viernes, 22 de septiembre de 2023

Digresión

Ayer traía a colación el enigma de la Esfinge. Lo que conocemos como Antigüedad Clásica es un pozo sin fondo de metáforas en las que se condensa toda la sabiduría posible acerca de la condición humana. O sea, toda la sabiduría. La Esfinge que estaba a las puertas de Tebas les ponía un acertijo bastante tonto a los que querían entrar en la ciudad: ¿cuál es el animal que primero anda a cuatro patas, luego a dos y, después, a tres? Como hasta que llegó Edipo nadie daba con la respuesta correcta, la Esfinge se los iba comiendo a todos. Yo les apuntaba ayer a que como Tebas era la ciudad por donde había empezado la cultura del vino -su fundador, Cadmo, había traído las viñas de Fenicia cuando su padre le mandó que fuese por el mundo en busca de su hermana Europa que había sido raptada por un Zeus disfrazado de toro- era de suponer que la gente allí estaba demasiado alegre como para ponerse a resolver acertijos. Tuvo que ser Edipo, que precisamente venía de matar a su padre, el que diese con la respuesta correcta. Para que vean lo importante que es saber matar al padre a su debido tiempo para poder tener la cabeza despejada.  

Estando así las cosas, con todo este despliegue hostelero al que hay que añadir esa filosofía socialdemócrata que preconiza que los padres más que padres deben ser amigos de sus hijos, comprenderán que es muy difícil que el personal tenga la mente despejada para poder descifrar los tontos enigmas que nos plantea la contemporaneidad. Porque, en esencia, son los mismos que plantearon todos los tiempos: ¿se puede estar despierto si se toman pastillas para dormir? ¿puedes llegar a ser dueño de tu destino sin antes matar a tu padre? Como les decía ayer hasta un niño sobrio podría contestar acertadamente esas preguntas. ¿Pero dónde hay un niño sobrio? Como aquel que gritó que el rey iba desnudo. Hoy día, como siempre ha sido, los niños son educados para que vayan en post de Harry Potter a ver si les deja jugar un rato con su varita mágica. 

Qué mundo éste, siempre en post de la varita mágica. Se ve que está en nuestra esencia. Y lo peor de todo es que siempre, desde el origen de los tiempos, ha habido vivillos que se han dado cuenta de esa esencia nuestra y se las han ingeniado para inventar y vender sucedáneos. Va uno por las calles y cada dos por tres ves una cruz verde que parpadea que anuncia que allí te puedes proveer de varita mágica. Por no hablar de la red hostelera que es como si la gente no quisiera otra cosa. 

Así, con tanta farmacia y tanto bar, a ver quién es el guapo que se sacude la modorra, paso previo e imprescindible para poder enterarte de quién es tu verdadero padre. Y por eso es que nos tiramos a matar casi siempre en la dirección equivocada.  

Perdonen la digresión, pero es que como duermo tan mal...

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