martes, 12 de septiembre de 2023

A tus zapatos

Llegaron las lluvias de septiembre, equinociales, con ganas; una bendición del cielo. En algunos lados, generarán desastres, pero solo será donde los humanos se pasaron de listos y se pusieron a torcerle el brazo a la naturaleza. ¡Pero quién os mandó aposentaros ahí! La avaricia rompe el saco. Quizá no haya refrán que explique mejor esto que llaman progreso. Se creyeron que los dioses iban a dejar hacer a Prometeo a su antojo. Pero, en fin, este es otro asunto. El caso es que llueve y es como una música extremada que serena el aire y le viste de hermosura y luz no usada. Y no te digo, ya, cómo limpia el suelo de cagadas de perro que es que da gloria ver cómo lo deja. 

Buen tiempo, en definitiva, para estar en casa tranquilo, dedicado a lo que me concierne. Ya le voy cogiendo el punto al Marabino que, por cierto, tiene un inicio que a los dos intentos se te pega a las neuronas como si lo hiciese con superglu. No hay forma de sacárselo de encima como no te pongas con La Catedral, El Choclo y vainas por el estilo. Pero la gozada mayor es por la noche cuando agarro El Mayorazgo de Labraz, me tumbo en el sofá y me enfrasco en la lectura. Admiro tanto a Baroja que casi le adoro. Tengo un recuerdo exacto de cuando, estando todavía haciendo el internado en Valdecilla, fui con un par de colegas a visitar su casa de Vera. Había un señor allí que nos la estuvo enseñando y dando explicaciones durante un par de horas o así. Luego, como hacía a diario él, estuvimos paseando por la carreterita que pasa al lado de la casa y, entre bosques, te adentra en Francia. Eran los terribles tiempos de la dictadura, pero allí no había ni aduanas ni nada por el estilo. 

El Mayorazgo tiene un inicio a lo Quijote o el Manuscrito encontrado en Zaragoza. Un excéntrico inglés le da el manuscrito de una novela al viajero que luego nos la lee. Pero, antes de encontrar al inglés, el viajero nos hace una descripción pormenorizada del escenario en el que van a transcurrir los acontecimientos. Es una técnica literaria como otra cualquiera que se quedaría en nada si la descripción de ese escenario no fuese una obra maestra del arte pictórico. Hay que ser un artista consumado para dejar al lector con una imagen tan pormenorizada y real en el espacio de un par de páginas. A partir de ahí, ya paseas por la novela sabiendo en todo momento en dónde te encuentras. Les iré contando.

Por lo demás, el mundo sigue con sus dimes y diretes. Lo que oyes a unos nada tiene que ver con lo que oyes a otros. Los diversos estados de ánimo hacen su trabajo. Hasta que, al final, los encabronados sean mayoría y convenzan al Ave Fénix para que golpee con su pico la roca y saque las chispas que después alentará con el batir de sus alas. Pero no hay que preocuparse, porque antes habrá puesto el huevo que luego eclosionará con el calor de las cenizas. En, fin, como nos decía Eguino i Trecu, aquel obispo que nos visitaba en el colegio: zapatero a tus zapatos. Según como se mire, no hay mejor filosofía. 

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