jueves, 7 de septiembre de 2023

Calderoniano

Fui caminando por el polígono hasta el puerto deportivo de Raos. Lo de puerto deportivo es un sintagma que tiene su aquel para pensárselo dos veces. Personalmente, ver uno de esos engendros me produce una cierta desazón. Ese esfuerzo titánico por sobrellevar el ocio. ¡Con lo fácil que debiera ser! Pero, en fin, allá cada cual con su cruz. El caso, como les decía, es que llevaba ya más de una hora andando y hacía más de cinco que había desayunado. Era justo la hora que llaman del bocadillo de los obreros, las diez y media o así, así que me metí en un bar que había por allí atiborrado de los susodichos obreros o como se les llame ahora, que hay que andarse con mucho cuidado en cómo se califica a la gente porque lo que hasta hace cuatro días podía ser hasta honorable, ahora, a nada que te descuides, es peyorativo. Anyway, allí estaban todos, en plan oveja que bala bocado que pierde. Los pinchos de tortilla y las coca-colas desaparecían como por encanto. Entraban y salían a toda mecha sin intercambiar ni siquiera saludos. Y lo que más me sorprendió es que no vi ni a uno solo pagar con dinero en metálico. Tampoco con tarjeta. Todos con el teléfono. 

Iba observando estas cosas mientas engullía un pincho de tortilla de patatas aderezada con queso de cabra y cebolla caramelizada. ¡Oye, que hay que sofisticarse! Aunque no quieras. Porque es así como corre el mundo. Total, que acabé mi colación y saqué el monedero para pagar. Un gesto sin duda inédito en aquel lugar. Y más cuando dejé propina. De las dos camareras, la de mediana edad se sorprendió, pero luego me dio las gracias con un gesto amable, la más joven, toda llena de tatuajes, no comprendió nada e hizo un ademán como de que me había equivocado, pero fue rápidamente corregida por su compañera que le tuvo que explicar de qué iba la cosa. A esto hemos llegado

Seguí mi camino por la orilla de la dársena hasta que encontré un banco a la sombra en el que retomar lo de Casanova. El tío no repara en gastos, pero como las memorias están supuestamente escritas en sus postrimerías o acaballas, ya empiezan a menudear los lamentos por las nefastas consecuencias que a la postre tuvieron todas aquellas liberalidades de las que tanto había hecho gala.  Supongo que el gatillazo que tuvo con Veronique va a ser un punto de inflexión y que, en adelante, vamos a ver las sevicias de la decadencia. En cualquier caso, todo tiene un aire de familia. Anda por los treinta y cinco o así que es la edad en la que las mentes brillantes comienzan a tomar tierra. 

Por lo demás, hacia la una ya estaba de vuelta en casa lo que me permitió eludir los calores de los que tanto se está quejando la gente estos días. La gente, ese ente que con tal  de poder quejarse no repara en medios para las desdichas buscarse. Lo siento, hoy me levanté calderoniano.

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