domingo, 24 de septiembre de 2023

Abstracción

Estoy un poco más de la cuenta enganchado con los problemas de geometría. Veo uno en la página de YouTube y es como si me hubiesen dado cuerda: no puedo parar hasta que lo veo resuelto. Después, ya, por la inteligencia artificial de esa plataforma, o lo que sea, toda la página de YouTube se llena de similares problemas y entonces es el delirio. Luego, en la cama, tengo pesadillas. Casi todos, a juzgar por el tipo de inglés, son ahora de matemáticos indios. Es tal la parquedad de datos que te dan que, a primera vista, me parecen de todo punto irresolubles. Pero es impresionante lo que se puede hacer con la cabeza en cuestiones geométricas. Hay miles de teoremas que puedes tener en la memoria y echar mano de ellos como si fuesen palancas. Hay alguno tan omnipresente que es como la sal que se echa en los guisos. Por ejemplo, el que se conoce como de Pitágoras. Sin él sería casi imposible condimentar cualquier guiso. Pero lo realmente hermoso es resolver los problemas deduciendo esos teoremas con tus razonamientos. En cualquier caso, las matemáticas, que tanta fama tienen de ser endomoniadamente difíciles, en realidad, es lo único fácil que hay en este mundo. Las matemáticas son la única parcela de la realidad en la que todos los problemas tienen una solución exacta. Díganme ustedes en que otra parcela pasa eso.

El asunto es ese, que, en la vida, salvo en las matemáticas, que son una realidad abstracta, o sea, que solo existe en nuestra mente, todo lo demás es inaprensible. Se nos escurre entre los dedos como si fuesen anguilas. Intentas pescarlas y, lo consigas o no, no puedes evitar que te dejen la mano impregnada de la mucosidad que segrega su piel que, es que, después, no hay dios que te la saque de encima: te queda la mano como acartonada para el resto del día. En fin, hay que haberse dedicado a ello de niño para saber de qué estoy hablando. Pero así es como es, no hay problema de la vida que, al intentar resolverlo, lo consigas o no, no nos deje un poso de sinsabor que es la prueba fehaciente de que algo no funcionó. Y así, de sinsabor en sinsabor es como, al parecer, vamos de cabeza al tanatorio, que no es que lo diga yo, que ya lo dijeron antes las que tienen fama de haber sido las mejores cabezas de la historia. 

Por unas cosas u otras, es que vivir de una forma, por así decirlo, abstracta, viene a ser lo único que tiene algún sentido. Por eso es, supongo, que las matemáticas, o la música, que también es matemática, genera esas pasiones rayanas en el enajenamiento. Porque quizá son las maneras más limpias de evadirse del sufrimiento del mundo.

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