viernes, 31 de marzo de 2023

Progresismo

Seguramente no se ha inventado palabra que mejor denote una mezcla de ingenuidad, estupidez y pulsiones suicidas, que progresismo. Cuando era joven, calificar de progre era como un label de calidad. O eras progre o, por contra, reaccionario, lo peor de lo peor. Lo cual no quitaba para que tanto unos como otros estuviesen en lo mismo, creyéndose a pies juntillas que a la naturaleza se le puede torcer el brazo. Porque lo de renunciar a ganar tiempo al tiempo no se hizo para cualquier cerebro. Nos marcaron el camino los dioses con su famoso don de la ubicuidad... embuste donde les haya. 

Toda la historia de la humanidad ha sido un puro correr en pos de esa quimera.  Y no hay día que nos levantemos que no acabemos pensando que hemos dado otro pasito hacia la ansiada meta. Más rápido, más limpio, más silencioso... al final va a ser como lo de aquella famosa metáfora del rayo de luz que pasaba por un cristal sin romperle no mancharle. 

Nunca suelo tomar taxis, pero el otro día tenía tanto frío y estaba tan cansado que pillé uno al vuelo. Me llamó la atención lo suave y silencioso que arrancó y así se lo hice notar al taxista. El resto del camino hasta llega a casa en menos de cinco minutos todo fue un puro cantar loas al coche eléctrico. ¡Vaya, me dije, hemos retorcido un poco más el brazo a la naturaleza! Y, total, como desde aquí no se oyen sus quejidos... pues todo son ventajas. Las ventajas del progreso. 

Pues no, señores, al tiempo no hay forma de ganarle tiempo. Cuando más silencioso y limpio es aquí, más ruidoso y sucio es allá. Y si no habían caído en la cuenta, echen una ojeada a donde se extraen las materias primas que hacen posible el milagro. 

Sí, ya me lo decía el otro día un sobrino, que hace falta mucho sentido religioso para que todas estas cosas cuelen.

En fin, Pilarín, que un poco más tontos y no nacemos. Sobre todo, los progres. 

jueves, 30 de marzo de 2023

La vida no sigue igual

Puede que un clavo saque otro clavo, pero con una guerra no se consigue tapar otra. Se pueden desgañitar los medios y los gobiernos contándonos lo de Ucrania, una reyerta de taberna entre clanes hermanos, pero es inútil: la verdadera guerra sigue su curso y, si los gobiernos y medios de comunicación no la pierden, todo se habrá ido al carajo. 

Sí, ya sé que la inmensa mayoría es miserable. 


"No busques amigo en esta feria. No busques

un refugio seguro. Con alma firme acoge el dolor

y olvídate de buscar un remedio que no encontrarás.

En el infortunio, sonríe. No pidas a nadie que te sonría.

Perderías el tiempo."

 

Pero siempre hubo una minoría que fue la que ganó todas las guerras. Las verdaderas. Las subterráneas. La que ahora se está librando sin que por ella cierren las farmacias, ni los bares, ni se coarte el turismo. Porque los futuros perdedores quieren que, por encima de todo, el suministro del "soma" no decaiga. Olvidan los muy necios, que las minorías lo son, precisamente, por no abusar de esa droga que adormece las conciencias. 

Sí, allá cada cual con el lado del que se pone. ¡Pobres imbéciles los que no recuerdan que Dios no necesitó castigar a Caín! Porque Dios sabía se sobra que el mayor castigo es el que se infringe uno a sí mismo por haber sido cobarde.

No, no se dejen engañar: la vida no seguirá igual hasta que los culpables paguen. De un modo u otro.


miércoles, 29 de marzo de 2023

Lady Macbeth

 "Las guerras y las revoluciones - hay siempre una u otra en curso - llegan, en la lectura sobre sus efectos, a causar no horror sino tedio. No es la crueldad de todos aquellos muertos y heridos, el sacrificio de todos los que mueren batiéndose, o son muertos sin haberse batido, lo que pesa duramente en el alma: es la estupidez que sacrifica vida y haberes a cualquier cosa inevitablemente inútil. Todos los ideales y todas las ambiciones son un desvarío de comadres hombres. No hay imperio que merezca que por él se destroce una muñeca de niña. No hay ideal que valga el sacrificio de un tren de hojalata."

Había días en los que Pessoa se levantaba con ganas de escribir para que le entendiesen todos. Aunque nunca tuviese tantas como para no dejar una nota de incertidumbre flotando a la deriva. Desvarío de comadres hombres: ¿a quienes se está refiriendo con eso de comadres hombres? ¿hombres afeminados, acaso? Y alcahuetos por demás.

La guerra, esa cosa que tiene que ver con la insaciabilidad. La insaciabilidad, el más femenino, quizá, de todos los defectos. O es que hubiese sido posible un Macbeth sin una lady corruptora a su lado. Por qué no pudo conformarse aquella mujer con todo lo que tenía. Es como si ese nunca tener bastante fuese la consecuencia natural de la inseguridad que a las personalidades neuróticas les produce el tener hijos. Algo así como una necesidad imperiosa de asegurarles el futuro hasta los confines de la historia. Como si hubiesen parido seres inútiles incapaces de valerse por sí mismos. En fin, cosas de la naturaleza humana por las que los estudiosos de la psique se desgañitan sin que por ello nunca puedan llegar a algo más allá de la pura conjetura. Pero, sí, para mí que está muy bien traído eso de hombres comadres, o comadres hombres, si mejor quieren, por aquello de que el nombre prima sobre el adjetivo. 

El caso es que hay una guerra ahora por ahí que, como no podría ser menos, está dando mucho que hablar por la sencilla razón de que todos queremos siempre encontrarle tres pies al gato. Palabras inútiles en cualquier caso porque mientras no aprendamos a comprender que el tener más no soluciona nada estaremos siempre en las mismas. ¡Maldita insaciabilidad! ¡Maldita Lady Macbeth!

martes, 28 de marzo de 2023

Cenizas

Los dedos de las manos me sobran para contar los rituales de paso de cualquier tipo que sean a los que asistí a todo lo largo de mi ya dilatada vida. Ayer nos tocó enterrar las cenizas del marido de mi hermana la menor. Fue un buen tipo y escribió un buen libro. Lo uno por lo otro y viceversa, supongo. Una vida cumplida con discreción. Y mi hermana, bien. Nadie hubiera dicho que era la viuda. Para eso está la clase, que siempre la tuvo de sobra. 

Aunque sea un tópico decirlo, estas cosas te hacen reflexionar. Pero tampoco es que den mucho de sí. Y, en cualquier caso, ya lo dejo niquelado Jorge Manrique. Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar y todo eso. Un suspiro. 

Afortunadamente, el trance me pilló con el libro de Khayyam en una mano y las Memorias de Casanova en la otra. 

Por un lado:

"Nadie puede comprender lo misterioso. Nadie es capaz de ver

qué se esconde bajo las apariencias. Todas nuestras moradas

son provisionales, salvo la última: la tierra.

¡Bebe vino! ¡Basta de palabras inútiles!"


Por el otro:

"-Porque he perdido cuatro mil sequines la última semana y estoy sin dinero, pero voy a jugar mañana y la fortuna me sonreirá. Entre tanto, aquí tienes este pequeño libro que he cogido de tu tocador: las posturas de Pietro Aretino; deseo que probemos algunas de ellas.

-Un pensamiento digno de ti, pero algunas de esas posiciones no pueden ser llevadas a la práctica y otras son insípidas.

-Es verdad, pero he escogido cuatro que me parecen muy interesantes.

Tales deliciosos trabajos ocuparon el resto de la noche hasta... "

lunes, 27 de marzo de 2023

Rubaiyyat

Así es que, como había visto que María tenía en su casa el Rubaiyyat de Omar Khayyam, le dije que si me lo podía traer cuando se acordase. Dicho y hecho, ayer mismo le pude tener entre mis manos. Y no encuentro la forma de quitármelo de encima. Con la de veces que, en un pasado ya lejano, intenté encontrarle la enjundia y, ya ven, he necesitado llegar hasta aquí para poder intuir la sabiduría que se esconde tras la simplicidad de esas cuartetas. Supongo que será porque están cargadas de ese escepticismo al que los viejos llegan de forma natural y algunos jóvenes porque los dioses les hicieron sabios. 

En cualquier caso, yo ya caí en la cuenta hace muchos años de que fuera de la embriaguez todo es un erial. Sí, la embriaguez es algo que suponemos es la forma natural de estar los dioses en el Olimpo. Y en el Olimpo, ¿qué es lo que hay? Pues vino. Y siempre están todos con el puntito. De hecho, Zeus tiene su copero privado, Ganimedes, para que nunca esté vacía su copa. 

Son las religiones que han fabricado los hombres para darse la ilusión de que esto merece la pena. Y al caer la tarde todos corremos a buscar a nuestro particular Ganimedes con la esperanza de arrancar un atisbo de felicidad a la vida. Es todo lo que esto da de sí. 

"En primavera voy a veces a sentarme en la orilla de un

campo florido. 

Cuando una hermosa muchacha me trae una copa de vino,

no pienso siquiera en mi salvación.

Si tuviera esa preocupación, valdría menos que un perro."

domingo, 26 de marzo de 2023

Omar Khayyam

Curiosamente, al único autor al que Pessoa le dedica alguna atención es al poeta iraní Omar Khayyam. Dice:

"El tedio de Khayyam no es el tedio de quien no sabe lo que hace, porque la verdad es que nada pudo o supo hacer. Ese es el tedio de los que nacieron muertos, y de los que legítimamente se orientan hacia la morfina o la cocaína. Es más profundo y más noble el tedio del sabio persa. Es el tedio de quien pensó con claridad y vio que todo era oscuro, de quien pasó por todas las religiones y todas las filosofías y después dijo, como Salomón: <<Vi que todo era vanidad y aflicciones del ánimo>>, o como, al despedirse del poder y del mundo, otro rey, que era emperador, Septimio Severo: <<Lo fui todo; nada vale la pena>>.

De ahí la insistencia del persa en el recurso al vino. ¡Bebe! ¡Bebe! Esa es toda su filosofía práctica."

Indiscutiblemente, Khayyam tuvo un buen discípulo en Pessoa, porque lo que es en el beber, por lo visto, nadie le dejaba atrás. El mismo cuenta una anécdota al respecto de lo más esclarecedora. Al salir un día de la casa de comidas a la que acudía a diario, el camarero le dijo: Vaya con Dios, Don Fernando, y que se mejore. El camarero se había dado cuenta de que no estaba bien porque había dejado la botella de vino por la mitad. 

De todas formas, es curiosa esa necesidad de subterfugios que tenemos los humanos para justificar nuestras adicciones. Porque, en la práctica, ¿qué diferencia hay entre la adicción a la cocaína o morfina de los muertos vivientes y la que tiene Pessoa al alcohol? Quizá, solo, la aceptación social del medio para un mismo fin: modificar la conciencia de sí mismo. 

Y continúa justificándose:

"Omar tenía una personalidad; yo, feliz o infelizmente, no tengo ninguna. De lo que soy en un momento, me aparto al momento siguiente; de lo que fui en un día, al día siguiente lo olvidé. Quien, como Omar, es quien es, vive en un único mundo, que es el exterior; quien, como yo, no es quien es, vive no solo en el mundo exterior, sino en un sucesivo y diverso mundo interior. Su filosofía, aunque quiera ser la misma que la de Omar, forzosamente no podrá serlo. Así, sin de veras quererlo, tengo dentro de mí, como si fueran almas, las filosofías que critiqué; Omar podría rechazarlas todas, pues eran externas a él; yo no las puedo rechazar, porque son yo."

Y así es como hemos pasado de ser un muerto viviente a estar lleno de almas. La verdad es que también son ganas; con lo fácil que sería reconocer que la curiosidad te llevó hasta un baile de vampiros y allí alguien te mordió. Y, desde entonces, no te desagrada pertenecer a un club en el que admiten socios como tú. De hecho, lo realmente extraordinario es no pertenecer a ese club. ¿Conocen ustedes a alguien que no pertenezca? El de los muertos vivientes. 

viernes, 24 de marzo de 2023

Volumnia y Sócrates

 Como el otro día les comentaba acerca de Coriolano, es de justicia, so pena de hacer un feo a las vidas paralelas de Plutarco, que les cuente algo de Alcibíades, por más que a Shakespeare le pareciese que no merecía la pena: que yo recuerde no le dedicó ni una línea. 

Lo que a mi juicio pudiera justificar esa actitud shakespeariana es esa cuestión, podríamos decir que freudiana, de la relación con la madre. Coriolano, a lo que se vio, fue incapaz de salirse de las faldas de Volumnia, su madre. Alcibíades, sin embargo, como si no la hubiera tenido. Y claro, de Edipo para acá, hay que ver el interés que aporta a cualquier historia meter a la madre por medio, lo cual que tampoco es muy difícil de entender a poco observador que sea, porque seguramente pocas cosas marcan tanto a un hombre como la edad a la que fue destetado por su madre. 

Pero ésta es otra cuestión en la que no vamos a entrar ahora porque, por lo que cuentan de Alcibíades, como digo, no aparece madre por ningún lado y, sí, desde muy joven, le vemos en compañía de Sócrates, y no solo en los banquetes, sino también en la guerra. Porque, aunque hoy día parezca algo impensable, en la antigüedad clásica también los filósofos iban a la guerra y, en el caso de Sócrates, en primera línea. 

Quizá, ahí esté la clave de los tan dispares caracteres de Coriolano y Alcibíades, que, aunque les llevaron a hacer cosas muy parecidas, respecto a la forma de hacerlas había un abismo. Coriolano era austero, rudo y antipático a más no poder, mientras que Alcibíades era manirroto, simpático y se moría por que se hablase de él. Así que, yo que Plutarco, más que emparejar a Coriolano con Alcibíades, hubiese preferido divergir a la madre del uno con el educador del otro... aunque, a la postre bien que convergieron en lo de conseguir una muerte trágica para los dos educandos. Y es que si la madre del uno era una castradora, el educador del otro tenía mucho de chisgarabís, que bien que lo vio desde el principio el comediógrafo Aristófanes. 

En fin, lecciones que da la historia y que, a lo que se ve, muy pocos las reciben, porque, se mire como se mire, la humanidad está en las mismas que estaba quinientos años antes de nuestra era. Las madres castradoras abundan más que las moscas en un pueblo ganadero un día de verano y, respecto de los maestros chisgarabíses, como de las mujeres del tango, mejor no hay que hablar.  

miércoles, 22 de marzo de 2023

Y WANT TO BREAK FREE

Me ha llegado por diferentes conductos la que pudiéramos considerar versión definitiva del "I WANT TO  BREAK REE" de Freddie Mercury. Vaya por delante que es una canción pegadiza donde las haya, lo cual tampoco es que tenga mucho secreto ya que, como todos los himnos comienza con un salto de cuarta que se continua con una quinta y una sexta. En fin, los truquillos de la armonía para alzar sin problemas el lábaro sagrado de Jesucristo Redentor. 

El caso es que I want to break free no es, exactamente, quiero ser libre como vemos traducido por ahí, porque, entonces, ese break sería un simple be. No sé cómo traducirlo, aunque para mí que ese break tiene algo como de romper, o forzar. Quiero forzar mi libertad, quizá. Bueno, da igual, porque el caso es que no tardó esa canción en convertirse en un himno a la libertad mucho más vistoso de lo que pudiera ser la Internacional para unos o el Cara al Sol para otros. 

Lo bueno de esta versión que digo definitiva es que no podemos saber si es mofa y befa o simple exaltación hasta los espacios siderales. Porque el caso es que está interpretada con una precisión de relojería suiza, al más puro estilo de aquellas demostraciones hitlerianas, por las fuerzas armadas de Corea del Norte. ¡Agárrame esa paradoja por el rabo!

Sí, señores -y señoras, por supuesto -, el concepto libertad se ha convertido de un tiempo a esta parte en algo muy escurridizo. ¿O es que siempre lo fue y no habíamos caído en la cuenta? En fin, para pararse a pensar. 

martes, 21 de marzo de 2023

Su majestad es coja

Como ya he pegado un repaso a los libros de mi biblioteca con formato adecuado a los bolsillos traseros de mis pantalones, he vuelto a recurrir al kindle, que es muy cómodo de trasportar, para mis excursiones campestres. Así es que ayer andaba por ahí, demorándome en todos los bancos que encontraba, para seguir con lo de Casanova, que mira que da detalles el tío. Ahora anda con un asunto que tiene con una monja que, a su vez, tiene otro con el embajador francés. El caso es que la monja se las trae. En el primer encuentro que tuvo con Casanova, el embajador lo estuvo observando todo por una mirilla secreta. Ha pasado el tiempo y, el embajador, que va y viene, quiere darse otra sesión de voyerismo. La diferencia ahora es que la monja le ha pedido permiso, cosa que no hizo la primera vez, a Casanova para poder ser observado. Por supuesto que Casanova se lo da, pero no sin antes haber mantenido con ella un intensa e interesante relación epistolar en la que se analizan pormenorizadamente las cuestiones psicológicas relacionadas con la exhibición de la intimidad en su grado más excelso. 

Lo de las relaciones epistolares siempre me ha llegado al alma. Y antes de que empezase toda esta mierda del internet, procuré en la medida de mis posibilidades, cultivarlas. Escribí y recibí muchas cartas que, un buen día, tiré a la basura convencido de que no había en ellas nada que recordase a Chordelos de Laclos, máximo exponente, según mi nada humilde criterio, del arte epistolar. 

Chordelos y Casanova son bastante coetáneos y no solo coinciden en lo de la habilidad para escribir cartas, también, curiosamente, comparten su afición por las matemáticas... aunque, esto, no sé a cuenta de qué coño lo traigo a colación. Porque a lo que yo quería ir es a cómo, según todos los indicios, hemos degenerado los humanos en lo que hace a nuestras capacidades expresivas por medio de la escritura. 

Claro que, me dirán que, para qué escribir cartas si hay otras formas de comunicarse más cómodas y directas. ¡Craso error! La comodidad y rapidez, no voy a negar ahora que tienen sus muchas ventajas, pero, también, no pocos inconvenientes. Y, sobre todo, para según y qué cosas, los inconvenientes sobrepasan con creces a las ventajas. Por ejemplo, para mantener en el tiempo una relación es infinitamente más poderosa la reflexión que exige la escritura que la vehemencia que promueve lo instantáneo. De hecho, todo lo directo e instantáneo acaba siendo devorado por las emociones y no por otra causa, seguramente, es que todas estas relaciones de hoy día se vayan al carajo a la primera de cambio. 

En resumidas cuentas, que lo que los dioses dan por un lado, lo quitan por otro. Y por eso estamos siempre en las mismas. Porque, si abarcamos más, apretamos menos. Y, en fin, entre el clavel y la rosa, su majestad escoja... ¿o era, es coja?  Se necesita la escritura para diferenciar según qué cosas que son críticas para que no salten chispas.  

lunes, 20 de marzo de 2023

Coriolano

Si hay un personaje controvertido, y por ende trágico, en la antigüedad clásica, ese es Coriolano. Tan es así que hasta Shakespeare le dedicó la que algunos consideran su mejor tragedia. El caso es que estos días que, a falta de mejor entretenimiento andaba demorándome por la Vidas Paralelas de Plutarco, he vuelto a toparme con el personaje y he comprendido una vez más lo difícilmente abarcable que es. Huérfano, educado por su madre en el culto de Marte, no tarda en dar grandes triunfos a Roma. Cargado como está de laureles, aspira a gobernar, pero se encuentra con la oposición de la plebe. Es demasiado aristocrático para su gusto y por eso le envía al destierro. Se siente traicionado y lleno de despecho organiza su venganza. Se alía con los enemigos a los que antaño había derrotado y pone sitio a Roma, la ciudad en la que la plebe le había humillado y los patricios no le habían defendido. Roma, por así decirlo, estaba acojonada. Todos pensaban que Coriolano era invencible y, eso, les paralizaba. Ni siquiera habían organizado la defensa. Fue entonces cuando un grupo de mujeres toma el asunto en sus manos. Acuden a casa de Volumia, la madre de Coriolano y la ruegan que suplique a su hijo que levante el cerco que tiene puesto a Roma. Volumia accede al ruego y va, acompañada de nuera y nietos, a ver a Coriolano. Aquí es donde Shakespeare da el do de pecho. Esos discursos que se echan entre si madre e hijo no son para contados. El caso es que Coriolano cede, levanta el cerco y se va con sus aliados que, a su vez, se sienten traicionados y no dudan en matarle. 

Y eso es todo, pero, claro, yendo paso a paso, nos tenemos que detener en el meollo de la cuestión. El sentimiento profundamente aristocrático de Coriolano es radicalmente incompatible con la volubilidad de la plebe. Por así decirlo, el eterno problema de la humanidad. La masa recurre al individuo para que le saque las castañas del fuego, pero una vez que las ha sacado, ya, antes de que se enfríen, no le quieren. Ya saben, es aquello de que nadie es más que nadie. Y ahí se acaba la cosa. Porque como la plebe no lee El Quijote ignora la segunda parte de la oración, la que asegura que nadie es más que nadie si no ha hecho más que nadie. Y el caso es ese, que Coriolano había hecho muchísimo más que toda la plebe junta. ¡Imagínense la envidia y el rencor acumulados en su contra!

En cualquier caso, ¡qué mal asunto es la ambición! Porque, ¿acaso no tenía ya bastante Coriolano con todos los laureles que llevaba sobre su cabeza? ¿Qué necesidad tenía de gobernar? Y, decepcionado ya, ¿a quién en su sano juicio se le ocurre semejante venganza? No, desde luego que da mucho de sí el personaje. Porque, ¿qué hubiera pasado si no cede a los ruegos de su madre? ¿Habría convertido a Roma en una tiranía? Bueno, en tal caso, se hubiera adelantado quinientos años a Cesar. A la postre, nada de nada. 

domingo, 19 de marzo de 2023

Bendito escepticismo

La memoria escrita es dinamita para el espíritu. No hay vuelta de hoja o, si mejor quieren, no puedes hacerte trampas. Así era como pensabas tú, con esa ingenuidad propia de los inexpertos. Así que no vengas ahora dándotelas de avisado porque, si vivieses treinta años más, te pasaría lo mismo respecto de lo que piensas ahora. Nunca, mientras sigamos respirando, dejaremos de cambiar nuestra manera de interpretar el mundo... a no ser, claro está, que uno sea un deficiente mental. 

Pensar es una tragedia. Para el que piensa y para los que le rodean. Todos los males del mundo se derivan del hecho de que uno que se dedicaba a pensar creyó darse cuenta de que si se cambiase tal cosa todo podría ser mucho mejor. Y no pudo guardar para sí el hallazgo y se dedicó a propagarlo. Entonces, la gente que hasta entonces había vivido tan divinamente con lo que había, empezó a sentirse mal. Y empezó el baile. Porque no todo el mundo tiene la misma idea respecto de lo que es mejor. Porque es inevitable que lo que es mejor para unos sea peor para otros. Y también es inevitable que los que que piensan que es mejor para ellos luchen por conseguirlo y que los que piensan que es peor luchen por impedirlo. La guerra, en definitiva, ya ven, porque alguien se puso a pensar. 

Señores, y señoras, que también tienen derecho, servidor lo que quisiera es adquirir ese estado supremo del escepticismo total. Que no se me vuelva a pasar por la cabeza la idea de certeza respecto de nada que no sea lo difícil que es tocar bien la guitarra.   

sábado, 18 de marzo de 2023

Violante

Me envía Santi sus "Sonetos de Violante" y me vuelven a parecer extraordinarios. Con motivo de estas relecturas entablamos conversación. Me dice: "Creo que de lo que dices hay dos cosas. Se nos enseña la cosa equivocada de que la literatura es un juguete que debemos disfrutar pasivamente, leyendo y nada más. Es mentira: la ficción ha de ser patrimonio de todos, en especial de los más jóvenes. Las clases de literatura del bachillerato deberían ser:

1. Día primero: escribir un poema con la métrica del Mío Cid.

2. Día segundo: ídem de un poema de Cuaderna vía.

3. Día tercero: lo mismo, pero de un enxiemplo como los del Conde Lucanor, y así sucesivamente.

...

La enseñanza, sin enseñar primero a escribir, no vale para nada. Quien es incapaz de plasmar sus ideas ordenadamente en un papel, no vale un duro como intelectual."


Por supuesto que añade muchas cosas de enjundia, pero no quiero cansar. El caso es, pienso yo, que, si nadie te enseña a escribir, tú puedes aprender por tus propios medios. Seguramente lo único necesario es sentir la necesidad. Querer, más que cualquier otra cosa, saber expresarte con sentido, que eso es escribir. Porque no se piensen que es fácil expresarse con sentido tan pronto te sales de las cuestiones banales de la supervivencia diaria. Más bien, con solo bordear lo abstracto te sueles hacer, como se dice vulgarmente, con la picha un lio y ni dios te entiende. Por eso son tan aburridas las conversaciones con la mayoría de la gente, ¡y qué le vamos a hacer!, que diría Borges. 

Pues sí, lo confieso, las dos niñas de mis ojos durante los últimos cuarenta años han sido la escritura y la guitarra. Dos sendas que no tienen fin y, más, cuando caminas por ellas cojo. Pero en cualquier caso se avanza y, a estas alturas, no me puedo quejar de lo que ya vislumbro. 

jueves, 16 de marzo de 2023

Le grand dégringolade

 ¿Y si fuese verdad que ya tenemos aquí le grand dégringolade? Desde luego que si nos pilla desprevenidos no será por falta de agoreros que la vienen anunciando a bombo y platillo desde no se sabe cuánto hace ya. Todo este ininterrumpido baile de vampiros que viene siendla realidad socio-político-económico-ydemáshierbas de unos años para acá, por fuerza tiene que terminar en apoteosis porque ya no puede quedar una sola gota que sacar de las yugulares del sistema. 

No sé, habrá que ver. Pero es que uno ve a estos gobernantes ocupados en legislar sobre la jubilación de los perros pastores, y cosas por el estilo, y se da uno cuenta de que, por no haber querido ocuparnos de lo que nos concierne, han acabado mandando los subnormales... que ya nos avisó Platón de que esto funciona así. Y ayer veía que se están quemando cientos de millones de dosis de la famosa que dicen vacuna, pero que no lo es, porque nadie se la quiere inyectar por más que los subnormales que nos gobiernan insisten e insisten e insisten. Levantasen la cabeza Buñuel y todos aquellos gurús del surrealismo y se quedarían patidifusos al comprobar que lo que ellos imaginaron era cosa de niños por comparación con la realidad en curso. 

Sí, hay una situación muy curiosa. Es como una fina ansiedad que lo impregna todo. Es de esas situaciones en las que se tiene un deseo inconsciente de que todo estalle para que pueda haber un comienzo regenerador. Digamos que lo del mito del Ave Fénix. Y, mientras tanto, con la ilusión de poder salvar algunos muebles, hablamos de ir sacando nuestros ahorros del banco para meterlos debajo de la viga. Pero no lo hacemos porque seguimos siendo incapaces de ocuparnos de lo que nos concierne, y no por nada, sino porque sigue trabajando el inconsciente para asegurarnos de que todo intento de sortear el designio de los dioses es inútil. 

En cualquier caso, sea como sea, lo realmente importante es que ya tenemos aqui la primavera. Y ayer fuimos a celebrarlo paseando por las trochas del valle de Campoo. Justo por donde Chisco condujo a Marcelo, camino de Tudanca, para hacerse cargo del mayorazgo que Don Celso estaba a punto de dejar vacante. Desafortunadamente no pudimos echar unas parrafadas con el Sordo de Proaño porque ya nadie empalla la yerba en el pajar. En fin, ya lo dijo aquel boticario de zarzuela, que los tiempos cambian que es una barbaridad. 

martes, 14 de marzo de 2023

Transeúntes

Bajaba ayer por la cuesta de los Toros y de pronto me di cuenta de que a mi lado caminaba un chaval con una guitarra bajo el brazo. Le pregunté si la tocaba y muy nervioso me dijo que sí. No era una mala guitarra y me extrañó que la llevase al aire. El tipo no tenía mala pinta, pero parecía muy nervioso. No tardó en contarme que venía del albergue que hay en el polígono de Candina. Es un hotel de cinco estrellas, pero me han robado. No tengo para ir a Gijón. Si me pudiese ayudar... yo le toco algo. Efectivamente, sabía tocar canciones de esas de grupos modernos. Intercambiamos unas cuantas opiniones sobre la materia. Me la pasó para que tocase algo. Al final le di dos euros y se fue más contento que unas pascuas.

Bueno, pensé, es un desastre de chaval, pero un desastre relativo.  Saber tocar algo con la guitarra quiere decir que tiene voluntad. ¡Ojalá le sirva para lo que sea que le tenga que servir! Aunque las vidas son lo que son porque así lo han dispuesto los dioses omnipotentes y si el chaval está colgado de alguna droga pues espero que los dos euros le hayan servido para aliviar su mono. 

Lo que sí me llamó la atención es lo del hotel de cinco estrellas. Me alegró saberlo porque nunca se sabe. Aunque los transeúntes siempre han sabido apañárselas para salir del paso. Recuerdo que, allá por los sesenta, cuando llegaban los rigores del invierno, buen número de ellos se acogían a la benevolencia de la red de sanatorios antituberculosos estatales. Algunos, muy pocos, se instalaban allí de por vida y otros salían zumbando tan pronto apuntaba la primavera. Y es que lo de ir de aquí para allá sin ninguna finalidad siempre ha tenido muchos adeptos. Seguramente hay pocas cosas que enganchen más. 

 En fin, qué vida esta.


  

lunes, 13 de marzo de 2023

Gozosa senectutem

Aunque todavía no hayamos cruzado la línea del equinoccio, lo cierto es que ya tenemos aquí la primavera que la sangre altera. Personalmente ha sido en forma de una laxitud que hace que llegue a dormir casi ocho horas diarias y que me levante con una vaguería que, si me abandono a ella, es inevitable que pronto empiece a sentir una fina ansiedad que trato de calmar echándome a la calle. Me sirve de poco, la verdad. Pero, bueno, me suelo topar con un vecino que es de mi pueblo y que, como anda por los noventa, ya no tiene la cabeza para otras cosas que no sean las del fornicio. Se duele, pero no con amargura, de que ya no se le suba. Es el leitmotiv de su discurso al que añade chascarrillos que no dejan de tener su gracia. Es un hombre al que por lo que me cuenta le ha debido de gustar mucho su mujer y, a lo que se ve, no le ha decaído en absoluto el entusiasmo. Me dice que, cuando su mujer se va a la cama, él inmediatamente pasa la televisión a un canal de porno que no tarda en ponerle como una moto. Entonces se va a la cama y hace sus intentos, pero su mujer no colabora. Y entonces él la dice: ¡con lo que has sido y ahora...! 

Es muy curiosa esta versión de lo que podríamos llamar deterioro senil. Recuerdo que en Salamanca tenía un conocido que andaba por los ochenta y muchos y que, por lo demás, estaba como un toro. Iba tan tranquilo por la calle y de pronto notaba que alguien me había echado la mano al hombro. Era el señor Tomás. Me soltaba un par de anécdotas unamunianas y de inmediato entraba en harina. La mujer tenía un alzhéimer en avanzado estado de gestación, pero eso a él no le frenaba. Recuerdo un día que estando en la cola de la charcutería del supermercado se me acercó por detrás y se puso a darme detalles de sus últimas incursiones. Imagínense cómo sería el asunto que llegó un momento que hasta el charcutero dejó de cortar fiambres para ponerse a escuchar. 

Por lo que me han contado los entendidos, debe ser muy corriente tal deriva de la mente a esas edades y, se me antoja que, quizá sea como una especie de premio que los dioses conceden a los que han guardado los preceptos que se les deben. Porque el caso es que, lo mismo el de mi pueblo que el Señor Tomás, han sido buenos trabajadores, y padres y esposos a carta cabal. Se nota sobre todo en que siendo de extracción humilde todos sus hijos hayan pasado por la universidad con aprovechamiento e, incluso alguno, más que eso. 

En fin, vaya usted a saber, porque los caprichos de la naturaleza son infinitos. Y, en última instancia, todo es irrelevante y efímero. Así que buena gana de comerse el tarro sea por lo que sea.