lunes, 18 de marzo de 2024

Descartes

Me manda Santi una foto de René Descartes con los ojos como platos porque está descubriendo que los que no piensan también existen. Efectivamente: puedo dar fe de ello por la propia experiencia. ¿Pienso yo? De ser sí, ¿cómo se puede explicar que haya pasado muchos años de mi vida viendo telediarios y leyendo periódicos? La radio, afortunadamente, solo escuché en tiempos una que le decían la 2 y que se dedicaba a la música clásica. Pero, imagínense un tipo que piensa que piensa y, para confirmarse en ello, compra todos los días, un suponer, El País, no por nada, sino porque que cree que ese es el mejor medio para ponerse al día. Ese fui yo no pocos años de mi vida. 

La verdad es que no creo que nunca haya pensado una mierda. Siempre me han llevado de aquí para allá sin que fuese capaz de oponer resistencia. Lo comentaba el otro día respecto de un tipo al que siempre admiré tanto que lo que decía era artículo de fe. Savater concretamente. El me marcaba las lecturas y todo lo demás. Hasta que me cansó, claro, que todo llega a cansar. Entonces, caí sobre Adam Smith y, después, por no sé qué vericuetos, sobre unos vídeos de Huerta de Soto que me llevaron de la mano a Hayek para, después, culminar con Rothbard. Pero bueno, me preguntaba yo, como puede ser que Savater, que parecía ser Dios, nunca nos hubiese contado que existían estos señores. ¿Acaso lo ignoraba? ¿O los conocía y los despreciaba porque no los consideraba de su cuerda? 

Sea como sea, ahora me he apuntado a todas esas ideas del anarcocapitalismo y me temo que una vez más lo he hecho más por la simpatía que me inspiran determinados señores que no porque me lo haya pensado detenidamente. Para ser sincero, les diré que toda mi vida ha sido igual, siempre de la Ceca a la Meca, movido por simpatías, o intuiciones, que a la larga siempre demostraron su inutilidad. Y ahora, sospecho que estoy en las mismas, aunque como ya me queda poco es probable que me vaya a ir de aquí sin que me haya dado tiempo a defraudarme. 

Concluyendo, que quizá Descartes debiera haber descartado la palabra pienso y haber optado por creo; así hubiera podido acrecentar su certeza. ¡Qué duda cabe!

domingo, 17 de marzo de 2024

Puterío

Tengo un vecino que es de mi pueblo. Me lo encuentro a diario porque hacia el mediodía siempre anda renqueante por la calle. Ya se sabe, a los noventa y tantos lo menos que se puede tener es una cadera jodida. Tan pronto como me ve empieza a echar pestes de los coches que pasan a toda mecha por la calzada. Yo le contesto con cualquier tópico, él se sonríe y acto seguido comienza a quejarse de éste que ya no se quiere levantar. Porque es que mi mujer no colabora. Es un tipo que siempre se distinguió por lo atildado; seguramente no había en el pueblo nadie mejor vestido y peinado; parecía sacado de una película de Hollywood. Siempre andaba de acá para allá en su furgoneta y, en verano, a la hora del baño solía aparecer por el territorio de los señoritos con un taparrabos rutilante. Pero nunca hacía nada por mezclarse. Se daba el chapuzón, estaba cinco minutos al sol, y volvía a su furgoneta. A cualquiera de aquellos señoritos que le hubiesen preguntado quién era aquel tipo y a qué se dedicaba, no hubiera sabido responder más que era uno muy bien vestido que siempre andaba en una furgoneta de aquí para allá. 

Ayer, como es habitual en él, iba vestido de verano del 42, y nada más verme, tras las imprecaciones de rigor al tráfico rodado, pasó sin solución de continuidad a decirme que el había sido muy putero. Aquí en Santander, en la Cuesta del Hospital, era una mierda; a mí lo que me gustaba era ir a Bilbao. Las de Bilbao, al lado de las de aquí, eran como reinas. El tío ya iba embalao: entonces, una, con la que ya había estado varias veces, me dijo: J., hoy no te voy a cobrar, hoy quiero correrme... Y ahí quedó en suspenso el relato porque todo lo sustancial ya estaba dicho. 

A mí, como es natural, estas cosas me hacen gracia. Aunque poco, porque siempre andaba entre señoritos, algo alterné con los muchachones del pueblo. Me gustaba, sobre todo, lo de cantar por los bares; con dos vinos ya nos considerábamos todos poco menos que Fletas. Cantábamos hasta quedar exhaustos y, después, invariablemente, venían la confidencias sobre putas. Lo de ir de putas era para ellos la sal de la vida. Todos tenían echado el ojo a alguna vecinita para el día de mañana, pero, para hoy, una puta, y si era de Bilbao, el sumun. Yo, como en mi medio natural no se estilaba, escuchaba con cara de tonto y no sabía qué pensar, aunque, para mí, que aquello no me convencía en exceso. Creo que siempre me produjo una especie de repugnancia moral el asunto. Pero bueno, sabía distinguir, y comprendía perfectamente que aquella muchachada necesitaba estímulos para poder sacar a España hacia adelante. 

En fin, cosas de la vida que nadie, por muy socialista que sea, va a cambia con leyes y sistemas educativos. Y no por nada, sino porque así lo quiere Dios. 

sábado, 16 de marzo de 2024

Civilización

En mi nada humilde opinión no hay en estos momentos voz que más merezca la pena escuchar que la de Miguel Anxo Bastos. Es una voz de esperanza frente a todas las de muerte que dominan el panorama político. Y es que es inútil intentar apuntalar lo que se está derrumbando por sobrecarga de ornamento: todas esas leyes bonitas con las que se estaba pretendiendo construir el paraíso en la tierra. ¡Mira que hay que ser tontos todo el tiempo para creer que eso es posible! Al final lo que se ha conseguido es poner a la vida un corsé de hojalata que ni protege de nada ni deja respirar. 

En realidad, si bien lo consideramos, a quien más se parece Miguel Anxo es a Adolf Loos, el de Ornamento y Delito. Lo que quieren los dos no es más que lo que cualquiera que piense hace con su propia vida: desprenderse de lo inútil. O, si quieren, aquella exclamación socrática: ¡cuánto hay que no necesito!  

Escribe Adolf Loos:

 "Descubrí lo siguiente y lo comuniqué al mundo: La evolución cultural equivale a la eliminación del ornamento del objeto usual. Creí con ello proporcionar a la humanidad algo nuevo con lo que alegrarse, pero no me lo ha agradecido. Se pusieron tristes y su ánimo decayó. Lo que les preocupaba era saber que no se podía producir un ornamento nuevo. ¿Cómo no es posible para nosotros, hombres del siglo XIX, lo que sabe cualquier negro, lo que todos los pueblos y épocas anteriores a nosotros han sabido? Lo que el género humano había creado miles de años atrás sin ornamentos fue despreciado y destruido. No poseemos bancos de carpintería de la época carolingia, pero el menor objeto carente de valor que estuviera ornamentado se conservó, se limpió cuidadosamente y se edificaron pomposos palacios para albergarlo. Los hombres pasean entristecidos ante las vitrinas, avergonzándose de su actual impotencia. Cada época tiene su estilo, ¿sólo la nuestra carecerá de uno que le sea propio? Por estilo se quería entender ornamento. Por tanto, dije: ¡No lloréis! Lo que constituye la grandeza de nuestra época es que es incapaz de realizar un ornamento nuevo. Hemos vencido al ornamento. Nos hemos dominado hasta el punto de que ya no hay ornamentos. Ved, está cercano el tiempo en que las calles de las ciudades brillarán como muros blancos. Como Sión, la ciudad santa, la capital del cielo. Entonces lo habremos conseguido."

Pues sí, en eso consiste la esperanza para mí, en no acumular nada que no me sea útil, es decir, que no utilice a diario. Compro un libro y, tan pronto lo leo, me deshago de él. Y sí, hay dos o tres docenas de ellos que conservo porque los consulto de continuo. Y, así, con todo. Nadie verá adornos en las paredes de mi casa. Nadie me verá yendo a donde no se me ha perdido nada. Nadie me verá informándome de lo que no me concierne. Nadie me verá extasiándome ante la vitrina de cualquier museo. Nadie me verá acudir a cualquier baile de vampiros... ¡Mis queridos, leed Ornamento y Delito y escuchad a Miguel Anxo y os daréis cuenta de todo lo que os falta para estar un poco civilizados! 

jueves, 14 de marzo de 2024

Porteras

El problema de los gobernantes de estos tiempos que corren es que se les acabó el chollo del monopolio de la información. Se tiran meses, y años, demonizando a Putin para justificar lo injustificable y, de pronto, viene un payo simpático y decide hacer una entrevista a Putin en el canal de televisión que se acaba de montar por su cuenta. Resultado: en menos de un mes, más de dos mil millones de personas han visto esa entrevista en la que Putin queda no solo como un tío sensato sino, incluso, simpático. Ya me dirán ustedes como vamos a fabricar enemigos así. ¿Y qué es un gobernante que no puede fabricar enemigos cuando las cosas le van mal? Se lo diré: como en lo de aquel bolero, mucho menos que nada. 

Siempre ha pasado con todos los grandes avances tecnológicos que, así, de entrada, parece que le van a servir al poder para dar una vuelta de tuerca a su capacidad opresora, pero, nada más lejos, porque los supuestos oprimidos también pueden utilizar esos avances para evadirse. Y por eso ha sido que el juego haya quedado siempre en tablas. Y no por nada, sino porque cualquier poder en curso solo ha podido contar con las mayorías de los peores para mantenerse. Y sí, los peores suelen ser tantos que cuando se les da rienda suelta hay que hacerse a un lado para que no te aplasten al pasar. Pero, a la hora de la verdad, siempre ha sido la minoría de los mejores los que han marcado el destino de la humanidad. 

Así es que habiendo llegado a semejantes conclusiones, ¿qué se me da a mí saber los dimes y diretes de los jueguecitos que se traen entre manos los jefes de las mafias de poder? Hagan lo que hagan, a medio plazo siempre pierden todos. Y raro es el que es recordado por la posteridad que no sea por los desastres que causó. Así que, mis queridos, no gasten un solo minuto en enterarse de toda esa bazofia con la que se trata de ocultar las miserias de los que se dicen poderosos. Todo ese conocimiento no sirve para otra cosa que para darse importancia en las reuniones de porteras. ¿Y ustedes, me imagino, no querrán ser considerados porteras? Aunque, no sé, porque parece que hay mucha gente que le ha cogido el punto a esa condición. 

miércoles, 13 de marzo de 2024

El sueño quijotesco

Después de la andanada de días lluviosos con cortejo de catarros y demás, han llegado unos días primaverales que invitan a agarrar la mochila y la cachava para echarse a los caminos a escuchar el canto de las aves. Indiscutiblemente, soy un hombre de campo. Mis ensueños siempre se desarrollan junto a ríos rumorosos y bosques caducifolios. Son los recuerdos felices de la infancia, los que seguramente me sirvieron para que nunca consiguiese estar a mis anchas en las ciudades en las que siempre me vi forzado a vivir como si estuviese de prestado. 

Echarse a los caminos es el sueño quijotesco. Es la esperanza de  encontrar algo que te saque de la nada a la que conduce la seguridad de las cuatro paredes. De niño, apenas apuntaban los primeros clarores de la aurora cuando escuchaba el silbido de algún amigo que venía a buscarme para iniciar alguna aventura imprevisible. Afortunadamente, tenía unos padres que no temían por mí, ni daban importancia a los descalabros que cada dos por tres me acontecían. 

Resumiendo, que estoy harto de butaca, de libros, de partituras... de estar siempre buscándole tres pies al gato. Ya es hora de abandonarse a la locura primaveral que no es otra que la de echarse a caminar que es para lo que estamos hechos. A dios gracias todavía me queda algo de fuelle. 

lunes, 11 de marzo de 2024

Yahvé

La novela de Baroja, El Gran Torbellino del Mundo, deja las cosas bastante claras respecto a los porqués de que se armase una tan gorda como fue la Segunda Guerra Mundial. Las cosas no pasan porque sí; siempre hay unos prolegómenos que las anuncian y, en el caso de las guerras, siempre es la estulticia de los gobernantes que pretenden mantener su poder por medio del más perverso y antiguo de todos los procedimientos, es decir, inventarse un enemigo y, una vez inventado, dedicar todos los recursos a su alcance a humillarle. 

Baroja viaja por la Alemania recién derrotada y cuenta lo que ve. Fundamentalmente, humillación por parte de las potencias triunfadoras. O sea, la táctica de los matones. La gente muriéndose de hambre y cosas así. ¡Que paguen por lo que han hecho! Así, ¿a quién le puede extrañar que en cuatro días apareciese Hitler? Ni veinte años se necesitaron para pasar de aquellas humillaciones a tener a todo el mundo con el culo prieto. El afán de revancha de los humillados es inevitable. 

Y así es como andan ahora los gobernantes de este lado del mundo, tratando  de convencernos por todos los medios a su alcance, no muchos, la verdad, de que los rusos son muy malos. No han parado hasta que les han montado allí una pelea de taberna y todo parece indicar que van a tener que salir con el rabo entre las patas. El otro día dijo el presidente francés que iba a mandar tropas; a los dos días se desdijo. No les funciona el invento porque no se atreven a poner en práctica la condición sine qua non para convencer a las masas de la existencia de un auténtico enemigo: el hambre. Con el estómago lleno es imposible concebir enemigos. Y en esas estamos, con las simpatías repartidas entre las partes en conflicto, pero sin entusiasmos que, al fin y al cabo, aquello está muy lejos y a mí ni me va ni me viene.

Por cierto que a Baroja no le gustan un pelo los judíos. Los describe aprovechándose de aquella caótica situación en que estaba Alemania para hacer sus negocios fáciles. Supervivientes natos. Y, por ello, no menos odiados. También se vislumbra en esa novela lo que luego les ocurrió. Bueno, ahora les estamos viendo comportarse en Gaza y se diría que no aprendieron nada de la historia. Prefieren guiarse por el Yahvé de la Biblia que aconsejaba exterminar a los enemigos. 

O sea, que solo veo una solución para neutralizar a todos los Yahvés que hay por el mundo: poner mercadonas por todos los lados. 

domingo, 10 de marzo de 2024

Corderitos todos

Siguiendo con el rollo de las mujeres, que para los hombres es todos los rollos, les voy a contar una anécdota que relata Casanova de cuando andaba por Madrid y que demuestra palmariamente hasta que punto el poder que tienen es omnímodo, o sea, que esa pretendida discriminación a la que dicen estar sometidas por los hombres es un imposible metafísico.

Había en Madrid a la sazón una iglesia en la que la gente se agolpaba a todas las horas hasta el punto de que era difícil atravesar la calle en la que estaba porque había montones de gente intentando entrar. El secreto de tal atracción era una imagen de la virgen con un escote bajo que insinuaba unas tetas tan voluptuosas que nadie que lo viese podía sustraerse a los pensamientos impuros que, como todos ustedes saben, son los que más deleitan. Así que no es de extrañar que el párroco de la tal iglesia fuese una de las personas más ricas de Madrid. Tenía allí un negocio limosnero por todo lo alto. Casanova, especialista en voluptuosidades, donde los haya habido, vio aquella imagen y se hizo cruces. No había día que no dedicase un buen rato a su contemplación. Tal era su devoción por las tetas.

Pero, Casanova, siempre al rabo de la corte, se fue a Aranjuez a veranear. Cuando volvió, con motivo de una visita que tenía que hacer, le dijo al cochero que no pasase por la calle de la iglesia de marras porque corrían el peligro de verse allí atascados. El cochero le respondió que eso era antes, que ahora aquello estaba vacío. Al preguntarle por las causas, el cochero le dijo que lo indagase por sí mismo. Casanova entró en la iglesia y vio con consternación que aquellas otrora tetas prodigiosas estaban ahora tapadas por un pañuelo, obra de un mal pintor. 

Lo que había pasado fue lo siguiente. Mientras Casanova había estado en Aranjuez había muerto el párroco de aquella iglesia y había sido sustituido por otro que era el autor de la atrocidad. Casanova tomo la decisión de ir a hablar con el nuevo párroco creyendo que se iba a encontrar con un viejo atrabiliario al que pensaba poner las peras al cuarto. Nada más lejos de la realidad; el nuevo párroco era un joven apuesto, cultivado y de trato agradable, que le dio a Casanova las explicaciones pertinentes y sin vuelta de hoja. Él había sido el que había mandado pintar allí aquel pañuelo horroroso y no, por cierto, pensando en los pensamientos pecaminosos que aquellas tetas pudiesen suscitar en la feligresía, sino simple y llanamente porque con aquellas tetas a la vista le era completamente imposible conseguir la concentración necesaria para convertir el vino en sangre de Cristo... lo que llaman consagración. 

Para que luego digan que las discriminamos. ¡Pero hombre de Dios, sin con un simple cruce de piernas les basta para convertir los lobos en corderitos...!

sábado, 9 de marzo de 2024

Socialismo para rato

De todas las mentiras del socialismo, que son unas cuantas y muy gordas, la mayor, quizá, es esa de que las mujeres están discriminadas por, precisamente, ser mujeres, es decir, por tener entre las piernas eso que los hombres no se pueden sacar de la cabeza así les maten. El caso es que ayer iban por la calle algunos niños cuyos profesores no tenían puñeteras ganas de dar clases y el colectivo de los discapacitados mentales -o corporeidades disidentes como ahora quieren los socialistas que les llamemos-, iban, digo, con un pañuelo morado al cuello y desafiando un viento del sur helador que era un verdadero coñazo. Por lo demás, lo de siempre, mucha gente en los bares y los clásicos turistas despistados y haciendo gimnasia de cuello para no perderse nada. 

El día de la mujer. ¡Mira que hay que ser sinvergüenza para haber inventado eso! O subnormal, que también pudiera ser. Porque, ¿qué día no es el día de la mujer? O del hombre, que la una sin el otro es como si no existiese y viceversa. Pero claro, el que está jodido, por lo que sea, las agarra al vuelo... sobre todo, las que huelen a coartada que exonera responsabilidades: estoy jodido porque soy víctima, la primera de todas. Luego, ya, solo hace falta el socialista que venga a señalar el culpable, victimario que le dicen, y ya la tenemos montada. En realidad, socialista quiere decir eso, señalador de culpables. Cualquiera al que le vaya bien en la vida les sirve. Sobre todo, si es por méritos propios. Porque por tener un golpe de suerte no se detesta a nadie, al contrario, se le admira o envidia sanamente. Es todo muy primario: condición humana en estado de pureza. 

El socialismo, algunos dicen que está dando sus últimas boqueadas. No saben lo que dicen. En tanto los dioses sigan siendo injustos cuando reparten sus dones habrá socialismo. ¿Qué otro consuelo le queda al que ha nacido feo, tonto, pero, sobre todo, vago? Pues eso, socialismo para rato. 

viernes, 8 de marzo de 2024

Tragicomedia

El Dr. Coleman es un vejete que sigue en la brecha. A lo largo de su vida ha vendido muchos millones de libros dedicados a la divulgación médica. Libros que, por cierto, siempre fueron considerados de gran calidad, tanto en el plano literario como en el científico. Y en esto llegó la pandemia y al Dr. Coleman no se la pegaron. Desde el primer momento puso negro sobre blanco y no tardó ni dos días en ser demonizado y relegado a los márgenes de la información. Pero dio igual porque sus vídeos en las plataformas malditas siguieron estando visitados por millones de personas de todo el mundo. Y, justo ahora, acaba de poner la guinda al pastel de su éxito: nada más ni nada menos que la mismísima Casa Blanca ha pedido abiertamente a las plataformas digitales que boicoteen sus vídeos. Me imagino que esta es exactamente la propaganda que necesitaba para que las visitas de sus vídeos pasen de ser contadas en millones a serlo en billones. ¡Pero mira que se vuelven necios los poderes púbicos cuando están en las últimas! Entonces parece que todo lo que hacen es para favorecer a sus oponentes. 

Leía ayer la parte de las memorias de Casanova en la que cuenta sus andanzas por España. Corría la segunda mitad del XVIII y el poder de la Iglesia era omnímodo. La Inquisición era una barrera que pretendía ser infranqueable a las ideas ilustradas que imperaban por doquier. Como siempre que se intentó poner puertas al campo los resultados obtenidos tuvieron más de cómicos que de trágicos, aunque, a los que les tocó la china, pocas bromas sobre el asunto. Todavía, siendo yo niño, pude experimentar en carne propia las delicias del remedo de Inquisición tras el que Franco buscaba parapetarse. No duró mucho porque Franco, que era un tipo listo, rápidamente cayó en la cuenta de que era mucho más práctico y rentable parapetarse tras la religión comunista. Entonces fue cuando sacó a todos aquellos curas del cinturón de incienso de Salamanca y los puso a dar clases en los institutos de enseñanza media que desparramó con generosidad por toda la nación. Total, de Jesucristo a Marx solo había que dar un pasito al alcance de los más lerdos. 

Pues sí, en esas estamos, que la Inquisición, como aquel dinosaurio del cuento de Monterroso, al despertar, todavía estaba allí. Y estará por los siglos de los siglos, porque todo poder terrenal siempre se sustentó en la verdad de ayer convertida en la mentira de hoy. Y hay que evitar por todos los medios que corra por ahí la voz de esa transformación.  inevitable. Es como una maldición que los poderes tratan de conjurar recurriendo al arte del birli-birloque: nada por aquí, nada por allá. Es la tragicomedia en que consiste la vida: los peores tratando de parar los pies a los mejores. En definitiva, un imposible metafísico. ¡Y qué le vamos a hacer! 

jueves, 7 de marzo de 2024

A patadas en el culo

Me decían ayer, mientras paseábamos por el idílico muelle, que, los medios de comunicación, empezando por uno que ahora llaman peyorativamente Lo País, se dedican con denuedo a incitar a la guerra. ¿La guerra con quién? ¿Con Rusia acaso? Desde luego que hay que estar muy desesperado para andar en tales pretensiones. Porque no parece que esta vez vaya a colar: por mucha que sea la propaganda, la contrapropaganda no le va a la zaga. Las redes sociales han trastocado de tal forma el panorama informativo que de aquellas hegemonías en que se sustentaban los poderes para modelar la opinión pública nunca más se supo. 

La cuestión es que aquel cuarto poder del que tanto blasonaban las llamadas democracias no era más que una quimera con la que se seducía a las masas para que viviesen en la ilusión de libertad. A la hora de la verdad los medios de comunicación estaban en manos de cuatro magnates que solo disentían en cosas irrelevantes que magnificaban hasta el delirio para confundir a la gente. Pero se acabó lo que se daba. A afectos de poder comunicativo el dinero ya no es tan definitivo. Cuenta más la inteligencia. Hay por ahí media docena de chicos malos que, ellos solos, tienen más audiencia que todos los medios de comunicación clásicos juntos, que por no otra causa es que llegase al poder en Argentina el Pelucas... que esa sí que es gorda por más que se quiera hacer como si ¡no pasa nada, tío! 

Sí, es evidente que la guerra es inminente, pero no creo que con Rusia. Esta va a ser una guerra provocada por la pérdida de privilegios que trae aparejado el alumbramiento de una verdad; en este caso que las llamadas democracias occidentales no son otra cosa que una cueva de Ali-Babá y los cuarenta ladrones. Todos esos parásitos que se arrogan el derecho a decidir qué es lo que más les conviene a los pobrecitos currantes. Eso se tiene que acabar porque ya no somos niños. 

Esa, en mi opinión, es la guerra en ciernes. La que ya comenzó en Argentina y está en trance de propagarse por el mundo como un reguero de pólvora. Ya están tardando mucho en matarle, se comenta por ahí; pues sí, lo que faltaba para que la pólvora se convierta en dinamita. Siempre es la estulticia la que fabrica a los mesías. 

Decía ayer Anxo Bastos que la guerra es la salud de los Estados. Pues bien, en este caso, fueron a Rusia a por lana y salieron trasquilados. Quisieron demonizar a Putin y acabaron demonizados. Como dijo el poeta, una gran nube mental -la escuela austriaca de economía- está descargando su rayo sosegado... los del idealismo alemán se tienen que ir o nos veremos obligados a echarles a patadas en el culo. 

miércoles, 6 de marzo de 2024

¡Diviértete mamón!

Ya están aquí, llegaron ya. El centro de la ciudad va tomando ese aire de hormiguero que invita al desistimiento. Dentro de cuatro días habrá que tener mucha necesidad para transitar entre las masas disfrutantes. Vengan ustedes a la terraza y verán que bien lo pasan, aquella canción premonitoria donde nunca las hubiese habido. Aquella institución de las comidas familiares, previas gracias a Dios por los alimentos recibidos. ¡Al carajo! 

Llegaron ya las mesnadas de mirones. No se pierden una. Nunca se cansan de inmortalizarse. Ellos, en el fondo muy fondo de su alma. albergan la ilusión de que algún día sus tataratanietos al ver esas fotos dirán, mira, mis tataratabuelos, aquellos sí que eran tiempos, cómo vivían de bien... 

Son los tiempos que corren y no hay más que decir. Las cosas vinieron así y, al que no le gusten, que se aparte si puede. Y si no puede que se joda, que el mundo no va a sufrir por ello. Hay tanta boira que escampar que es precisa mucha agitación para conseguir algún alivio. Hay que subir las dosis de continuo para que la droga haga efecto. La terraza, cuanto más lejos de casa, más efecto terapéutico tiene. Quien me iba decir a mí que en esta pequeña ciudad de provincias siempre iba a haber en el horizonte un avión en trance de aterrizar o despegar. 

¡Diviértete mamón! O el sistema se hundirá. No hay otra alternativa al pecado de soberbia. ¡Tanto fuego robado!

lunes, 4 de marzo de 2024

Los del 98

Sigo leyendo a Baroja. Ahora ando con El Torbellino del Mundo. José, el protagonista, que es agente de una compañía naviera bilbaína en Rotterdam, ya se ha cansado de la literatura contemporánea y decide pasarse a los clásicos españoles. El Criticón de Gracián, La Guía Espiritual de Molinos, Bernal Díez del Castillo, incluso las estrafalarias memorias de Torres Villarroel. Sin olvidar a Santa Teresa y los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. De momento, anda de caza, en compañía de un amigo, por la Jutlandia danesa. En Baroja, cualquier peripecia sirve para seguir con sus monólogos interiores, o diálogos que también lo son, en los que nos expone su concepción de la vida y el mundo. No se anda con muchos rodeos, Y ese es el asunto, que me maravilla el comprobar hasta qué punto tengo infiltrado el espíritu de sus enseñanzas. Y es que Baroja fue la pasión literaria de mi juventud. De cuando estudiante en Madrid hacia delante. Lo ultimo fue sus memorias, "Desde la Última Vuelta del Camino". Y todavía me faltaba bastante para llegar a los treinta. El me aliviaba la pensantez de aquel internado en un hospital de provincias. Yo quería ser como él, es decir, mandar la medicina a la mierda. Pero como no tenía sus recursos intelectuales me tuve que joder. Así todo, no había llegado a los cuarenta y ya había encontrado un fórmula, para, si no del todo, sí casi, cumplir mi sueño barojiano. Pero no vine aquí a hablar de mí sino del mundo. 

Y así es que dándole vueltas al asunto he pensado que este casi entusiasmo que, en esta "mi última vuelta del camino", me ha producido El Manifiesto Libertario de Rothbard, tal vez tenga mucho que ver con mi herencia barojiana. Porque Baroja es, sobre todo, un espíritu libertario. No ligarse a nadie ni a nada salvo a la exigencia consigo mismo. Eh ahí la fórmula que ayuda a soportar la vida, por lo demás bastante miserable se mire por donde se mire. 

Y de Baroja salto a Valle. Sigo con La Lámpara Maravillosa. "¡Que mezquino, que torpe, que difícil balbuceo el nuestro para expresar este deleite de lo inefable que reposa en todas las cosas con la gracia de un niño dormido! ¿Con cuales palabras decir la felicidad de la hoja verde y del pájaro que vuela?" Bueno, por si las moscas, Valle, antes de iniciar camino, se sienta a la sombra de un viejo roble y fuma una pipa de cáñamo índico. Le ayuda en lo de la conciencia casi divina que le hace ser una prolongación de la sombra grave del árbol, del canto del ruiseñor, del aroma del heno... entiendo lo que quiere decir porque también yo fui un fumeta. Hasta que caí en la cuenta de que el hábito lo que me daba en conciencia me lo quitaba en libertad. En fin, bueno, qué quieres que te diga, para mí como aquellos de 98 no volvió a haber en España ni de lejos. 

domingo, 3 de marzo de 2024

De pedos y mística

Y hablando de quietismo, un desconocido envía un link a "Visanteta esta-te queta", una película valenciana que es la expresión depurada del sentir de un pueblo laborioso donde nunca falta el pan. Me ha hecho gracia porque el concurso de pedos que hay en esa película me ha recordado a lo que contaba mi padre de su Haro natal. Había allí un mesón, Casa Terete, que, no se hoy, pero en mi juventud todavía conservaba todo su esplendor, en el que se organizaban concursos de pedos. Ponían un duro, de aquellos de plata, de canto sobre el borde de una mesa y corrían las apuestas a ver quién era el que conseguía tumbarle de un pedo desde más lejos. Y es que, Haro, también era un pueblo laborioso en el que nunca faltaba el pan. Porque esa es la cuestión, que donde no se pasa necesidad sobra la trascendencia. Recuerdo la última vez que estuve en Valencia. Fue con motivo de la muerte de mi hermano. Como no soporto los sitios cerrados donde se acumulan las masas opté por irme a la alameda que había frente a la iglesia donde se estaban celebrando los funerales a sentarme en un banco. No tardó en sentarse a mi lado un señor con pinta de bien comido que sin mediar preámbulos se puso a contarme las excelencias de los prostíbulos del lugar. Pasé un rato entretenido tirándole de la lengua. ¿Qué mejor tema a tratar que ese para establecer una pasajera relación de fortuna? Y es que hablar de fornicio nunca complica las cosas a nadie a no ser que esté entre gente que no tiene para comer. Con el estómago lleno se acabaron todas las filosofías. 

Por lo demás, sigue lloviendo, lo cual es una bendición donde las haya y por la que no paro de dar gracias. Ayer salí a hacer unas gestiones y daba gusto comprobar la limpieza de las calles y la transparencia del aire. La cordillera al otro lado de la bahía tenía la boina puesta, pero las primeras estribaciones cabe el mar eran de un verde oscuro rabioso que las recortaba con una nitidez hiperrealista. Son los prodigios de los que la naturaleza nunca se cansa de proveernos para que purifiquemos el espíritu con su mera contemplación. La mera contemplación, ¡ay!, esa gracia concedida a quienes por medio de la ascesis liberaron su espíritu de las pesadumbres del conocimiento... condición sine qua non para captar la belleza que encierra en sí todo lo creado... al menos, eso es lo que sostiene la mística. 

sábado, 2 de marzo de 2024

Quietismo

Escribe Valle:  "En aquel amanecer de mi vocación literaria hallé una extrema dificultad para expresar el secreto de las cosas, para fijar en palabras su sentido esotérico, aquel recuerdo borroso de algo que fueron, y aquella aspiración inconcreta de algo que quieren ser."

Me puse a leer, mejor dicho a releer, "La Lámpara Maravillosa". Es un libro intenso donde los haya. Poco saqué en limpio en aquel primer intento y no he tardado en comprender que poco voy a sacar en éste si primero no voy a las fuentes. Y las fuentes de la Lámpara no son otras que "La guía Espiritual" de Miguel de Molinos que también leí en su día con no sé qué tanto de aprovechamiento... aunque pudiera ser que más del que sospecho. 

Sea como sea a uno no le queda más opción que la de insistir en la búsqueda del ansiado sosiego. ¿Por qué será que se nos hurta tanto? ¿Acaso por lo del pecado original? El que traemos al nacer. Alguien nos debiera haber explicado mejor estas cosas cuando todavía el tronco era maleable. Pero así es la vida, una sucesión de torpezas de las que pensamos, o mejor creemos, haber salido al fin para darnos al poco cuenta de que estamos en otra de no menor calado. No hay escapatoria. Por lo menos para mí. 

Como no la hay para José, el protagonista de "El Torbellino del Mundo". Baroja ahí se pasa cantidad haciendo alarde de lecturas. José, es él, camuflado tras una fabulación sin pretensiones. La desconfianza en el mundo que le rodea es total; solo comparable a la que parece tener de sí mismo. Shopenhauer se le sale por las orejas. 

Y menos mal que nos queda el quietismo como último recurso. De lo contrario, esto sería insoportable.

viernes, 1 de marzo de 2024

El tufo de los débiles

Hablo poco con la gente. Y de lo poco que hablo extraigo la conclusión de que mi estrategia informativa me está dando excelentes resultados. He conseguido no saber nada de los dimes y diretes con los que el poder en curso consigue mantener al personal al margen de lo que realmente le concierne. Por lo visto hay por ahí un caso de corrupción política que es lo más de lo más. Vamos, como si fuese algo excepcional en vez del pan nuestro de cada día como cualquiera con dos neuronas sabe que es. Toda esa chusmilla que dice gobernar es, ha sido y será, la hez de la sociedad mientras sigan estos sistemas políticos ideados por los peores o, si mejor quieren, los más débiles, para vengarse de los dioses por lo poco que les favorecieron al venir a este mundo. Yo lo comprendo porque por propia experiencia sé lo terrible que es mirar alrededor y ver lo rezagado que vas. Lo que pasa es que no todos los rezagados tiran por el mismo camino por la sencilla razón de que tampoco la voluntad está repartida con equidad. Si a la falta de inteligencia le añades ausencia de voluntad ya tienes ahí al perfecto sinvergüenza corriendo a apuntarse en la primera mafia que encuentra. En su conjunto la cosa no tiene el menor interés porque no es más que un comportamiento indeseable de la naturaleza como cualquier otro de los que un día se corrigieron, o al menos se paliaron, por medio de la ingeniería. Las canalizaciones subterráneas para las aguas pestilentes y cosas así. Algún día se dará con la solución para canalizar a esos rezagados sin voluntad y el mundo habrá dado un paso importante en su implacable marcha hacia el reino de Dios... o hacia Itaca si les resulta más simpático llamarlo así. 

Y no es que estas pintorescas teorías que les expongo tengan la menor originalidad. Nietzsche ya dejó niquelado el asunto y no creo que le sirviese de mucho al mundo el haber desvelado ese misterio, el de la venganza de los débiles... aunque de algo seguro que sí, para qué nos vamos a engañar, porque nada es en vano al cien por cien. En fin, lo que sea, porque la realidad es que uno, coge, agarra y mira por ahí sin anteojeras y puede que vea algo de mierda, que eso es inevitable, pero sobre todo verá montañas de inteligencia deslumbrante de las que se va extrayendo el material con el que después se irá configurando el mundo. Imagínense, por poner un solo ejemplo, la cosecha que se recogerá de lo que siembra Juan, el de las matemáticas. Y Juan no es uno ni dos ni tres, hay Juanes a miles. El mundo que viene es uno en el que cientos de millones sabrán calcular los máximos y mínimos, y los puntos de inflexión de los que todo proceso natural está constituido. Las mafias de los rezagados impotentes van a tener muy crudo lo de lidiar con toda esa gente esclarecida. 

En fin, allá cada cual con lo que los dioses le proveyeron. En lo que a mí respecta les doy infinitas gracias por haberme enseñado, aunque haya sido en la vejez, a mantenerme alejado de lo que no me concierne. La porquería, cuanto desde más lejos la veas menos te obnubilara su tufo... tengan en cuenta que para captar las enseñanzas de Juan el de las matemáticas, o de aquel Don Juan de Castañeda, que para el caso es lo mismo, por donde hay que empezar es por tener la mente bien despejada. O sea, apartada lo más posible de los tufos pestilentes que emanan de las ruines artimañas de que se valen los débiles para sobrevivir.