jueves, 8 de diciembre de 2022

Evolución

Como lo de Oblivión se me ha atravesado he optado dejarlo para año nuevo, vida nueva. Así ha sido que sin saber a qué motivos sea debido me han entrado ganas de releer lo escrito en estos blogs, ya va para catorce años o así. Desde aquellos primeros blbuceos en aquella casa junto al nacimiento del Canal de Castilla hasta donde llegue, que, ¡Dios mío, lo que dan de sí catorce años de verter sobre el papel lo que a uno se le pasa por la cabeza!

Sin lugar a dudas es un ejercicio interesante donde les haya. Porque en catorce años uno acumula experiencias que son las que, en definitiva, configuran la manera de pensar. Por eso releer lo escrito da una idea bastante aproximada de los cambios que uno ha expirementado en el plano digamos que espiritual. Y qué le vamos a hacer si uno se parece a lo que era hace catorce años lo que un huevo a una castaña. Porque solo los minerales no evolucionan. Bueno, algunos sí, pero eso no viene ahora a cuento. 

El asunto es que evolucionamos y enfrentarse a testigos fehacientes de esa evolución tiene algo parecido al masoquismo porque son muchas las veces en las que uno tiene que avergonzarse al comprobar años después las tonterias que se hicieron y dijeron pensando que se acertaba. Así es la vida, que uno de forma natural tiende a mirar hacia atrás con lentes de fantasía. Recordando siempre mentiras en las que se sale bien parado. Y por eso supongo será que no paramos de tropezar en la misma piedra. Pero, ¡ay!, si tienes testigos fehacientes, entonces... ¿entonces qué? ¿Servirá para hacernos más avisados respecto a la vulnerabilidad de nuestras opiniones sobre el devenir del mundo? Me temo que no porque la condicion humana es la que es y vivir sin algo medianamente sólido en lo que apoyarse resulta dificil por no decir imposible. Pero, bueno, a la postre, en algo hay que entretetenerse. 


martes, 6 de diciembre de 2022

Y vuelven a beber

Creo recordar que todos los años por estas estas fechas me invade como una dejadez que me obliga a redoblar el trabajo de la voluntad para continuar sobre la breche. La conciencia de inanidad me invita a estar todo el día tumbado en el sofá agarrando ora un libro, ora otro, sin que pueda determe en cualquiera de ellos más de un par de minutos. Me incorporo e intento adentrarme en la partitura de Oblivión que, como les dije, baje ayer a que me la imprimiesen en la copistería de la esquina, pero nada, es como una pendiente de 75º que tuviese que subir en bicicleta. Y aumenta mi desaliento. 

Los ciclos de la naturaleza. Más luz, menos luz. Más o menos serotonina, o dopamina, que no sé. Sea como sea, la humanidad, cualquier cosa que eso sea, parece como que necesita aportes suplementarios de sustancias dopantes a medida que nos aproximamos al solsticio invernal. Beben y beben y vuelven a beber. Y todos corren en trineo hacia el castillo del conde Drácula donde se va a celebrar el baile definitivo. 

En fin, ante lo inevitable, relajarse y ponerse a la espera de mejores tiempos. Afortunadamente tengo donde esconderme. Siempre lo tuve y siempre salí renovado del escondrijo. 

"La libertad es la posibilidad de mantenerse aislado. Eres libre si puedes apartarte de los hombres, sin que te obligue recurrir a ellos la falta de dinero, o la necesidad gregaria, o el amor, o la gloria, o la curiosidad, cosas que ni del silencio ni de la soledad pueden alimentarse. Si te resulta imposible vivir solo, es que naciste esclavo."

lunes, 5 de diciembre de 2022

Oblivion

"Toda opinión es una groseria, incluso cuando no es sincera. 

Toda sinceridad es una intolerancia. No hay liberales sinceros. Además, no hay liberales." 

Me he pasado la vida opinando porque, como soy un mierda, no puedo estar callado. Ahora ya me he dado cuenta de que, cuando opinas mucho, de vez en cuando suena la flauta por casualidad. Pero solo por un rato. A la larga, que no es larga, toda opinión es desmentida por la realidad. No existen verdades que proclamar, solo ilusiones de verdad. Ser sabio es ser consciente de ello y, por tanto, no actuar. 

En cualquier caso, ayer bajé de la red la partitura de Oblivión y hoy iré a la copistería de la esquina a que me la impriman. Quiero aprender a tocar algo de Piazzola para tener, como quien dice, todo el santoral completo: Bach, Tárrega, Albéniz, Villalobos, Leo Brouwer, Ponce, Barrios... ésta es la verdad que me va quedando: aire que vibra a mi antojo.   

viernes, 2 de diciembre de 2022

Andana

Como me imagino que ustedes no se enteran de nada de lo que está pasando en el mundo les voy a contar un pequeño detalle que a mi juicio es bastante significativo: resulta que en Schortens, un cento de vacunación en Friesland, noroeste de Alemania, a una enfermera se le ocurrió que, por si las moscas, iba a ser mejor inyectar suero fisiológico que la preceptiva dichosa vacuna anticovid a los 8.600  ancianos a su cargo. Descubierto el pastel saltaron todas las alarmas y la susodicha enfermera fue sometida a todos los procedimientos judiciales a los que su osadía daba lugar. Acabamos de conocer la sentencia de los tribunales: la enfermera ha sido absuelta de todo tipo de cargos. 

¿Entonces, qué? No habíamos quedado... así es la vida, donde dijeron digo, ahora dicen Diego, y al que Dios se la haya dado ya está ahí San Pedro para bendecírsela. Y así, como el que no quiere la cosa, los que dicen llamarse Andana van siendo legión. 

Es muy curioso todo esto del lenguaje. A mí que me registren, yo me llamo Andana. Sin lugar a dudas, si no fuese por las germanías o hermandades, nuestras capacidades expresivas estarían muy mermadas. Pero, afortunadamente siempre hubo y habrá patios de Monipodio en donde hablar con sobrentendidos es la clave de la seguridad. Son códigos secretos que el uso va haciendo cada vez más públicos hasta que se incorporan a la lengua habitual. Andana es como el populacho delincuente conocía a la iglesia. Cuando alguien era perseguido por la justicia civil se metía en una iglesia y allí estaba seguro. En lenguaje culto se decía acogerse a sagrado. "A fé doctor, que con usted de nada sirve acogerse a sagrado", cuenta Gracián que le dijo un noble a su médico que le había perseguido hasta la iglesia para no perder tan remunerativo cliente. ¡Los médicos, punto y a parte!

Por cierto, que a muchos de ellos de nada les van a servir los juegos de lenguaje como técnica de camuflaje. Han sido causa eficiente del desaguisado y ahora a lo más que pueden acogerse es a la presunción de inocencia. Al menos eso es lo que dijo ayer el tribunal que atiende la demanda criminal interpuesta a la máxima autoridad médica suiza por haber autorizado el uso de una medicación que no había sido testada como ordenan los cánones. 

Y suma y sigue.  

jueves, 1 de diciembre de 2022

Tela de araña

Amor casi de un vuelo me ha encumbrado

adonde no llegó ni el pensamiento;

mas toda esta grandeza de contento

me turba, y entristece este cuidado,


que temo que no venga derrocado

al suelo por faltarle fundamento;

que lo que en breve sube en alto asiento,

suele desfallecer apresurado. 



¿Recuerdan ustedes cómo era el mundo hace treinta años? ¿Cuántos de ustedes manejaban internet, móviles y demás mandangas de las que la actualidad provee hasta a los más depauperados? Treinta años, un suspiro como quien dice. ¿Qué fundamentos puede tener cualquier cosa que se construye en el tiempo de un suspiro? Toda esta tela de araña, nunca mejor dicho, construida con ceros y unos y en la que parece haber quedado atrapada la vida hasta límites que nunca conoció la humanidad. Una tela araña, con su sofisticación y vulnerabilidad. Un leve manotazo y a tomar pol saco.

El caso es que, según oigo decir por ahí, la gente, entre la que me incluyo, ha empezado a caer en la cuenta de lo pegajosos y molestos que son los hilos de esa red de ceros y unos. Es como si ya no hubiese forma de vivir si no es colgado de esos hilos. Si bajas a tierra no tendrás de qué sustentarte. Todo, los más mínimos actos de nuestra vida, pasan por los filtros de las compañías tecnológicas que han construido esa tela en la que, como moscas, nos debatimos por sobrevivir hasta que perdemos todas las fuerzas y no ofrecemos resistencia a ser comidos. ¿Ustedes se han parado a pensar que significa eso de que la inmensa mayoría de las personas vaya por la calle con la mirada absorta en la pantalla del móvil? Así es que no ven las cagadas de perro y las pisan con el consiguiente desparramamiento del material, que es que, como no llueva dos días seguidos, es imposible andar por la calle sin pisar mierda. 

¡Por Dios Bendito, otra de las tantas imbecilidades de las que me he ufanado! Así es que me he tenido que pasar la vida apeándome del burro una detrás de otra. Seguramente a causa de mi infantil credulidad. Veo venir por ahí un burro volando y de inmediato me subo. La última fue en ésta que resultó ser tela de araña. ¡Por Dios Bendito, pero como puedo seguir creyendo a estas alturas de la vida en el progreso! Me ufanaba de ser de los primeros que utilizaron todas las ventajas que ofrecía la red. El banco, las compras... era un moderno avant la lettre, o sea, un hortera dicho en cristiano. 

En definitiva, desde hace tiempo lo compro todo lo más cerca de casa que puedo y lo pago con dinero contante y sonante. Quizá sea algo más caro, pero como sé que de balde compra el que compra lo que ha de menester... y ya me dirán ustedes lo que ha de menester cualquiera con dos dedos de frente. Total, que mis finanzas no se ven en absoluto resentidas con tal actitud y, de paso, colaboro al cantado descalabro de todas esas empresas tecnológicas que se encumbraron de un vuelo. Escuchaba hoy que Amazón ha tenido que cerrar no sé cuántas tiendas. 

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Los nuevos dioses

Nunca me había parado a leer con atención el libro de Jermías. Sí que muchas veces he empledo el término jeremiaco o jeremiada para referirme a una actitud quejosa o llorona, pero lo hacía de oídas, sin saber verdaderamente a qué me estaba refiriendo. Y eso por más que su empleo fuese correcto. Jeremías se pasa la vida haciendo negras premoniciones y no, precisamente, porque a él se le ocurran, sino porque el Señor se las comunica y le ordena pregonarlas. Y siempre viene a ser lo mismo: el que la hace la paga. Sobre todo cuando el Señor se ve desplazado por otros dioses. Eso es lo que más le saca de quicio. Yo, que os saqué de la esclavitud y os traje a la tierra prometida...

Ese es el problema, que el Señor, con toda su sabiduría a cuestas, no supo preveer que los humanos solo obedecen cuando van de camino a la tierra prometida, pero una vez llegados ya se creen con el derecho de disputarle el trono al Señor. Esto siempre ha sido así y seguirá siendo por los siglos de los siglos. El estómago saciado destruye el cerebro.

El caso es que uno anda por YouTube a la búsqueda del intérprete preferido o el tutorial pendiente y al recorrer los títulos de los vídeos es sorprendente el alto número de ellos que tienen un cariz jeremiaco. Se hunde el mercado inmobiliario, la bolsa se va a ir al carajo, las cosechas van a ser de hambre, nos vamos a morir de frío, una nueva pandemia en lontananza, la guerra nuclear está en ciernes... pa empezar y no acabar. Y mientras tanto, la vida sigue su curso ajena a las negras premoniciones. El común de las gentes viven felices confiados en la protección que les dan sus nuevos dioses que, por cierto, no reclaman a cambio el menor sacrificio. Al revés, para cada malestar ofrecen un remedio mágico. Incluso te conceden el que puedas aprender jugando. Por eso los niños de hoy día están siempre de excursión. ¡Es genial!

Bueno, ya veremos en qué acaba todo esto, pero personalmente no fío un pelo. Si al Señor nunca le gustaron los nuevos dioses y siempre acabó vengándose de ellos no sé por qué ahora habría de ser diferente. ¡Ay, el dichoso sacrificio! ¡Mira que nos cuesta aceptarlo! 


martes, 29 de noviembre de 2022

La biología

Cada minuto que pasa estoy más convencido de que una de las causas mayores por las que el mundo que se conoce como occidental está como está, que no hace falta decirlo, es que el referente principal de los niños es femenino. En su casa, la madre, en la escuela, la maestra. La niñas, ningún problema, que eso ya se ve en los resultados académicos, pero los niños, un desastre. Las referencias son claves en la educación que, mayormente se hace por imitación. Así que no es de extrañar ese afeminamiento que muchos jóvenes van exhibiendo por la calle con, más que orgullo, ganas de provocar. Es como si fuesen mariquitas por rebeldía adolescente. Y luego, ya, se quedan colgados en eso porque se dan cuenta de que les facilita la vida. 

Ya sé que decir públicamente estas cosas se considera horroroso, pero, no se engañen, lo que es horroroso es que se considere horroroso decirlas. Y no es que yo pretenda estar en posesión de la verdad. Ni mucho menos. Pero, lo que digo, puede tener un cierto grado de verisimilitud y por eso es sumamente importante que sea tenido en cuenta y se discuta desapasionadamente. Al fin y al cabo, no soy yo el único al que se le han ocurrido tales ideas y, lo mismo yo que otros muchos que así piensan, no somos de los que vamos por el mundo sin mirar un libro ni por el forro. 

La verdad es que no entiendo el porqué de que los hombres se hayan retirado de las labores pedagógicas infantiles. Porque no creo que pueda haber muchos destinos en la vida que se puedan comparar con el de colaborar con los padres en hacer hombres hechos y derechos de los niños. Hombres preparados para la guerra. Y no por nada sino porque hay que saber defenderse de las pulsiones tiránicas de todo poder en curso. ¿O es que no vienen justo de comprobarlo en sus propias carnes estos dos últimos años? Bueno, ya sé que la mayoría, un 80% dicen, no han sentido tal opresión, pero eso es, precisamente lo que vendría a corroborar mis teorías. Los afeminados solo se rebelan si no les dejan hablar de peinados y vestidos. La libertad se la trae al pairo. 

Y perdonen que me haya metido en tan espinosos jardines, pero es que soy de los que todavía creo en la biología y, por tanto, en el limitado papel de la razón respecto de las pulsiones suscitadas por las diferentes hormonas. Intentar manipular todo eso no puede traernos sino la ira de los dioses. De hecho, juraría que no otra cosa que esa ira es lo que venimos padeciendo de un tiempo a esta parte. 

lunes, 28 de noviembre de 2022

A State of Fear

Lord Jonathan Sumption es una de esas figuras inglesas ante las que todo el mundo se quita el sombrero. Historiador medieval y jurista de prestigio, digamos que lo ha sido todo en el Reino Unido incluido esos títulos nobiliarios que conceden los reyes. El caso es que Lord Jonathan fue invitado a dar una conferencia en el Robert Menzies Institute de Melburne a propósito de 'A State of Fear: Covid-19 and Lockdowns'. Pues bien, esa conferencia está en YouTube y si quieren hacerse una idea de todo lo que ha pasado porque vivimos en el mundo que vivimos, lo mejor que pueden hacer es buscar esa conferencia y ponerse a escucharla con atención. Algo les puedo poner en antecedentes diciéndoles que Robert Menzies fue un destacado político australiano del siglo pasado de corte liberal conservador. 

Como soy muy viejo he pasado por muchas vicisitudes que me han proporcionado una cierta experiencia que, aunque no creo que valga para mucho, sí me sirve para comparar con acontecimientos del presente. Por qué, por ejemplo, viviendo en lo que para muchos era una tiranía criminal pudimos pasar en el año 57 del siglo pasado una epidemia de similares caracteristicas a la que recién venimos de pasar y sin embargo el Estado no se metió para nada en nuestras vidas. En el colegio donde yo estaba interno todos los niños tuvieron que guardar un par de días de cama y eso fue todo. Se aceptó la cosa como uno más de los gajes de la vida y todo pasó en un par de meses sin pena ni gloria.

Pero del 57 para acá no se ha hecho otra cosa que aumentar el papel de los Estados en nuestras vidas. Y así es que se haya creado la ilusión de que nos protejen de todos los riesgos, eso sí, a cambio de que permanezcamos encerrados en el aprisco vigilados por los mastines.  Por tal es que vengamos padeciendo una psicosis colectiva de seguridad -llamémosle miedo- que es lo que ha permitido a los Estados, durante la reciente epidemia de gripe, encerrar a las personas en sus casas con el beneplácito de más del ochenta por ciento de la población. O sea, que, por emplear la experiencia para comparar: lo de Franco era una tiranía impuesta desde el exterior de nosotros mismos, por contra, la tiranía actual nos la autoimponemos nosotros mismos por un miedo irracional que se nos ha inculcado desde las instituciones que viven de protejernos de todo tipo de peligros. El saldo entre una y otra tiranía se mide en cuota de rebeldía. La tiranía que nos imponen crea mucha y la que nos autoimponemos, ninguna. 

En fin, Hobbes en estado puro. No hay forma de superarlo. Nos llegamos a creer todo aquello que nos contó Montesquieu, pero resultó ser solo un cuento de hadas. El binomio libertad/seguridad es la clave para entender cualquier forma de organización social. Aunque quizá fuera más apropiado hablar del binomio valentía/cobardía. O vivos y zombis también podría servir.  

sábado, 26 de noviembre de 2022

El duque de Lancaster

El derecho y la justicia es la clave o, si mejor quieren, el Dios del pueblo judio. Por eso fue que se inventaron aquella bonita historia de Moisés subiendo al monte a hablar con Dios y bajando del monte con las tablas de la ley en los brazos. A partir de entonces todas las vicisitudes del pueblo judío son en función del cumplimiento de lo que está escrito en esas tablas. Si cumplen les va bien, si no cumplen, fatal. No necesitan esperar a la otra vida para recibir recompensa o castigo por su actitud frente a la ley porque para ellos no hay otra vida. Precisamente, uno de los cargos que le hizo la Inquisición a Fray Luis de León es que había dicho que en la Biblia no hay ninguna alusión a la otra vida. Para qué habría de haberla, como si no tuviesemos bastante con los premios y catigos que recibimos en la de aquí según cómo nos comportemos. Bueno, en honor a la verdad hay que decir que los judios trasmiten el oprobio por siete generaciones. Sin duda es un sabio procedimiento para promover la contención. 

Y así es que, judíos o no, el derecho y la justicia están en el núcleo que da toda su fuerza acualquier sistema social. Por eso tanto los que hacen las leyes como quienes las hacen cumplir son la piedra angular de cualquier sistema político. Y nada tiene de extraño que a medida que la sociedad se va desarrollando esa piedra angular se sofistique hasta hacer dificil su comprensión. De ahí que surjan como los hongos los juristas que serían los encargados de dar claridad a lo que se ha hecho farragoso. 

Bueno, ya saben lo que pasa con los hongos, que muchos son venenosos. De ahí que haya sido necesaria la especialidad de micólogo para aprender a distinguir. Y obrar en consecuencia. A propósito de distinguir y obrar en consecuencia con relación a los hongos, perdón, juristas, nos relata Tirant lo que presencio en Londres cuando estuvo allí con motivo de las bodas del rei. Se estaba haciendo una gran parada para festejar a los recien desposados. Iban pasando por delante del estrado real los diferentes estamentos hasta que cuando les tocó el turno a los oficios se cortó el desfile. Se había creado un litigio entre los tejedores y los herreros sobre quién de los dos tenía preminencia. Allí estaban los juristas de uno y otro bando venga a inventar peregrinas razones para justificar a los suyos. Como la cosa no parecía tener fin fue precisa la intervención del duque de Lancaster que era una especie de factotum del rei. Cogió a tres juristas de cada bando y les invitó a seguirle. Ellos creían que iban a discutir sus razones con él, pero tan pronto como cruzarón el puente que daba límite a la ciudad hizo colocar allí dos horcas y los ahorcó a todos. Sabido por el rey quiso ir de imediato a verlo y dar las gracias a su tío el duque: "Mon oncle, en lo mon no em podieu fer major plaer e servir del que fet haveu, per quant aquest hòmens de lleis fan rics a si mateixs e destrueixen tot Anglaterra e tot lo poble."

En fin, que hay muchas maneras de hacer justicia y hay muchos tipos de leyes. Y no hay forma de dar con la una y las otras que satisfagan a todo el mundo. Y por eso es que a la postre el juez supremo no puede ser otro que el que tiene la fuerza. El duque de Lancaster para que nos entendamos. 

jueves, 24 de noviembre de 2022

Sueño

Chispeaba cuando iba hacia el malecón del marítimo. Al fondo, sobre Somo, una espesa neblina producto, supongo, del endemoniado romper de las olas. Apenas había gente, salvo desayunando en los bares. A sus puertas, grupitos compactos tomaban café y fumaban cigarrillos. Supongo que toda esa gente lo primero que hará al llegar a la oficina será ir al cagadero. Bueno, de un tiempo a esta parte suelen estar bastante limpios. En eso, desde luego, hemos mejorado. , 

En cualquier caso, me produce algún tipo de indefinida emoción ver a toda esa gente, ya, a tan temprana hora, alternando, quitándose la palabra unos a otros. ¡Tanto tienen que decir! Por contra, yo, soy un náufrago en alta mar. Nadie con quién hablar, nada que decir, a ningún sitio que ir que no sea la sala de mi casa a volver a tocar el Tico-Tico No Fuba. Nunca pensé que pudiera haber una pieza tan enganchante... ni siquiera las falsetas que me enseñó Juan Trilla... se habrá muerto ya, tan cascado como estaba. ¡Cuánta gente se va quedando por las cunetas del camino!

Pero no todos los que se van quedando son iguales. De Juan Trilla conservo el recuerdo nítido. Subía con mi guitarra a Horta donde en el sótano de la tienduca de instrumentos musicales que tenía en aquel barrio me daba las clases. Sentados en aquellas sillas flamencas, tan incómodas. Me escribía las falsetas en hojas sueltas que yo iba poniendo en un cuaderno de anillas. Junté un buen taco y todavía toco la mayoría de ellas. Los palos del flamenco, toda esa riqueza que hasta entonces me había sido tan ajena. Ahora, ya, casi ni le hago caso. Los toco como un autómata, sin la menor emoción. A veces, cuando intento bulerías, María me dice: ¡qué bonito! Pienso que es muy agradecida. 

Y eso es lo que va quedando. Unas falsetas, el Tico-Tico, la exigua coleción de libros que me distrae los atardeceres, ir a Mercadona, intercambiar unas palabras con el moldavo que limpia el portal... como un sueño. 

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Días otoñales

Estos días otoñales con lluvia, viento y templados, son una delicia. Tumbado en el sofá me deleito con las andanzas y discursos del conde Guillem de Varoic que vuelto de Tierra Santa y disfrazado de ermitaño vive de incógnito a pocos pasos de su castillo donde su desonsolada mujer no gana para suspiros. El agua golpeando los cristales y el viento sacudiendo las persianas, ponen la música de fondo. 

Todavía no ha entrado en escenaTirant lo Blanc, pero con las casi sesenta páginas de apretada letra que llevo leídas ya se da uno cuenta de cuales son los valores morales de la orden de la andante caballería. Valores eternos que, si bien, desprovistos de la retórica medieval, son los que podemos ver en los clásicos wester que echan al atardecer en la cadena de la Iglesia. Los valores bíblicos, en definitiva. Dechado de virtudes entre las que no destaca precisamente la piedad con los malvados. Al conde Guillem se le ve disfrutar como un chon en un patatal matando a los moros que venidos de la Gran Canària han invadido Inglaterra. 

Digamos que Centauros del Desierto. ¿Qué diferencias pueden ver ustedes entre John Waine y Guillem de Varoic que no sean las de la retórica? El honor y el desapego a las vanidades de este mundo. Es imposible de todo punto que un mortal pueda aspirar a más. Y eso por más que la propaganda oficial gaste todas sus fuerzas en tratar de desmentirlo. Ya los textos socialdemócratas que leíamos en el bachillerato trataban de inculcarnos la idea de que Cervantes escribió El Quijote para ridiculizar a los caballeros andantes. Bueno, ya saben cual es la calidad del cerebro socialista. Lo que Cervante expresó en El Quijote fue algo muy común a todas las épocas decadentes, que quizá lo sean todas las épocas, que no es otra cosa que la nostalgia de los antiguos valores. La Biblia, sin ir más lejos, es un libro que está lleno de esa nostalgia. La nostalgia de una ilusión porque esos valores nunca existieron fuera del arte, cual lo es el Tirant lo Blanc o Centauros del desierto. 

En fin, yo feliz porque todavía tengo por delante mil páginas de apretada letra de Tirant. Entre eso, el Libro del Desasosiego, Las Confesiones agustinianas, y las andanzas y opiniones de Fray Luis, tengo para muchas veladas de lluvia y viento. Y que aquí me las den todas. 

martes, 22 de noviembre de 2022

Poetas y vampiros

A algunos, el sentirse amados les causa, en un primer momento, un atontamiento o confusión, como si les hubiese tocado un premio gordo en moneda no convertible. A esto le sigue un envanecimiento que suele durar muy poco para pasar de inmediato a un sentimiento indefinido, mezcla de tedio, humillación y fatiga. 

Tedio, como si les hubiera sido impuesto un nuevo deber -el de una horrible reciprocidad- con la ironía de un privilegio que habría que agradecer. Como si no bastara la monotonía de la vida y ahora se le sobrepusiese la monotonía de un sentimiento definido. 

Humillación, algo, en principio, tan poco justificado y tan dificil de comprender. Como si le hubiesen dado un premio que era para otro con más meritos que yo. 

Pero sobre todo fatiga. La fatiga que trasmite el tedio. La fatiga de ser el objeto del peso de las emociones ajenas. Convertir a quien quiso verse libre, siempre libre, en el chico de los recados de la responsabilidad de corresponder. La fatiga de ver nuestra existencia trasformada en cosa dependiente por completo de un sentimiento de otro. 

Esta gente, que es capaz de darle tantas vueltas a las cosas banales de la vida, en realidad, les da igual so que arre, porque todo les sirve para sentir, para tener emociones cuya atenta observación es lo único que les entretiene. Los hechos que dan lugar a esas emociones no les provocan la menor curiosidad. 

Éste es el resumen, más o menos, de lo que Pessoa dice a propósito de un asuntillo que tuvo, el único en su vida. Curiosamente, la siguiente entrada de su dietario está dedicada al sentimiento de libertad. "No subordinarse a nada- ni a un hombre, ni a un amor, ni a una idea, tener aquella independencia lejana que consiste en no creer en la verdad, ni tampoco, caso de haberla, en la utilidad de su conocimiento -tal es el estado en que, me parece, debe trascurrir para con ella misma, la vida íntima intelectual de los que no viven sin pensar. Pertenecer-he ahí la banalidad. Credo, ideal, mujer o profesión-todo significa la celda y las esposas."

Desde luego que no todas las personas son iguales ni, tampoco, iguales a si mismas todo el tiempo. En cualquier caso, hay un genérico que consiste en una propensión diría que enfermiza a mirarse el ombligo. Luego, por supuesto, está lo que cada uno ve, como lo interpreta y, ya, si no se lo puede guardar para sí, cómo lo cuenta. Si tiene gracia al contarlo, entonces es un poeta. Si nó, un vampiro. 

lunes, 21 de noviembre de 2022

De aquella manera

Como le tengo mucha fe a Jordan Peterson, tenga o no tenga ganas, que no las suelo tener, como tampoco de ir a la piscina probática, me esfuerzo por escribir aunque sea de las pocas ganas que tengo de escribir. El caso es que escribir, leer, no tomar alcohol o cualquier otro tipo de modificadores de la conciencia y, last but not lees, mantener contra viento y marea las rutinas habituales, son los cuatro pilares sobre los que, según Jordan, se sustenta una vida digna de tal nombre. 

Lo de leer y no tomar sustancias psicoactivas lo tengo  chupado. Lo primero porque, dada mi endeble constitución física, muy pronto me di cuenta de que solo podría hacer carrera por el lado de las letras. Al fin y al cabo, las chicas cuando se tienen que conformar con un enclenque prefieren a uno que por lo menos sea leído... se suelen ganar mejor la vida. Y lo del consumo de sustancia psicoactivas, como casi siempre lo asocié a la vida social, pues ahora, como casi no practico, ningún problema: no hay nada que me apetezca menos. 

Lo de las rutinas quizá haya sido lo más problemático de adquirir.  De joven, porque de forma natural intentas echar el anzuelo en todas las aguas. Vives con la ilusión de que en alguno de esos intentos vas a sacar el pez que se tragó el anillo que Creso tiro al mar para aplacar la enemiga de los dioses. Es increíble la cantidad de tiempo que se te llega a ir por el desagüe con semejantes ensoñaciones. Afortunadamente, hacia los cuarenta o así, me dio porque quería aprender a tocar la guitarra. Es probable que nunca haya tomado una decisión más acertada en la vida. Y eso que, por el querer de los dioses, estoy muy poco dotado para la música. Aunque quizá también puede que sea que, a la edad en que comencé su estudio, el oído ya esté encarcarado, como dicen los catalanes para expresar la perdida de capacidades de un miembro. Sea como sea, es posible que esa discapacidad me haya incitado a ser insistente y, con ello, a crear hábitos.  Y así fue que con el paso de los años ese hábito me ayudó tanto a estructurar la vida que ha llegado a convirtirse en una especie de hub que integra todas mis otras actividades. No puedo vivir sin tener desplegadas sobre la mesita de la sala varias partituras que arrinconan a los tres o cuatro libros que siempre tengo entre manos.

Y ya está.  No tenía puñeteras ganas, pero me puse y lo conseguí. Escribí unos cuantos párrafos que ahí quedarán para la porteridad. Tambíen le dediqué un par de horas a la guitarra. El Choclo, Tico-Tico, Asturias, Recuerdos de la Alhambra, Giga y Bourré de Bach, Squerzino Mexicano, Dia de Noviembre... de aquella manera todo.  

domingo, 20 de noviembre de 2022

San Agustín

Las Confesiones de San Agustín fueron para mí un verdadero choque la primera vez que las leí en aquella Salamanca de los noventa del siglo pasado. Bien es verdad que allí el ambiente era muy propicio a los maravillamientos juvenilistas por más que yo ya andase por aquel entonces talludito. ¡Era tan fácil extenderse en comentarios en aquel terreno infectado de eruditos! Ahora, en este retiro santanderino, vuelvo a la carga y, si no maravillarme, sí siento una como a modo de iluminacion: creo entender lo que es descubrir a Dios.

En realidad, como siempre que descubres algo, luego, cuando lo piensas, caes en la cuenta de lo tonto y ciego que has sido por no haberlo descubierto antes. Porque, digamos, ¡elemental querido watson! Descubrir a Dios, en esencia no es más que reconciliarte contigo mismo. O lo que es lo mismo, hacer examen de conciencia y no dolerte prendas el reconocimiento de las muchas equivocaciones en que has venido incurriendo a todo lo largo de la vida. 

Eso son Las Confesiones, una autobiografía sin paliativos. La que cualquier persona puede hacer si quiere. Aunque bien es cierto que para querer hay que tener lo que hay que tener, es decir, valentía. Ser valiente, ser o no ser. Poner tu empeño en descubrir quién eres en realidad. Qué eres. Porque a ver si va a resultar que eres, y siempre has sido, un mierda. Más que una posibilidad es una probabilidad, del casi cien por cien, diría yo. Porque, a ver quién, considerado friamente, se salva de serlo. Todos, absolutamente todos, vamos por la vida dejando un rastro maloliente. Hay quien es capaz de encubrirlo para los demás con bellas obras, pero para uno mismo, ¡ay!, es imposible. De la procesión por dentro no hay quien se libre hasta que rompes contigo mismo. 

En fin, descubrir a Dios, querer dejar de ser, o sentirte, un  mierda, ¿dónde está la diferencia?

sábado, 19 de noviembre de 2022

Cantares

 

"ESPOSA

Bésame con su boca a mí el mí amado;

son más dulces que el vino tus amores, 

tu nombre es suave olor bien derramado,

y no hay olor que iguale tus olores;

por eso las doncellas te han amado, 

conociendo tus gracias y dulzores;

llévame en pos de ti, y correremos;

no temas que jamás nos cansaremos."


Así comienza la traducción del Cantar de los Cantares de Salomón que hizo Fray Luis de León. No es de extrañar que se prestase a capciosas interpretaciones. Ya en el prólogo se dirige de tal guisa a Isabel Osorio, una monja importante, pariente suya, que había sido la que le había encarecido esa traducción: <<La lectura de este libro es dificultosa a todos, y peligrosa a los mancebos que no están muy adelantados y firmes en la virtud; porque en ninguna Escritura se explica la pasión del amor con más fuerza y sentido que en ésta; y así, acerca de los hebreos, no tenían licencia para leer este libro y algunos otros de la Ley los que fuesen menores de cuarenta años...>>

Una monja enamorada de Dios, un fraile de la Virgen...

"Esta dichosa y una,

¿quién es que se levanta cual aurora, 

hermosa cual la luna, 

escogida y señora

cual sol, que al mundo con sus rayos dora..."

Justo lo mismo que le dice Don Quijote a Dulcinea o Don Juan a Doña Inés: luz de donde el sol la toma. Porque ya, puestos a ser exagerados ¿por qué pararase en mientes?

El caso es que Fray Luis es un joven brillante que anda sobrado por aquella Salamanca llena de lumbreras y, como es de ley en tales casos, suscitando envidias y anhelos de venganza. Esa traducción del Cantar, con su inequívoco erotísmo, les da pie a ello: le montan un proceso inquisitorial en donde salen a relucir todas las rencillas acumuladas en años de humillaciones. 

Porque hay algo en los seres humanos del montón que no tiene enmienda posible y eso es la facilidad con la que se sienten humillados cuandos escuchan algo que les desmiente. El tonto es incapaz de aprovechar las inmensas posibilidades pedagójicas del desmentido. Se siente tan frágil que solo puede aceptar como verdad lo que le confirma en sus ideas. Y si alguien, al que le va bien en los estudios, le desmiente un par de veces ya no le cabe otro cosa en la cabeza que el deseo de venganza. En su pequeñez mental se monta la película de que es necesario castigar lo que considera soberbia del que le supera de forma natural. Porque es que, además, el mediocre tiene una como querencia hacia las mafias. Adhiriendose a una estructura de poder quedan diluidas todas sus carencias. Y se siente poderoso. ¿Y puede haber algo más peligroso que un mediocre, por no decir tonto, que se siente poderoso? 

Ese fue el asunto de Fray Luis, que los mediocres organizados en la mafia de la Inquisición no aguantaban su manifiesta superioridad intelectual. Y consiguieron tenerle cinco años preso con acusaciones de sainete. Dijiste tal, dijiste cual... el problema era que no estaban capacitados para entender lo que decía. Y el que no entiente, por definición, se vuelve, primero susceptible, después recoroso y acaba en vengativo. Eso fue todo lo que quedó sellado con la famosa frase: ¡decíamos ayer! Y es que Fray Luis pasó por la cárcel, pero la cárcel no pasó por él. Es muy dificil, por no decir imposible, privar de libertad a una mente privilegiada.