viernes, 15 de septiembre de 2023

La literatura

La literatura va toda de la condición humana. En ella se tratan de plasmar todas las posibilidades de esta condición. Por eso es una fórmula que ha venido utilizando la humanidad desde la noche de los tiempos para ayudarse en la necesidad, casi siempre inconsciente, de reconocerse a uno mismo. Aunque uno piense que lee por simple entretenimiento, a la postre, se está reconociendo y, con ello, recibiendo garrotazos. Por eso leer puede que no sea más que una forma refinada de masoquismo. De hecho, la inmensa mayoría de la gente se va de este mundo sin haber leído una sola línea de fuste, es decir, que no sean los típicos tópicos periodísticos que por el mismo sitio que entran, salen sin dejar el menor rastro. 

Sí, leer es doloroso. Uno se suele reconocer en lo que ha sido y muchas veces le entran ganas de morirse. ¡Dios mío, pero cómo he podido hacer tantas imbecilidades! Haber sido tan miserable tantas veces. Porque toda vida que se precie de tal está cuajada de imbecilidades y miserias. Y no hay otra verdad que valga y, eso, por más que la inmensa mayoría del tiempo lo pasemos tratando de ocultarnos a nosotros mismos esa verdad. Un intento baldío que seguramente está en el origen de todos los malos rollos que asolan el mundo. 

Así es que leer buena literatura, los clásicos para no equivocarse en esto, es despertar la conciencia a la verdad de lo que es uno. Un sufrir sordo que vendría a ser ese purgatorio por el que los teólogos dicen que hay que pasar para aspirar al cielo. Sí, parece muy complicado todo eso del infierno, del purgatorio y el cielo, pero si te paras un poco a pensar te darás cuenta que no lo es tanto. El infierno es, seguramente, el simple no leer y, con ello, condenarse a la ignorancia de la propia condición. Porque la ignorancia es la fuente de todos los sufrimientos. Empezando por el que produce el miedo que es su hijo primogénito. El purgatorio sería el aprendizaje de la lectura que no es una cosa, como se suele pensar, de hoy para mañana. Son años y años de esfuerzo hasta que empiezas a comprender algo del sentido oculto de las palabras. Entonces es cuando comienza el placer masoquista del reconocimiento que a la postre es el que te da acceso al cielo... pero entonces ya vas y te mueres.   

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