrando en la Guerra Civil de los años treinta del siglo pasado. Sin duda es un signo de decadencia intelectual. Un acontecimiento tan lejano ya en el tiempo solo se puede analizar utilizando las leyes generales de la historia. Los griegos vencieron a los persas porque eran mucho mejores en todo menos en lo de la fuerza bruta. La fuerza bruta, a la postre, cualquiera con dos dedos de frente sabe que es bien poco. La Biblia deja niquelado el asunto con lo de David y Goliat. Goliat era un acromegálico al que el crecimiento óseo le estaba ya obliterando los conductos del nervio óptico. Sencillamente, veía mal. De hecho, todo lo grande, ve mal. Por eso caen todos los  imperios, por perdida de vista. Es, solo, una más de las leyes generales. Hay muchas más y en aquella guerra civil se cumplieron todas a rajatabla. Solo tengo que fijarme en lo que pasó en mi pueblo para confirmarlo: la inteligencia que había en el bando perdedor salió por piernas hacia Méjico al comprobar la calidad del percal en el que se estaba apoyando. En fin, una guerra entre hermanos o, si mejor quieren, entre ideologías parejas. Al final los vencedores montaron el mismo chiringuito que hubiesen montado los perdedores, eso sí, con mayor visón de la jugada, lo que va de la socialdemocracia al comunismo. Cuestión de matices, o buen gusto, en definitiva. Meterla a lo bestia o meterla con vaselina. Eso fue todo. Y aquí continuamos con la vaselina. In púribus, perdonen la pedantería, lo derrotado en aquella guerra fue el liberalismo, que era contra lo que estaban los dos bandos. Lo que triunfó fue el estatismo que era lo que los dos bandos querían imponer. Y esta es la realidad que, una de dos, las rutilantes cabezas del sistema todavía no se han dado cuenta, o es que los muy perversos nos lo quieren ocultar para que el populus siga impurgatus, es decir, dándole a la matraca. 

En cualquier caso, también es ley general de la historia que el proceso civilizatorio es algo que avanza a trancas y barrancas. Como en la vida de las personas, hace falta recibir muchos palos para abandonar algo de la necedad constitutiva. Es algo que está meridianamente explicado en los textos sagrados, pero que se nos olvida a la primera de cambio; solo hacen falta unos pocos vientos favorables para que así sea. En fin, qué aburrido es todo esto. 

sábado, 15 de junio de 2024

Peripatetismo

Toda la vida he tenido una tendencia, digamos que exasperante, a la inestabilidad emocional. Es decir, a los continuos cambios de los estados de ánimo: paso del sentirme miserable al creerme un tipo más que pasable sin que sea capaz de encontrar motivo alguno que lo justifique. Siempre he pensado que tiene que ser una cuestión puramente química. Por lo que sea, una corriente de aire, un contratiempo imperceptible, una buena vibración, se desencadena la segregación de alguna de esas sustancias que desconocemos y, ya, eres otro. Entonces, todos los proyectos de corto alcance que pudieras haber hecho unos momentos antes, se van al garete. Y vuelta a empezar. Así, como comprenderán, es muy difícil hacer eso que llaman vida social. 
Por eso será, supongo, que los que estamos sujetos a este tipo de fenómenos tengamos una tendencia irrefrenable al aislamiento. Y, también, una propensión a inventarnos pasiones que, a modo de cayado, nos ayudan a sustentarnos frente a los embates de la vida. Así que, como ven, todo tiene una explicación si eres lo suficientemente voluntarioso para buscarla y hábil para encontrarla. Uno es como es por las razones apuntadas y nada se puede hacer contra la biología; reconocido lo cual ya solo queda abandonarse al designio de los dioses para, si no ser feliz, que eso es un imposible metafísico en cualquier caso, sí tener un aceptable pasar por la vida sin dar excesivo coñazo a los que te rodean. ¡Qué más se puede pedir! 
Vida social o pasiones. Tampoco es que se tengan que excluir la una con las otras, pero mucho me temo que en la mayoría de los casos es así por una mera cuestión de economía energética. La vida social es un puro dispendio que no por otra causa debe ser que esté asociada al consumo de todo tipo de sustancias estimulantes. Ya lo dijo Erasmo, que, en los banquetes, si no bebes, mejor te vas. En cualquier caso, llegado a casa tras una sesión de  masaje social, tendrías que ser un titan para poner a cultivar cualquier jardín. Mi experiencia al respecto es que tras un episodio de vida social necesito tiempo para digerir, o calmar las neuronas. Por lo general, lo comentado me sigue dando vueltas por la cabeza muchas horas después. Falta de costumbre, quizá, que ya saben que la costumbre es la reina del cielo. 
Les dejo, que me han llamado los amigos para ir a dar una vuelta. Una sesión de peripatetismo, que es la relación social que mejor tolero.