jueves, 21 de septiembre de 2023

Centro Botín

Estamos pasando la línea equinoccial. Pensaba que no iba a conseguirlo. ¡Tanto es lo que me desazonan los veranos! No solo por el calor, que aquí es irrelevante, sino por lo que me parece un estado de ánimo colectivo rayano en la desesperación... que no otra cosa pienso que es esa necesidad de entronizar la diversión como reina y señora de todas las preocupaciones. Es penoso. Divertirse es cosa de la fiesta y la fiesta, o es la excepción, o atente a las consecuencias... acabas por no poder descifrar el enigma de la Esfinge que es lo que les pasaba a los tebanos a causa de estar todo el día dándole al jarro.

Porque el enigma de la Esfinge era una cosa bien tonta. Un niño sobrio lo hubiera podido descifrar, pero es lo que tienen ciertos estados de conciencia colectivos propiciados por el exceso de diversión que solo de pensar en la sobriedad acuden desesperados a los servicios de urgencia. Porque sobriedad es conciencia de que el tiempo pasa y, con ello, de cómo se viene la muerte tan callando. 

Son tan complicadas estas cosas que hasta tratarlas con uno mismo crea inquietud. Pero no queda más remedio que afrontarlas si no quieres sucumbir como un tebano cualquiera. Hay que dar con el portillo del caer en la cuenta, como decía Gracián, porque una vez descubierto el portillo ya sabes por donde saltar si es que quieres escapar de la desesperación que te obstinas en no querer reconocer. 

El portillo en este caso sería la conciencia de inmortalidad. ¿Cómo se puede adquirir esa conciencia? Esa es la gran cuestión de nuestras vidas. Intentamos mil triquiñuelas que solo traen más frustración. Quizá, recurriendo una vez más a Gracián, la solución sea cultivar ese realce rey, ese don, para que mejor nos entendamos, que según él todos tenemos. Hay que descubrirle y luego trabajarle. Así, a lo mejor, conseguimos rozar la excelencia, que es lo que, en cierta medida, te permite sentarte a la mesa de los dioses. 

En fin, ya digo, es muy complicado todo esto, pero, para simplificar un poco, conformémonos con que currar trae menos quebraderos de cabeza que andar por ahí haciendo el zángano... alrededor del Centro Botín.

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