viernes, 16 de agosto de 2024

¡Gloria a Demódoco!

Odiseo, después de días a la deriva agarrado a un tablón, ha sido arrojado por el mar a una playa de las costas feacias. Allí estaba Nausica, la hija de Alcino, que le auxilia y le lleva a casa de su padre. Lo que sigue es una bella historia de hospitalidad. Agasajos de todo tipo sin necesidad de saber quién es el que ha venido de afuera. Basta con que haya venido para sentirse obligado con él. Claro que a la costa de los feacios llegaba un extranjero de Pascuas a Ramos; así, cualquiera siente curiosidad. El de los feacios no era un pueblo guerrero. Les distinguía de otros su habilidad para navegar, para correr, para cantar y bailar. Su rey es Alcino, pero el papel central se diría que lo juega Demódoco, el aedo. Acompañado de su lira canta las historias de los dioses y las glorias de los hombres aqueos que arrasaron Ilión. 

Dice Odiseo, o Ulises, si así quieren llamarle: 

"Toma  heraldo esta carne y que coma Demódoco de ella que, aunque estoy afligido, yo quiero también obsequiarle. Porque en toda la tierra al aedo los hombres otorgan reverencia y honor, pues la Musa les ha concedido conocer los secretos del canto, y a todos estima."

Comieron todos y cuando estuvieron saciados volvió a hablar el ingenioso Odiseo:

"Más a ti que a otro hombre mortal yo te alabo, Demódoco, pues la Musa, la hija de Zeus, te ha enseñado, o Apolo, porque cantas muy bien el azar de los hombres aqueos, sus desdichas, hazañas, y cuantos reveses tuvieron, cual si lo hubieses visto tú mismo o por ellos sabido."

Me identifico al cien por cien con Odiseo en lo de que "más a ti que a cualquier otro mortal yo te alabo". Toda la vida me ha consolado el escuchar a los aedos y, ahora, en las postrimerías ya, ellos son los únicos que son capaces de calmar mi espíritu atribulado por los ominosos recuerdos que el cansancio vespertino se complace en traerme a la mente. Al atardecer, antes de retirarme a descansar, paso las horas muertas escuchándoles. Con reverencia, como diría Manolo Berrocal, aedo él, también, donde los haya. 

No me cabe la menor duda al respecto, ellos son los amados por los dioses por encima de todos los demás mortales. ¡Gloria a Demódoco!


2 comentarios:

  1. Fresca es tu pluma Pedro. En cuanto a un servidor, "aedo" debo ser por la gracia del cielo, aunque como sabes modesto.

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  2. Pienso que no hay aedo modesto. Estás o no estas tocado por la gracia. Si lo estás, adquieras fama o no, te codeas con la divinidad.

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