Tengo que tener mucho cuidado con por donde voy a pasear. Ayer, pensando que ya se habría ido la chusma turística decidí ir a dar una vuelta por el Paseo Marítimo, pues bien, otra vez, la última fue hace tres o cuatro meses, lo han llenado aquello con paneles que hacen referencia a la enfermedad. No pueden evitarlo, necesitan tener todo el tiempo, a cuanta más gente mejor, acojonada con la idea de la muerte. Y no es que piense yo que no sea necesario que todo el mundo reflexione sobre lo fugaz de nuestro paso por aquí, pero, ¡joder!, cuando salgo a pasear por la orilla del mar, para soñar, como cantaba Jorge Sepúlveda, que me dejen en paz. Pero no pueden, la mafia política, de la mano de la mafia sanitaria, han decidido que la gente dejada a su bola no les conviene para sus intereses que nos son otros que la extorsión.
Es increíble. El otro día iba por una de las calles comerciales del centro y vi que en un lugar estratégico habían colocado un camión gigante de esos que tiene un mecanismo que le permite sacar un metro sus laterales para agrandar el interior. Era de la asociación española de enfermería. Cuando pasé a su lado se me abalanzaron un par de lumias vestidas para la ocasión para sugerirme que entrase dentro donde me iban a poner al día en todo lo referente a hábitos saludables. Las mandé a la mierda no sin antes haberme despachado. Es que, ¡joder!, ni ir de compras se puede ya sin que estos vampiros aleteen sobre ti. Es la peor plaga que nunca se pudo pensar que llegase a existir.
La verdad es que me cago en mis muertos cada vez que doy en pensar que fui médico y colaboré en la creación de este estado de cosas. Como no me enseñaron a pensar, si es que eso es posible, de una forma natural di en creer que mis intereses particulares estaban en el centro de los intereses del mundo. Afortunadamente, los dioses me concedieron algún tipo de don para darme cuenta de las trampas que la condición humana nos pone a nada que te abandones a sus pulsiones más primarias. Querer vivir de los demás, pretendiendo, para mayor regodeo, que lo haces por su bien, es la mayor degeneración de la conciencia que se pueda concebir.
En fin, lo voy a dejar porque estas cosas crecen y crecen y crecen, hasta que explotan... de lo que, al decir de algunos, estamos muy cerca dado el grado de abuso al que nos ha sometido en los últimos tiempos la mafia político-sanitaria. Los políticos necesitan a los sanitarios porque son los reyes del meter miedo y los sanitarios necesitan a los políticos para que les pongan en bandeja las condiciones idóneas para forrarse. En cualquier caso, voy a seguir dirigiendo mis paseos hacia los polígonos industriales. Allí nadie pone paneles aterrorizantes; solo hay gente que trabaja y algún jubilado que otro escampando la boira o cosa por el estilo. Nada que me recuerde la muerte, en definitiva.
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