domingo, 1 de junio de 2025

Nuestra verdadera estatura

En la naturaleza todo tiende al equilibrio. Forma parte del contrato que hace posible la supervivencia de las especies. Hoy me han mandado un artículo que utiliza esta teoría para reivindicar la bondad de la marea de estulticia que nos viene señoreando de un tiempo a esta parte. Esa estulticia, argumenta, no es más que un intento de la naturaleza de contrarrestar la oleada de inteligencia de los últimos años que lo ha puesto todo patas arriba. Estaríamos adormilados por la digestión de los recientes descubrimientos, lo mismo que lo está una serpiente cuando se traga una gacela. Sin duda la estulticia es el necesario freno a esta velocidad desbocada en la que nos ha colocado todo esto de lo numérico, digital o como lo quieran llamar. 

La forma más sibilina de estulticia ya la dejó perfectamente descrita, en los tiempos modernos, un tal Nietzsche. Nos decía que, de pronto, se producen tal cantidad de descubrimientos que el hombre da en creerse que ya no necesita a Dios para nada. ¿Para qué le va a necesitar si ya ha desvelado todos los misterios de la naturaleza? Es el pecado de soberbia, el más estulto de todos. Y así es que andamos, ahora, pretendiendo que podemos hasta cambiar el sexo de las personas... no creo que se pueda concebir mayor grado de imbecilidad. Y otros mil ejemplos de los de reírse por no llorar. 

Para mí, una de las manifestaciones más estridentes de la imbecilidad reinante es la de esas personas que van por ahí blasonando de no ser creyentes y que, a continuación, siempre sueltan la muletilla de que ellos son muy respetuosos con los que creen. ¿Qué es lo que quieren decir con eso de que no son creyentes? Si se lo preguntas a ellos, les pones en un brete. No tienen ni idea de lo que están hablando; siguen la moda que les ha impuesto algún demonio disfrazado de intelectual y nada más. Dios es, seguramente, la primera abstracción salida de la mente humana. Una vez imaginado, el hombre pudo calmar la angustia que le producía el sentir que el tiempo pasaba y se le acababa. Y es que, con el Dios que se había fabricado, se acababan los problemas, porque, si le eras fiel -las tablas de la ley-, al morir te llevaba con Él al paraíso. Y ya está, eso es todo. Y de ahí no nos puede sacar nadie por muy intelectual, o demonio, que sea.  

Es difícil saberlo, pero hay por ahí muchos indicios de que la pleamar de estulticia ya se dio y ahora anda de retirada. Cada vez más gente se va dando cuenta de que necesita a Dios para que le responda a las preguntas para las que los humanos no tienen respuesta. Porque esa es la cuestión, que creer en Dios no es otra cosa que ser consciente en todo momento de lo limitados que estamos. La pérdida de esa conciencia es lo que llamamos imbecilidad. 

En fin, como concluía un vídeo que me mandaron ayer a propósito de la citada marea, ya va siendo hora de que nos pongamos de pie para ver cuál es nuestra verdadera estatura. 

sábado, 31 de mayo de 2025

Gigantes

La riqueza de El Quijote es casi tan infinita como la de la Biblia.  No hay cuestión de las que por los siglos de los siglos abrumaron al ser humano que no sea tratada en él. Yo diría que El Quijote es como El Criticón de Gracián, un exhaustivo tratado de la condición humana, pero desde la perspectiva de un hombre de acción. Cervantes, para reflexionar tiene que meterse en la piel de un hombre de acción que es lo que ha sido él toda su vida. Gracián, sin embargo, lo hace desde la perspectiva de un hombre de confesionario, es decir, que sus experiencias no son propias, sino por delegación. Hay una gran diferencia que se sustancia, sobre todo, en el sentido del humor. La acción, si algo enseña, eso es aprender a reírse de uno mismo. 

Dice Cervantes que, si le diesen a escoger, mil veces elegiría el haber perdido la mano a cambio de haber podido estar presente en la más alta ocasión que conocieron los siglos. Y muchas de las historias que intercala entre aventura y aventura de Don Quijote están basadas en sus propias experiencias de cuando de joven anduvo por la Berbería pasándolas canutas y salvándose por los pelos. Es un hombre que sabe lo que vale un peine y dar a las cosas de este mundo su verdadera importancia. Al respecto, nos deja meridianamente claro que la espada aventaja a la pluma, opinión, ésta, que cuestiona todo el montaje ideológico buenista que se ha venido construyendo desde que hace dos mil años un judío se subió a una peña y empezó a cantar alabanzas a los corderos. Lo de usar la pluma para decir lo que quieres, está muy bien, sí, desde luego, pero eso nunca lo podrías hacer si antes no te hubiese ganado ese derecho con la espada. 

Don Quijote es un hombre de letras que ha caído en la cuenta de que por ese camino solo se llega a la nada. Por eso decide agarrar la espada que es con lo único que se puede combatir a los gigantes que impiden la concordia entre los seres humanos. Esos gigantes que son producto del encantamiento. Por eso siempre se pierde contra ellos; pero no importa, el caso es que sepan que hay por ahí gente dispuesta a combatirlos. Algún día, quizá, serán sometidos; sin esa esperanza, apaga y vámonos. 

Siendo así las cosas,  ¿a quién pudiera extrañar esta relegación a la que ha sido sometido El Quijote en estos tiempos mierdosos del marxismo cultural? Un libro que es una pura incitación a coger la espada. Un precursor del Manifiesto Libertario de Murray Rothbard. ¿Qué vida es ésta si no vamos por ahí blandiendo El Quijote en una mano y en la otra una espada? O la Biblia y el fusil, que también sirven como metáfora. Por favor, ¡despierten de una vez y pónganse a combatir gigantes! 

viernes, 30 de mayo de 2025

El sarpullido

La falsa pandemia de hace ya cinco años fue el punto de inflexión para un sistema político basado en la mentira y la corrupción. A partir de ese momento la verdad que había sido celosamente ocultada empezó a desbordarse y anegar parcelas cada vez mayores de la sociedad. En la actualidad ya es tanto lo anegado que no queda títere con cabeza. Se diría que estamos a la espera del empujón final para que todo se desmorone y comience un nuevo ciclo. 

Viene a cuento esta diatriba por haber escuchado una entrevista que le hacen al ministro de sanidad estadounidense en la que entre otras cosas se ha dicho que The Lancet, New England Journal of Medicine, JAMA, las revistas que fueron algo así como la Biblia de la profesión médica, son un nido de corrupción. Están compradas por la industria farmacéutica y no pueden decir nada que contravenga los intereses de ésta. 

El que fuera editor jefe del New England, Dr. Marcia Angell, advirtió al público en general que el New England había dejado de ser una revista científica hace mucho tiempo. Quizá haya que haber sido médico para entender lo que esto significa: algo así como cuando los niños se enteran de que los reyes son los padres. Un desmoronamiento, en definitiva, de los pilares en los que se sustentaba todo el edificio de la ciencia médica. 

Es éste un mundo que se va quedando sin las referencias que habían servido los últimos cien años. Bien es verdad que eran todas referencias basadas en la soberbia, como cuando Lucifer se creyó que era Dios. ¡La Ciencia!, nos decían. Incluso se inventó una religión para glorificarla. ¡Hemos descubierto el origen del universo! Ya no necesitamos a Dios. Hasta el más tonto del pueblo sabía explicar qué cosa es eso del Big-Bang.  

Bueno, lo que es la cosa de la ciencia para esta gente que manda quedó muy clara cuando lo de la pandemia. Daba risa escucharles cuando acusaban de negacionistas a los que cuestionaban su verdad absoluta. A los pobrecillos no les daba para más el cacumen. No es que fuese mala gente, simplemente gente poco dotada que estaban en donde no les correspondía debido a la perversión del sistema que el demonio ha impuesto en el mundo. Ya saben, el demonio busca la destrucción de la humanidad por medio de promesas de paraíso. ¡No pasa nada, chavales, con la vacuna podréis seguir yendo a los bares!  

Y así estamos, con unos gobiernos que son un sainete. Al que no anda de putas, le pega su mujer y, si no, hacen senador a su caballo, como este Sánchez que ha hecho catedrática a su mujer, que no sirve ni para chacha. Y la gente aparenta que se la suda porque las estanterías de los supermercados siguen estando surtidas. Pero la procesión que va por dentro sale a cada instante a nada que se rasque. La vida, ahora, es un puro sarpullido. 

jueves, 29 de mayo de 2025

El chivo por antonomasia

 


El comportamiento de los seres humanos es un misterio cuyo imposible desciframiento ha sido el principal motor del pensamiento. Lucubramos sin cesar tratando de encontrar los mecanismos internos que conducen a comportamientos que, en principio, carecen de toda lógica. El decir que esos comportamientos son, simplemente, un equivocado instinto de conservación -pulsión suicida-, por más que en última instancia sea la verdad absoluta, no nos sirve para calmar el espíritu. Tiene que haber ahí, nos decimos, otras razones cuya comprensión nos podría ayudar a modificar esos comportamientos en un sentido más integrador. Así fue como se inventó esa seudociencia que llaman psicología que, si no para otra cosa, sirve, y muy bien, para que los psicólogos se ganen la vida. Porque, lo que es cambiar los comportamientos considerados inadecuados, o sosegar los espíritus perturbados, en eso, se me antoja que estamos en las mismas que se estaba en la noche de los tiempos. 

El caso es que, por el querer de los dioses, o por lo que sea, los seres humanos llevamos fatal la sensación de fracaso inherente a la imposible satisfacción de nuestros deseos. Y lo llevamos fatal, sobre todo, supongo, porque vemos que hay gente a nuestro alrededor que aparenta estar satisfaciendo deseos similares a los que nosotros nos vemos incapaces de satisfacer. A partir de ahí, viene la búsqueda de salidas que alivien esa sensación de fracaso. Y hay soluciones para todos los gustos, aunque no nos podemos engañar al respecto, la inmensa mayoría tira por la calle del chivo expiatorio. En el momento que encuentras un culpable de tus desdichas ya solo tienes que procurar su destrucción para alcanzar la plenitud. 

Supongo que eso que llaman educación podría servir para algo si como primera, y quizá única, medida se intentase grabar a fuego en las mentalidades la idea de autorresponsabilidad - uno es el único responsable de todo lo que le pasa en la vida-. Y punto. Sería maravilloso. Desaparecería la envidia. Y con ella el mito de la igualdad  que es el principal instrumento de que se sirve el demonio para sembrar la discordia sobre la tierra. Pero nada más lejos de la realidad: el demonio se ha apoderado del gobierno de todas las naciones y pone al frente de las escuelas a sus discípulos más aventajados. Tú, odia a los judíos y ya tienes conseguido medio cielo en la tierra. Y es que, hay que reconocer que es insoportable contemplar lo bien que les va a los judíos. Preguntarse por el porqué de que les vaya tan bien, eso, ni por asomo... sería destruir toda la teoría que sustenta el edificio. 

En fin, digo judíos porque son el chivo más significativo desde la noche de los tiempos. Quizá su gran pecado para el resto de la humanidad sea haber sido fieles a su monoteísmo inicial. Ellos no tienen Vírgenes intercesoras ni mandangas por el estilo: temen a Dios y de ahí no se salen. O sea, que se lo curran lo de ser el chivo por antonomasia.   

miércoles, 28 de mayo de 2025

Espíritus encogidos

Cuando era niño, de las cosas que más me gustaban era ir a la herrería y que me dejasen dar vueltas a la manivela del fuelle mientras veía como entre Carlos, hijo, con la maza y Juan, padre, con el martillo, iban dando forma a cualquier trozo de hierro, intercalando golpes, recios el uno y finos el otro. También las carpinterías me fascinaban. Había unas cuantas en el pueblo. En realidad, en aquellos tiempos casi todo el mundo sabía hacer algo interesante. La gente tenía oficio. Íbamos al matadero a ver como Pin el Cariñoso daba un golpe certero con la pica en la cerviz del toro y el toro caía despatarrado como un muñeco de trapo. Luego lo descuartizaban con una rapidez y precisión alucinante. O te parabas a contemplar como Juan el Ovejo, tumbado de lado sobre un saco, picaba el dalle; era una música habitual que solía resonar en todo el valle en los atardeceres. Ahora, por lo que me cuentan, en el pueblo solo hay camareros. Muchos de los hijos y los nietos de aquellos artesanos se fueron a la ciudad a ejercer profesiones, desde las más sofisticadas a las más rastreras, pero, ya digo, en el pueblo, solo camareros. 

Así es que no me gusta ir por mi pueblo. Pasan años sin que lo pise. Y, cuando lo piso, me embarga la tristeza. Solo hay allí chusma poniéndolo todo muy bonito; es decir, con la idea que tiene la chusma de lo que es bonito. Santillanizándolo todo para que los turistas, la chusma por antonomasia, se quede boquiabierta cuando lo contempla. Lo que le gusta a la chusma es que parezca que todo está acabado, o sea, que, ya, para meterse en el ataúd y cerrar la tapa. Ahora anda encantada con eso de la inteligencia artificial porque cree que se lo va a solucionar todo en dos patadas. A esa pobre gente no se le alcanza que lo único que da sentido a la vida es vencer dificultades. 

En fin, no sé a cuento de qué les vengo con este rollo. Quizá me lo ha sugerido el vicio que tengo de pasarme horas mirando en YouTube como trabajan los pocos artesanos que van quedando por el mundo. Suelen ser viejos y mayormente chinos y japoneses. Sobre todo, lo de los carpinteros japoneses es per llogar-hi cadiras, que diría un catalán. No necesitan ni clavos ni colas para conseguir los más sólidos ensamblajes. Es todo puro ingenio geométrico. 

Resumiendo, lo que les quiero decir es que los humanos lo somos porque podemos aprender a hacer cosas sofisticadas. Y, a mi entender, tecnología mediante, cada vez hay menos necesidad de esforzarse para aprender a hacer esas cosas, lo cual encoge los espíritus. Y eso es lo que pasa que éste es un mundo de espíritus encogidos... o sea, sin ansias de conquista. Bueno, no sé, porque también hay por ahí gente empeñada en ir a Marte... muy criticada, por cierto.  

martes, 27 de mayo de 2025

Vencer y convencer

Venceréis, pero no convenceréis, dicen que dijo Unamuno en aquel famoso rifirrafe que tuvo con Millán Astray en el paraninfo de la universidad de Salamanca. Nunca sabremos lo que todo eso tiene de verdad y lo que tiene de leyenda urbana. Corren por ahí muchas teorías al respecto. 

Vencer y convencer son dos conceptos cuya clara diferenciación siempre ha atraído la atención de los intelectuales. Cervantes le dedica unas cuantas páginas cuando Don Quijote, en el episodio de la venta,  deja a todos pasmados con su disertación sobre las armas y las letras. Porque ese es el asunto, que se vence con las armas, pero se convence con las letras. Don Quijote lo tiene claro, y por eso insiste en la importancia que tiene el que el caballero andante no solo tenga fuerza en el brazo sino, también, en el entendimiento. El uno para vencer y el otro para convencer. 

Andábamos estos días lucubrando a propósito de estos temas: el relato, concluíamos, es la clave, O sea, las letras. El que consigue imponer su relato es el que a la postre vence. Y en este orden de cosas es el que se me revuelvan las tripas cuanto mi vista cae, por poner un ejemplo, sobre esa imagen icónica del Che Guevara. ¿Cómo consiguieron convencerme de que ese ser despreciable a todos los efectos era un tío guay, faro y guía de nuestros anhelos? Pues cómo va a ser, con un relato bien montado... es decir, a la medida de los deseos infantiles de la inmensa mayoría de los mortales: conseguirlo todo con la varita mágica: sin esfuerzo y, para redondear, sin temor de Dios, porque Dios no existe. 

Ayer andaba por un centro comercial de esos en los que cada dos por tres te asalta un joven guapo y muy simpático para proponerte una ganga. Quería el tipo que cambiase mi contrato telefónico por otro mucho más ventajoso para mí, no por nada, sino porque por dos perras más de lo que en la actualidad estoy pagando podría disfrutar de los relatos de Netflix. Por vacilar, le dije al chaval que yo prefería otros relatos que me parecen infinitamente mejores. ¿Cuáles son mejores?, me dijo con un mirada entre socarrona y escéptica. Entonces abrí la mochila y le enseñé El Quijote. Sí, me dijo, he oído hablar de ese libro; creo que es muy famoso. 

Y en esas estamos: el relato que propone Netflix atrae mil veces más que el que propone Cervantes. Es mucho más atractivo resolver los problemas con la varita mágica de Harry Potter que no recibir batacazos a cambio de resultados inciertos. Así todo, Netflix pasará en cuadro días y Don Quijote permanecerá por los siglos. Pero las cosas son como son y, como se suele decir, después de burro muerto, la cebada al rabo. Para que nos vamos a ocupar del más allá si nos han asegurado que Dios no existe. 

lunes, 26 de mayo de 2025

Lenguas

 

Hazlo, nada es imposible

"En español, la "doble negación" o "concordancia negativa" no cancela el sentido negativo, sino que lo refuerza. Esto significa que el uso de dos palabras o expresiones negativas en una frase no crea una afirmación, sino que simplemente enfatiza la negación."

Cuando empiezas a escribir, empiezas también a caer en la cuenta de las incongruencias del lenguaje. Un ejemplo sangrante es el de la doble negación en el idioma español. Contradice de plano la lógica matemática: negativo sobre negativo da positivo. Así que, por mucho que la concordancia negativa, por costumbre, refuerce la negación, eso, no deja de producir una cierta ambigüedad que es incompatible con, por ejemplo, el lenguaje jurídico que, por su propia naturaleza, debe tender a evitar las posibilidades de dobles interpretaciones.  

Andábamos ayer comentando una vez más lo de las lenguas. Claro, yo suelo conversar con personas que en su vida cotidiana utilizan lenguas aprendidas en la edad adulta y son conscientes del handicap que ello les supone. La lengua materna es sagrada, dice uno. El otro asiente. Y yo les entiendo perfectamente porque he vivido muchos años en un lugar en el que las lenguas se utilizaban como armas arrojadizas. Es decir, como armas de dominación de unos sobre otros. Ya saben, la cosa esa tan asquerosa de los nacionalismos. 

Pero a lo que quería ir yo es a eso de que son sagradas. ¿Qué se entiende por sagrado en este caso? ¿Relacionado con la divinidad? O sea, que la lengua materna es con la que hablas con Dios. Sí, eso está muy bien, pero por encima de todo hay que comer. Y no todas las lenguas facilitan del mismo modo esa necesidad vital, porque hay algunas que te reducen mucho el ámbito de las posibilidades. Y otras que te lo expanden. No por otro motivo es por el que nos esforzamos tanto por aprender determinadas lenguas. Al fin y al cabo, las lenguas son vehículos que trasportan ideas. Y hay lenguas que son como biscuters y otras como rolls-royces. Son muy diferentes las posibilidades de alcanzar destinos que tienen unas y otras; con unas solo puedes andar por casa y con otras abarcas el mundo. 

Escuchaba ayer un vídeo en el que se analizaban los resultados académicos desglosados por comunidades. Curiosamente, comunidades como Extremadura o Andalucía, obtienen resultados cinco veces mejores que otras supuestamente superiores en todo, como pudieran ser  Cataluña, Pais Vasco, Comunidad Valencina... y es que, según el youtuber que comentaba la jugada, en estas comunidades, supuestamente elitistas, la muchachada anda con la picha hecha un lío a causa de las lenguas. Hay una mayoría que se ve obligada a estudiar en una lengua que no es la que utiliza en su casa. Claro, con una lengua aprendida es más complicado entender los conceptos a nada que se sofistiquen mínimamente.

En resumidas cuentas, que hay que dejar que cada cual se entienda con Dios de la manera que le de la gana... o, como decía Voltaire, que vaya al cielo por el camino que más le guste. O más le convenga, digo yo.  

domingo, 25 de mayo de 2025

La casa de mi padre



LA CASA DE MI PADRE

Gabriel Aresti , 1963



                                    Defenderé
                                    la casa de mi padre.
                                    Contra los lobos,
                                    contra la sequía,
                                    contra la usura,
                                    contra la justicia,
                                    defenderé
                                    la casa
                                    de mi padre.
                                    Perderé
                                    los ganados,
                                    los huertos,
                                    los pinares;
                                    perderé
                                    los intereses,
                                    las rentas,
                                    los dividendos,
                                    pero defenderé la casa de mi padre.
                                    Me quitarán las armas
                                    y con las manos defenderé
                                    la casa de mi padre;
                                    me cortarán las manos
                                    y con los brazos defenderé
                                    la casa de mi padre;
                                    me dejarán
                                    sin brazos,
                                    sin hombros
                                    y sin pechos,
                                    y con el alma defenderé
                                    la casa de mi padre.
                                    Me moriré,
                                    se perderá mi alma,
                                    se perderá mi prole,
                                    pero la casa de mi padre
                                    seguirá
                                    en pie.


Ayer les decía que, el que pasada la adolescencia no salía corriendo de la casa de sus padres era porque algo le fallaba en la cabeza. Alguien lo leyó y consideró oportuno mandarme el poema que he transcrito al inicio de este post. De un tal Gabriel Aresti que, por lo visto, es lo más de lo más de la poesía en lengua vasca. Claro, debemos de suponer que cuando el bueno de Gabriel habla de la casa de su padre, no se está refiriendo a la casa de sus padres biológicos, sino a ese concepto abstracto que los ingleses llaman fatherland, la tierra del padre, patria para que nos entendamos. 

Con lo de la patria, como con todas las abstracciones, cada cual hace de su capa un sayo a la medida de sus gustos, deseos o necesidades. Todo el mundo nace en algún lugar por una mera cuestión de azar. La importancia que le des a esa casualidad depende de infinidad de circunstancias que sería muy penoso ponerse a enumerar. En cualquier caso hay que andarse con mucho cuidado con esa importancia porque a algunos se les va la mano y luego pasa lo que pasa. 

Ese poema de marras, sin ir más lejos, a mi inmodesto juicio no quiere decir otra cosa que el que el tal Gabriel Aresti andaba un poco pasado de vueltas. ¡Madre mía, porque tampoco es para tanto el haber nacido en un sitio u otro! Claro que puede ser un sitio que te quiere bien y te incita a quedarte, pero no siempre es ese el caso y, entonces, te vas a pacer a otro prado, que ya sabe que, a la postre, somos más de donde pacemos que de donde nacemos. Servidor, sin ir más lejos, es de una familia de vascos que, por lo que fuese, hace cuatro o cinco generaciones consideró oportuno irse a pacer a otros prados. ¡Oye, y no pasó nada! Aquí estamos, entroncados ya con nigerianos, jamaicanos, británicos y yo qué sé cuántas cosas más. El caso es que ni de coña se nos ocurre ponernos a matar gente por una abstracción tan tonta como el sentido de pertenencia a una pureza imaginaria. 

Sí señor, el dolor y la podredumbre que pueden llegar a causar los poetas pasados de vueltas es incalculable. Solo hace falta que sus poesías caigan en manos inadecuadas. Chavales que andan desnortados a la búsqueda de sensaciones fuertes. ¿Y cuál más fuerte que matar gente por una causa que imaginas que es justa? Solo hay que remitirse a los hechos para verificar que lo que les estoy diciendo no es una lucubración sin sentido. Venimos de padecer una plaga causada por esos sentimientos patológicos; llámenlos delirios si mejor quieren. 

Todo lo cual no quita para que uno se sienta ligado sentimentalmente al lugar en el que pasó la infancia. Al fin y al cabo, la infancia es la única oportunidad de paraíso que tenemos en la vida. Pero de ahí a quedar colgado de eso... 

sábado, 24 de mayo de 2025

¡Cosas veredes!

Por lo que me han contado, ese festival tan carajonero que llaman Eurovisión, este año ha tenido un impulso inusitado gracias al manifiesto de apoyo al grupo terrorista Hamas y la condena de Israel que, previo al festival, hizo el gobierno de España. Todos los festivales son por naturaleza instrumentos de la política, incluidos, por supuesto, esos de rock a los que van los jóvenes rebeldes como corderitos para ser debidamente adoctrinados. Todo muy sutil. Sutileza comunista, bien entendido. Las mayorías tienen la razón siempre y cuando, claro está, sea yo el que las pastorea. O el que las vende droga, lo que vendría a ser lo mismo.

El caso es que esa táctica del gobierno español es muy intuitiva, como se dice ahora -todo el puto día están los opinadores profesionales con lo intuitivo y lo contraintuitivo-; hay que tener en cuenta que en el mundo hay unos dos mil millones de musulmanes y unos quince millones de judíos. Así que la cosa va de soi, porque, cuando vives de vender droga, la cantidad es infinitamente más importante que la calidad. Ya digo, muy intuitivo.

Como dice el profesor Bastos, el comunismo es muy intuitivo. Porque es como vivir eternamente en casa de tus padres: cuando tienes hambre vas a la nevera y coges lo que te apetece. En la casa del padre siempre, por definición, está la nevera llena de toda clase de manjares. Lo que pasa es que, también hay que reconocer, que hay que ser muy mierda para poder vivir con los padres más allá de la adolescencia. Así que, a la postre, el ser humano siempre se está debatiendo entre lo intuitivo y lo contraintuitivo, que vendría a ser el pensárselo dos veces. Claro, si tienes capacidad para pensártelo dos veces, sales escopetado de casa de tus padres. 

Sea como sea, parece ser que la juventud actual le está cogiendo el punto a lo contraintuitivo. Y así fue que, en las votaciones habidas, le prestaron apoyo masivo a los quince millones de judíos frente a los dos mil millones de la morangada. Un verdadero shock para los devotos de lo intuitivo que, dicho de otra forma, vendrían a ser los consumidores de droga... ¿a ver si va a ser que estamos fuera de onda?, se han preguntado algunos. 

En fin, cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras.     

viernes, 23 de mayo de 2025

Divagaciones sobre El Quijote

Como ya les he dicho, ando leyendo El Quijote. Hacía casi tres años desde la última vez que lo leí y, a efectos prácticos, es como si hiciese un siglo. Siempre que lo he leído he tenido la sensación de ser la primera vez. Ahora ando por la comedia de enredo que es el episodio de la venta en el que confluyen todos los personajes que ha ido perfilando pacienzudamente a lo largo de trescientas páginas. Son un montón de dramas que tienen una resolución feliz en un espacio de tiempo  mínimo. Es una auténtica apoteosis en la que se intercalan elementos chuscos -las putadas que le hacen a Don Quijote, los pícaros que quieren aprovechar la confusión del entusiasmo general para largarse sin pagar- para atemperar el empalago de tanta dicha. El caso es que iba el otro día leyéndolo en el tren y me salté dos estaciones. Este tipo de cosas solo me han pasado cuando en la infancia leía las aventuras de Guillermo Brown. También entonces se me iba el santo al cielo y me olvidaba hasta de comer. Guillermo, en realidad, es un remedo infantil de Don Quijote. Quizá todos los niños lo sean.

Andaba de tertulia no hace mucho y salió a colación Guillermo. Decía uno que se dedica al cine que había estado barajando hacer un guion sacado de los libros de Guillermo, de los que había sido forofo en su infancia. Se había puesto a la tarea y había tenido que desistir a la primera de cambio. Los pequeños quijotes no sirven para estos tiempos de magos triunfadores. Ni los pequeños ni, al parecer, tampoco los grandes. Demasiado realismo para generaciones criadas a los pechos del idealismo marxista. La gente dice que son lecturas muy difíciles. Demasiado intelectuales. En estas estamos. 

En resumidas cuentas, que allá cada cual con sus particulares percepciones de la jugada. Porque a la postre lo que cuenta es tener o no tener la sensación de estar perdiéndote algo importante. Y yo no veo que la gente a mi alrededor tenga esa sensación por no leer El Quijote. En todo caso la tienen si no leen lo que está de moda en su círculo de amistades. Lo mismo que si no viajan al sitio del que todos hablan o no frecuentan los ambientes de los que se hacen eco las páginas de sociedad de los medios locales. El mundo es ansí, que decía Baroja.

jueves, 22 de mayo de 2025

Padre Astete

 

Si atacas a Israel, Israel no va a leer tu manual de instrucciones sobre cómo se debe responder 


Esa es la madre de todo este asunto, que no todo el mundo tiene la misma idea de cómo hay que responder cuando te atacan. Los hay que con orquestar un victimismo vomitivo parecen conformarse: ese fue el modelo que se eligió en España cuando un grupo de psicópatas vacos se pusieron a matar gente porque sí. Y lo mismo cuando le tocó el turno a otros psicópatas venidos de la Berbería. Entonces, hicimos honor a aquellos versos que aparecen en La Vida Es Sueño de Calderón: Y tanto placer había/ en quejarse, un sabio decía/ que a trueco de quejarse/ habían las desdichas de buscarse. Porque, desengáñense al respecto: una desdicha le puede llegar a cualquiera, en cualquier momento, por muy temeroso de Dios que sea, pero cuando vienen hiladas, in a row, que dicen los ingleses, no es solo porque las buscas, es más bien porque las provocas con tu necedad. 

El caso es que Israel se las está poniendo a todas las plañideras del mundo mundial como se las ponían a Fernando VII para que se puedan entregar a su deleite favorito por los siglos de los siglos: demonizar a los judíos. Me he pasado toda la vida preguntándome por el porqué de esa inquina secular hacia los judíos. Siempre me pareció un misterio, hasta que, de pronto, a edad muy provecta ya, he caído en la cuenta, bien que ayudado por mentes esclarecidas como la de Sowel, de que es la cosa más tonta que uno se puede imaginar: no es más que la natural envidia que tienen los perdedores -la inmensa mayoría de la humanidad- hacia quienes les va bien. Y es que a los judíos, allí donde estén, les suele ir bien en la vida por el simple hecho de que son temerosos de Dios sin componendas. 

Así es que ahora se ha desatado una cantinela universal por lo que está pasando en Gaza. Sí, desde luego que es terrible lo que les está pasando a los niños y, ya puestos, a las mujeres también, pero nadie podrá negar que todas ellas son desdichas buscadas con tozudez de poseso. Como esa gente son, fundamentalmente, unos putos vagos, no les queda otra solución para cohesionarse y, de paso, suscitar la compasión, que inventarse un enemigo atroz que es la causa de todos sus males. Es de primera página de libro acerca de la condición humana. Ellos, viven así del cuento y, de paso, dan pábulo para que todas las malas conciencias del mundo tengan un leit motiv que les ayude a distraer sus buscadas angustias. 

En fin, que así son las cosas de este mundo porque así quiere Dios que sean. Si bien se considera, todo ello no es más que la consecuencia de la eterna lucha entre las virtudes teologales y los pecados capitales. Pero, claro, como los niños ya no estudian el catecismo del Padre Astete, pues, luego resulta que de mayores no se enteran de qué va la fiesta. 

miércoles, 21 de mayo de 2025

Los pañitos del altar

Retomábamos esta mañana el tema de ayer: las mujeres. Llegábamos a la conclusión de que, cuando hablamos de marxismo cultural, de lo que en realidad estamos hablando es de feminización de la sociedad. Es decir, hacer prevalecer los valores femeninos sobre los masculinos. No hace falta señalar, no se vaya a ofender alguien, cuales son esos valores: todo el mundo los conoce

Dos caballos de Troya se han utilizado para infiltrar esos valores: la enseñanza y la sanidad, ambas dos públicas, como las rameras. El 90 o el 99% de los maestros son mujeres que de inmediato van a separar a los niños que se están zurrando en el patio durante los recreos. La dichosa paz por encima de la justicia o la libertad. ¿Es que hay algo más femenino? 

Pero, donde ya la trampa alcanza tintes homéricos es con la sanidad. Hoy es cuchaba a Warren Buffett decir que todo el sistema sanitario es A Total Scam (una total estafa). De los años sesenta, cuando comenzó la marxistización de los EEUU, al presente, la porción del PIB dedicado a la sanidad ha pasado del 5 al 18%. Ese aumento, curiosamente ha ido parejo con el de mujeres médicos que hay en el sistema, rozando ya el 50%. En España, ya vamos por el setenta y pico por ciento. Por cierto que en España se ha pasado de un medico cada 2.000 personas en los años sesenta a uno cada 150 en la actualidad... es casi imposible morirse y, menos todavía, sufrir padecimientos. ¡Pues buenas son las mujeres como para soportar ver sufrir a alguien! ¡Con la de remedios que ellas saben!

Hay muy pocos frenos a toda esta estafa -que dice Warren Buffett- que ha venido a cristalizar en esa ideología que llaman woke (conciencia de injusticia social), es decir, rencor, cobardía y pereza: el trípode que sustenta la decadencia. Ellos saben como pescar truchas sin mojarse el culo y cruzar la mar sin arriesgarse. Se lo ha enseñado su mamá. 

En fin, menos mal que el Vaticano, de momento, pone pie en pared y no deja que las mujeres puedan consagrar. Para ellos es mucho mejor que sigan ocupándose de los pañitos del altar. Pienso que están acertados.  

martes, 20 de mayo de 2025

El demonio

 


Estábamos esta mañana desmintiendo la letra de aquel famoso tango que dice que "de las mujeres mejor no hay que hablar". Claro, eso es una pretensión muy despechada, porque, ¿cómo no vamos a hablar de algo que no se nos va de la cabeza como no sea por alguna anomalía biológica? El caso es que, como somos muy leídos, basábamos nuestro argumentario, por un lado, en la literatura y, por otro, en la sabiduría popular. Decía mi contertulio, que su abuela, verdulera de profesión, sostenía que el mundo se estaba viniendo abajo debido a que las mujeres se habían puesto a mandar fuera de su casa. Respecto de la literatura traíamos a colación Las Mil y Una Noche, un libro concebido para advertir a los hombres de la verdadera naturaleza de las mujeres. De su perversidad intrínseca, para que nos entendamos. ¡Armas de mujer! O se salen con la suya o lo mejor que puedes hacer, si no estás por la labor, es poner tierra por medio. 

Y es que la mujer y la sartén en la cocina están bien. Y no hay ninguna minusvaloración en este refrán. Al fin y al cabo, quien está al mando de la cocina, tiene la sartén por el mango, que es como decir que en esta casa se cuece lo que a mí me da la gana. Si mandar en los hogares les parece poco poder es que han perdido la cabeza. Mandar en los hogares es ser medianera de todo, o sea, como la Virgen María. 

Y hablando de la Virgen María, fíjense ustedes en la Iglesia, una institución que lleva dos mil años con su poderío más o menos intacto. ¿Cuál es su secreto para tan casi milagrosa consecución? Pues ese, mantener a la mujer en su papel de medianera -el culto a María- y, ni por asomo, ponerla a los mandos como quiere el diablo que siempre está infiltrado por todas las partes. Pusieran a la mujer a decir misa y no duraba el invento ni dos telediarios. ¡Es elemental! ¿Es que algún hombre puede ver a una mujer sin que el pensamiento se le vaya automáticamente a lo que tiene entre las piernas?  

Yo no digo que no pueda haberse dado algún caso de mujer dotada para decir misa; ahí han tenido no hace mucho a la Thatcher, que consagraba divinamente, o la Meloni, que parece que también sabe lo que hace, pero son las excepciones que tiene toda regla para poder ser tal. En términos generales, no nos engañemos, para gobernar son un desastre por la sencilla razón de que la biología es la que es y ha reservado a la mujer un papel tan importante que es absurdo pretender que le vayan a quedar muchas neuronas para cuestiones de menor monta. 

Miren esa foto con la que inicio esta reflexión. ¿Sería creíble o, mejor, tendría algún gancho, si en vez de poner un hombre hubiesen puesto a una mujer? ¡Suelta a los rehenes o sufre las consecuencias? El hombre, por biología también, sabe ser inflexible. Y es que una cosa es poder hacer niños y otra saber salvaguardarlos. Y esta verdad incuestionable es la que el diablo ha conseguido emborronar en su infatigable lucha por destruirnos. Pero me parece a mí que va a tener que cambiar de táctica porque cada día más gente le está descubriendo el truco y ya son más los chistes que se hacen sobre él que el miedo que se le tiene. 

lunes, 19 de mayo de 2025

Franco II

Cuando leo lo que he escrito el día anterior es raro que quede satisfecho; o ya no pienso lo mismo que pensaba o, más frecuente, siento que determinada idea la podría haber matizado mucho mejor. Y es que si hay algo que haga honor al adagio "todo cambia, nada permanece", eso es el pensamiento. Así es que cuando escuchas a una persona decir: yo soy de los que siempre he dicho... puedes estar seguro de que tienes un necio delante. 

El caso es que ayer emití juicios de los que hoy estoy arrepentido, como lo que dije de Iván Espinosa de los Monteros, que seguramente no tiene tanto Estado en la cabeza como el que le achaqué. Le escuché por la tarde en una entrevista y me pareció mucho más anarcocapitalista de lo que le suponía. Esto, por un lado; por otro, lo que dije del franquismo, que suscribo en general, me doy cuenta de que está descrito con rasgos tan gruesos que, si no los matizas algo más, difícilmente es inteligible. 

Para empezar, antes de decir que Franco nos empobreció espiritualmente tendría que haber especificado que primero nos libró de la mayor plaga que conocieron los siglos: el comunismo. Sí, porque era el comunismo a la soviética lo que se estaba intentando implantar en España y, el que niegue eso, una de dos, o es un ignorante o es un sinvergüenza. Y es que para todo hay grados y lo que va de la miseria espiritual inherente al comunismo soviético de la que produce el comunismo socialdemócrata, es un gran trecho: el comunismo socialdemócrata deja ciertas parcelas de la vida social en manos de la iniciativa privada, lo cual hace que una pequeña parte de la población se salve de los estragos del pastoreo intensivo. 

Una pequeña parte de la población salvaguardó un cierto grado de pensamiento crítico, aunque, no hay que hacerse ilusiones: todos los esfuerzos del sistema estaban encaminados a minar esa pequeña porción de autonomía mental. Y bien que lo consiguió, porque, después, cuando muerto el autócrata, se pasó a lo que denominaron democracia, todo el mundo se tragó la milonga sin darse cuenta de que lo nuevo no era en realidad otra cosa que un perfeccionamiento de las técnicas de pastoreo. 

El pastoreo lo infiltra todo. Todo el mundo necesita un monitor para cualquier cosa que quiera hacer para aliviar el dolor del ocio. Los chavales necesitan monitor hasta para aprender a surfear olas, lo cual, por más normal que le parezca a la mayoría, no es sino la prueba fehaciente del grado de discapacidad mental al que conducen las técnicas de pastoreo. Todo el mundo parece anclado en la edad infantil... sujetos a los protocolos hasta para cagar. 

Franco creó la primera clase media digna de tal nombre que hubo en España. Su gran logro, dicen. Tendrían que explicarnos un poco mejor eso. Porque, ¿qué quiere decir clase media? ¿Media de qué? Pues muy sencillo, media de aquello que vimos cuando lo de la plandemia. Media de borreguería, de ausencia absoluta de pensamiento crítico. Sé de lo que hablo, porque debido a los muchos años que tengo pude vivir tiempos en los que el pastoreo era incipiente y la mayoría de la gente vivía a su bola recurriendo al ingenio para sobrevivir. Por así decirlo, hemos pasado, socialdemocracia mediante, del libre albedrío de aquellas clases bajas a la predestinación de estas clases medias. O dicho de otra forma: del catolicismo al protestantismo. Y parece ser que mucha gente se está dando cuenta de que con el cambio no ha hecho más que perder y, por eso será, según he oído por ahí, que está habiendo conversiones masivas, sobre todo entre los jóvenes, al catolicismo.  

En fin, no sé si me he explicado un poco más que ayer, pero, en cualquier caso, el asunto es demasiado complicado como para despacharlo en cuatro párrafos. 

domingo, 18 de mayo de 2025

Franco

La vejez te puede dar perspectiva. Para ello, entre otras cosas, habrás tenido que dejar de leer periódicos y ver telediarios que vendrían a ser la proximidad dionisiaca que todo lo emborrona. Y es que la perspectiva la da el alejamiento, cosa que de joven es imposible conseguir por muchos libros de historia que hayas leído. Lo sé por la propia experiencia, porque leí muchos libros de esos y dejé hace bastantes años ya de leer periódicos y ver telediarios y, sin embargo, no ha sido hasta hace cuatro días que me di cuenta de que el verdadero destructor de España fue Franco. Sí, sí, Franco. Por favor, lector, no precipite el juicio y escuche mis argumentos. 

Cuando yo era niño, la gente, en general, se ocupaba de su propia vida. Lo cual incluía, como piedra angular que sostenía todo el edificio, el ahorro. Se ahorraba para la vejez y, también, por si alguno de la familia se ponía enfermo, o para pagar los estudios de algún hijo que salía espabilado y, también, para invertir en bienes de equipo. Claro que había gente desastre, pero estaban señalados, precisamente por ser la excepción. Pues bien, todo eso es lo que Franco, siguiendo las modas del momento, se cargó. Ya no tenéis que ahorrar, les dijo a los españoles: yo os daré una pensión cuando seáis viejos, os curaré si os ponéis enfermos y pagaré los estudios de vuestros hijos; vosotros lo único que tenéis que hacer es gastar hasta el último céntimo de lo que ganéis en diversión porque así el dinero correrá y se redistribuirá. En definitiva, Franco supuso para los españoles bienestar material y miseria espiritual... socialdemocracia en vena, para que nos entendamos. 

Pensaba en estas cosas esta mañana mientras escuchaba una entrevista a Iván Espinosa de los Monteros, al que muchos consideran el político más esclarecido que ha habido en España en estos últimos años. Pues bien, todo lo esclarecido que ustedes quieran, pero la impresión que me da es que tiene la idea del Estado omnipotente metida hasta los tuétanos. Él tiene soluciones para los grandes problemas que parecen lógicas, pero siempre con el Estado por medio. Las pensiones, por ejemplo, que según él debieran de ser de capitalización... y por qué, me pregunto yo, si vas a capitalizar tus ahorros, necesitas que el Estado meta sus narices ahí. Y lo mismo con la sanidad. Acaso no pueden la inmensa mayoría de los españoles pagarse una mutua médica con menos de la mitad de lo que gastan cada mes en bares. ¿Qué coño pinta el Estado ahí, entonces? Y de la educación podría decir lo mismo, y más, ahora, con las oportunidades que proporciona el Internet. 

Esa es la cuestión, que hasta los más esclarecidos tienen metida, Franco mediante, la idea socialdemócrata hasta los tuétanos y por eso se necesita un Moisés que venga a sacarnos de está esclavitud y nos tenga cuarenta años vagando por el desierto mientras nos vamos haciendo a la idea de libertad... que no es fácil, por cierto, porque pasar de cobarde a valiente no es cosa de hoy para mañana.