miércoles, 31 de agosto de 2022

Tabú

Anoche estuvimos un rato revisitando The Last Picture Show. Es una película de 1971, es decir, de cuando el mundo estaba saboreando los primeros sorbos de la anticoncepción. La gente parecía no tener otra cosa en la cabeza que La Función del Orgasmo. Cuanto más fornicases mas saludable estarías tanto física como mentalmente. Ni mujer del prójimo ni leches. ¡Como las consecuencias eran controlables...! Se había roto el tabu del sexo. O eso fue lo que en nuestra inocencia nos creímos. 

Habíamos apartado a Dios de nuestras vidas de un manotazo... es decir, nos quedamos sin sentido de la trascendencia. Todo esfuerzo desde entonces fue encaminado a alcanzar mayores cotas de consumo. Ese fue el gran hallazgo que hizimos para sustituir a Dios. Juzguen ustedes el resultado obtenido: todo el mundo dispuesto a llevar mascarillas, encerrarse en casa, inyectarse mierdas... por miedo a una gripe de nada que solo mataba a viejos. ¡Que degeneración de la especie!

El caso es que, como nada es en vano, todo este desideratun que venimos de vivir empieza a desbordar los muros de contención. En Reino Unido están en trance de cambiar la cúpula del poder político y, como en tales situaciones todo vale, uno de los contendientes con posibilidades no ha dudado en utilizar el manejo que se ha hecho de la inventada crisis sanitaria para aplastar a sus oponentes. Es probable que, si no por la cárcel, de momento, los que manejaron el cotarro vayan a tener que pasar por los tribunales y el opróbio público... aunque esto último a un político, como que se la suda. Pero hay muchos mas sitios en donde la cosa está que arde y solo necesitan que algún país dé el pistoletazo de salida. 

En fin, que unas cosas llevan a otras y otras a las de más allá. Los tabús, por definición, no se pueden romper sin apartar a Dios de nuestras vidas. Y sin Dios, pues ya ven, con mascarilla para todo. Cagaos de miedo. 

lunes, 29 de agosto de 2022

Abdicar II

Ya les contaba ayer que según Pessoa lo mejor y más púrpura es abdicar. Por eso es, precisamente, que sea un arte tan inalcanzable para la inmensa mayoría. En mi pueblo la gente solía decir: ¿qué se me ha perdido a mí...? Realmente nada, porque la inmensa mayoría de las cosas por las que nos afanamos no son más que pantomima full, como tan acertadamente se dice hoy día. Por eso saber abdicar, a la postre, no es más que querer dejar de hacer el imbécil. 

¿Pero es que no son capaces de caer en la cuenta de lo que realmente sí importa y merece la pena luchar por ello? Pónganse a pensar en ello de forma desprejuiciada y no tardarán en concluir que con lo que cabe en la cabeza más la comida asegurada y una habitación caliente en invierno y fresca en verano vas que chutas y metes gol. 

Porque el problema es que nada de lo que hacemos es inocente. Sobre todo lo inútil, que es casi todo, cobra su peaje de malestar a la naturaleza. A la propia y a la en general, o sea, a la que Spinoza llamaba Dios. Si, no cabe hacerse ilusiones, el malestar es acumulable y alcanzado cierto nivel revienta. Y en ello estamos, en pleno reventón. 

Como diría la youtuber Ter, somos los arquitectos de nuestra propia desgracia por no saber abdicar. ¿Qué se nos ha perdido en la mayoría de los sitios a los que vamos? ¿Es que no nos bastan las piernas para cubrir el territorio de nuestras necesidades? ¿Acaso piensas que alguien que no sea idiota te va a valorar por lo que tienes? 

Bueno, tampoco es que haya que tirarlo todo por la borda. A mí que no me toquen mis guitarras. Y mira que soy consciente de lo mal que las toco, pero, ¡oye!, cuando estoy en ello, de vez en cuando, suena bien por casualidad y me siento en armonía con esa naturaleza que es Dios. Entonces, es el mayor placer que los dioses están dispuestos a conceder a los humanos... fuera, claro está, del que todos ustedes saben y del que no conviene abusar porque te reblandece la médula.

domingo, 28 de agosto de 2022

Abdicar

Un sol naranja rabioso riela sobre la bahía. Los pescadores de los muelles están levantando el tenderte y el ferry recién llegado de Inglaterra vomita coches y camiones sin parar. Una señora que pasea el perro me saluda. Debe ser una vecina. Curiosamente, no veo jóvenes de retirada ni restos de las batallas pasadas. Los muelles están impolutos. Tampoco veo coches circulando. La ciudad está misteriosamente sosegada. Hoy será un día caluroso.

Pessoa. "ESTETÉTICA DE LA ABDICACIÓN. Conformarse es someterse y vencer es conformarse, ser vencido. Por eso toda victoria es una grosería. Los vencedores pierden siempre todas las cualidades de desaliento con el presente que les llevaron a la lucha que les dio la victoria. Queda satisfecho, y satisfecho solo puede estarlo aquel que se conforma, el que no tiene mentalidad de vencedor. Solo vence el que nada consigue nunca. Solo es fuerte quien siempre se desanima. Lo mejor y más púrpura es abdicar." 

Hoy ya tengo en qué pensar. 

sábado, 27 de agosto de 2022

Chipirones encebollados

La mente humana es un universo prácticamente inexplorado. Da igual que millones de especialistas se dediquen a escribir libros sobre él, porque la realidad es que nunca se consigue traspasar la corteza. Acaso los poetas como Shopenhauer, Pessoa, y así, en ocasiones pueden llegar un poco más hondo, pero no creo que mucho. En cualquier caso solo te pueden dar pistas para que utilices tus propios medios de exploración. Porque adentrarse en esos inextricables terrenos es la única esperanza, o derrota de la razón si mejor lo quieren decir, que nos queda para aliviar el sufrimiento prácticamente continuo que es el vivir. Claro que, tampoco hay que echar en saco rato la más que probable posibilidad de que ese sufrimiento sea a la postre nuestra única fuente de placer. Así de complicados somos y así, más o menos, me lo trataba de explicar ayer Fede mientras nos zampábamos unos chipirones encebollados. Utilizaba como ejemplo el misterio que esconde tras de sí la ludopatía. ¿Por qué el ludópata solo encuentra la razón de ser de su terrible afición en la necesidad compulsiva de perder? A un ludópata que ganase no le duraría dos días la adicción. Parece casi un chiste, pero así de misterioso es ese universo que albergamos debajo del pelo. 

Pues sí, así parece que viene a ser el asunto: el sentimiento de culpa que tortura al que está perdiendo el sustento de sus hijos en el juego es el que a su vez permite al torturado sentirse buena persona porque, si no lo fuese, no le afectaría el mal que está haciendo. Si, al ludópata todavía le queda la capacidad de discernimiento entre el bien y el mal que al parecer han perdido esos personajes de las películas de los hermanos Cohen. Gente que asesina a sus semejantes con total indiferencia. El mal por el mal sin más. Pero no, no creo yo que exista el "sin más". Hacer el mal es la única posibilidad de consuelo del malvado que, a la postre, no es más que un ser desgraciado que no se soporta a sí mismo. 

¿Por qué hay seres desgraciados que no se soportan a sí mismos? Esta es una buena pregunta, como suelen decir los entrevistados cuando el entrevistador le pone en un brete. No creo que haya forma de responder a tal enigma por más que nos hayamos pasado toda la historia de la humanidad dando respuestas para todos los gustos. Así que lo mejor en estos casos será apelar al querer los dioses. Seguros que ellos en su infinita sabiduría han llegado a la conclusión de que estos especímenes son imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema natural. En fin, qué poco sabemos y cuanto hablamos para ahuyentar el miedo que nos produce nuestra propia ignorancia. 

viernes, 26 de agosto de 2022

Dies irae

Ayer, el Señor De Santis, gobernador de la Florida, fue y, sin pararse en mientes, dijo que había que ir a Washington, agarrar al Sr. Fauci y arrojarlo al Potomac. Por su parte, el Sr. Sunak, multimillonario y aspirante con posibilidades a la poltrona que deja vacía el Sr. Boris Johnson, ha dicho que está furioso con las decisiones que se tomaron cuando lo de la susodicha pandemia y que fue un error gravísimo dar poder a los científicos. El caso es que las críticas a la acción gubernamental de estos dos últimos años, han pasado de ser a cuenta gotas a convertirse en catarata. “Taking the C-19 vax was greatest regret of my life”, ha dicho Dan Bongino, un reconocido locutor de radio de New York. No habrá un solo taxista de esa ciudad que no haya escuchado su diatriba. Por su parte, Malcolm Roberts, Senator of Queensland, Australia, ha dicho en sede parlamentaria que la gente de su país, y de todo el mundo, ha sido aplastada, que se sabe quienes han sido y que les van a llevar ante los tribunales. 

Podría estar toda la mañana dándoles referencias al respecto, pero para una amiga de María que es muy representativa de la cenutriez dominante, lo que pasa es que toda esa gente que se sale del guion oficial lo hace porque es de extrema derecha. Es una buena coartada para ahuyentar miedos. Porque esa es la cuestión dominante, que bajo esta capa de normalidad y nonchalance se esconde un acojone generalizado a algo mucho más cierto que el famoso virus: los desconocidos efectos de una terapia experimental. Ya han sido varios, y mira que yo me trato con poca gente, los que me han dicho que a él porque le obligaron que si no... bueno a Djokovic también le quisieron obligar y les mandó a la mierda. No, el asunto es que esa gente que se siente engañada le cuesta reconocer que lo fue por pereza mental, porque información al respecto la había y mucha. La misma pereza mental que les había llevado a un miedo infundado al dichoso virus. Con solo que hubiesen echado una mirada a las escasas estadisticas oficiales que circulaban por ahí ya se habrían podido dar cuenta de que la cosa era de muy poca monta. Así lo dijo Mattias Desmet, que no es precisamente un pelandusco, a menos de dos meses de haber comenzado el circo. Para serles sinceros, a mí no hizo sino confirmarme en lo que ya me había dado cuenta, cuando le escuché. 

En cualquier caso, las cosas son como son porque nada hay más estúpido que intentar torcerle el brazo a la  naturaleza. Es una cuestión de ignorancia porque las horribles consecuencias de tal pretensión están descritas hasta la saciedad en toda la mitología clásica. Frente al designio de los dioses somos insignificantes. Y toda fatal arrogancia tiene como colofón los días de la ira. 

jueves, 25 de agosto de 2022

Error metafísico

Pessoa dice que vivir es un error metafísico de la materia o, si mejor quieren, un descuido de la inacción. Desde luego que hay que pensárselo más de dos veces antes de aterrizar con algún tipo de significado. Aunque las más de las veces puede que intuyas algo sin poder saltar la barrera que te separa de la razón. En realidad, supongo, la poesía no es más, ni menos, que eso. 

En cualquier caso, lo que importa es que Pessoa me consuela de las tristezas existenciales que me asaltan por doquier y de paso me da pie a poder construir mis propios errores metafísicos, que no otra cosa es el vicio de pensarlo todo. Y así era hace un rato cuando iba viendo amanecer sobre las brumas de la bahía. Paisaje propicio a la melancolía: un futuro de más de lo mismo y un pasado que es nada. Nada. Nada. 

Y de la nada a la rabia. Me toco vivir en una mala época. La peor de todas, quizá. Una época en la que descubrir la trampa que te inutilizó te puede llevar toda la vida. Una tiranía sofisticada que se esconde tras supuestos valores incuestionables. El derecho a la salud, el derecho a la educación, el derecho al entretenimiento... el caso es que no te curtas en la lucha por la supervivencia. Eso es peligrosísimo para el sistema: podrías crecer y descubrir el pastel. 

En fin, menos mal que por pura razón biológica ya me tengo que ir pronto, pero no voy a hacerlo sin advertir al que quiera escucharme que se lo pague todo de su propio bolsillo, por su propio esfuerzo, y que sabotee todo lo que pueda lo en apariencia gratis, porque nada lo es y en el esfuerzo porque lo parezca reside la madre de todas las tiranías.  

miércoles, 24 de agosto de 2022

¡Qué país!

Recuerdo cuando se puso de moda la expresión "¡Qué país"! Debió ser cosa de aquella revista que tanta gracia nos hacía, Hermano Lobo, allá, por los finales del franquismo, cuando era de buen tono entre la progresía sesentayochera echar pestes de nosotros mismos. En realidad, lo que se quería decir con esa expresión es que éramos un desastre sin solución, lo cual como que venía a entroncar con la famosa leyenda negra de la que estábamos bien empapados gracias a los buenos oficios de ciertas editoriales francesas que estaban echando el resto en la tarea de colonizarnos culturalmente. ¡Y desde luego que bien que lo consiguieron! 

Y el caso es que, como siempre sucede, lo que cala en los pequeños grupos influyentes en una determinada época pasa a instalarse en las capas acríticas de la sociedad por décadas. Y así es que estemos todavía en que la inmensa mayoría de los españoles o denostan de su condición y quieren ser otra cosa o tratan de neutralizar su complejo de inferioridad por medio del futbol y zarandajas por el estilo. A nadie se le ocurre pensar, salvo a un pequeño grupo influyente que empieza a surgir, que España ha sido y sigue siendo un país puntero en las únicas cosas que de verdad importan, a saber, la cultura considerada como el desarrollo de las facultades intelectuales por medio del estudio, la lectura, el trabajo, etc.. Pues sí, aquí se ha estudiado y trabajado mucho el intelecto y al que quiera no le costará encontrar pruebas de ello. Por así decirlo, en lo que se consideran artes, no es que no tengamos nada que envidiar a nadie, es que damos sopas con ondas a cualquiera. Y que conste que no estoy balandronando en plan patriotero. Me importa un carajo la patria. Lo que sí me importa, y mucho, es que gente a la que entiendo de primera mano ha dejado y sigue dejando un legado con el que me puedo enriquecer a poco que me esfuerce. 

Porque sí, ahí están todos los horteras pensando que saben mucho de virus y cosas por el estilo. Me parto el culo de risa cuando les escucho. Es exactamente igual que lo de cuando la Virgen María bajó en carne mortal a Cova de Iría. Toda la chusma corrió a creérselo. Pues no, señores, espabilen, la que llaman ciencia médica, un oximorón en sí, desde hace siglos no hace otra cosa que encontrar lo que busca. Primero crea la teoría y luego la confirma y alguien se forra.  Al cabo de unos años se descubre que no era así, pero los que se forraron se llaman Andana. Y esta es, exactamente, la famosa cultura que nos llega de fuera y que tiene subyugadas a las masas iletradas. La verdadera ciencia aporta conocimiento, pero si la trasformas en tecnología no haces otra cosa que crear necesidades inútiles que amargan la vida de las personas... que es en lo que estamos. 

Sin embargo, si coges, agarras, y te pones con El Quijote... efectivamente, ¡Qué país!

martes, 23 de agosto de 2022

¡A por ellos!

Ayer vi un vídeo en el que la ministra de sanidad chilena afirmaba conocer el nombre y dónde viven el millón trescientos mil y pico -ella daba la cifra exacta- personas que no se han vacunado en Chile. Y vamos a ir a por ellos, añadió. Bueno, en su descargo hay que decir que los chilenos han manifestado en las urnas querer un gobierno comunista, es decir, a especialistas en ir a por ellos, entendiendo por ellos todos los que no piensen como yo. La cosa, como ven, es de lo más normal y simpática, y así es como corre el mundo. 

Pero, bueno, cómo es posible, por Dios Bendito, que en Chile, el país más próspero de la región, se hayan dado un gobierno comunista. Y por lo visto en no sé cuantas naciones más de la América Hispana. Por no hablar de lo que tenemos en la Madre Patria. Esto es un verdadero delirio que a la postre va a tener la salida que muchos sospechamos, es decir, volver por donde solíamos. Aunque, claro, ahora costará más porque hay otras válvulas de escape. Las élites de esos países no paran de huir con todo lo que pueden salvar hacia Madrid y Miami, que no por otra causa es que se hayan convertido en dos de las ciudades más boyantes de este occidente caduco. Boyantes y libres, lo uno por lo otro y lo otro por lo uno. 

Sea como sea, la verdad es que yo me hago cruces. ¿Cómo es posible que una ministra diga lo que ha dicho y no pase nada? ¿Cómo se ha podido llegar a tal grado de alienación? Es exactamente lo mismo que describe Thomas Mann en Novela de una Novela. Como supongo sabrán, Mann huyó de la Alemania nazi recién terminada la novela Dr. Faustus. Se fue a los EEUU y allí aprovecho sus últimos estertores para decir la suya sobre el ascenso del nazismo. La gente, por qué la gente traga. Es el misterio más grande de la condición humana, su irreprimible tendencia al sometimiento a la que ve peligrar su status quo. 

En cualquier caso, me desespera ver tal indiferencia a mi alrededor. Como si no pasase nada. ¡Total, Como yo me he vacunado!, deben pensar. En fin, ojalá todo sea mi paranoia y el mundo esté yendo de la más panglosiana manera que se pueda concebir. Pero yo duermo mal. 

 

lunes, 22 de agosto de 2022

Mogambo

Estuvimos viendo Mogambo. Por enésima vez. Una película de cuando los hombres eran hombres y las mujeres, mujeres. O sea, una película de pasiones amorosas que a la postre son derrotadas por lo que llamamos sentido común, pero que sería más propio llamar sentido práctico de la vida. El caso es que esta película fue muy comentada en su día porque la censura franquista se pasó de frenada: convirtió a los esposos en hermanos para encubrir un adulterio y, de rebote, fabricó un incesto. Es lo que tiene meterse en camisa de once varas. En fin, qué tiempos aquellos que no dejaban de tener su gracia. Yo la vi desde el gallinero del cine de mi pueblo y no me enteré ni del adulterio ni del incesto, pero salí entusiasmado por las aventuras del macho alfa que tan maravillosamente representaba Clark Gable.

Andaba el Clark manteniendo una aventurilla circunstancial con Ava Gardner, una mujer atractiva, desacomplejada, divertida y con una larga experiencia de desengaños, cuando va y se presenta de buenas a primeras una dulce princesita de cara angelical, Grace Kelly, y, como no puede ser menos en este tipo de mujeres, con unas pulsiones sexuales reprimidas que están pidiendo a gritos que venga el macho alfa a liberárselas. Y, claro, el macho alfa pica el anzuelo a la primera de cambio. Justo, piensa, ésta es la mujer que me conviene para sentar ya cabeza de una vez por todas. Con este tipo de mujeres puedes estar seguro de que no te la van a jugar... y no como esa otra lagartijona, Ava, que el día menos pensado ve a otro más joven y rico y no lo piensa dos veces. ¡Pobre imbécil! Si hubiese leído a Camille Paglia sabría que es exactamente al revés de lo que las apariencias le hacen pensar. Nadie menos segura que una rubita angelical, ni mas leal que una femme fatal, como demuestra la propia película. 

En resumidas cuentas, que las pasiones son el condimento de la vida y, de entre ellas, las de cariz amoroso se llevan la palma. Cuando salta la chispa, se apaga toda razón y pasas a ser un juguete de los instintos más primarios. Vives entonces como los animales, desconociendo la existencia de la muerte. Por eso es que el macho alfa se mete en aventuras suicidas por tal de deslumbrar a la princesita de turno. Afortunadamente, la testosterona tiene un límite a partir del cual empieza a retroceder dejando resquicios por donde se cuela la razón. Entonces es cuando te dices, ¡y a mí qué coño me importa si Ava se va con otro! Que dure lo que dura, dura. En el entretanto tengo la diversión asegurada. Porque con esta princesita me voy a meter en unos líos de pertenencias que me van a amargar la vida. 

Pues ya está todo dicho.  

domingo, 21 de agosto de 2022

Davos Platz

Oigo decir por aquí y por allá que unos tipos con mucha pasta que se reúnen todos los años en Davos Platz a debatir sobre el futuro de la humanidad han llegado a la conclusión de que lo mejor para que seamos felices es que, no ellos, sino todos los demás, no poseamos nada. Personalmente me parece genial que por fin hayan caído en la misma cuenta que caí yo hace ya muchos años y solo lamento que no quieran para sí lo que quieren para los demás. 

No sé lo que tendrá el aire que corre por Davos, pero ya nos demostró Mann hace un siglo o así hasta que punto aguza el entendimiento de la gente. Cualquiera que conozca las discusiones que allí tuvieron Settembrini y Naphta sabrá que poco más queda ya por decir que no lo tengan que decir las armas... que fue lo que en realidad pasó unos pocos años después. Sí, señoras y señores, las diferentes concepciones del mundo que tienen unos y otros, a la postre, no son más que pura palabrería que necesita de la fuerza para poder decantarse. 

Con esto les quiero decir que la genial idea que han tenido esos payos adinerados difícilmente se va a poder llevar a la práctica sin sacar los tanques a la calle. Porque, desgraciadamente, la gente en general está muy apegada a sus cosas materiales, y no por nada, sino porque para poder apegarte a las cosas del espíritu se necesita del favor de los dioses, tan parcos ellos a la hora de distribuirlo. Sí, mis queridos, ya se lo dije muchas veces, los dioses son seres avaros que exigen penosas contrapartidas que compensen lo que dan. 

En cualquier caso, a lo que íbamos esos payos de Davos y yo, que lo de tener cosas materiales es un verdadero tostón. Así, a primera vista, parecería como que te afianzan, pero, a la que despiertas, sientes su peso sobre las espaldas. Porque las cosas necesitan mantenimiento, pagan impuestos, exigen papeles en regla... y cuanto más inútiles son, que son las que más afianzan al vulgo, más incordio te procuran. No, no, por Dios Bendito, hay que ser muy primario para tragarse ese anzuelo. 

En fin, yo la única pega que les pongo a los chicos de Davos es que, al menos eso es lo que parece, quieren imponer sus maravillosas ideas sea como sea, o sea, por la fuerza. Un gran error. A esto solo se puede llegar de forma individual por la experiencia de la vida y, ya digo, con el mucho favor de los dioses. Bueno, quizá, también, si esos chicos de Davos, en vez de haber llegado hasta allí en sus jets privados lo hubiesen hecho en bicicleta... porque ya saben lo que cunde el buen ejemplo, sobre todo cuando cuadra con lo que se predica.  

viernes, 19 de agosto de 2022

Calentamiento global

 La película de Fritz Lang "The Big Heat", algo así como "Calentamiento Global", fue traducida al español como "Los Sobornados", algo que, desde luego, deja en bien poco la imaginación de los traductores. Aunque quizá así conecte mejor con la imaginación del público. ¡Vete tú a saber! En fin, sea como sea, es lo que se podría considerar como una obra maestra. La estuvimos viendo anoche, aunque no la acabamos porque, por lo menos a mí, el cine bien hecho me quita el sueño. 

En realidad el tema que trata la película es quizá el más vulgar de toda la historia del cine, el de las mafias. Se podría decir que sin mafia por medio no hay película digna de tal nombre. Incluso para hacer comedias se necesita si no quieres que resulte un pastiche. O una pestiñada. Y es que las mafias presiden la vida cotidiana de cualquier sociedad. Siempre hay gente organizada para sacar beneficio por medio de la extorsión. Siempre lo hubo y siempre lo habrá y lo único que cambia con los tiempos es la percepción de pertenencia a una de ellas. Ahora, por ejemplo, hay una percepción bajísima de pertenencia a una de ellas. Y lo que es peor es la percepción generalizada en la sociedad de que, lo que en realidad son mafias puras y duras, son instituciones que promueven el bien común. Así que, ya ven, estamos pillados por todos los lados. 

Les pondré un ejemplo que conozco bien por lo que me toca. ¿Ustedes creen que hubiese sido posible montar todo este circo con el virus de la gripe si no hubiese existido la mafia farmacéutica sanitaria? Desde que tengo uso de razón la he ido viendo crecer hasta alcanzar cotas estratosféricas. Yo diría que lo impregna absolutamente todo. Desde luego que me sobran dedos para contar los médicos que conozco que no hayan pasado por el aro del soborno. Aunque vete tú a recordárselo. Ese trato amable que reciben de parte de los sicarios del gran patrón es para ellos algo consustancial al oficio. Es completamente natural que te paguen restaurantes de lujo y hoteles de cinco estrellas para que mejores tu formación científica. Se lo creen a pies juntillas porque son todos ellos muy buena gente. Y, luego, que la única contrapartida que te piden es que recetes medicinas que son absolutamente necesarias como demuestran multitud de estudios científicos publicados en la multitud de revistas especializadas que, ¡oh, coincidencia!, están financiadas por los mismos laboratorios que te llevan de congreso a La Habana con pase por El Tropicana incluido. 

Pues sí, señoras y señores, la inmensa mayoría de esas medicinas son igual de necesarias y producen el mismo efecto que las que venden las mafias de la droga. Es, en definitiva, el negocio de la adicción. Haces adicto a alguien en dos patadas y ya le tienes convertido en un pozo del que extraes barriles de petróleo hasta el mismo día de su muerte. En eso consiste toda la jugada en la que los médicos hacen el papel de centrocampistas. El laboratorio les pasa el balón y ellos meten el gol. Así que vas por la calle y escuchas  conversaciones y de qué creen ustedes que van, ¿de futbolistas? Ni por asomo. Versan en su inmensa mayoría sobre médicos. Todo el mundo, absolutamente todo, está en trance de ir o venir de hacerse una prueba. El sentimiento de enfermedad permanente está profundamente arraigado. Es como ese famoso personaje televisivo que se pasa la vida diciendo a la gente lo que hay que hacer, ya saben, lo de las filosofías orientales de marras, y que a la hora de la verdad siempre que va de viaje, que no hace otra cosa, lleva dos maletas, una para sus enseres personales y otra para sus pastillas. 

En fin, vamos a dejarlo, porque, como diría Baroja, el mundo es ansí. Y no por nada, sino porque es consustancial a la condición humana de la inmensa mayoría buscar algún tipo de esclavitud que ayude a sobrellevar la vida. Y es que, qué le vamos a hacer si los dioses son tremendamente avaros cuando reparten el coraje. 

jueves, 18 de agosto de 2022

Cara de palo

Podríamos decir que es curioso, pero no, es por contra la cosa más vulgar por repetitiva a todo lo largo de la historia. Y es que, ahora, esos mismos locutores australianos que han estado los dos últimos años instando a la población con tonos amenazantes a vacunarse han pasado sin solución de continuidad y con cara de palo y de a mí que me registren a cantar la salmodia de los muertos por esas mismas vacunas. Tres aquí, seis allí, cinco por allá, el chorreo no tiene fin. ¡Oye, tú, como si nada! 

Claro que aquí nos encontramos con que la sociedad receptora del mensaje no quiere ni oír hablar del tema por la cuenta que le tiene. Y juega a ser avestruz. Pero, al menos, ya no insulta. La mosca detrás de la oreja, que cada día que pasa se hace más grande, se lo impide. 

Éste con el que nos vamos a enfrentar ahora sí que es un lance de encrucijada. Mucho mayor que el que tuvo Don Quijote. Porque, ¿ustedes creen que se puede mantener por mucho tiempo la cara de palo? Las asociaciones de afectados surgen por doquier. Las compañías de seguros se quieren lavar las manos. La oposición política ya empieza a dar signos de querer sacar réditos del desaguisado. Y los médicos empiezan a crear instituciones al margen de las oficiales. Esto desde luego no va a ser lo de la talidomida, por mucho que aquello fuera la mundial. Para mí que de esto no se va a ir de rositas nadie. Ni los que se tragaron el anzuelo ni los que no lo tragaron. Esto es una bola de nieve que corre ladera abajo descontrolada. Y ya saben como han sido siempre estas cosas. Desde el poder, un  mal, por definición, solo se puede parar provocando otro mal mayor. Hasta que de las cenizas del caos total vuelva a brotar la vida. 

Perdonen que me muestre tan pesimista, pero es que así me consuelo.  

miércoles, 17 de agosto de 2022

Salamanca

Les voy a contar cual es el  gran problema al que se enfrenta en la actualidad la humanidad. La gente en general nunca ha sabido nada y, hasta hace un par de generaciones o así, lo normal era que se viviese sin mayores complicaciones instalados en esa convicción. Cada uno sabía las cuatro cosas necesarias para ganarse la vida y entretener sus ocios y tenía un respeto ciego por los que habían estudiado en Salamanca a los que en su ingenuidad consideraban algo así como seres omniscientes. Pero en esas estando llegaron lo que se conoce como medios de comunicación de masas y empezaron a chorrear información de todo tipo sin la menor fiabilidad, que para qué habrían de tenerla si lo que interesaba era convencer a todo el mundo de que el paraíso en la tierra se podía conseguir por medio del consumo. La gente empezó a tener de todo y eso le dio una seguridad en sí misma completamente suicida. Se empezó a pensar que se podía ser omnisciente sin haber ido a Salamanca. En definitiva, se perdió por completo la noción de la propia ignorancia. 

Sí, porque el problema de problemas no es no saber sino no saber que no se sabe. Es la peor ceguera. La que nos tiene encadenados a una roca del Caucaso a la que todos los días viene el águila a roernos los hígados. Toda esa mierda que nos echamos encima a paletadas con la estúpida pretensión de aliviarnos las angustias existenciales ligadas al demasiado tiempo para mirarnos el ombligo. El coche, la televisión, los viajecitos, las tartas de Mercadona... los eslabones de la cadena son infinitos y están muy bien trabados. No sé de dónde habríamos de sacar la sabiduría suficiente para destrabarlos. Quizá instalándose en Salamanca de por vida. A lo mejor así llegamos a comprender el mito prometéico y podemos pedir ayuda a Atenea para que nos desate.

En ultima instancia, como dice Yamandu, ¡oye, y por qué no os compráis una guitarra?

martes, 16 de agosto de 2022

Dña. María Coronel

Seguramente la mayoría de ustedes desconocerán lo que allá por la baja Edad Media le sucedió a Dña. María Coronel. Resultó que estando su marido ya demasiado tiempo de campaña contra los moros, a esta buena señora le entraron unos apetitos carnales que no se podía aguantar. Puesta ante tal tesitura y dado su inquebrantable sentido de la virtud, no se le ocurrió mejor cosa que intentar apagar un fuego con otro: se metió un tizón ardiendo por do más podía pecar. De resultas de lo cual murió. Supongo que la quemadura se infectaría.

Y entonces fue cuando el poeta glosó:

¡O quírita Roma, si d´ésta supieras/ quando mandavas el grand universo,/ qué gloria, qué fama, qué prosa, qué verso,/ qué templo vestal a la tal fizieras!

Claro, bajo una perspectiva actual es difícil considerar el suceso de otra forma que no sea el producto de una enajenación mental. Pero es que, convénzanse, nuestra perspectiva es muy chata. Ya hace tiempo que escuché a Margarite Youcenar disertando sobre el tabú del sexo. Todas las generaciones en su adolescencia, decía, piensan que serán los primeros en poderle romper. Y todas, cuando maduran, de lo primero que se dan cuenta es de que es imposible. Trae excesivas complicaciones por mucho que el vicio quiera homenajear a la virtud por medio de la hipocresía. La procesión va por dentro y solo la puedes acallar endureciendo tu corazón. 

Que esto es lo que pasa en la actualidad con estas generaciones adolescentadas que tienen el corazón de piedra. Y por eso no tienen otra meta en la vida que no sea el apagamiento inmediato de sus sucesivos ardores. Aquí te pillo, aquí te mato. Una sed que se acrecienta bebiendo. El tormento tantálico. Doña María Coronel así lo entendió y prefirió cortar por lo sano. Una locura, sí, pero la locura de los héroes. 

lunes, 15 de agosto de 2022

Regalo

Quiero hacerles un regalo como pocos les habrán hecho en su vida. Sostiene Pessoa:

"La única actitud digna de un hombre superior es persistir tenazmente en una actividad que se reconoce inútil, el hábito de una disciplina que se sabe estéril, o el uso fijo de normas de pensamiento filosófico y metafísico cuya importancia se siente como nula."

A partir de tal axioma, una vez debidamente interiorizado, podemos empezar a sentir que tenemos derecho a ser considerados seres humanos dignos de tal nombre. Todo lo demás es ser una carcasa vacía que se va llenando de publicidad institucional. 

Sí, lo siento, es muy difícil llegar a ser persona. Y hacer solo lo que a ti se te ocurre hacer y no lo que te mandan. ¿Es que no has pensado nunca en ello? ¿Tu crees que la gente tiene perro porque realmente quiere tenerlo? ¿Tu crees que se tatúa porque siente necesidad de hacerlo? ¿Que hace viajecitos porque lo desea? Olvídate de semejante dislate. Hacemos todas esas cosas porque la publicidad institucional nos ha convencido de que esas imbecilidades son las que llenan de sentido la vida. ¡Como si pudiese tener alguno más allá de persistir en la agonía!