viernes, 29 de septiembre de 2023

Profligate

Profligate es un adjetivo que utiliza Casanova en sus memorias, tanto para definirse a sí mismo como para definir a no pocos de los que se topa en su agitado caminar por la vida. Profligate es la palabra que utilizan los ingleses para calificar a los libertinos, lujuriosos, manirrotos, derrochadores, licenciosos, disolutos... en fin, verdaderos psicópatas en el sentido científico del término y, lo mejor de cada casa, como se suele decir cuando se utiliza el lenguaje inverso con la intención de ironizar. 

Rekleless es otro calificativo del que también abusa el autor. Su significado apuntala, por así decirlo, el carácter despicable, nefarious, iniquitous, wicked -en español, despreciable, nefando, amoral, malvado-, del profligate. Sería interesante saber cuántas veces aparecen estas palabras en el texto de las memorias. Les diré que me estoy tomando la molestia, o el placer, de leerlas en inglés porque ese es el único idioma en el que las encontré gratis, en Proyecto Gutemberg. De haber podido, las hubiera bajado en francés que es el idioma original en que fueron escritas, pero hay lo que hay y bandearse en inglés es hoy día casi una obligación si tratas de evitar que te la metan doblada. 

Con todas esas palabras que les he citado ya se pueden imaginar de qué van las memorias. Casanova es un Don Juan que sabe hacerse querer. Sube a los palacios y baja a las cabañas y en todas partes deja constancia de su liberalidad, su ingenio, su elegancia, pero también, ¡ay!, de su semen. No puede evitarlo. El deseo lúbrico es más fuerte que él. Y esa es la cuestión, que dispone de una habilidad demoniaca para satisfacer ese deseo. 

Por lo demás, lo que parece inferirse de esas memorias es que las condiciones sociales del momento favorecen mucho la satisfacción de ese tipo de deseos. Es el mundo del alumbramiento de la racionalidad. Voltaire y todo aquello. Los principios o valores en los que se ha sustentado la estabilidad hasta entonces empiezan a ser considerados convenciones sociales sin otro fundamento que la necesidad de reprimir por parte del poder político para perpetuarse. Follar a triscapellejo es lo más natural del mundo. Como también lo es, para Casanova, la liberalidad. Si yo comparto contigo el éxtasis libidinoso, justo es que comparta también mis riquezas. Por eso nunca abandona a ninguna de sus conquistas en la indigencia. Aunque, voy por donde ya había sobrepasado el ecuador de la treintena y da la impresión que empieza a acusar fatiga de materiales. En fin, ya veremos, porque todavía estoy por el sesenta por ciento de la obra; tengan en cuenta que el total son más de treinta y cinco mil páginas del Kindle. 

Sea como sea, el mito de Don Juan es eterno. Quizá las condiciones sociales del momento tengan algo que ver con su proliferación, pero no creo que mucho. Por decirlo al gracianesco modo, el realce rey de algunos es su capacidad para suscitar el deseo lúbrico en el sexo opuesto. Si lo descubren, no es difícil que lo cultiven porque pocos realces son más agradecidos: todo es ponerle en práctica y ver como la imagen de ti que te devuelve el agua del estanque es tan satisfactoria que se te pone el ego por las nubes. Y, de ahí a la psicopatía, es decir, que te importen un carajo las consecuencias de tus actos, solo hay un paso que, desgraciadamente, siempre se acaba dando. Casanova no es una excepción al respecto y, como sus memorias están escritas cuando ya es viejo, no es extraño que menudeen los remordimientos; al fin y al cabo, es un católico conservador que no se quiere perder nada, ni lo de aquí ni lo de allá. 

En fin, que dan para mucho lucubrar esas memorias. 

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