domingo, 30 de noviembre de 2025

Black Friday

 


Black Friday
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Venía intentando reflexionar los días pasados sobre las leyes del mercado. Me tome la molestia de leer La Riqueza de las Naciones de Adam Smith y, también, para hacerle contrapunto, la Historia del Pensamiento Económico de Murray Rothbard. Son dos libros amenos donde los haya y que vendrían a disentir en una cuestión fundamental: el valor que asignamos a las cosas; para Smith sería objetivo y, para Rothbard, subjetivo. En definitiva, para uno, el precio de las cosas depende de lo que haya costado producirlas y, para el otro, de la avidez que la gente siente por esas cosas. 

Bueno, me imagino que las cosas no son tan sencillas. Sin embargo, sí es verdad que a las almas cándidas les cuesta mucho aceptar la subjetividad del valor de las cosas y, de ahí, de esa dificultad, quizá sea de donde proviene en parte el gusto por las ideas totalitarias que mayormente se sustentan en la fijación de los precios... la fijación de precios, ese despeñadero por donde se precipitan en el abismo los totalitarismos. 

Pero, en fin, esto de la subjetividad del valor es una cosa que ya solo discuten los más tontos del lugar, es decir, la gente que se autocalifica como de izquierdas, o sea, una condición del espíritu que consiste en considerarse a sí mismo mejor que los demás y, por tanto, con derecho a vivir del trabajo de los otros, que, por supuesto, son peores. Y, así las cosas, con lo que nos encontramos es con un mercado que trata por todos los medios de entrar a saco en esa subjetividad: todo su esfuerzo consiste en hacer creer a la gente que necesita lo que no necesita para nada, algo que, por cierto, es muy fácil de conseguir como todos ustedes supongo que sabrán por la propia experiencia... al menos, yo, les puedo asegurar, me he pasado la vida cayendo en esa trampa. 

Siempre, yo, como casi todo el mundo, a nada que se nos baja la paletilla, que es como en muy pueblo llaman a estar bajo de forma, corremos a restaurarnos por el procedimiento más fácil, y por tanto falso, que existe: comprar cualquier cosa que el mercado te ha metido por los ojos. Nos hacemos la ilusión de que ese capricho es una necesidad que, una vez cubierta, va a contribuir a subirnos la paletilla. Y, de hecho, nos la suele subir por unos minutos, y acaso unas horas, pero siempre muy pocas, para luego caer más hondo de donde estabas antes de haber comprado. Y es que comprar lo innecesario empobrece indefectiblemente... material, pero, sobre todo, espiritualmente.   

He necesitado llegar a muy viejo para caer en la cuenta de que pocas cosas hay que mejor muestren la calidad de una persona que su actitud ante el consumo. Dime qué consumes y sabré qué coeficiente intelectual tienes. Así, que ya saben, mírenselo con atención antes de sacar la visa, porque, a nada que se descuiden la estarán usando para comprar esclavitud. 

sábado, 29 de noviembre de 2025

Lo que ha de menester

Miraba ayer una de las guitarras que tengo, es una González de las que hacían -no sé si seguirán haciendo- en la calle Hospital de Barcelona. Ya va para cuarenta y cinco años que la compré y luce impecable, y eso que la he usado casi todos, por no decir todos, los días de entonces para acá. No hace mucho, la estuvo tocando un gitano de Palencia y me dijo que la prefería a una de Hermanos Conde de la calle Gravina de Madrid que compré por capricho hace ya va para treinta y tantos años. Yo diría que la González me salió de balde y la de los hermanos Conde, no tanto. Y eso que las dos me costaron una pasta; mucho más la Conde. 

En el Siglo de Oro español había una frase que me parece que condensa en sí sola toda la sabiduría posible sobre la economía de mercado: "de balde compra el que compra lo que ha de menester". La frasecita se las trae; y por eso es que sea tan difícil pillarle el significado a la primera de cambio. Yo diría, exagerando un poco, que la mitad de la obra Walden de Thoreau consiste en tratar de explicar al respetable lo que significa esa frase. Porque, aunque no se lo crean, comprender esa frase es lo que más puede contribuir a hacernos personas ricas. 

Y es que el asunto es ese, que cuando compras algo que no has de menester, como la Hermanos Conde que les decía, lo que en realidad estás haciendo es empobrecerte y, de paso, empobrecer el mundo. Y aquí es donde reside, a mi juicio, el Talón de Aquiles de la economía de mercado que, al no hacer distingos entre lo que es necesidad y lo que es simple deseo o capricho, incita a la gente confundir lo uno con lo otro y, de resultas, a rodearse de porquerías inútiles que son las que, a la postre, más contaminan el planeta, por no hablar de los espíritus. Sí, ya sé, me dirán que, con la producción y venta de esas porquerías inútiles, miles de millones de personas obtienen una remuneración que les permite vivir dignamente. Desde luego que, a primera vista, parece un razonamiento lógico, pero solo a primera vista. A segunda vista se da uno cuenta de que ese razonamiento es una imbecilidad letal. 

El problema es que confundir necesidad con capricho es uno de los mecanismos que mejor proporciona a la gente la ilusión de escapar de sí mismo. Es el camino más directo al embrutecimiento. No dejar un minuto libre para poder dedicarlo al verdadero enriquecimiento, que es el del espíritu: aprender a observar para maravillarse con las bellezas de la creación a la vez que se entonan alabanzas al creador, es decir, nuestra relación con lo divino. Y para eso está el mercado, el verdadero mercado, el que satisface solo necesidades y no emponzoña con los caprichos. Así es como el tiempo se dilata y lo puedes dedicar a aprender a entonar esas alabanzas que, a la postre, son el único goce real que nos puede proporcionar la vida.   

viernes, 28 de noviembre de 2025

La berrea

".../ mas nunca se logran hijos / que al padre quiebran palabra./ Ni tampoco tuvo dicha / en cosa que se ocupaba, / nunca Dios le hizo merced, / ni es razón que se la haga". Le dice el Cid a Don Sancho.  

Cuando el rey Fernando I, está en su lecho de muerte, hace jurar a sus hijos y a los caballeros de su corte que nadie, so pena de su maldición, debe cambiar las disposiciones de su herencia. A Sancho, le deja Castilla; a Alfonso, León; a García, Galicia; a Urraca, Zamora; a Elvira, Toro.  

"Todos responden amén, / sino Don Sancho que calla."

Don Sancho es el primogénito y se siente traicionado; piensa que, como es tradición, el reino de su padre tiene que pasar integro a sus manos. Por eso, no se había enfriado todavía el cadáver de su padre y ya estaba guerreando para quitar a sus hermanos lo que pensaba era suyo por ley divina. 

Bueno, todos saben cómo acabó Don Sancho, a manos de Dolfos Vellido, hijo de Vellido Dolfos. Todavía, si van a Zamora, podrán entrar a la ciudad por la Puerta de la Traición, así llamada porque se supone que fue allí donde Vellido acabó con Sancho de unas cuantas puñaladas. 

Como ya les he contado, recibí en herencia un par de libros encuadernados en piel y con papel biblia, que hacen mis delicias. Una es las obras completas de Santa Teresa -ya les comentaré algún día- y el otro es el Romancero Español. En el Romancero hay unos doscientas y pico páginas dedicadas a glosar al Cid y su entorno. Entre la realidad y la leyenda nos queda un compendio de la condición humana que en nada desmerece, pienso, al que nos legó Shakespeare. 

La condición humana, en su esencia, se mire como se mire, poco o nada se diferencia de la de las otras especies animales. Su núcleo constitutivo es la berrea. Todo gira alrededor de la imposición de los unos sobre los otros, mientras, las otras, están expectantes para irse de inmediato con el que se impone sobre los demás. A partir de ahí, todo vale. Siempre hay una razón superior que lo justifica todo. Por eso es tan delgada la línea que separa la traición de la lealtad. Al final, lo único a lo que podemos recurrir para consolarnos es a la justicia divina... "nunca Dios le hizo merced / ni es razón que se la haga", dice el Cid, el héroe guardián de las esencias que nos hemos inventado los que nunca ganamos en la berrea para no desmoronarnos. 

Así ha corrido el mundo siempre y no es previsible que cambie: los que ganan en la berrea tramiten su ADN y, los que pierden, trasmiten su resentimiento inventándose héroes. 

jueves, 27 de noviembre de 2025

Metafísica a la violeta

Intercambiamos vídeos y comentarios sobre Diego del Gastor, Niño Ricardo, Sabicas... perspectivas diferentes sobre la vida y el mundo a través del arte flamenco. Sencillez y sofisticación, racionalidad y barroquismo. Diferentes formas de interpretar una misma realidad sin que haya más enjundia o belleza en unas que en otras. Digamos que la naturaleza se expresa en todas ellas en todo su esplendor. Y, también, que, cada cual tiene una tendencia natural a identificarse más con unas que con otras sin que ello tenga por qué desmerecer a ninguna.  

El caso es ese, que las cosas en general no funcionan así. Lo normal son las preferencias excluyentes. Supongo que es una cuestión, por así decirlo, de evolución filogenética o, mejor si ustedes quieren, ontogenética. Cuando la evolución se estanca tendemos a la rigidez y, de ahí, nuestra espantosa limitación para reírse de uno mismo, la peor de todas las carencias. 

Las preferencias excluyentes, el fanatismo... uno, con los años, tiende a apartarse del mundo para no tener que contemplar el dolor que produce el estancamiento. Todo el mundo matándose por su ridícula verdad. Todo se convierte en religión. O sea, siempre a dos pasos de la guerra. 

Me pregunto, qué demonios será lo que lleva a la mayoría de los mortales a ese estancamiento evolutivo. Quizá no sea más que una cuestión biológica: se da de sí lo que se da porque así está marcado en nuestros genes. Y esa voluntad de poder, que decía aquel filósofo, seguramente no es más que una ilusión... o una realidad muy limitada en el mejor de los casos. 

En fin, metafísica a la violeta para desayunarse. 

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Harta plaga

Por lo visto, ayer por la tarde la ciudad estaba colapsada porque había una manifestación contra la violencia machista. Hombres que pegan a sus mujeres siempre les ha habido y siempre les habrá, mayormente por carencias intelectivas; lo mismo que mujeres que envenenan a sus maridos a causa de sus insatisfacciones constitutivas. Pero, en general, las relaciones de las parejas tienen un aceptable pasar con sus correspondientes altibajos y, si las tensiones van a mayores, se divorcian y santas pascuas. Y así ha corrido el mundo sin mayores contratiempos hasta que apareció en escena esa seudociencia que llaman psicología y que, al parecer, encaja como un guante en la estructura mental femenina... porque, de no ser así, no tendría explicación el que todos los años salgan de las universidades millones de mujeres licenciadas en esa, ya digo, seudociencia consistente en tomar por certezas lo que solo son conjeturas indemostrables. O sea, lo que hicieron las porteras a todo lo largo de la historia. 

El caso es ese, que por unas razones u otras que, para simplificar, podríamos englobar dentro del concepto de "maldición prometeica", el mundo se ha llenado de psicólogas que, como es natural, buscan vivir de sus seudoconocimientos. Y aquí es donde entramos en contacto con la parte perversa de las leyes del mercado: el mercado no solo se dedica a satisfacer las necesidades de la gente; también, tiene una parte y no pequeña, que consiste en convertir en necesidad lo que solo es deseo... o en hacer sentir como real lo que solo es ficción. 

Ese es el gran problema de la humanidad, que hay que comer todos los días. Por eso es que el modus vivendi es núcleo de todas las preocupaciones. Y eso nos lleva a sacar de donde hay y, también, de donde no hay... ¡tan poderoso es el ingenio humano! Y claro, si millones de psicólogas tienen que comer, lo primero que tienen que hacer para ello, es convencer a la gente de que tiene perdido el juicio. Por eso es que todo el mundo ve en sus alucinaciones como van los hombres por la calle con el garrote en la mano persiguiendo a sus mujeres para darles su merecido. 

Pues sí, todo esto de las leyes del mercado merece más de una consideración, porque no todo son bendiciones al respecto como pretenden algunos. Hay que tener en cuenta que, una gran parte de la mercancía que se vende, va a satisfacer, so capa de necesidades, lo que solo son caprichos... hasta el más tonto del pueblo sabe que son, precisamente, los caprichos, los que lo pudren todo. ¿Es que acaso lo de ir al psicólogo no es un capricho la inmensa mayoría de las veces? ¿No se podrían sustituir la mayoría de esas visitas por un simple ir a la cantera a picar piedras? ¿O darle un par de tortas al mocoso?

Se lo conté no hace mucho, pero volveré sobre ello porque en pocos sitios he visto tan bien explicados los efectos perversos del mercado. Están hablando Cipión y Berganza, dos perros, del portento que es el que ellos puedan hablar y, dice Cipión, que, tiene por averiguado la experiencia que, siempre que aparece un portento, es que alguna gran calamidad amenaza a las gentes. 

"Berganza.- De esa manera no haré yo mucho en tener por señal portentosa lo que oí decir días pasados a un estudiante, pasando por Alcalá de Henares. 

Cipión.- ¿Qué le oíste decir?

Berganza.- Que de cinco mil estudiantes que cursaban aquel año en la Universidad, los dos mil oían Medicina.

Cipión.- Pues, ¿qué vienes a inferir de eso?

Berganza.- Infiero, o que estos dos mil médicos han de tener enfermos para curar (que sería harta plaga y mala ventura), o ellos se han de morir de hambre." 

Claro, Cervantes nunca dio puntada sin hilo. La demanda no la crea la necesidad, sino la oferta. O ¿por qué creen ustedes, si no, que sea el que todo el mundo se sienta enfermo? Pues simplemente porque hay un médico cada ciento cincuenta personas. Una oferta brutal que hace su silencioso trabajo: te tienes que sentir enfermo para que yo pueda comer.  

En resumidas cuentas, que hay que tener más ojos que Argos para que no te la metan doblada.

martes, 25 de noviembre de 2025

Intencionalidad

Uno nunca puede saber el grado de intencionalidad que hay por parte del poder en todas esas previsiones apocalípticas con las que vienen dándonos la tabarra los diversos medios de comunicación de unos años a esta parte. Y siempre, tan negras premoniciones, han ido quedando en agua de borrajas -se ve que al agua de borrajas le dieron en algún tiempo valores medicinales que resultó no tener-. ¿Se acuerdan del agujero de ozono? Íbamos a acabar todos como San Lorenzo en la parrilla. ¿Quién se sacó de la manga aquello? ¿Fue algo fortuito o una maniobra de distracción intencionada? ¿Cómo saberlo? 

Luego, cuando se vio que lo del ozono era nada se pasó con igual entusiasmo a lo del calentamiento global. Según aquellas previsiones, para estas fechas ya tendrían que estar los continentes medio sumergidos en las aguas del mar. Otra vez fue nada, pero por el camino, se tomaron decisiones que han cambiado el panorama desde el puente. Y otra vez nos tenemos que preguntar sobre lo que hubo de intencionado o de, meramente, fortuito devenir. 

A continuación, vinieron todas aquellas amenazas de peste que culminaron en la milonga del covid. Una especie de imbecilidad suprema que ha dejado un rastro de desolación -al que Dios se la dio, San Pedro se la bendijo- cuya única causa ha sido las decisiones tomadas por los poderes en curso. ¿Hubo alguna intencionalidad en aquel desiderátum? ¿De qué mentes podría haber salido una maldad tan sofisticada? ¡Ni al demonio se le podría haber ocurrido! No, más bien, por lógica bíblica, tuvo que ser algo venido de arriba como consecuencia del hartazgo de los dioses por nuestros estúpidos comportamientos.  

El caso, se ve, es que no podemos vivir sin tener una espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Seguramente es la consecuencia de vivir con la ilusión de haber matado a Dios. Durante milenios la creencia en Dios le había servido a la humanidad para tener algo a lo que temer y, así, no pasarse de la raya. Pero, enterrado Dios, ¡viva la Pepa! ¡El mundo a la medida de nuestros deseos! Obviamente. el invento no puede funcionar. Ni los perros son niños, ni el turismo son viajes, ni la inmigración paga las pensiones, ni, ni, ni...  empeñarse en vivir en la ficción trae aromas de venganza. 

Pues sí, señoras y señores, desde que no existe Dios, por fas o por nefas, tenemos que vivir siempre cagándonos por la pata abajo. Las tres cuartas partes de mi tiempo vivido, hasta que cayó el muro, viví pendiente del botón. ¿Lo apretarán o no lo apretarán? Y, en el entretanto, todos con hemorroides de tanto apretar el culo. No habíamos recogido todavía los escombros del muro y ya teníamos lo del ozono hasta en la sopa... y tiro porque me toca. No sé, pero para mí que ya se palpa el hartazgo; por eso, mejor volver a creer en Dios y en su justicia implacable. Mucho mejor, en cualquier caso, que andar especulando sobre intencionalidades ocultas y fortuitos devenires que nunca podrán llevar a nada que no sea emponzoñamiento de los espíritus.  

lunes, 24 de noviembre de 2025

Emociones a la carta

Al filósofo Savater, que nunca ha parado de dar entrevistas, le preguntaron en una de ellas que qué libro se llevaría a una isla desierta; pareció no dudarlo: "el mundo como voluntad y representación" de Schopenhauer. Reconozco que no me pareció mala elección; yo también, por aquel entonces, tenía ese libro entre los más manoseados de mi colección. Hasta que cayeron en mis manos otros que consideré que venían a decir lo mismo, pero de forma más inmediata... pero no les voy a dar la lata con mis preferencias porque sería el cuento de nunca acabar ya que, si estás vivo, lo lógico es que cambien de un día para otro. ¡Ay, las pequeñas preferencias, qué tortura!

Perdón por la digresión. Lo que quería decir es que, por muy abandonado que tenga ese libro, hay una parte de él sobre la que vuelvo una y otra vez y siempre me maravilla: son los capítulos dedicados a la música. Supongo que el entusiasmo que me produce es debido en gran parte a que así puedo ejercitar mi narcisismo; lo entiendo por la sola y exclusiva razón de que, aunque malo, soy músico. El que no lo sea que ni siquiera lo intente porque se quedará mayormente a uvas. 

La música, vendría a ser, la continua secuencia de desacuerdo y reconciliación de los dos elementos de que se compone, el rítmico y el melódico. Dice:

"Este desacuerdo y reconciliación constantes de los dos elementos son, desde el punto de vista metafísico, imagen del nacimiento de nuevos deseos seguidos de su realización. De ahí el encanto con que la música penetra en nuestros corazones, pues nos presenta la ilusión de la plena satisfacción de nuestros deseos. Considerada más de cerca, descubrimos en este proceso de la melodía una condición, en cierto modo interior (la armonía) que se encuentra, como por azar, con una exterior (el ritmo), este azar es provocado, indudablemente, por el compositor y, en este sentido, puede compararse con la rima de la poesía; pero esto es precisamente la imagen del encuentro de nuestros deseos con las circunstancias externas favorables, independientes de ellos, es decir, la imagen de la felicidad."

O sea, que una cosa es entender de qué va la música y otra sentirla. Es lo va del cerebro al corazón, de lo mediato a lo inmediato. Lo mediato es ese azar provocado por el compositor, es decir, la técnica; lo inmediato, el goce del melómano que se deja penetrar por el artificio de esa técnica sin plantearse la manipulación que toda técnica supone. 

Un apunte más: 

"La música es el verdadero lenguaje universal que en todas partes se entiende y, por ello, se habla en todos los países y a lo largo de todos los siglos, con gran tesón y gran celo. Una melodía significativa, que dice mucho, muy pronto da la vuelta por todo el orbe; mientras que una de sentido pobre, que no dice nada, enseguida se extingue y muere. Lo cual prueba que el contenido de una melodía es algo muy comprensible. Sin embargo, no habla de cosas sino puramente de gozo y de dolor que son las únicas realidades para la voluntad; por esta razón, dice tanto al corazón, mientras que, a la cabeza, directamente, no tiene nada que decir."

En fin, hablar al corazón, las emociones que le dicen... ¡Qué peligrosa puede llegar a ser la música cuando no se sabe de qué va! Suscitar emociones a la carta, eso es lo que es la música. 

domingo, 23 de noviembre de 2025

Prometeo Kilby

¿Cuánta gente sabe quién fue Jack St. Clair Kilby? Seguramente muy poca. Y es que uno de los mayores problemas que siempre ha tenido el mundo ha sido que la historia la han escrito, por lo general, los ignorantes a sueldo del poder -por definición, a sueldo del poder solo puede haber ignorantes-. Por eso es el que hayamos venido llamando historia a lo que en realidad no ha sido otra cosa que propaganda. Hoy día, si todavía no has espabilado y sigues mirando periódicos y televisiones estatales, tendrás en la cabeza miles de dimes y diretes acerca de todos esos inútiles cuya única aspiración es la de vivir a costa de los que saben hacer cosas. A saber todos esos dimes y diretes es a lo que la gente llama estar informado. Y saber historia a conocer todas las listas de reyes godos habidas y por haber. 

¿Quién fue James Watt? Se lo diré, el auténtico padre de la modernidad. El fué el ingeniero que introdujo las reformas definitivas en la máquina de vapor de agua para que esta pudiese ser utilizada en mil procesos industriales. En definitiva, cambió el mundo radicalmente. Todas las conmociones sociales y guerras que comenzaron en las postrimerías del XVIII y siguieron todo el XIX, no fueron otra cosa que la maldición prometeica a causa del fuego que Watt había robado a los dioses. Así que, olvídense de Napoleón y recuerden a Watt y tendrán una idea más aproximada de lo que pasó. 

Lo de Kilby es lo mismo. Recuerdo que cuando empecé a trabajar en lo de la fisiología respiratoria, como para algunas pruebas necesitábamos del cálculo infinitesimal fue necesario agenciarse una calculadora que era un armatoste de unos 40x40x40, más o menos. Esto era por el año setenta del siglo pasado. Dos o tres años después, en una de las visitas que nos hacía un técnico alemán, vimos con sorpresa que para hacer los cálculos traía en el bolsillo un artilugio del tamaño de un móvil de los de hoy. Por supuesto que por entonces no lo sabíamos, pero detrás de aquel cambio de tamaño estaban los circuitos integrados, microchips que le decimos, que había inventado Kilby. Fueron los microchips lo que hizo posible la existencia de todo este tinglado informático que nos traemos entre manos y que, como no podría ser de otra manera, también tiene su parte, y no pequeña, de maldición prometeica... si uno escucha por ahí se diría que ya nos está llegando el agua al cuello; pero no, es solo que Prometeo está encadenado y a la espera de que venga Atenea a liberarlo. 

¿En forma de qué llegó Atenea a liberar al Prometeo Watt encadenado? Diría yo que en forma de marxismo cultural. Ningún país se salvó de esa moda. Y aquí, en España, Franco mediante, a calderadas. Estuvo bien mientras sirvió. El problema es que Prometeo, al verse libre, siempre vuelve a las andadas; esta vez se sirvió de Kilby para robar más fuego. Y vuelve a estar encadenado. ¿En forma de qué va a llegar Atenea a liberarlo esta vez? Estamos expectantes y son muchos, demasiados, diría yo, los que se ganan la vida haciendo predicciones. 

En fin, el cuento de nunca acabar. Pero no se dejen engañar: la Historia no la escribe el poder político; la escribe Prometeo con su irreprimible adicción a robar fuego a los dioses.    

sábado, 22 de noviembre de 2025

Reguero

Dice el refrán que toda realidad ignorada prepara su venganza. Lo de vivir en la ficción no creo que sea algo premeditado, sino, más bien, un artilugio que fabrica la mente para ahorrarse el dolor de la impotencia. Es como si fuese un mecanismo de la naturaleza para poder seguir tirando hacia adelante ya que, afrontar el dolor, llevaría en la mayoría de los casos al suicidio. 

No por otra causa es que todo, o casi todo, a nuestro alrededor sea ficción, y, también, que, como consecuencia de ello, haya tanta venganza por parte del cielo. Y es que al cielo no hay nada que le pudra más que la cobardía que supone no querer afrontar el dolor de nuestra impotencia. Por eso, todo lo que inventamos para escapar de nuestra impotencia no tarda ni dos días en convertirse en un quebradero de cabeza. 

La vida es lo que es, muy poca cosa para quien no afronta la realidad a pecho descubierto. La realidad de la impotencia que supone no poder tener otra certeza que la de que dentro de nada vas a volver al polvo. Y conviene no perder nunca de vista esa certeza so pena de pasarte la vida dejando un reguero de inmundicia mientras huyes hacia ninguna parte.

Y es que esa es la cuestión, huir o no huir... dejar o no dejar un reguero de inmundicia. Porque, a la postre, eso es lo que somos, el reguero que dejamos... reguero que impregna a nuestra descendencia hasta siete generaciones. 

viernes, 21 de noviembre de 2025

Amén


¿Por qué las vacunas se han convertido en una religión?

¿Cómo las vacunas llegaron a ser el agua bendita de la civilización?

Todo empezó en el siglo XVIII, cuando una escritora inglesa, que vivía a la sazón en Turquía, se dio cuenta de que las mujeres que ordeñaban las vacas nunca enfermaban de viruela. Y es que las vacas tienen una forma liviana de viruela de la que se contagiaban aquellas mujeres quedando con ello inmunizadas. Aquella observación dio algo que hablar y fue de inmediato demonizada por la ciencia médica del momento. Pero hubo algunos médicos que no la echaron en saco roto e hicieron sus experimentos. Pocos años después, apenas iniciado el siglo XIX, un tal Jenner, médico inglés, publicó sus hallazgos al respecto y fue una de las mayores bombas en la historia de la medicina. No habían pasado un par de años de la publicación y ya la corona de España envió un barco lleno de niños infectados con la viruela de la vaca al continente americano. Pocas actuaciones médicas habrán sido tan exitosas como aquella expedición. Hay que tener en cuenta que, por entonces, la viruela era el mayor azote de la humanidad: mataba millones todos los años. Recuerdo que, recién iniciados mis estudios de medicina, en unas vacaciones, mi padre me encargó la vacunación de todo el pueblo. Se hacía una pequeña escarificación en la piel del hombro con una lanceta previamente impregnada con la pócima milagrosa. Nunca hubo invento que funcionase mejor. Ya hace bastantes años que se dio por extinguida la viruela. Luego, hacia mediados del siglo pasado, se inventó la vacuna contra la poliomielitis que, a la sazón, era el mayor quebradero de cabeza que tenía la ciencia médica. Hay que ser muy mayor para tener el recuerdo de la cantidad de gente coja que, a causa de esa enfermedad, había por el mundo.
A partir de logros tan espectaculares, es lógico que se pensase que se podían conseguir vacunas para todas las enfermedades infecciosas. Y los laboratorios se pusieron a la tarea y pronto empezaron a salir al mercado vacunas para esto, para lo otro y para lo de más allá. Así se ha llegado a la grotesca situación de que a los niños de los EEUU de América les endilgan en la niñez hasta setenta y tantos tipos de vacuna... hasta para el picor de nariz. Por no hablar de los viejos a los que anualmente se les inyecta la vacuna de la gripe como si de un ritual religioso se tratase. Yo también sucumbí durante años a tamaña necedad.

El caso es que, como se suele decir, a rey muerto, rey puesto. O, si mejor quieren, a enfermedad controlada, enfermedad despendolada. Y por el camino, los laboratorios farmacéuticos se han convertido en los auténticos poderes en la sombra que controlan el mundo. No hace ni cuatro años que lo ha podido comprobar cualquier persona que conserve un par de neuronas funcionantes... cosa no fácil, por cierto, dado el grado de intoxicación, tanto química como mediática. a la que vivimos sometidos.

Porque el caso es ese, que por mucha vacuna que haya la morbilidad de la sociedad no decrece sino, más bien, todo lo contrario. Cuando más se vacuna la gente más enfermedades tiene y, de rebote, más negocio para los laboratorios. En los EEUU de América, uno de cada treintaiún niños tiene autismo, y, uno de cada dos, tiene una enfermedad crónica. ¿Tendrá algo que ver en ello tanta vacunación? ¡Vade retro! Ni se te ocurra mentarlo: vas directamente a la hoguera. Y eso por más que se sepa que en las comunidades que no vacunan a sus hijos no existe tal problema. Al final lo que tenemos es una nueva religión con sus talibanes siempre al acecho por si hay que quemar a algún hereje.

En realidad, no hay nada nuevo bajo el cielo. Cualquiera que se haya molestado en leer algo sobre la historia de la medicina sabrá que desde la noche de los tiempos se cometieron barbaridades en nombre de la ciencia con la misma convicción de estar haciendo lo correcto que la que se tiene ahora respecto de las vacunas y tantas otras terapias de, en el mejor de los casos, dudosa efectividad. Cuando yo empecé a ejercer, hace ya casi sesenta años, todavía se praticaban las sangrías, una terapia sagrada durante centurias, o milenios, que seguro produjo más muertes que la viruela y poliomielitis juntas. Y todavía recuerdo cuando en el quirófano de al lado del que yo estaba ayudando a sacar
quistes de los pulmones, estaba el Dr. Barón rebanando estómagos a cualquier desgraciado con malas digestiones. ¿Quién hubiese osado dudar en aquellos tiempos de que se estaba haciendo lo correcto? En fin, ya ven lo en serio que hay que tomarse todas estas cosas de la ciencia médica -un oxímoron-. 

Por cierto, un pequeño detalle: está archicomprobado que la gente que se vacuna de la gripe tiene el doble de probabilidades de pillarla que el que no se vacuna. Y, sin embargo, como dice el bolero, te quiero. ¿Por qué será? Les trascribo unas reflexiones al respecto por si pudiesen servirles de ayuda.


Note: propaganda is a tool that is used to convince the population that something which goes against their interests and cannot be logically justified is actually “good for them.” For this reason, propaganda is emotional rather than logical in nature, and frequently will use emotional arguments that on the surface appear logical but once you peer deeper are not.

(Nota: la propaganda es una herramienta que es usada para convencer a la gente de que algo que va contra sus intereses y no puede ser justificado lógicamente es en realidad "bueno para ellos".  Por esta razón, la propaganda es de naturaleza emocional en vez de lógica, y, frecuentemente, usa argumentos emocionales que en su superficie parecen lógicos, pero que, una vez considerados en profundidad se descubre que no lo son.) 

jueves, 20 de noviembre de 2025

A resguardo

Lichtemberg fue un matemático y físico alemán que nació dos siglos antes que yo -en julio de 1742- y que es recordado más que nada por las citas que de sus escritos hacen gente tan poco sospechosa de pusilanimidad como puedan ser Goethe, Nietzsche o Shopenhauer. La obsesión de Lichtember era el arte de pensar, el espíritu crítico, el veneno de la curiosidad. Y eso, más que las propias matemáticas o física, era lo que trataba de inculcar a sus alumnos de la universidad de Gotinga. ¡Perdón por esta erudición! ¡Olvídenla Ya!  

Les traigo esto a colación porque leyendo un texto de Shopenhauer sobre el arte de pensar me he encontrado con una cita al tal Lichtemberg en la que se reflexiona sobre un asunto que siempre me ha traído de cabeza por su apestosa incidencia en los ambientes sociales que se suelen considerar, o más bien autoconsiderar, como cultos: me refiero a la erudición del conocimiento, es decir, a esa diarrea de datos irrelevantes, que no aportan nada sino embarullamiento de la mente y de la que están llenas las conversaciones de salón, los programas televisivos "científicos", conferencias y demás actos a los que acuden los que viven en perpetua huida de sí mismos. Dice Lichtemberg:

"Creo que, en nuestros días, se trata la historia de las ciencias de una manera demasiado minuciosa, con gran desventaja de la ciencia misma. Se leen con placer estas historias, pero, sin dejar la cabeza positivamente vacía, en realidad, no le aportan fuerza real, precisamente porque la llenan demasiado.

Quien haya sentido alguna vez el deseo, no de llenar su cabeza, sino de fortalecerla, de desarrollar sus facultades y aptitudes, de ampliar su capacidad, habrá encontrado que no hay nada tan debilitante como una conversación con un intelectual sobre una materia de ciencia que él mismo no ha profundizado, pero, a propósito de la cual, conoce mil pequeños hechos histórico-literarios. Es como si se leyese un libro de cocina a un individuo con mucha hambre..."

Ese es el asunto, tener la cabeza llena de mierda e ir por el mundo soltándola al primero que se te cruza. Incluso existe gente que hace de ese soltar mierda un arte que le da para vivir. Y es que la pereza mental, tan extendida por el mundo, es una condición del espíritu que si por algo se caracteriza es por su avidez por absorber mierda. Así es que se publican por ahí libros, pongamos El Universo en un Tablón, que son una estragante recopilación de nimiedades, y de inmediato se convierten en bestsellers... Dios te libre de toparte con alguien que lo acaba de leer: tiene la mierda fresca y se muere por echártela encima. 

En fin, qué otra cosa podemos hacer que no sea ponernos a resguardo.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Necesidades superfluas



Recuerdo que cuando lo de Franco teníamos que soportar una propaganda del régimen absolutamente ridícula. O que nos parecía ridícula porque ignorábamos qué era lo que se hacía en otro tipo de regímenes políticos a los que suponíamos ser cúmulo de virtudes. En cualquier caso, la gente solía hacer chirigota de todo aquello porque la mayoría estaba mejorando su nivel de vida y eso es lo que a la postre cuenta. Luego llegó la ansiada democracia y resultó que la propaganda para exaltarla fue, y sigue siendo, igualmente ridícula. Sin embargo, ahora la gente no hace chirigota porque las técnicas de control psicológico de las masas se han sofisticado tanto que es muy difícil percibir que todo ha cambiado para que no cambie nada. 

La cosa viene de atrás, quizá del primer día de la creación, para ser exactos. Porque ya el primer día hubo berrea y uno se impuso sobre los demás. A partir de ese momento, el uno ya no pudo vivir pensando en que los privilegios ganados hacían agua por todos lados, dado lo cual, para apuntalarlos, no quedaba otra solución que promulgar leyes tiránicas, eso sí, so capa de paz social o cualquier otra mandanga. Precisamente, ayer, hojeando -pasando hojas- por una antología de literatura griega, di con un diálogo platónico que trata de este tema y, a mi juicio, lo deja niquelado. Todos los regímenes políticos dan en lo mismo, en la lucha feroz del poder contra los dominados para mantener el status. 

Ni que decir tiene que tanta ferocidad nunca da el resultado apetecido, sino todo lo contrario. El ansia represiva del poder aumenta en la misma medida en que siente cercano su final. La inseguridad es la peor consejera que uno pueda concebir. De ahí las tonterías que cometen todos los poderes en sus estertores. Tonterías y también barbaridades, claro está. 

 Y en esas estamos, padeciendo, y esperanzados también, por los estertores del poder en curso que a juzgar por las tonterías -y barbaridades- que está haciendo no le deben quedar ya muchos telediarios, como se suele decir. Al respecto, ahí, en esa imagen que les muestro se da una idea de lo que está pasando en el Reino Unido: miles de personas son detenidas por haber escrito en las redes sociales cosas que molestan al poder en curso. Pero es que además: 

UK public health watchdog refuses to release covid vaccine data as it would anger the public if a link to harms were discovered.

(El observatorio de la salud pública rehusa publicar los datos sobre la vacuna del covid porque, dice, podría provocar la rabia de la gente si se encuentra una relación entre la vacuna y el aumento de muertes que se viene produciendo desde que se empezó a vacunar) 

Como ven es un poder à bout de souffle. Se empeñan en mantener el agua en el cesto. Lo mismo que pasa con la llamada Comisión Europea que ahora se han sacado de la manga una cosa llamada Democracy Shield (Escudo para la democracia) que consiste en controlar todo lo que se publica en las redes sociales y eliminar lo que no les gusta, es decir, lo que pone en peligro su poder. 

Es todo un sainete sostenido con los alfileres que son las necesidades superfluas que se ha creado la inmensa mayoría de la población. Las necesidades superfluas -falsos ídolos- son el alimento de la esclavitud; los esclavos raramente se sublevan. Así que no queda otra que la de siempre: vivir entre la esperanza de que un poder se vaya y la desesperación del comprobar que el que viene es más de lo mismo. Mientras sigamos enganchados a los ídolos hay tiranía para rato. Si bien lo miras, toda la enseñanza de la Biblia no es otra que esa, que adorar a los falsos ídolos es la madre de todas las desgracias. Así que, allá cada cual con lo que hace. 

martes, 18 de noviembre de 2025

Insignificancia


El particular infierno que uno vive en estos años de recuento es, mayormente, un infierno de vergüenza. Uno está tan aparentemente tranquilo, pensando en las musarañas, o dando vueltas en la cama a la espera de que llegue el sueño reparador y, de pronto, ¡zas!, te asalta por enésima vez un recuerdo que te pudre el alma. No sé cómo llevarán otras personas este asunto del que supongo nadie esté libre, pero, lo que es yo, por más que intento razonarlo, no hallo remedio a tal tortura. De nada me vale al respecto echar mano de la Guía Espiritual de Miguel de Molinos. No puedo tragarme que, todo lo que hice, fue porque así lo quiso Dios. ¡Demasiada comodidad! ¿Merecería la pena vivir, entonces? No, yo me siento protagonista de mi vida, y, como tal, responsable de mis actos: gozo por las ventajas que me proporciona lo hice bien y sufro las consecuencias de lo que hice mal. 

A la postre, uno acaba por caer en la cuenta de que toda la literatura que se escribió desde que el mundo es mundo no tiene otra finalidad que intentar buscar consuelo al desasosiego que produce la irresoluble cuestión de las pasiones sobreponiéndose a la razón. O, dicho de otra manera, el tirar más pelo de coño que carreta de bueyes o soga de marinero. Las pasiones son la mujer. Ellas son fuente de infinita inspiración pero, también, causa de infinitos quebraderos de cabeza. No hay recuerdo que me haga sufrir que no esté relacionado con las mujeres y, eso, no lo pueden amortiguar los muchos momentos de gloria que me procuraron. 

El rey David y Betsabé, el rey Jerjes y Esther, el rey Alfonso VIII y Raquel. El cuento de nunca acabar. Y es que sin pasiones no somos nada, pero con ellas corremos el peligro de ser demasiado. El justo equilibrio, la razón, es la vida plana. Seguramente, nunca salió nada que mereciese la pena de la gente razonable.

Resumiendo, llega un momento en el que las pasiones se amortiguan porque te has convertido en un SSPM (solo sirve para mear). Entonces la razón campa por sus respetos y te hace comprender hasta qué punto eres insignificante... sobre todo, si estás sentado al pie de un castaño milenario que sigue dando castañas. 

lunes, 17 de noviembre de 2025

Ascesis


Ayer les comentaba a propósito de la escritura, la música y las matemáticas como tres pilares en los que vengo intentando sustentarme desde que escapé de la tiranía del faraón. Hay que tener en cuenta que la tiranía del faraón ofrece muchas ventajas que, en la inmensa mayoría de los casos, hacen olvidar los inconvenientes de la esclavitud. Al fin y al cabo, los inconvenientes son de orden espiritual mientras que las ventajas lo son del material. Es decir, intangible contra tangible.

Tengo que reconocer que, en la penosa travesía del desierto que siguió a la escapada, caí no pocas veces en la idolatría y fui castigado por ello con severidad, pero, al final, conseguí limitarme a la cabaña al borde del lago -mi particular Walden- en donde las cuestiones materiales representaban, ya, una parte insignificante  de mis preocupaciones. 

El Walden es un gran libro; una especie de camino de perfección. Una guía espiritual para conseguir la necesaria ascesis sin la cual la vida no tiene sentido. Ese sentido que vendría a ser estar en comunión con lo que te rodea; ser capaz de comprenderlo y captar toda su belleza. Pessoa llamaba a eso erudición de la sensibilidad; la única erudición digna de tal nombre. Por cierto, también el Libro del Desasosiego de Pessoa es un camino de perfección. 

Pues sí, no conviene engañarse al respecto: lo de cultivar jardines es imprescindible para entrar en contacto con la divinidad, lo que, a la postre, vendría a ser el único fin para el que fuimos creados; pero, esto, solo es posible si previamente escapaste del faraón y, después, conseguiste atravesar el desierto sin sucumbir a los ídolos que lo jalonan. Supongo que todo es cuestión de tener la suficiente presencia de ánimo para no mirar hacia atrás... que ya saben lo que pasa cuando se mira hacia atrás.          

domingo, 16 de noviembre de 2025

La providencia

Me tiro un buen rato intentando encontrar la solución a un enrevesado problema mayormente geométrico, pero con buenas dosis de algebra. Al fin doy con la solución y comprendo que era una bobada, lo cual no ha impedido que sintiese una cierta hemorragia de satisfacción. Y es que tuve que exprimirme el coco y eso es lo que cuenta; porque exprimirse el coco, pienso, vendría a ser lo más parecido a eso que llamamos relación del hombre con lo divino. Nunca, pienso, el hombre es tan a imagen y semejanza de los dioses como cuando está resolviendo problemas matemáticos.

En mi particular tránsito por este mundo, tengo que confesar que, la inevitable travesía del desierto que todo ser humano debe soportar, me resultó especialmente penosa. Como comentaba ayer con un querido amigo que también pasó la suya -no menos penosa, por cierto-, tuvo que ser la providencia divina la que nos ayudó a salir de un atolladero en el que ya nos veíamos perdidos sin remisión. Claro, uno se pregunta, ¿qué es la providencia divina? Sin duda tiene que tener algo que ver con la forma en que fuiste educado. Una educación temprana en el sacrificio, la austeridad y la disciplina, seguro que está relacionada con el favor que a la larga te prodigan los cielos. 

Sean como sean estas cosas de la metafísica teológica, lo que les puedo asegurar es que tuve tres momentos de inspiración sin los cuales sabe Dios cómo habría acabado, aunque cuando veo a esos muchachos pidiendo a la puerta de un supermercado me hago una idea de lo que podría haber sido. El primer momento fue, allá por los treinta y bastantes años, cuando bajé a la papelería del barrio a comprar unos cuadernos. Me habían entrado ganas de escribir y, por lo que sea, me lo tomé en serio. La segunda inspiración, fue casi a la par: aprender música. Conocía a unas señoras que vivían cerca y que daban clases de guitarra; me sirvieron para iniciarme. La tercera, siendo ya mucho mayor, fue cuando sentí el impulso de aprender matemáticas. Rápidamente me puse a recibir clases y con ello a pasarme las noches en una pura pesadilla... supongo que porque ya tenía las neuronas demasiado rígidas para semejante empeño

O sea, escritura, música y matemáticas, los tres pilares en los que me he sustentado y sin los cuales no creo que todavía anduviese por aquí. La escritura, estoy convencido, fue lo que me enseño, para empezar, a leer, y para seguir, a observar en general. Me cambió por completo el sentido de la lectura que ya nunca más fue para pasar el rato. De inmediato sentí necesidad de introducir el método que, fundamentalmente, consistió en leer los libros en el mismo orden en el que habían sido escritos: La Ilíada, La Odisea... y de ahí hacia delante. Así es como he llegado a esta simplificación de tener una biblioteca de menos de cincuenta tomos que, leo y releo y, donde está, pienso, si no todo, prácticamente todo lo que se ha escrito sobre la faz de la tierra. 

El aprendizaje de la música me sirvió, sobre todo, para bajarme los humos, ya que de inmediato me hizo consciente de mis muchas limitaciones. El aprendizaje de la música exige voluntad, disciplina y concentración, cosas que, por cierto, no caen del cielo; por contra, necesitan de una continua y extenuante gimnasia para fortalecerlas. A la postre, lo principal que enseña la música es que nada que merezca la pena, ni es de hoy para mañana, ni se puede comprar en las tiendas, como nos quieren hacer creer. 

Las matemáticas son parecidas a la música. Las dos son cálculo y lo que las diferencia es que en la música el cálculo es inconsciente y en las matemáticas consciente. Shopenhauer dice que la una es inmediata y las otras son mediatas. Sea como sea, de lo que sí estoy casi seguro es de que las matemáticas despertaron en mí el sentido de lo trascendente. ¿Cómo ha podido el ser humano  llegar a esas cotas de abstracción? Estudiar matemáticas es estar descubriendo continuamente universos nuevos. Si no dioses, han tenido que ser algo parecido los que han abierto tales caminos al conocimiento. Porque es fuego robado por el que inevitablemente, supongo, habrá que pagar un precio.   

Sí, la providencia...