lunes, 29 de enero de 2024

Escuela convencional

Escucho a un filósofo, uno de tantos de los que hay por ahí largando, decir cosas que me parecen sensatas. Claro que el que me lo parezcan a mí no quiere decir, precisamente, que lo sean. Pero, en cualquier caso, no solo a mí me lo parecen; según he podido comprobar hay por ahí bastante gente que está de acuerdo en que confiar la educación de los hijos a instituciones públicas, o convencionales, incluidas las alternativas, es una barbaridad que está en el origen de todas las decadencias. Lo mismo que seguramente lo es el que las mujeres hayan abandonado su papel de madres a tiempo completo y lleven a sus hijos a guarderías y cosas por el estilo. De hecho, en el país al que consideramos el más avanzado del mundo en multitud de aspectos, las mujeres, al tener hijos, suelen abandonar sus trabajos durante varios años hasta que los tienen debidamente criados. Me estoy refiriendo a Suiza. 

El otro día me llegó una viñeta en la que se veía a un tipo decir a otro, si educas a tus hijos en casa, luego, no van a saber adaptarse a la sociedad. Y el otro contesta: correcto. Porque de eso es de lo que trata una buena educación, de no saber adaptarse a esta sociedad. ¿O es que a ustedes les parece que merece la pena saber adaptarse? Saber adaptarse a las playas, a los bares, los estadios, a las operaciones salida de los puentes, a los conciertos masivos, a los cruceros... a, en definitiva, lo que Sostres llama carne amontonada y Polansky, baile de vampiros. ¿Eso es deseable? ¿Cuánta de la gente que conozco, que practica a la perfección el deporte conocido como socialización, ha desarrollado capacidades creativas? Con los dedos de una mano las podría contar. 

En realidad, no es nada nuevo. Desde la noche de los tiempos se sabe que el secreto de la posible felicidad es desarrollar la capacidad de estar solo. Luego, todo lo demás, se te da por añadidura. En la soledad, de forma natural, uno acaba por leer, por curiosear, por descubrir su realce rey, que decía Gracián, es decir, aquello para lo que le han dotado los dioses. Concretando, en la soledad creces para la libertad, mientras que en la escuela pública te vas encogiendo hasta que te conviertes en el esclavo perfecto, o sea, que ni siquiera te das cuenta de que lo eres. 

Porque yo no sé si ustedes se habrán dado cuenta, pero, por si no, se lo digo yo: la inmensa mayoría, no sé si el noventa o el noventa y nueve, pero desde luego del noventa estoy seguro de que no baja, de las cosas que hay en el mundo, y de lo que nos enseñan en la escuela, es completamente inútil, cuando no perjudicial. Ya sé que les habrán argumentado que gracias a todas esas cosas inútiles se mueve la economía que es como decir que todo el mundo está ocupado y no se aburre. Como si para estar ocupado y no aburrirse se necesitasen esos desaforados consumos de energía. ¿No será más que suficiente cultivar el propio jardín? ¡Ay, de cuantas cosas se da uno cuenta cuando ya no le pueden aprovechar si no es para sentir vergüenza de sí mismo! Porque, ni una sola de todas las que hay en el catálogo de tonterías he dejado de cometerla. Supongo que fue por haber ido a una escuela convencional. 

2 comentarios:

  1. “Conócete a ti mismo” y “Solo sé que no sé nada”; posiblemente la labor de toda una vida. No creo que se pueda llegar a realizar esa labor sino en soledad o, más bien, en diálogo continuo con uno mismo, que es idéntica cosa.

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  2. Llegar a esa soledad que no angustia es un gran logro. Quizá se necesite para ello haberse visto antes mucho en el espejo que son los otros. Pero cuando cierta edad no has alcanzado esa meta mejor apaga y vete porque lo que te espera es desolador.

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