Parece ser que hay una cosa por ahí que llaman los BRICS. O sea, los ladrillos en inglés. Suena a ingenioso por aquello de que con los ladrillos se construye. En realidad, esa palabra está hecha con las iniciales de los nombres de cinco países: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Han formado una alianza para plantarle cara a la que lidera EEUU. Y bien, si no para otra cosa está sirviendo para que corran ríos de tinta y millones de sesudos parásitos se ganen la vida opinando al respecto.
La historia demuestra hasta la saciedad que las alianzas, al igual que los polvos, duran lo que dura dura la conveniencia, que, como todo el mundo sabe es la cosa más tornadiza que dar se puede. Aunque, también hay que reconocer que, mientras dura dura, la ilusión funciona. Y a eso se reduce todo. Porque aquello de, en la salud y en la enfermedad, y demás formulas rituales, ni siquiera entre dos personas funciona ya que cuando una de ellas aprecia en lontananza expectativas favorables suele salir por pies.
Pero, sin embargo, hay otra cosa que la historia enseña: siempre que hay alianzas entre los grandes los pequeños se empiezan a matar entre ellos. Acuérdense de la cantidad de peleas de taberna -que así llaman los militares a los conflictos tribales- que había por el mundo cuando aquello que se dio en llamar Guerra Fría. Los rusos y los americanos no paraban de sembrar cizaña entre las pobres gentes con el fin de ponerlas de su lado y así mejor apoderarse de algún recurso natural que por allí hubiese.
De todas formas, no les auguro mucho porvenir a estos BRICS porque todo indica que el enemigo que les ha unido está ya muy debilitado. Es como la alianza entre EEUU y Rusia mientras Alemania fue poderosa. En cuanto empezaron a verla perdida no tardaron ni dos minutos en ponerse a la greña. Y China y la India, por poner un ejemplo de la fragilidad de esa alianza, ya andan moviendo tropas en su frontera común porque las dos quieren apoderarse de unos recursos hídricos que ambas necesitan imperiosamente para sus proyectos de desarrollo. Por no hablar de la competencia comercial, que lo que vendas tú, no lo vendo yo. Así que motivos nunca faltan.
Ya digo, todo puro cuento. Siempre hubo grandes que se dedicaron a encizañar a los pequeños para mejor dominarles y, a la postre, expoliarles. Lo que cuenta Heródoto al respecto es punto por punto lo mismo que estamos viendo ahora. Lo único que podemos hacer nosotros, los petits, es rezar para que el encizañamiento al que nos tienen sometidos los unos y los otros no fructifique y nos vayamos a las manos. Porque todo eso de Cataluña, País vasco, por no hablar de las fronteras con Marruecos, no pasa así porque sí; sin duda alguien lo está azuzando. En fin, qué aburrida por monótona es la Historia.
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