miércoles, 31 de enero de 2024

Deuteronomio

 Me  manda Santi el siguiente mensaje:

"Deuteronomio 10.

entre todos los pueblos, como en este día. Circuncidad el prepucio del corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz. Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas ni toma cohecho;"

Y comenta: Lo de circuncidar el prepucio del corazón debe de ser la mejor metáfora de la Biblia. 

Le contesto que sí, que sin duda pude dar mucho juego. Y me pongo a pensar en un documental de los años veinte o así en el que se veía a una pareja de judíos en una sinagoga compitiendo por la interpretación  de un pasaje de la Biblia. Supongo que en esa práctica consiste todo el intríngulis de esa capacidad que tienen los judíos para montar startups. Es una cuestión de dominio del lenguaje, de comprensión lectora, de captación de los enunciados. Sabiendo comprender los enunciados las matemáticas son pan comido. 

Y, entonces, Santi insiste:

Desde luego que sí...

"Deuteronomio 20

Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jevuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado; para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus diose, y pequéis contra Jehová vuestro Dios"

Decía uno por ahí que la mayor tragedia moderna es que los jóvenes no leían la Biblia. Leyéndola, uno entiende mejor lo que está pasando ahora por allí...

Le contesto que: claro, es la repetición de la jugada. 

Y él: Sí, es la naturaleza del escorpión. O esto o ser impíos...

Entonces le he contestado: hoy estaba toda la calle llena de niños que llevaban carteles a favor de la paz. Con frases de la Madre Teresa y así. Y a las mates que las den...

Me contesta: Ese es el punto: si los moros no hubiesen perdido la costumbre de estudiar mates, seguramente hoy otro gallo les cantara...

Y hoy, insiste:

"Josué 5

En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel. Y Josué se hizo cuchillos afilados y circuncido a los hijos de Israel en el collado de Aralot"

Y comenta: me pregunto que les cortarían esta vez. 


La circuncisión, ¡menudo trauma! Y a pelo. De dónde vendrá esa bárbara costumbre. No se me ocurre otra cosa que por cuestiones de higiene. Sin ella, el prepucio es un lugar propicio a las infecciones, sobre todo si tiene problemas para el descapulle.  Aunque, me imagino, no serían pocas ni leves las infecciones producidas por la propia circuncisión. Pero vete a saber, porque se sigue practicando en muchos sitios como si fuese un rito de iniciación. Ese día colocan al niño en el centro de todas las atenciones y luego, cuando más confiado está, ¡zas!, el tajo con el cuchillo afilado. Para que se entere de una vez por todas en que consiste la vida. Así que, no te fíes ni de tu padre. Esa es la primera lección para conquistar la sabiduría. No sé, quizá sea mucho presuponer. 

El caso es, por lo que se ve, que, como pasa con todas las bárbaras costumbres, la de rebanar el prepucio es asunto propicio a la metáfora. Porque, ¿cuál es el prepucio del corazón que Jehová ordena circuncidar a los judíos? Ahí hay mucha tela para cortar porque en el corazón es donde se supone que se alojan los sentimientos... ese material tan propicio a la infección. Quizá, si al corazón se le diese facilidad para descapullar los sentimientos no se recocerían dentro de él y se evitarían así muchas enfermedades cardiacas. 

Por cierto, que lo del prepucio del corazón va en este caso unido al endurecimiento de la cerviz.... ¿quién no hay sentido alguna vez una molestia tensión en esa parte del cuerpo? Tan relacionada, quizá, con la obstinación. En cualquier caso, que lo sepan, Dios no hace acepción de personas ni toma cohecho. Es decir, que no se casa con nadie. 

martes, 30 de enero de 2024

Confortare

Me acerqué hasta Obramat, un almacén de materiales de construcción que hay en Nueva Montaña cabe la siderúrgica. Aquello es el comercio llevado a su máxima expresión. Absolutamente nada que puedas necesitar para construir o mejorar tu nido parece faltar allí. Había cientos de personas con sus carros repletos. Y es que el asunto del nido es primordial en la vida de cualquiera. Y cuanto peor estás más primordial se vuelve, que no por otra causa, porque nadie está bien del todo nunca, debe ser esta especie de fiebre que tiene todas las calles llenas de andamios. Lo decía Pla con la gracia que le caracterizaba, que cuando uno no puede arreglar su cabeza trata de mejorar lo que le rodea para ver si así... es una ilusión, como todo lo del ser humano, porque la experiencia demuestra que una vez acabada la obra la cabeza sigue igual, dando el coñazo. Y por eso es por lo que hacemos todo lo posible porque nunca se acaben las obras. Siempre hay algo que se puede mejorar y, si no lo hay, te lo inventas, y no paras hasta que ves realizada la mejora que, por definición, nunca podrá ser la definitiva... hasta que un día vas y te apasionas con lo que sea y, entonces, al nido que le den dos duros. Ni siquiera ves como se va deteriorando por la propia naturaleza de las cosas. 

Sean como sean las cosas de la psicología humana, lo que no se puede negar es que el confort ha sido uno de los motores del ingenio. Sin confort no hay manera de centrarse en nada. Por eso el desarrollo de la civilización tuvo sus comienzos en los lugares amables donde era más fácil conseguir el confort. Hasta que se llegó a un cierto nivel y se produjo un estancamiento; entonces fue cuando gracias el esfuerzo intelectual que había que hacer para conseguir algo de confort en los lugares hostiles se  fueron haciendo los descubrimientos que nos han traído a este, diría yo, disconfort generalizado que la gente en general trata de paliar comprando cosas en Obramat. 

Confort viene del latín confortare, hacer más fuerte. Por eso es que estemos siempre a la búsqueda de más confort, porque tenemos la ilusión de que la fuerza no solo nos aleja de la muerte, sino que, también, nos da más posibilidades de ganar en la berrea y, así, trasmitir nuestro ADN, la forma más plausible de inmortalidad que podemos concebir. Y así es como vamos fabricando todo este entramado de hipótesis en el que nos sustentamos de mala manera y, por ello, sentimos disconfort y vamos corriendo a Obramat a ver si allí hallamos consuelo.  

En fin, hablar por hablar. 

lunes, 29 de enero de 2024

Escuela convencional

Escucho a un filósofo, uno de tantos de los que hay por ahí largando, decir cosas que me parecen sensatas. Claro que el que me lo parezcan a mí no quiere decir, precisamente, que lo sean. Pero, en cualquier caso, no solo a mí me lo parecen; según he podido comprobar hay por ahí bastante gente que está de acuerdo en que confiar la educación de los hijos a instituciones públicas, o convencionales, incluidas las alternativas, es una barbaridad que está en el origen de todas las decadencias. Lo mismo que seguramente lo es el que las mujeres hayan abandonado su papel de madres a tiempo completo y lleven a sus hijos a guarderías y cosas por el estilo. De hecho, en el país al que consideramos el más avanzado del mundo en multitud de aspectos, las mujeres, al tener hijos, suelen abandonar sus trabajos durante varios años hasta que los tienen debidamente criados. Me estoy refiriendo a Suiza. 

El otro día me llegó una viñeta en la que se veía a un tipo decir a otro, si educas a tus hijos en casa, luego, no van a saber adaptarse a la sociedad. Y el otro contesta: correcto. Porque de eso es de lo que trata una buena educación, de no saber adaptarse a esta sociedad. ¿O es que a ustedes les parece que merece la pena saber adaptarse? Saber adaptarse a las playas, a los bares, los estadios, a las operaciones salida de los puentes, a los conciertos masivos, a los cruceros... a, en definitiva, lo que Sostres llama carne amontonada y Polansky, baile de vampiros. ¿Eso es deseable? ¿Cuánta de la gente que conozco, que practica a la perfección el deporte conocido como socialización, ha desarrollado capacidades creativas? Con los dedos de una mano las podría contar. 

En realidad, no es nada nuevo. Desde la noche de los tiempos se sabe que el secreto de la posible felicidad es desarrollar la capacidad de estar solo. Luego, todo lo demás, se te da por añadidura. En la soledad, de forma natural, uno acaba por leer, por curiosear, por descubrir su realce rey, que decía Gracián, es decir, aquello para lo que le han dotado los dioses. Concretando, en la soledad creces para la libertad, mientras que en la escuela pública te vas encogiendo hasta que te conviertes en el esclavo perfecto, o sea, que ni siquiera te das cuenta de que lo eres. 

Porque yo no sé si ustedes se habrán dado cuenta, pero, por si no, se lo digo yo: la inmensa mayoría, no sé si el noventa o el noventa y nueve, pero desde luego del noventa estoy seguro de que no baja, de las cosas que hay en el mundo, y de lo que nos enseñan en la escuela, es completamente inútil, cuando no perjudicial. Ya sé que les habrán argumentado que gracias a todas esas cosas inútiles se mueve la economía que es como decir que todo el mundo está ocupado y no se aburre. Como si para estar ocupado y no aburrirse se necesitasen esos desaforados consumos de energía. ¿No será más que suficiente cultivar el propio jardín? ¡Ay, de cuantas cosas se da uno cuenta cuando ya no le pueden aprovechar si no es para sentir vergüenza de sí mismo! Porque, ni una sola de todas las que hay en el catálogo de tonterías he dejado de cometerla. Supongo que fue por haber ido a una escuela convencional. 

domingo, 28 de enero de 2024

Sílex

Si no la que más, sí una de las palabras más veces usada a todo lo largo de la Ilíada es bronce. El bronce era por aquel entonces, tres mil años para atrás, la base del armamento, o  sea, de lo que siempre ha sido y será por los siglos de los siglos una de las grandes, si no la mayor, preocupación del ser humano: cómo poder matar sin ser matado. Nada ha propiciado tanto la inventiva. Y, desde luego que llegar al bronce no es moco de pavo. Primero dar con el cobre, luego con el estaño, y descubrir que mezclándolos se podía conseguir algo muy duro, aunque bastante quebradizo. Nada que ver con el hierro que tiene citas contadas en la Ilíada. Al parecer se usaba más que nada para degollar a los animales. Aquel hierro que debía provenir de los meteoritos. Y me puedo imaginar la obsesión de las mejores mentes del momento por dar con el procedimiento para extraer el hierro de las tierras. ¿Qué tierras eran las apropiadas? 

Un día me dediqué a informarme -lo que se llama erudición del conocimiento- sobre cómo había sido lo del descubrimiento de los metales. Es una historia muy turbia de la que es difícil sacar conclusiones. Mil años antes de Cristo, dos mil, tres mil, cuatro mil. ¿Cuándo se empezó a extraer el hierro de la tierra? ¿Cómo se podía labrar la piedra para las grandes construcciones de hace cuatro, cinco mil años, si no se conocía más hierro que el de los meteoritos? Un bien más escaso que el oro.

Ya les he contado que la erudición del conocimiento, que es acumular datos, de nada sirve si no has cultivado el arte de relacionar entre sí esos datos para extraer hipótesis más o menos interesantes. Porque, luego, ya, lo de la verificación de esas hipótesis es harina de otro costal. Pero así es como ha caminado la humanidad desde que aprendió a relacionar datos, apoyada en las hipótesis, que no por otra causa es que ese avanzar haya sido tan tortuoso, porque, como cualquiera puede saber por propia experiencia, la mayoría de las hipótesis que construimos son meras ilusiones. Aunque, muy de tarde en tarde, suena la flauta y nos topamos con un descubrimiento que trastoca lo que hasta entonces había sido el normal transcurrir de la vida. 

Ahora, en estos tiempos que corren, andan muchos sabios muy preocupados por esa flauta que ha sonado que llaman inteligencia artificial. Los coches no van a necesitar conductor y cosas así de inútiles, porque si lo coches ya lo eran en gran medida, no te digo, ya, si ahora van y le quitan a la gente el placer de conducir, porque sí, no se engañen, para la inmensa mayoría es un placer como hay pocos: la sensación de estar haciendo algo práctico mucho rato seguido. Y sin apenas cansarse. ¿Puede haber algo más gratificante? ¿Cómo va a llenar la gente ese hueco en el espíritu que le va a dejar la inteligencia artificial en funcionamiento? Con más pastillas, me imagino. 

Ese es, y ha sido siempre, el gran problema del progreso, que al facilitarnos la vida, de paso, nos la emponzoña. Y de ahí es que nuestros remotos antepasados se inventasen lo de Prometeo. Sí, no hay que hacerse ilusiones al respecto: todo lo que nos facilita la vida nos vuelve más estúpidos.  Así que no sé yo que coño falta nos hacía el descubrir el bronce. Y no digo, ya, el hierro. Para mí que nunca se debiera haber pasado del sílex. Al fin y al cabo, con el sílex se puede pulir la madera, que es lo que se necesita para fabricar guitarras. 

sábado, 27 de enero de 2024

Vapores nitrogenados

No es que me importe un comino todo lo que tiene que ver con el mundo de la política, digamos que institucional para diferenciarla de la que hacemos todos al convivir en la polis. En realidad, ya, hasta los más tontos del barrio se han dado cuenta que política institucional es un eufemismo de modus vivendi. Tú te metes en eso y te aseguras un miserable ir tirando que es a lo que único que pueden aspirar los inútiles con aspiraciones... o fatal arrogancia, por decirlo al modo de Hayek. Pero el caso es que andaba yo buscando unos vídeos de los Bygones, una pareja de jóvenes portentosos en la cosa de la música, y no puedo evitar toparme con el título de un video en el que Savater asegura que el periódico El País tiene una línea progubernamental. Por lo visto, según me han dicho, los de El País le han dado una patada en el culo, precisamente, por hacer este tipo de comentarios. 

A Savater le admiré mucho en tiempos, pero ya hace tiempo que empecé a tener reticencias respecto de él. Aquella insistencia en todas sus entrevistas en que había pasado unos días en chirona cuando lo de Franco, me parecía de un cutre impropio de una mente privilegiada... que no lo debía ser tanto, porque, de lo contrario, ¿cómo ha tardado tantos años en darse cuenta de que El País tiene una línea progubernamental? Es decir, siempre y cuando gobiernen los socialistos, así llamados por ser los más listos entre los socialistas de todos los partidos. No, para mí que este hombre ha tenido la cabeza un poco obnubilada por los vapores del nitrógeno inherentes a la digestión de los típicos chuletones que se comen en los caseríos vascos.  De otra manera, me es imposible entenderlo. 

En realidad, lo normal, y sobre todo espiritualmente sano, debe ser que con los años uno se vaya decepcionando de las admiraciones de la juventud. A esas edades todos somos víctimas de la moda por aquello de que nos ayuda a sobrellevar la natural inseguridad. Y, Savater, brillante como pocos, era la moda. La moda socialdemócrata, bien sure. Si hubiese sido algo más que moda nos hubiese hablado de la escuela de Salamanca, y de la austriaca, no por nada, sino porque hubiésemos tenido la oportunidad de comparar y extraer nuestras propias conclusiones. Pero no, él era la típica trampa del outsider dentro del sistema. No creo que haya habido nunca gente tan perniciosa. Porque, por lo general, ni ellos mismos, por los vapores del nitrógeno o lo que fuera, son conscientes de que son lo que son, que no es precisamente lo que se creen que son. 

No sé por qué, pero le veo esa cara que tiene y me da pena. No es la cara de un filósofo, desde luego. Y menos de un filósofo epicúreo, como a él le gusta definirse. De serlo, se daría los festines con un trocito de queso y no con un chuletón de quilo como a la vista está que lo hace. Es lo que tiene el haber sido tan admirado, que hace olvidarse de los debidos sacrificios a los dioses, que, a la postre, es lo único que hace que nos concedan sus favores. 

En fin, vaya usted a saber. 

viernes, 26 de enero de 2024

Chinos

Nada más salir del portal, tuerces la esquina a la izquierda y, a menos de veinte metros, tienes un bazar chino que en la zona que da a la calle es una frutería. Lo llevan entre una madre por los sesenta y tantos, muy dicharachera, aunque no se la entiende nada, y un hijo por los treinta que no dice ni mu. Suelo comprarles por la comodidad y por el precio. En lo que es el bazar no veo movimiento, pero en la frutería sí, sobre todo los domingos y días de fiesta. Mayormente clientela hispana. El caso es que no les debe ir mal porque por septiembre cerraron un mes y se fueron a China según pude colegir de las explicaciones de la madre que nunca son muy fiables dado el embarullamiento fonético y sintáctico. En cualquier caso, la señora debe ser un águila de las que sobreviviría aunque hubiese un invierno nuclear. El otro día me paró por la calle toda sonriente para enseñarme el brazao de yerbas que había pillado por sabe dios dónde, porque por por estos alrededores solo hay polígonos industriales. Me parecieron dientes de león y por el estilo. Pensaba cenarlo y me trató de explicar cómo se preparaba. Solo un breve hervor, creí entender. 

Siguiendo la calle adelante, a menos de cincuenta metros, hay otro bazar chino gestionado por padre, madre, hijo e hija. Puedes apostar que no hay nada que necesites que no encuentres allí. Seguramente tiene más de mil metros cuadrados, así que es fácil perderse por el laberinto de estanterías. El padre está en la caja y el hijo, a la entrada, te resuelve las dudad al instante. Es gente amable y muy discreta. A los padres los suelo ver al anochecer caminando ligeros por el muelle del Pesquero. Pasan de largo como si no te conocieran, lo cual que me parece una buena táctica porque si se dedicasen a saludar a todos los que entran en el bazar no acabarían nunca. Pero, desde luego que me conocen; lo pude comprobar el otro día por la mirada torva que me echó el padre cuando le pillé justo cuando salía de un garito de juego. Tiene que ser terrible tener esa adición y vivir en este barrio. Porque hay garitos para dar y tomar. Y a juzgar por su aspecto les debe ir viento en popa. Y, luego, los clandestinos, como el bar justo enfrente del portal, de unos chinos también, en el que raramente se ve entrar a alguien, aunque hasta bien entrada la madrugada se ve luz tras las cortinas del altillo. Es todo un misterio, pero según una vecina que es un lince no puede tener otra explicación que las timbas. 

Ahora que para linces los chinos de la frutería que hay,  girando la esquina a la derecha, cincuenta metros más allá. Tiene una fruta y verduras de primera calidad, aunque hay que pagarlo. Pero tiene la ventaja de que de ocho de la mañana a doce de la noche, los trecientos sesenta y cinco, o sesenta y seis, días del año, puedes contar con ellos. Y cosa curiosa, son tremendamente dicharacheros. A nada que te descuidas, te pillan y no hay forma de desengancharse. La mujer, sobre todo, es de un liberal que ni Milei. 

Lo curioso de esto de los chinos es su adaptabilidad a las circunstancias. Cuando empezaron a venir a España, su negocio eran los restaurantes. Tenían clientela, por la novedad supongo. Pero al poco, me imagino que instigado por la mafia de la hostelería local, empezaron a circular bulos muy del gusto de la chusma. Que si en el barrio en el que se instalaba un restaurante chino empezaban a desaparecer los gatos. Que si nunca nadie había visto el entierro de un chino... se insinuaba que acababan siendo la carne del chop suey. La maledicencia corrió como un reguero de pólvora hasta llegar hasta los mismísimos proscritos de Alar que tomaban aquellos bulos como si fuesen artículos de fe. Y así fue que desapareció aquella profusión de restaurantes, en este barrio no hay ni uno, y aparecieron los bazares y las fruterías. Personalmente, he sentido su desaparición, porque la comida china me parece mucho más afortunada que la nuestra. Cuando vivía en Barcelona frecuentaba un Pato Pekín que había en el puerto olímpico que era una pasada. Era donde los chinos celebraban sus bodas. Recordaba mucho a lo que vimos en algunas de las películas de Ang Lee, como Comer, beber y amar, o Banquete de bodas. Los chinos, como solo celebran cuando hay algo que celebrar, entonces, tiran la casa por la ventana. En fin, en cualquier caso, una pena que no haya un restaurante chino por aquí, porque de haberlo, de vez en cuando, un día tal como hoy, que no me apetece nada cocinar, les compraría la comida muy gustoso. Porque siempre me sentó muy bien. 

jueves, 25 de enero de 2024

Literatura

Se empeña María en que lea un relato de un escritor americano que tuvo su predicamento a mediados del siglo pasado. Es de esos relatos canónicos, es decir, escrito como enseñan en las universidades americanas que hay que escribir. O sea, irreprochable. Por lo demás se trata de una familia acomodada que está veraneando en su casa de una de esas islas de lujo que hay por el noreste de EEUU. Madre y cuatro o cinco hijos con sus respectivas descendencias. Uno de los hermanos, por los cuarenta o así, conserva todo el esplendor de la adolescencia y así es que le parece fatal, y lo dice, todo lo que hacen su madre y sus hermanos y hermana. El padre se había ahogado años antes mientras practicaba la vela. El caso es que al chico no le faltan motivos para estar encabronado porque todos los usos y costumbres de su familia son los típicos de la burguesía decadente: mucho alcohol, mucho orgullo de casta y, sobre todo, mucho vivir en el pasado. En definitiva, como suele pasar en la mala literatura, la que, como dice Sostres, le gusta a las chachas, se exagera mucho el carácter del chivo expiatorio. Es bastante ridículo porque esa misma sensación de inadaptabilidad y desprecio se puede conseguir de mil maneras más sutiles. Pero los americanos son así, si al final no hay violencia liberadora no se vende el producto. 

Confieso mi simpatía por el inadaptado, por más que comprenda que es un redomado necio. Aunque, por supuesto, mucho menos necio que el resto de los personajes, tan normales ellos. Conozco bien esos ambientes de normalidad que en su día me horrorizaron e impulsaron al autoexilio. Fue el contacto con el mundo el que me hizo comprender que esas casas de veraneo en las que las familias se recuecen en sí mismas esperando a que llegue la hora del aperitivo, que al final son todas las horas, son la confesión de una impotencia para vivir. Están descansando de un año de trabajo, me dice María. Ya comprendo, pero ese tipo de descanso es como cobrarse un anticipo del paraíso. Néctar y ambrosía por un tubo. Para una persona que está viva, descansar será cambiar el muermo de la rutina por el stress de la aventura. Pero, una rutina por otra, ¡ya me dirás tú que descanso puede ser ese! 

El chaval inadaptado que hace de chivo es inverosímil. A esa edad, por muy tarado que se esté, como yo, por poner un ejemplo, ya se ha aprendido a hacerse a un lado. Porque eso de ir a hacer de espejo en el que pretendes que todos se vean muy feos es de todo punto inútil a la vez que demasiado trabajoso. La gente, familia sobre todo, que está amontonada no se ve en los espejos como de sobra sabemos desde que leímos Drácula. En fin, allá cada cual con sus colmillos.

miércoles, 24 de enero de 2024

Multiservicios

Ayer me tocó acompañar a los albañiles que están arreglando un piso a mis hijas. A las nueve me recogieron, aquí, al lado de casa, para ir a Leroy Merlín. En la típica furgo gitana, o sea, llena de mierdas hasta los topes. Multiservicios que le dicen. Con la sintonía de el bueno, el feo y el malo, sonando cada sí y cada no. Leroy era una fiesta. No hay mejor signo de que la cosa, digan lo que digan los perdedores, está marchando. De repente, a todo el mundo le ha dado por querer arreglar su nido. Pisos, portales, fachadas, la ciudad está adquiriendo un aspecto cada vez más señorial. Así que no es de extrañar que, en un día cualquiera de enero, pululen por el centro neurálgico los rebañitos de turistas escuchando atentamente a su monitor. Y es que, claro, al aspecto señorial, hay que añadir la benignidad del clima y, por si eso fuera poco, un par de historias catastróficas que en el pasado arrasaron la ciudad en plan el coloso en llamas. A ver quién es el guapo que no va a escuchar eso con atención. Resumiendo, que todo son nichos de empleo. Uno no para de sorprenderse; aquí en el barrio, el local sórdido de ayer, de repente se ha convertido en club de baile caribeño que se anuncia con un mural deslumbrante en el que muestran su nunca apagada alegría Celia Cruz, Rubén Blades y otras estrellas inmortales. O aquel tabuco, largo ha clausurado, que era nido de basuras, es ahora una tienda de artículos para pescadores que se anuncia con un rutilante cartelón en el que junto al nombre, Tinta y Escamas, se ven unos calamares y peces, todos sonrientes. Sin duda, hay en la ciudad mucho artista del mural. Y no hablemos, ya, de sitios para hacerse las uñas y afinarse el cutis. O todos aquellos baruchos que no decían nada, ahora, pintados, con sus cenefas de luces de colores, su musiquilla caribeña, parecen representaciones del paraíso hallado de Milton. Así que hay que verlos un sábado a la  caída de la tarde... hay allí carne envasada al vacío para dar y tomar. 

Ya ven, esta ciudad que siempre fue un muermo, con sus señoritos estirados... del culo cagao, que les decían, es ahora, un hervidero de actividad por obra y gracia de una renovación de la sangre que corre por sus calles. Es lo que tiene el que la gente del lugar de toda la vida prefiera los perros a los niños, que se va haciendo un hueco que otros vienen a llenar. Y no hay gente con más ganas de vivir y reproducirse que la que lo ha arriesgado todo para buscar mejor vida. A esos no se les pone nada por delante. Son el huevo que eclosiona al calor de las cenizas de los que se quemaron de tanto ir a la playa, pasear al perro y tomar vinos a diario. Así es toda la historia de la humanidad: unos se apagan y otros se encienden. Y la vida sigue igual. Con multiservicios a tutiplén. 

martes, 23 de enero de 2024

El honor

Hay un director de cine americano, Sam Peckimpah, cuyas películas se caracterizan porque la sangre salpica al espectador. Es la violencia llevada al extremo. Su recreación como pretendido arte. Conseguir eso con imágenes en color, tampoco creo que sea algo del otro mundo. A la que ves media docena de esas imágenes ya te dan risa; es como si estuvieses embadurnando la hamburguesa con kétchup. Otra cosa es conseguir salpicar con la escritura. Ando ahora por esa parte de la Ilíada en la que Aquiles se decide a entrar en la lid para vengar la muerte de Patroclo, su amigo del alma. Hay un largo preámbulo para ir calentando motores. La forma en que depone su cólera por lo de Briseida; el río de lágrimas que vierte sobre el cadáver de Patroclo; las armas que Hefestos le fabrica por encargo de su madre Tetis; el consejo de Odiseo de que coma algo antes de lanzarse a la lucha y su negativa, todo muy bien argumentado; la rayita de néctar y ambrosía que le proporciona Atenea para que no note los efectos del cansancio... hasta que el lector ya no puede aguantar más las ganas que tiene de verle entrar en acción. Pero todo llega y, entonces, es la mundial, como se suele decir. Porque Aquiles no mata, como pasa en el cine, seres anónimos; no, va uno por uno, personajes con su historia, su linaje, su procedencia, su status y, luego, la descripción minuciosa, con todos los detalles anatómicos, de por donde le entra la lanza, por donde le sale, lo que se siente al ser atravesado, las vísceras que se escapan por las heridas... Y a por otro y a por otro y a por otro. Sin piedad. Si alguno abraza sus rodillas implorando clemencia, aprovecha que esté en esa posición para mejor segarle la cabeza de un tajo. Y, entonces, la sangre brota como de un surtidor por las arterias del cuello. Sorprende la cantidad de anatomía que se conocía en aquellos lejanos tiempos. A partir de esta matanza, los acontecimientos se precipitan; es imposible meter más tensión narrativa que la que hay en las últimas cien páginas de la Ilíada. Más o menos, todo el mundo sabe lo que pasa. Porque es una historia contada millones de veces de todas las formas habidas y por haber. 

Y todo porque una paya, que estaba muy buena, eso sí, decide abandonar a su marido e irse con otro. El honor, ese sentimiento que tantos quebraderos de cabeza ha dado a la humanidad. En realidad, si bien se mira, el honor no es sino desprecio de la vida o, dicho de otra manera, una pulsión suicida. Los duelos. A tota ultrança, como repiten mil veces en Tirant lo Blanc. Ahora tengo a Casanova reponiéndose de las averías que le ha proporcionado el duelo que ha mantenido con un tipo, príncipe, por supuesto, por unas palabras delante de una tía que han sido interpretadas como desprecio. Una chorrada de esas que cualquiera hubiese resuelto con un dar la espalda a la vez que pronunciando un ¡que te den! Pero, así son las cosas: para el que no está bien en la vida, cualquier excusa es buena para morir. Y es que es muy complicado eso de estar bien en la vida. 

lunes, 22 de enero de 2024

Extrema derecha

Perdonen que vuelva a la carga, pero es que se me revuelven las tripas si no lo hago. Resulta que hace unos días hubo una votación en el parlamento europeo para decidir si se hacían públicos los contratos que firmó el gobierno de la unión con la industria farmacéutica para el suministro de vacunas. Los dos partidos mayoritarios, digamos que lo que aquí son populares y socialistas, votaron en contra. Así que la negativa a hacerlos públicos fue por inmensa mayoría. Así está el patio, como si esos políticos hubiesen pagado de su bolsillo las vacunas y por tanto no tienen por qué dar explicaciones a nadie. Yo sé que a la mayoría de los vacunados le parece de perlas que no se hagan públicos no vaya a ser que la mosca que tienen adormecida tras la oreja vaya a despertar y no les deje dormir. Así ha sido siempre la psicología humana y por eso fue que se inventó el símil del avestruz que mete la cabeza debajo del ala. 

A mí, perdonen, pero me parece monstruoso que, no ya que se niegue la publicación, sino, incluso, que se debata en el parlamento. ¿Pero qué pasa aquí, que papá y mamá deciden lo que se puede y no se puede decir a los niños? Esos supuestos medicamentos los hemos pagado nosotros y nadie se tendría que meter por medio para decidir nada. Pero es que, además, es una decisión de idiotas, porque esa negativa no puede sino redoblar las sospechas de que el gato encerrado es cada vez más grande. Y, por otra parte, como no se cansaron de repetirme mis padres, lo que no quieras que se sepa no lo hagas, porque, y esto lo dijo Don Quijote, la verdad nunca quiebra y siempre acaba quedando por encima de la mentira como el aceite sobre el agua. 

Porque es que, además, se da la circunstancia de que cuando empezó el circo de la pandemia, un grupo de profesores universitarios y científicos de prestigio, todos ellos, por supuesto, de extrema derecha, ¡cómo no!, decidió fundar un instituto que llamaron Brownstone, que ahí sigue dando la matraca para desesperación de la gente de bien. Y resulta que hace unos días publicaron un trabajo de unos investigadores alemanes en el que parece demostrarse lo que muchos habíamos sospechado desde el principio. O sea, que, si no la mayoría, gran cantidad de gente fue inoculada con suero fisiológico. Porque, si no, búsquenme una explicación a lo que ha demostrado un trabajo hecho en Dinamarca: de los inoculados con un lote de vacunas hay un diez por ciento de afectados con graves efectos secundarios, otro lote un 0,8% de afectados y, otro lote, cero patatero de efectos secundarios. ¡Átenme esa mosca por el rabo! 

Pues sí, no les quepa duda de que la verdad de todo esto acabará por salir a la luz porque cada vez hay más gente de extrema derecha trabajando en el asunto. Y ya saben cómo es esa gente de fanática y tenaz. Así que, amárense los machos porque lo peor de todo en esta vida es que te tengan que sacar la cabeza de debajo del ala a patadas en el culo. 

domingo, 21 de enero de 2024

Els catalans

Ya voy dominando a mi manera el solo de guitarra del "Nunca vas a comprender" de Rita Payes y su madre Elisabeth Roma. Como pasa con cualquier cosa una vez que es aprendida, la sensación es de que la dificultad no era para tanto. Ahora, tardaré una buena temporada en conseguir que me resuene por dentro cuando lo toque. Hasta que no necesite tanta concentración. Ya veremos... si es que está de Dios concederme ese privilegio. 

Pero a lo que quería ir yo es a lo de Rita Payes, Andrea Motis, dos de los genios salidos de la escuela de música fundada por Joan Chamorro en el barrio de Sant Adreu de Barcelona. Ahí están los medios de comunicación venga y dale con la matraca catalana, como queriéndonos dar a entender que Cataluña es esa purria que representan sus políticos. Sin embargo, en mi opinión, nada representa tan bien lo que es ese país, o rincón de España, o como a cada cual se le ponga en la punta del nabo considerarlo, como esa escuela de Sant Andreu. Viví muchos años en Barcelona y tuve el privilegio de asistir a las clases de música del Celeste. Yo era un mal alumno porque era ya muy mayor, no estaba dotado y encima fumaba porros. Pero me quedaba la suficiente sensibilidad para darme cuenta de que aquello era muy especial. Los métodos pedagógicos empleados te permitían hacerte una idea global de la música, más o menos, como la que te da el Doctor Faustus de Thomas Mann que leí por entonces y pude comprender gracias a lo que estaba viviendo. Pues sí, para mí Cataluña es eso, una clase media, un poco sinvergüenza si quieren, pero bastante cultivada y con una intuición para lo innovador envidiable. Y, sobre todo, un estilo. En Cataluña, no sé ahora, pero en la que yo conocí eran impensables estas concentraciones de jóvenes, y no tanto, que se producen en el resto de las ciudades españolas al atardecer en las que se conocen como zonas húmedas, una verdadera desgracia nacional se mire como se mire. No, en la Cataluña que yo conocí era de pésimo gusto lo de la famosa socialización a la española... y yo me identificaba al cien por cien con eso. 

En fin, Rita Payés y Andrea Motis, dos divas antidivas. O a la catalana. Como el que no quiere la cosa. Personalmente, me quedo con ese estilo. 

sábado, 20 de enero de 2024

Moda chanchullo

Hace años una librería de viejo en una pequeña ciudad era una excentricidad. En ésta, seguramente había alguna, pero yo lo desconocía. Ahora, sin embargo, surgen como hongos. Cuando estoy a punto de acabar un libro, me doy una vuelta por las que tengo más a mano en busca de material. Uno, suele costar cuatro euros, pero, si llevas dos, son seis, y si tres, ocho. Y cosa curiosa, raro es el día que cuando estoy pagando, o charlando con el dependiente, generalmente propietario, no venga alguien con una bolsa llena de libros para deshacerse de ellos. Y es que eso de blasonar de tener treinta y cinco mil volúmenes, como oí el otro día a un escritor de bestsellers que tiene el pico muy largo y nunca se apea de los platós televisivos, es, a mi juicio, sencillamente, una horterada. O estar fuera de onda, porque ya nadie se cree que el que tiene muchos libros es una persona muy sabia. Comprendo que hay unos cuantos, un par o tres de docenas, que viene bien tener siempre a mano, como la Biblia y así. Y luego, claro, los que tienen que ver con el propio trabajo, libros técnicos que siempre hay que estar echando mano de ellos. Llegué a tener un montón de ese tipo, de los otros ya me había deshecho, y todavía recuerdo la satisfacción que experimenté el día que vinieron unos jóvenes a casa a llevárselos. Ya no me servían para nada, entre otras cosas porque ya había dejado de creer en la religión de la ciencia para pasarme a la de la música y el zascandileo. Aunque llamar ciencia a la medicina es, cuanto menos, un atrevimiento. 

Así las cosas, lo que es evidente es que hay un cambio de chip a escala mundial. Lo que era excentricidad hace cuarenta años ahora es buen gusto. Paradójicamente, no hay peor gusto que dedicarse a acumular objetos de los considerados como de buen gusto. Por fin, hasta la chusma ya ha empezado a comprender que es muy delgada la línea que separa el ornamento del delito... que dijera Adolf Loos, también austriaco él. Porque, por si todavía no se han dado cuenta, les diré que ya llegó el momento austriaco. Es la cosecha de lo que se plantó en aquella Viena de entresiglos. XIX/XX. Porque el mundo de las ideas no es como el de los trapos. Poner unas ideas de moda cuesta siglos, pero, también, después, se mantienen durante siglos en el candelero. 

Por eso, porque ha llegado el momento austriaco, es que abres Youtube y te encuentras con que la mitad de los vídeos están dedicados al discurso que hizo Milei el otro día en Davos. Un discurso que trajo esperanza a muchos y también terror a otros muchos. Ese discurso era austriaco. Como lo es deshacerse de lo inútil. Desde luego que va a costar acostumbrarse; incluso a los que están esperanzados, porque, como dice el refrán, una cosa es predicar y otra dar trigo. Y, también, a los esperanzados con lo que se anuncia, les va a costar aceptar que la mayoría de las cosas que tienen son inútiles. Caerse del caballo camino de Damasco es doloroso siempre. ¡Pero, ay de aquel que nunca se cae! Más le valiera atarse una rueda de molino al cuello y arrojarse en el primer pozo que tuviese a mano. 

Concluyendo, que pido a los dioses omnipotentes que esta sea la primera vez en la historia en la  que no se necesite una guerra para implantar la nueva moda ideológica... aunque lo de nueva moda no sea, siempre, más que un eufemismo de la vieja que se andaba añorando. Como pasó con aquellos pantalones que se decían de pata de elefante; cuando los vio mi padre, dijo que cuarenta años antes a esos pantalones les llamaban moda chanchullo... que es lo que son todas las modas. 

viernes, 19 de enero de 2024

Corot

Comprendo que viaje el que no tiene sensibilidad, dice Pessoa. Difícil entender que se quiere decir cuando se dice sensibilidad. Hasta que, coges, agarras y te pones a leer a Azorín. Entonces te das cuenta de que sensibilidad es saber diferenciar los detalles de lo que tienes delante. Cuando Azorín, expulsado de España por la guerra, se instala en París, pasa largas horas en el Louvre. No se cansa nunca de contemplar los paisajes de Corot, un paisajista francés del XIX que, según Azorín, trasforma la naturaleza para extraer su espíritu; para mostrar lo que hay de latente y esencial en el mundo. Y todo ello sin violentar la realidad. Es una transformación perfecta, grado a grado, que va modificando la materia visible hasta conseguir una sensación de reposo. Dice que, cualquier tela de Corot nos aplaca los nervios encalabrinados. Los seres humanos, puestos en esos parajes, por fuerza han de ser felices. 

Todo eso que dice Azorín acerca de la pintura de Corot, pienso que se le podría aplicar a él cuando describe los paisajes. Para mí ha sido un descubrimiento que me está arreglando la vida. Cuando al atardecer busco el sosiego que me va a permitir conciliar el sueño tan pronto me meta en la cama nada mejor que un poco de Azorín. Entonces, es como cuando me iba en la bicicleta por los paisajes castellanos ¡cómo los añoro! que regresaba a casa con todas mis necesidades cubiertas. Con Azorín es como si estuviese paseando por los paisajes castellano-levantinos. 

"La cañada se abre en amplio collado. Entre el follaje, allá al fondo, surge la casa con sus paredes blancas y sus techos negruzcos. Comienzan las plantaciones de almendros; sus troncos se retuercen tormentosos; sus copas matizan con notas claras la tierra jalde. El collado se dilata en ancho valle. A los almendros suceden los viñedos, que cierran con orla de esmeralda el manchón azul de la laguna. Grandes juncales rompen el cerco de los pámpanos; un grupo de álamos desmedrados se espejea en sus aguas inmóviles."

Lo que yo daría por saber pintar así. Por tener esa sensibilidad. En cuyo caso no hubiese necesitado pasar la vida de la Ceca a la Meca buscando desesperadamente algo diferente que me pudiera calmar el ánimo atormentado. Bueno, en las llanuras castellanas pienso que encontré algo de eso. Lo mismo que ahora lo siento cuando al anochecer me siento en el paseo de la dársena del Pesquero y veo todo ese juego de colores que aparece sobre las tenues ondas al encenderse las luces. He tenido que llegar a muy viejo para darme cuenta de que es la percepción de esas bellezas todo lo más que uno puede esperar de la vida.   

jueves, 18 de enero de 2024

Davos

Ayer Davos volvió a estar en el centro del mundo gracias a que un muchacho, creador de contenidos, colgó en las redes un vídeo falso tan perfecto que se lo tragaron millones de personas. En él se veía al citado muchacho, un tal Damon Imani, dirigiéndose a los asistentes al Foro Económico Mundial y particularmente a su presidente y junta directiva a los que mandó a tomar por el culo e invitó a desaparecer y dejar que la gente siga su curso sin salvadores que vengan a complicarles la vida. Si quieren, tienen fácil ver ese video que tiene su gracia. Googlean, Damon Imani, Davos, y ya lo tienen a su disposición. 

Ayer, también, en el mismo foro de Davos, se explayó Milei, el flamante presidente de Argentina. Es probable que nunca una conferencia sobre economía y política haya tenido tanta audiencia. Fue una síntesis de todo lo propuesto por la que se conoce como Escuela Austriaca de Economía. Nunca, desde luego, se había planteado en un foro lleno de lideres mundiales una demonización del Estado tan bien argumentada. Ni el mismísimo Rothbard lo hubiese bordado de tal modo. En cualquier caso, una cosa es segura, a partir de ese discurso, ese foro ya nunca será lo que ha venido siendo, un nido de aprendices de brujo. Los globalistas que allí conspiran, será mejor que, en adelante, sigan el consejo de Damon Imani y se vayan a tomar por el culo.  

En realidad, Davos nunca, desde que Thomas Mann escribiera La Montaña Mágica, ha dejado de estar en el centro del mundo. Allí, en un sanatorio antituberculoso, se hace un recorrido por todas las formas posibles de contemplar el universo. Settembrini, un humanista progresista, partidario de la acción, enfrenta sus argumentos a los de Naphta, un ferviente admirador de Miguel de Molinos y, por tanto, un quietista. Claro que, decir humanista progresista, quietista, o cualquier otra palabra con las que se trate de abarcar el todo de una forma de pensar es una solemne mamarrachada. Settembrini y Naphta llenan media novela con sus discusiones ideológicas y, la conclusión que uno saca al leerlas es que los dos tienen el típico chocho mental que acompaña a todos los intelectuales. Cualquier carpintero o albañil sabe y hace por sus congéneres mil veces más que ellos. 

Personalmente, me quedo con Miguel de Molinos al que, en mi opinión, el tal Naphta no había sabido cogerle el punto. La que se lo cogió bien fue María Zambrano que fue la que me llevó hasta él y su Guía Espiritual. Pero éste es un asunto en el que no voy a entrar ahora, porque el quietismo es, precisamente, no entrar en argumentos por estar convencido de que todos son falsos... que mira que hay que estar ciego para no darse cuenta.   

En fin, Davos, La Montaña Mágica, allí van las personas y sueltan la lengua pensando que se van a trascender. ¡Sancta simplicitas! Tiene aquello menos trascendencia que cuando bajas Ebro abajo por los meandros de Valderredible y vas escuchando todo el rato el parloteo que se traen entre ellos los jilgueros y malvises. Ahí sí que es donde Dios se muestra en todo su esplendor.   

miércoles, 17 de enero de 2024

Desfachatez

 Ayer, o anteayer, que ya no sé, porque, como decía aquella canción, el tiempo pasa que es un primor, hubo un debate de una hora justa en el parlamento británico acerca del exceso de muertos que se viene produciendo de un tiempo a esta parte. Exceso, cuyo comienzo, todo hay que decirlo, muestra una rara coincidencia con el momento en que se empezó la vacunación masiva contra lo que llaman covid. Sea como sea, la ministra de sanidad se aferró a su coartada para exonerar al gobierno de toda responsabilidad en el desastre. Porque es que, además, ese exceso de mortalidad no es debido a los viejos, sino, más bien, a gente por la media edad e, incluso, jóvenes. Dice la susodicha, que como consecuencia de los confinamientos se suprimió la gripe y que, hora, al haber vuelto los contactos, pues eso, que la gripe se está cebando. Sin duda la ministra ha visto mucha serie cómica que ya saben en qué consisten todas: en intentar tapar una mentira absurda con otra que lo es mucho más. No hay nada que produzca más risa, aunque lo que se intente tapar con ello sea una tragedia. La desfachatez, en llegando a ciertos límites, es la clave de la comedia que gusta al populacho. En cualquier caso, Andrew Bridgen, el actual quijote inglés no se arredra ante los molinos de viento y ya tiene solicitado un debate de tres horas en la cámara de los comunes. Lo espero con impaciencia, porque ahí si que nos vamos a partir todos de risa. A ver que se inventa entonces la ministra... que mira que los ingleses son buenos para las comedias. Los mejores sin duda. 

Ahora que, para gordo, lo que está pasando en Alemania y países colindantes. Eso es una insurrección en toda regla que es inevitable que traiga cola. Porque el caso es que los insureccionados son gente que sabe hacer su trabajo que, es, nada más y nada  menos, conseguir que todos tengamos comida en nuestros platos a las horas de costumbre. Desaparecieran todos los oficios menos los agricultores y albañiles y prácticamente ni lo notaríamos. Incluso puede que mejorásemos nuestra calidad de vida. Refugio y comida, ¿qué más se necesita para una buena vida? Pues sí, ellos están hasta las pelotas de que los señoritos de la ciudad les digan cómo tienen que hacer su trabajo. Los señoritos de la ciudad, o sea, los funcionarios, esos parásitos que por la mañana comen papel y por las noches acuden a los bailes de vampiros. Y su número no cesa de crecer. Cuando yo empecé mi ejercicio profesional, 67 del siglo pasado, en el hospital de la ciudad había 12 jefes y cuarenta internos haciendo la especialidad. Y la población no parecía estar menos atendida que ahora. Al menos no se escuchaban quejas. Hoy hay quejas para dar y tomar y en el hospital de la ciudad hay 1.300 médicos en plantilla. Y ¿saben qué? Todo eso sobre las espaldas de los agricultores que, si se ponen malos, que Dios se apiade de ellos porque pueden pasar meses e incluso años antes de ser atendidos... es el precio de no tener contactos con los señoritos de la ciudad. 

Pero lo más curioso de todo es que la gente del común de aquí no tiene la menor idea de todo lo que está pasando por ahí. La manipulación de la información es apabullante. Se pasan el día informando de las rencillas que mantienen entre sí los señoritos de la ciudad. Rencillas por ver quién de ellos es el que más puede robar. Y a la gente le encanta saber de eso porque así no se enteran de lo que les concierne que, eso, sí que quita el sueño. 

Ayer estuve escuchando la perorata que se largó Nazaret Martín, la Marcela de Torre Don Miguel. Dejó meridianamente claro que la pertenencia a la comunidad europea nos está perjudicando. Y abogó por la salida inmediata. Y no piensen que Marcela habla por hablar. Lean el Quijote y entérense de que va la cosa. Una pastora con estudios es cosa seria. Porque, mientras cuida las cabras, tiene muchas horas para pensar con el fundamento que le dan los estudios. Pura dinamita revolucionaria. 

Así están las cosas y, uno, en la pequeñez de sus últimos días no puede hacer otra cosa que lanzar un suspiro de alivio cada fin de mes al comprobar que han vuelto a ingresar el importe de la pensión... hasta cuándo, me pregunto siempre, va a resistir el sistema. Todo, pura desfachatez. Sin la menor gracia.