La sentimentalidad es algo que siempre está ahí, agazapada en los entresijos del alma y dispuesta a saltar a la primera de cambio, no importa lo duro, o racional, de las que uno se las quiera dar. Supongo que debe de haber una relación inversamente proporcional entre lo duro que se quiere aparentar ser y las cuotas de sentimentalidad que se guardan agazapadas en el alma: jugar con esa dicotomía siempre ha sido un truco muy rentable a la hora de la creación artística... ahí tienen, sin ir más lejos, a Rick el de Casablanca que acaso sea el arquetipo más logrado que nos ha dado la industria cinematográfica.
El caso es que ahí está la música, que vendría a ser como una especie de bálsamo de Fierabrás que cura los desgarros del alma causados por esa dicotomía. Por eso yo colocaría a la música en el tercer lugar, después de la comida y el techo, entre las necesidades más perentorias del ser humano. Tú, cojes, agarras y te pones a escuchar a Nadia Kossinskaja interpretando a la guitarra Oblivion de Piazzolla y, como por ensalmo, te elevas por encima de las preocupaciones de la cotidianidad... el aire se serena y viste de hermosura y luz no usada, con permiso del maestro Salinas.
La música, diría yo, canaliza esa sentimentalidad que tanto nos obstinamos en ocultar para que no nos tomen por débiles. Por eso Rick le pide a San que toque otra vez As Time goes by y, San, en principio, se niega porque piensa que esa canción canaliza tanta sentimentalidad que se puede producir un cortocircuito. Y es que es evidente que todos tenemos incrustadas en el alma unas cuantas melodías que no podemos escuchar sin que se nos revuelvan los entresijos, que vete tú a saber en qué acaba la cosa.
Bueno el caso es ese, que anoche, cuando cerré el ordenador, quedó cargado con el vídeo de Nadia en trance de tocar Oblivion y, esta mañana, al encenderlo, se ha disparado la melodía y, de inmediato, me he quedado en blanco... sentimentalidad por un tubo sin tener que disimular.
El problema que tengo con la Kossinskaja, es que me pongo a admirar a la real hembra, y no presto atención a la música
ResponderEliminarTe comprendo perfectamente
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