sábado, 4 de enero de 2025

Gilgamesh

Sostenía Santi esta mañana que los griegos son indoeuropeos inoculados con el virus semítico de la especulación. Es una teoría muy aventurada, pero no por eso menos interesante e, incluso, plausible, por decirlo con el término inglés que expresa la calidad que tiene una idea tanto de razonable como de probable. 

Sea como sea, de aquellas tribus nómadas de semitas arábigos que se asentaron en lo que se conoce como Creciente Fértil (Éufrates y Tigris) es de donde empiezan a salir, 1500 años antes de Homero, las letras, los números -incluso ya sabían lo que luego se conoció como el teorema de Pitágoras- y el primer poema épico, Gilgamesh, que, curiosamente, es una bajada a los infiernos... los  infiernos de la razón. 

Es probable que el Creciente Fértil no tardase en estar superpoblado y necesitase expulsar a parte de su población hacia otros valles regados. Algunos se asentaron en las orillas del Jordán, los que luego se conocieron como judíos. Desde el principio se diferenciaron de sus vecinos por la menos tolerada de todas las diferenciaciones, la superioridad intelectual. Han pasado ya casi tres mil años y ahí está su producción sin haber perdido un ápice de su valor. Millones de personas de todo el mundo recurren a ella a diario en busca de sosiego e inspiración. 

Pues bien, seguimos especulando, los griegos -indoeuropeos- que se asentaron en las orillas más orientales del Mediterráneo, chuparon de la cultura semítica y, por alguna extraña circunstancia, prendió en ellos con una fuerza sorprendente. Sus frutos son de sobra conocidos: nada de lo que hay hoy día en el mundo se puede entender sin ellos. Sin el método axiomático que nos legaron, nada hubiera sido posible. Un método que, por cierto, se resiste a ser comprendido por el hombre masa -que nadie entre aquí si no sabe matemáticas-. 

Concluíamos nuestra reflexión mañanera aplicándole Hitler la condición de indoeuropeo no evolucionado y, por tal, incapaz de bajar, como Gilgamesh, a los infiernos de la razón -del método axiomático-. Así es como se entiende su odio por los judíos; el odio infantil  hacia lo que admiras y no puedes alcanzar. 

En fin, uno nunca dejará de especular acerca de los posibles porqués de que los judíos sigan estando -y cada vez más- en ojo del huracán. 

viernes, 3 de enero de 2025

Viejos y jóvenes

El tiempo huye veloz... para los viejos. Para los jóvenes transcurre con una lentitud exasperante. Supongo que es una cuestión de expectativas. Las de los viejos son muy vagas, por no decir que inexistentes; por contra, las de los jóvenes son muy definidas y nunca se cumplen con la prontitud que se desea. Es la espera del deseo por cumplir la que dilata el tiempo.  

En cualquier caso, el rastro que deja el tiempo es cambiante; unas veces turbulento y otras mortecino. Recuerdo los años sesenta del siglo pasado en España en los que, de un día para otro, todo parecía cambiado. La gente solo se preocupaba de sus asuntos y así se pasó de padres analfabetos absolutos a hijos universitarios. Después todo se fue calmando hasta entrar en una calma chicha en la que la gente se aburría y empezó a ocuparse de la vida de los demás: la política lo invadió todo y de padres universitarios se pasó a hijos analfabetos funcionales... no por otra razón fue posible el montaje de la falsemia, una especie de canto de cisne de una época anodina a más no poder. 

Ahora, supongo, toca otra vez turbulencias. Solo hay que hablar con los jóvenes para darse cuenta. Mi nieto, a los dieciocho cambió Londres por Medellín y por allí anda trapicheando con criptos y tradings diversos que le permiten ser independiente: vete tú a decirle que si derechas e izquierdas... no, abuelo, yo leo a Rothbard, me dijo una vez que quise ponerme sesudo con él. 

Son los ciclos naturales: a una generación turbulenta le sigue otra descafeinada; Y vuelta a empezar. Ahora es la generación de mis nietos que vienen arrasando. Yo la llamaría la generación mestiza, o sea, con ADN purificado. 

Viejos y jóvenes. Sin y con expectativas. En fin, voy a ponerme con el Tico tico no Fubá a ver si acabo de una vez de tocarlo de corrido. Siempre se puede tener alguna expectativa por muy viejo que seas... aunque sin saber música, no sé...

 

jueves, 2 de enero de 2025

No soy de aquí, ni soy de allá

 


"No soy de aquí, ni soy de allá",  es una 
bella canción de Facundo Cabral.


    "Me gusta estar tirado siempre en la arena
    Y en bicicleta perseguir a Manuela
    Y todo el tiempo para ver las estrellas
    Con la María en el trigal"

En realidad, a Francisco Cabral, al que se le ha calificado de todo lo habido y por haber, como mejor se le podría definir es como heredero directo de la Escuela de Salamanca. 

La Escuela de Salamanca, siglo XVI, digamos que es el momento álgido de la evolución del ser humano. A partir de ahí, empezó la involución, pero, indudablemente, el que tuvo retuvo. Pasé unos años en esa ciudad cuando mi edad rondaba el medio siglo y puedo jurar que aquellos fueron los años más fructíferos de mi vida. Allí fue un puro experimentar y contrastar ideas con gente que, por más variopinta que fuera, tenía el denominador común del gusto por estar hasta altas horas de la madrugada polemizando sobre todo lo humano y lo divino. 

El ideario de la Escuela de Salamanca es simple y contundente: "libre circulación de personas, ideas y bienes". Nadie tiene derecho a impedir ir al sitio donde se sabe que hay pan a una persona que pasa hambre. Por eso las fronteras de todo tipo es algo que va contra las leyes no escritas del cielo. 

De hecho, en estos años postreros de la vida, mi principal sostén espiritual es herencia de aquellos años salmantinos. Son amigos que andan desparramados por los confines del mundo sin por ello perder un ápice de su esencia primigenia: seguir dándole al coco hasta el último suspiro. ¡Que Dios me los conserve!

miércoles, 1 de enero de 2025

Seems like discrimination

 "When people get used to preferential treatment, equal treatment seems like discrimination."

(Cuando la gente está acostumbrada a un trato preferencial, un trato de igual a igual le parece discriminatorio.)

Esto es lo que dice Thomas Sowell, un intelectual estadounidense al que les recomiendo no echar en saco roto. 

Es lo que tienen las políticas igualitaristas que generan mucho resentimiento entre los que no se enteraban de lo que tenían hasta que lo perdieron en aras de la igualdad. En realidad, todo el mundo está pillado en esta trampa; quien más, quien menos, todos nos pasamos la vida perdiendo privilegios por un lado y tratando de conseguirlos por otro. Cuando el balance se siente como negativo, resentimiento al canto y búsqueda de resarcimiento. 

Y digo que se siente porque el ser humano vive condicionado por la subjetividad. En realidad, aquel famoso "conócete a ti mismo" socrático no es otra cosa que el aprendizaje del control de la propia subjetividad. Se trata de algo tan difícil que, como sostenía Pessoa, si te dedicas a ello no te queda tiempo ni espacio mental para otras preocupaciones: te lleva toda la vida.

Y ahí está la gravedad del asunto, que la gente huye de lo difícil como de la peste. En general, preferimos acogernos a los beneficios del resentimiento que, bien administrado, nos puede resolver la vida. Sí, sí, no se lo tomen a cachondeo, y miren a su alrededor con atención. ¿De dónde sacan su justificación multitud de instituciones públicas y privadas si no es de la necesidad de resarcir a los resentidos so pena de que todo estalle? 

Pongamos, sin ir más lejos, toda esta mandanga del feminismo. Es un movimiento social que comenzó justo cuando, debido al hallazgo de la asepsia, las mujeres dejaron de morirse de parto. Fue aquello una ventaja descomunal que no dejó de tener sus contrapartidas. La explosión demográfica ligada a la asepsia, e higiene en general, hizo que el papel de la mujer como máquina reproductora perdiese fuelle. La gente no tardó en estar hasta los mismísimos de tener tantos hijos. Entonces llegó el control de la reproducción y todavía fue peor para las mujeres porque, a partir de ahí, se desvaneció el mito de la fidelidad en aras de garantizar la autenticidad de la línea sucesoria. Con el invento pilula, ya, las mujeres perdieron el miedo a ser descubiertas y se pusieron a imitar a los hombres en la cosa del fornicio. O sea, la ansiada igualdad. Claro, de jóvenes, son las reinas del mambo, pero a la que pierden atractivo solo las queda el recurso al resentimiento para resarcirse en lo posible de su pérdida de los privilegios ligados al tira más pelo de coño que carreta de bueyes. 

En fin, cosas de la vida que nunca van a cambiar porque los dioses nos crearon pobres en recursos y ricos en expectativas. Seguramente es el castigo que nos merecimos por haber comido el fruto del árbol de la ciencia.  

martes, 31 de diciembre de 2024

HRom


Lo que le ha pasado al youtuber HRom es muy indicativo de que el sistema político en curso está dando sus últimas boqueadas. Ha sido el típico palo de ciego. HRom es un mago de la comunicación científica. Sabe contagiar su entusiasmo. Hace experimentos de todo tipo en el prado que tiene al lado de su casa. Física, química, matemáticas: todo lo hace accesible. Por todo lo cual a nadie le puede extrañar que tenga millones de seguidores.

El que alguien tenga millones de seguidores es algo que un régimen político comunista no puede soportar. Por eso ha sido que han acusado a HRom de enseñar a fabricar explosivos. Se presentaron en su casa a detenerle dieciocho guardias civiles de los dedicados a la lucha antiterrorista. Pronto se dieron cuenta de que todo era un bluf, pero para entonces el gobierno ya había mandado una nota a todos los medios de comunicación con la patraña. A los medios de comunicación, por supuesto, ni se les paso por la mente la idea de comprobar por ellos mismos la veracidad de la noticia. Igual que cuando la falsemia, siguieron las instrucciones del que paga. ¡Qué más da hacer una vez más el ridículo si la chusma traga! Todo hay que decirlo: esa chusma que traga tiene por lo general más de cincuenta años. Por debajo de esa edad ya es raro el que lee un periódico o ve una televisión de las que llaman generalistas. 

El final de las tiranías siempre es igual: dar palos de ciego y poner puertas al campo. Y mucha corrupción. ¡Pilla lo que puedas que esto se acaba! En definitiva, no se puede sostener porque es el gobierno de los peores en todos los sentidos, pero, sobre todo, en el intelectual... dan hasta risa; hay por ahí un tipo al que llaman Patxi, cuyos únicos méritos para mandar es el haberse matriculado en preparatorio de perito industrial y el tener unos cuantos miles de discos de vinilo. Es un poema cada vez que habla. Y ahí andan todos que no hay día que pase que no saquen una nueva normativa con la que pretenden controlar la información. No se les alcanza que internet es sobre todo eso, libertad de información, es decir, libre circulación de las ideas. Si tu cierras una plataforma, yo abro otra. No hay forma humana de impedirlo. Por eso el poder ya nunca podrá ser lo que fue, porque ha perdido su principal arma: el monopolio de la información. 

Así que, permanezcan atentos a la pantalla porque todo indica que este 2025 viene fino. De los que montaron la falsemia -última boqueada- no va a quedar ni uno. Y habrá que ver en dónde acaban todos, pero yo que ellos me andaría con cuidado porque la gente anda muy necesitada chivos expiatorios para calmar su rabia. No sé, pero para mí que lo de la caída de la Unión Soviética va a quedar en cosa de niños. 

lunes, 30 de diciembre de 2024

Cada día que pasa

El porqué del odio a los judíos es un asunto que nunca me lo he podido sacar de la cabeza. Ese odio es algo que viene de la noche de los tiempos hasta nuestros días sin que nunca haya decaído un ápice. Ayer mismo veía a una cantante andaluza, que ha conseguido un muy merecido reconocimiento, envuelta en una bandera palestina y echando una soflama antijudía. Demasiado joven para cosa buena, pensé. Siempre he estado convencido de que dar con las claves de ese odio sería una gran aportación al conocimiento de los intríngulis de la condición humana. Aunque, por otro lado, nunca dejé de sospechar que es absurdo buscarle tres pies al gato; la cosa, me decía, es mucho más sencilla de lo que parece: son las reacciones típicas del hombre primigenio, recién bajado de los árboles. ¿Por qué se odia? Fundamentalmente por envidia. 

Sobre el particular escuchaba el otro día a Thomas Sowell, un intelectual estadounidense que entre otros muchos méritos tiene el no menor de haber hecho la guerra de Corea. Pues bien, sostenía el Sr. Sowel que lo que no soportamos los humanos es el éxito ajeno, sobre todo cuando ese éxito no está fundado en estar provisto de dones especiales concedidos por el cielo, sino en algo tan prosaico como el trabajo y la vida ordenada. Por así decirlo, los judíos vienen a ser un espejo en el que no nos gusta contemplarnos porque nos vemos muy feos... sobre todo si no hemos podido con los estudios. 

Esto de no poder con los estudios es otra de las cuestiones que tiene sus perendengues. Recuerdo cuando se decía de algún niño: no sirve para los estudios. Y se quedaban tan anchos. Nunca nadie parecía preguntarse por el porqué de que no sirviese. Se dejaba al chaval tirado de por vida y con propensión natural a odiar a los judíos o a cualquiera que se les pareciese por sus logros. Personalmente, pienso que lo de no poder con los estudios, en el sentido amplio del sintagma, es algo más que nada debido a la actitud de algunos padres hacia sus hijos: la mala educación, en definitiva. Creo firmemente en aquello que decía Gracián de que todo chichirimundi tiene su "realce rey"; es decir que todos estamos dotados para algo en especial y lo único que tenemos que hacer es encontrar ese algo y cultivarlo. Pero eso, claro, es muy difícil cuando los padres están muy ocupados con sacarse la mugre de encima. 

Trabajo y vida ordenada, les decía. Se me olvidaba añadir, la autocrítica. La patria de los judíos es un libro, la Biblia, que destila autocrítica por todos los poros. Aprender a reconocerse en lo que realmente se es, es la tarea primordial de la vida. Nunca se acaba con eso, pero, mientras estás en ello, no estas tan propenso a correr tas las veleidades. 

En fin, sea como sea, lo único que les puedo decir es que cada día que pasa me siento más judío.   

domingo, 29 de diciembre de 2024

Eclesiástico


"Si haces bien, mira a quién". Esto es lo que nos dice Jesús Ben Sirá, autor del Eclesiástico, uno de los libros de que se compone la Biblia. Ya ven lo que son las cosas, porque si hubo un refrán que escuché hasta la saciedad en todas las catequesis a las que asistí hasta que me empezó a apuntar a edades muy tardías el uso de la razón, ese fue: "haz el bien y no mires a quién". 

Al parecer, el Eclesiástico se llama así porque fue muy leído en las iglesias durante los primeros siglos del cristianismo. Es una lástima, pienso, que se dejase de leer porque todo el libro en su conjunto es un canto al uso de la razón, esa prerrogativa de que disponemos los humanos por el querer de los dioses... por más que la inmensa mayoría no hagan uso de ella o lo hagan a edades muy avanzadas... cuando ya no les sirve para nada, como nos aseguraba el padre de un amigo que tuve en la juventud.  

El uso de la razón es sinónimo de pérdida de la inocencia, ese estado angelical que nunca se debiera prolongar más allá de los siete años como nos enseñaron los espartanos. En Esparta, a la que el niño cumplía siete años venían dos hombres del saco a casa, arrancaban al niño de los brazos de su madre y hasta no más ver. Por así decirlo le sacaban de la caverna platónica para que dejase de ver sombras y se empapase de realidad. 

La dura realidad, eso es lo que es el Eclesiástico, el antiidealismo por antonomasia. A partir de ahí ya no sé a qué más se puede aspirar como no sea el Oráculo Manual, Arte de Prudencia de Gracián. Sí, "dichoso aquel que piensa en la Sabiduría y pretende la Prudencia", nos dice Ben Sirá. Y Gracián nos lo corrobora.  

sábado, 28 de diciembre de 2024

Mohína

El gran problema que tienen los idiotas es que no alcanzan a comprender que es imposible sortear las leyes de la naturaleza. O, dicho de otra manera, que no se puede querer una cosa y su contraria. Y eso es, justamente, lo que hacen esas ideologías idealistas que llaman ecologismo que, por cierto, se han apoderado del imaginario popular. Claro, es comprensible: ¿a quién no le va a gustar el estar calentito en casa viendo por los ventanales una naturaleza en su estado primigenio? 

Ustedes conocen alguna escuela en la que se haga leer a los niños la Teogonía de Hesíodo. Yo desde luego no. Ese libro lo leí cuando ya andaba por los cuarenta y fue un shock que cambió radicalmente mi idealista percepción de la realidad. Ahí, en ese libro, está perfectamente explicado el mito fundacional de nuestra cultura. Algo tan sencillo, e antiidealista, como que es imposible robar fuego a los dioses y no pagar por ello. 

Pues nada, ahí sigue la humanidad empecinada en seguir robando fuego sin querer reconocer que por ello tiene los hígados carcomidos. Quizá es que ese sea el destino que nos tocó en suerte como especie, seguir robando fuego hasta que ya no nos quede hígado suficiente para mantenernos con vida. Bueno, no pasa nada; continuamente se están extinguiendo especies y la tierra sigue girando alrededor del sol como si nada. 

Les comentaba estas obviedades porque me he enterado de que, a causa de haber tenido un otoño muy poco ventoso, andan por los países del norte europeo que se les llevan los diablos. Se había fiado el robo de fuego a los favores de Eolo y resulta que Eolo, por lo que sea, se ha tumbado a la bartola. Ni al demonio se le ocurre semejante ingenuidad, ¡cómo si Eolo no hiciese lo mismo cada dos por tres! Ahora, claro, cuestiones de oferta y demanda, el precio de estar calentito en casa contemplando por los ventanales los bosques primigenios se ha multiplicado hasta por seis en algunos lados. Y el hígado de esas gentes está que ya no resiste más. 

Ya digo, tiene que ser que éste es nuestro destino: necesitar robar cada vez más fuego. Podríamos, acaso, pararnos a pensar si no sería posible vivir igual, o incluso mejor, con menos, pero se ve que eso es un imposible metafísico. Desde que tengo uso de razón no he oído otra cosa que cantar loas al progreso. Progreso, bien es verdad, en el sentido material del término. ¡No hay saber como el tener! Nunca nos saciamos, por más que nos mate la flatulencia. 

En fin, buenas ganas de preocuparse por lo que no puede ser de otra manera de como es. De esta siesta que se está pegando Eolo pudiera ser que lo que se conoce como Comunidad Europea saltase por los aires, porque los idealistas, por la propia naturaleza de sus mentes, no pueden entender que si algo escasea inmediatamente sube su precio. Ya lo decía mi madre, que donde no hay harina, hay mohína.  

jueves, 26 de diciembre de 2024

Entre bobos anda el juego

Por lo que he podido colegir de los rumores que me llegan, hay por ahí uno más de esos rifirrafes infantiles, esta vez, a propósito de las Navidades. La cosa va de que los unos, los que se dicen de derechas, están a favor y, los otros, los que se consideran de izquierdas, como no podía ser menos, en contra. El caso es tener motivo de discordia, los unos, que no pueden hacer oídos sordos a palabras necias y, los otros, que no pueden dejar de chinchar a la primera de cambio. Entre bobos anda el juego. 

El caso es que uno va por ahí y se da cuenta de que hay instalados muchos belenes. Yo diría que más que los años precedentes. Aunque también pudiera ser que parecen más porque uno se fija a causa de la polémica en curso. El otro día entré en una tienda a ver uno y estuve hablando con sus propietarios. Por lo que me dijeron, me pareció entender que habían decidido instalar aquel belén con la finalidad de chinchar a los chinchadores habituales. Algo así como lo que les contaba el otro día de la fiesta de los toros, que se vio revitalizada con la aparición de los antitaurinos. 

Sea como sea, la media docena que me he parado a contemplar, me han parecido muy de este mundo sin chicha en el que vivimos. Para empezar, en ninguno de ellos he visto el caganer; sin el toque de humanidad que da esa figurita el belén no es lo mismo. Por no hablar de la desaparición de la matanza de los inocentes. Los soldados romanos sosteniendo a un bebé por los pies y asestándole puñaladas eran figuras claves -tenía que haber tres o cuatro delante del palacio de Herodes- para dar coherencia al relato. Al fin y al cabo, si Jesús nació en un pesebre es porque sus padres andaban huyendo a causa del edicto de Herodes que mandaba matar a todos los niños que naciesen ese año. 

En fin, chinchadores y chinchados, y viceversa, el caso, ya digo es que a todo le falta chicha. Eso sí, en el que han puesto en la biblioteca central, aquí al lado de casa, encima del pesebre han colocado unos paneles solares. Se ve que el funcionario socialdemócrata encargado del asunto ha querido darle un toque personal; algo así como, yo hago esto porque me han mandado, pero aquí dejo mi firma para que se sepa lo que pienso.  

Marxismo cultural

Después de larga e intensa conversación, ayer por la tarde, con mi amigo en Noruega, di en pensar sobre los mecanismos por los cuales, yo, y en general mi generación, habíamos caído prisioneros del marxismo cultural, esa aberración del espíritu que limita la vida a poco más que la de una planta. ¿Cómo pudo ser? De mis padres, poco probable. Todavía recuerdo el día en el que discutiendo con ellos -andaría yo por los catorce o quince- me dijeron al unísono: pero hijo, eso que estás diciendo es el comunismo. Lo más probable, pienso ahora, es que aquella infiltración me viniese de los colegios de religiosos a los que me habían enviado a educarme. Aquellos curas, a los que muy sabiamente los niños tildábamos de desertores del arado, sin duda estaban corroídos por la envidia y el rencor. Originarios la mayoría de ellos de aquellos pueblos miserables de la Meseta habían venido a dar en educadores de los hijos de la burguesía provinciana. Nada bueno podía salir de eso. 

El caso fue que, cuando Franco dio la estocada final con los sistemas públicos de salud y educación, estábamos todos preparados para asumirlo sin rechistar. Aquellas mesnadas de religiosos salidos del cinturón de incienso salmantino, pasaron, una vez secularizados, a hacerse cargo de los numerosos centros de enseñanza pública, pretendidamente laica, que en menos de una década tenían ya copada toda la educación. Hay que tener en cuenta que justo por aquellos años fue cuando lo del Concilio Vaticano Segundo, un aggiornamento de la Iglesia que se tradujo en que, a partir de entonces, los curas ya nunca más se encaramarían en los púlpitos para recordar a los filigreses cuáles eran sus obligaciones, sino, que, haciendo alarde de camaradería, con el brazo por encima del hombro, les hablaban de sus derechos. Fue aquello que se conoció como movimiento de los curas obreros, teología de la liberación y mandangas por el estilo que, en el fondo, y en la superficie también, no era otra cosa que marxismo cultural. 

Uno se da cuenta ahora de lo fácil que es caer en esa trampa cuando andas rebelde. El marxismo cultural es una ideología que cambia el Dios omnipresente que todo lo ve por otro dios que solo ve lo que pasa en los sitios vigilados con cámaras de seguridad. Osease, que donde no hay cámaras puedes hacer lo que te venga en gana. Así es que, con la nueva religión, la noción del bien y el mal se limita a que te pillen o no te pillen haciendo lo que no debes. Como ven, es todo muy infantil. 

Ese es el asunto, que el marxismo cultural infantiliza. La gente, a la que se da cuenta que no hay cámaras vigilando, hace travesuras, pero, a la hora de la verdad acude dócil a que papá Estado le solucione todos los problemas. Y así corre el mundo, y así le hemos corrido, sin sentir necesidad de hacernos responsables de nuestra propia vida.  Una vida que, bien es verdad, ha sido bastante miserable, pero como ha habido tanto "soma" al alcance de la mano pues casi que ni nos hemos dado cuenta.    


miércoles, 25 de diciembre de 2024

Saturnales


El periodista Sostres sostiene, o sostenía, que es de mal gusto acudir a la cena de Noche Buena sobrio. Si nos atenemos a tal premisa, tendríamos que concluir que, en esta ciudad al menos, hay un buen gusto que es que no se puede aguantar. Ayer, a las seis, María y yo, ya estábamos cenados, habíamos intercambiado algunas felicitaciones con amigos que también lo estaban y, después de descansar un rato, nos fuimos a dar un paseo. María quería ir al centro, porque decía que seguro que estaba muy tranquilo. Las mujeres, ya se sabe, inventan cualquier escusa con tal de estar en medio de la socialización masiva; no entiendo que buscan en ello. Efectivamente, el centro estaba que no cabía un alfiler. Y la juventud, en general, con pinta de estar ebria. O sea, siguiendo las instrucciones para el buen gusto del periodista Sostres. 

Todo esto viene de lejos; de los romanos. En realidad, nuestra cultura es la griega vulgarizada por los romanos. Ellos celebraban a lo grande el que los días empezasen a ser más largos. Se tiraban siete días despendolados, comiendo, bebiendo, haciéndose regalos los unos a los otros y encendiendo velas por todos los lados. Lo de la Navidad cristiana, en realidad, no fue más que un aprovechamiento de que el Pisuerga pasa por Valladolid. Metemos aquí, en estas fiestas de la luz, el nacimiento de Jesús, y queda como de molde, debieron pensar los jerarcas cristianos. Y, efectivamente, en el plano simbólico tiene mucho sentido. 

En cualquier caso no quiero ni imaginarme los sicodramas que habrán tenido lugar anoche en multitud de hogares a los que los hijos en perpetua adolescencia llegaron cargados de vino y razones. Es un clásico. En la apoteosis dionisiaca se liberan todos los demonios interiores que en aras de una convivencia civilizada se habían ido encadenando. Dicho en román paladino, se sacan a relucir los trapos sucios. Entonces, los cabreos son morrocotudos y el colofón es una tristeza generalizada: a mi no me pescan un año más en una de estas, dice la gente. Por eso los romanos llamaban a estas fiestas Saturnales, o sea, fiestas de lo telúrico, de lo de comerse a los hijos, para que nos entendamos. Goya lo vio claro.  

martes, 24 de diciembre de 2024

A Mathematician´s Lament



Las matemáticas se han convertido en el centro de nuestros bavardeos mañaneros. Seguir el rastro a su evolución es, muy posiblemente, la mejor manera de entender algo de lo que ha sido la historia de la humanidad. En los primeros asentamientos que trajeron causa del haber descubierto que, si metías debajo de la tierra aquellos granitos que solías comer, al cabo de un tiempo tenías un montón de granitos. Entonces, asentados ya, pronto cayeron en la cuenta de que había que repartir las tierras que había alrededor del asentamiento porque era imposible ir todos a una. No hay nada que más le fastidie a cualquiera que ver como el vecino se aprovecha de tu trabajo. Para repartir las tierras fue preciso aprender a medirlas para evitar que unos recibiesen más que otros. Así inventaron la agrimensura que vendría a ser la madre de la geometría. De ahí a empezar a acumular, todo fue una. Y lo acumulado había que administrarlo. O sea, que fue necesario inventar la contabilidad, madre a su vez de la aritmética. 

Con la geometría y los números en la cabeza y, por ende, el ocio que viene aparejado con la vida asentada, ya tenemos los ingredientes necesarios para la lucubración sin fin. Y sin objetivo concreto; simplemente por ver a dónde se puede llegar. 

Más de una vez les he comentado acerca de los vídeos de Tibees; no son los al uso entre los matemáticos. Ella siempre trata de convencernos de que el interés de las matemáticas no reside en su utilidad práctica, sino, sobre todo, en su belleza. Es un arte, nos dice. Como la música o la pintura. Hoy, al abrir YouTube, he visto un vídeo suyo titulado "A Mathematician's Lament" (El Lamento de un Matemático). El video es una glosa del libro en el que Paul Lockhart se lamenta de la forma en la que se enseñan las matemáticas, que viene a ser la misma en la que se enseña todo, es decir, memorizando reglas. Lockhart, un matemático brillante, decidió dejar su catedra para ir a enseñar matemáticas a los chavales de una escuela de New York. Y allí sigue. Dice: los estudiantes se quejan de que las clases de matemáticas son estúpidas y aburridas, y tienen razón. La primera cosa que hay que entender es que las matemáticas son un arte. La única diferencia con otras artes, como la música o la pintura, es que nuestra cultura no la reconoce como tal. Y sigue: si niegas la oportunidad de iniciarse en esta actividad poniéndose uno mismo los  problemas, haciendo las propias conjeturas y descubrimientos, equivocaciones, frustraciones creativas, inspiración y ensamblaje de las propias explicaciones y pruebas, estás negando las matemáticas. Recuerda mucho a lo que decía Feynman que consiguió tener métodos propios para todo. 

Personalmente, lamento mucho no haber tenido de por vida el hobby de las matemáticas. Acabado el bachillerato las perdí de vista. Quizá mi mayor error, porque la profesión que escogí sin saber matemáticas es lo más parecido al trabajo de un robot rudimentario: saber aplicar unas cuantas reglas en el momento preciso. La muerte en vida como quien dice. Afortunadamente, un día decidí retomarlas y estoy convencido de que fue la mejor decisión que tomé en la vida. Ahora es mi mayor consuelo. Se me van las horas tratando de encontrarle las tres patas al gato de la geometría, el álgebra, los logaritmos, los números complejos, el cálculo... el infinito, ese número al que nunca se llega, como al último decimal de los números irracionales; o como las asíntotas que, por más que prolongues su decrecer, nunca llegan a tocar el eje de abscisas. 

 

lunes, 23 de diciembre de 2024

¡Albricias!

Me he enterado de una cosa realmente sorprendente y, sobre todo, de muchas albricias por sus maravillosas consecuencias. A lo mejor ustedes ya lo saben y les estoy descubriendo aquí el Mediterráneo, pero, aunque así fuese, merece un comentario. 

Por la propia experiencia no hay ser humano que no sepa que su aparato digestivo tiene dos puntos débiles que son motivo de sufrimientos sin cuento a lo largo de la vida. Son las puertas de entrada y de salida; la boca y el culo; los dolores de muelas y las hemorroides, también conocidas como almorranas. Pues bien, parece ser que en lo relativo a las muelas se está a punto de encontrar una solución respecto de su regeneración. Los artífices del descubrimiento son unos japoneses que ya han hecho crecer nuevas generaciones de dientes en animales. Todos los humanos reponemos los primeros dientes, los de leche, que caen hacia los siete u ocho años, por otros definitivos. Si se te caen estos, o te los tienen que sacar por lo que sea, te quedas sin ellos para siempre y tienes que recurrir a las prótesis. Pues bien, al parecer, no crecen otros nuevos porque hay una proteína que lo impide, Y esa proteína, y la forma de inhibirla, es lo que han descubierto esos investigadores japoneses. Se te cae un diente o muela, tomas el medicamento que inhibe esa condenada proteína, y te vuelve a crecer el diente. ¡Imagínense como deben de tener el culo de prieto todos los dentistas del mundo mundial ante semejante descubrimiento!

Dicen que el experimento en animales ha sido un éxito sin paliativos y que, ahora, se está probando en humanos, como se hace siempre, antes de lanzar el medicamento al mercado que, calculan, será hacia el año 2030. Pero esto no es todo, porque, también, alguien ha inventado un chicle que impide el desarrollo de la flora bacteriana que produce las caries y la retracción de las encías. Bueno, todo esto habrá que verlo, porque respecto de las drogas milagrosas ya estamos curados de espanto ya que, la inmensa mayoría de ellas resultaron ser, a la postre, pócimas de las que vendía el hombre del carromato que iba por los pueblos del lejano oeste. 

En fin, cosas de la evolución del ser humano; toda su historia ha consistido en ir reduciendo los dolores físicos sin, por ello, dejar de sufrir a causa de los trastornos mentales. Pareciera que cuanto más se controlan los unos más crecen los otros; pero esto no pasa de ser una pura especulación. 

domingo, 22 de diciembre de 2024

I will be vegetarian


 una vez elegido me haré vegetariano

Es difícil que se pueda sintetizar mejor lo que es la democracia. Es prometer imposibles metafísicos. Por muchas vueltas que se le dé a la imaginación nunca podremos ver a un lobo paciendo en un prado. Ni siquiera en una película de Walt Disney, lo que ya es decir.  

Ahí tenemos al profesor García Maestro desgañitándose para denunciar el idealismo, ese cáncer del intelecto que transforma a los seres potencialmente racionales en corderos. Lo siento por él, porque es predicar en el desierto. Lo mismo que predicó Cervantes y ya ven de qué le sirvió. ¿Quién lee hoy día El Quijote? Es muy difícil, dicen los corderitos. Ni siquiera pueden con una versión ya deglutida que circula por ahí.  

No hay droga psicotrópica que cree más adicción que el idealismo. Bellos prados en los que poder pacer protegidos de todo peligro por el pastor y sus mastines, esos perros tan nobles. A ninguna oveja se le pasa por la cabeza que los pastores tienen la costumbre de celebrar la Pascua comiendo corderitos.

¿Por qué creen ustedes que triunfó el cristianismo sobre el paganismo y luego el islamismo sobre el cristianismo para ir a dar todos en el comunismo? Pues muy sencillo, porque cada nueva religión era más idealista que la anterior, es decir, exigía menos esfuerzo intelectual. En el comunismo, el electroencefalograma es prácticamente plano: hay muy poca diferencia entre una sociedad comunista y un camposanto. 

Así que ya saben, el día de los muertos vivientes toca ir a votar al lobo que te va a comer. Eso sí, antes de comerte te obligará a vacunarte para que sepas mejor. 

sábado, 21 de diciembre de 2024

Misa de Gallo

Me contaban ayer que una de las causas, no menor, de la decadencia del imperio romano fue el gusto que se tomó por mezclar el vino con plomo para dulcificar su sabor. Así la gente disfrutaba más si cabe con la ingestión del vino sin darse cuenta de que a los dioses nunca les ha gustado que los mortales se pasen de listos. ¡Ay, pasarse de listo, cuántos quebraderos de cabeza! Así fue que aquel plomo dulcificador les dejó estériles entre otros muchos trastornos de la salud, de entre los cuales destacaré por su letalidad la pérdida de memoria y la falta de concentración. ¿Y qué es una persona sin memoria y capacidad de concentración? Pues un muerto viviente. 

Siempre ha sido igual, todos los imperios han decaído por el mismo procedimiento: tratando de perfeccionar los mecanismos que proporcionan placer. Y es que, cuanto más perfectos son esos mecanismos, más inevitable se hace el convertirse en muerto viviente. Y esa es toda la historia de la humanidad. Y no hay forma de que aprendamos. Y no es porque no estemos avisados; se podría decir que todos los textos que han sido capaces de atravesar los milenios sin desgastar su valor no tratan de otra cosa que no sea ponernos en guardia contra esa propensión natural a perfeccionar los mecanismos del placer a nada que te sientas un poco seguro.

Unos necesitan llegar a viejo para caer en la cuenta de estas cosas tan evidentes. Otros, ni siquiera eso. Y supongo que también los habrá a los que los dioses les concedieron el don de apercibirse a edades tempranas. Yo no he conocido a ninguno de ellos más que en la ficción cutre. 

En fin, perdonen que traiga a colación estas cuestiones tan macabras, pero es que no puedo evitarlo al observar la realidad circundante en estas fechas entrañables. No sé, pero estoy tentado a celebrar estas felices fiestas yendo a la Misa de Gallo...