viernes, 31 de mayo de 2024

Entretenimiento morboso

He decidido publicar en Amazon el relato de los días aciagos del confinamiento de marras cuyas causas sigo sin entender. Lo voy a titular "Tiempos de pestilencia políticamente inducida". En realidad, no tengo que devanarme mucho los sesos ya que, por aquellos días, escribí largo y tendido sobre la miserable cotidianidad impuesta por la fuerza, no la de los acontecimientos, sino la del Estado opresor. El caso es que al releerlo me doy cuenta de que, si bien con un punto de amargura, me lo tomé bastante a chanza. Más o menos como pasa con los esperpentos, que, en la práctica, no otra cosa fue aquello. 

Lo realmente maravilloso de todo esto es la parsimonia con la que una parte de la población, no sé hasta qué punto mayoritaria, sigue creyendo, que no pensando, que todo aquello fue conforme a derecho, a la ciencia y, sobre todo, al sentido común. Y no menos maravilloso es el soterrado y persistente status social de renegados que alcanzaron los que no se creyeron el embeleco. Aún hoy día, los que rehusaron la inmunización artificial, tienen grabado a fuego un label de patibularios con permiso carcelario. Ya saben, se les acepta porque la religión dominante tiene entre sus más queridos preceptos el de la tolerancia a "tota ultrança", por decirlo al modo caballeresco. Pero, ¡ay, el recelo! Eso, a duras penas se puede disimular. Yo lo entiendo, porque es muy doloroso reconocer el haber tenido una equivocación tan necia que te podía haber llevado por delante. 

Lo voy a publicar, digo, convencido al casi cien por cien de que nadie lo va a leer, pero tampoco es que yo pretenda lectores; por lo que lo hago es porque pienso que en los tiempos venideros los investigadores de la historia recurrirán a los archivos de Amazon, más, incluso, que a los de las bibliotecas nacionales y a los de las demás instituciones estatales. Por así decirlo, Amazon desoficializa el sentido de la historia. Los Estados van a tener que inventar otros procedimientos para lavar el cerebro de las masas.  

En resumidas cuentas, que voy a estar entretenido con este morbo unos cuantos días... o meses, siempre y cuando, si es que Dios quiere. 

  

jueves, 30 de mayo de 2024

Ratio et prudentia

Uno no se explica de dónde sale tanta gente. Es como si Santander se hubiese convertido en una especie de Meca de la religión del buen gusto y la buena vida. Y hay que reconocer que, si hace un día como el de ayer, poco más se le podría pedir al clima y al paisaje para aproximarse a los que se le supone al paraíso. Cruzamos la bahía en la barca, que no es la de Caronte, aunque a veces, si te fijas en las edades de la mayoría de los pasajeros, lo parezca. Al otro lado, la estación balnearia que, fuera de temporada, también se parece al campo de asfódelos, ya saben, donde reposan las almas de los que fueron justos. ¡Dios mío, todo lo que ha construido el ser humano con la única finalidad de apaciguar las ansias que le procura el ocio! 

Íbamos por el bosque hablando de Baroja, Azorín... pareciera que la querencia de los tiempos nos hubiese llevado a todos hacia las lecturas libertarias. No es extraño que esos autores hayan sido arrumbados, porque se compaginan muy mal con las falsas verdades que rigen los destinos del mundo en los momentos que corren. 

Pensando en estas cosas uno cae en la cuenta de que cuando se empieza a diferenciar el ocio del negocio todo se va al carajo. Para un libertario no hay mejor ocio que enfrascarse en el negocio. Baroja y Azorín se iban por ahí de viaje a recoger datos e impresiones que luego serían el armazón de su próxima novela. Es impensable imaginarlos tumbados al sol en una playa cual muertos vivientes, que dijera Poirot. Personalmente, no puedo imaginarme tormento mayor para una persona adulta que el de pasarse un mes en una de estas estaciones balnearias, playa, siesta, comida y, acaso, un poco de literatura para chachas. ¿Qué sentido tiene todo eso? Quizá el de añadir frustración a la frustración por tal de tocar fondo que, sabido es, es la única terapia a la que reacciona el necio. 

En fin. allá cada cual con sus proyectos de vida, pero que, después, no me vengan con cuentos. Que ya lo dijo el poeta hace muchos años: "Ratio et prudentia curas, non locus effusi late maris arbriter, aufer."

(Es razón y sabiduría lo que disipa nuestras penas y no los lugares desde los que se divisa la extensión de los mares)

miércoles, 29 de mayo de 2024

Haikus

Creo recordar que fue Rilke, un poeta, el que dijo: "Una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad. En esa índole de su origen está su juicio: no hay otro". 

Carlyle, por su parte, añadió: "Poetry, therefore, we will call musical thought. The poet is he who thinks in that manner. At bottom, it turns still on power of intellect; it is a man´s sincerity and depth of vision that makes him a Poet. See deep enought and you see musically; the heart of Nature being everywhere music, if you can only reach it.!

(A la poesía, por tanto, la podemos llamar pensamiento musical. Poeta es el que piensa de esa manera. A la postre, no es sino poder del intelecto; es la sinceridad y profundidad de visión lo que hace a una persona ser poeta.Si ves con suficiente profundidad, verás musicalmente; el corazón de la Naturaleza es música, si es que eres capaz de alcanzarlo,)

Echa más leña al fuego Boudelaire cuando sostiene: " On manoeuvre, on esquive la difficulté, on tourne l´obstacle, et on colle les autres au moyen d´un dictionnaire."

(Uno maniobra, uno esquiva la dificultad, uno rodea el obstáculo, y uno pega las otras por medio de un diccionario.)

Y para terminar, echaremos mano de Dante: "¡Oh, los que habéis entendimientos sanos, / la doctrina mirad que yace, honda, / tras los versos recónditos y arcanos!"

He recordado estas cosas esta mañana tras recibir un enlace al blog Haiku de Jacobo Nipónico. En la parte superior del lateral derecho de este blog encontrarán el enlace por si quieren indagar. No digo más. 

martes, 28 de mayo de 2024

Vanidad y presunción

El caso es que andaba hoy tan apagado de imaginación que he decidido entretenerme colocando en el margen derecho de este blog las portadas de los tres libros que tengo publicados en Amazón. Cuestión de vanidad, por un lado, y presunción por el otro. Por cierto que peor no pueden estar publicados, pero ahí están, como la Puerta de Alcalá y, si alguien quiere indagar en sus entresijos, pues tampoco es que le vaya a costar mucho. 

En fin, me voy a Mercadona que la logística doméstica no perdona.

lunes, 27 de mayo de 2024

Aplanar la curva

Conocido es de cualquiera que no esté enfermo de ideología que la primera víctima de toda guerra es la verdad. Esto ha sido lo primero que me ha venido a la cabeza cuando he visto la noticia de lo que, dicen, está pasando en Ukrania. Los pocos hombres que se aventuran a salir a la calle son inmediatamente atrapados, llevados a una instalación militar para un breve periodo de entrenamiento, tras el cual son enviados al frente en donde por término medio tienen una supervivencia de tres horas. Tal es lo que cuentan los ucranianos refugiados en Hungría, en donde también viven escondidos por miedo a ser secuestrados por los servicios secretos ucranianos. Bueno, Santander, no digo lleno, pero hay ucranianos para dar y tomar. Los rusos, por lo visto, se amontonan en Valladolid. Eso es lo que me ha dicho el que limpia la escalera que es moldavo. 

En definitiva, no sabemos más que una cosa, que en estos momentos, lo mismo en Ukrania que en Palestina, hay gente atrapada que pierde la vida como si fuesen moscas. Porque esa es la cruda realidad, que para la gente que está en los despachos del poder el pueblo llano es, poco más o menos, como un enjambre de moscas que hay que liquidar para que dejen de molestar. Es lo que tiene alcanzar ese status que en cuatro días trastoca de tal modo la cabeza que la hace pensar que se es Dios. Y claro, para las moscas de a pie, los designios de Dios son inescrutables.  

Cuando uno lee a Heródoto, el primer historiador, por así decirlo, se da cuenta de que siempre ha sido así: gente muriendo como moscas porque la gente que está en los despachos tiene unos designios inescrutables. Quizá no sea más que lo que decía Malthus, o sea, que hay que aplanar la curva, como cuando lo de la famosa pandemia. Y es que cuando el crecimiento exponencial de las moscas se acompaña de un crecimiento aritmético de la mierda, las cosas no pueden funcionar. Fue el matemático Verhulst el que puso fórmula al conflicto de la naturaleza que describió Malthus. Una fórmula bellísima. Sal Khan dedica uno de sus vídeos a explicar su génesis. Hasta el más tonto lo puede entender a poco cálculo infinitesimal que sepa. Porque esa es la cuestión, que sin conocer el cálculo infinitesimal se pueden entender muy pocas cosas y todas irrelevantes. 

En fin, gracias infinitas a los dioses por haberme concedido una vida en la que a nadie se le ocurrió querer aplanar la curva por donde yo andaba. Aunque hace unos cuatro años hubo amagos, pero tan burdos que fue fácil escaquearse con solo conocer los rudimentos de ese cálculo que les decía. ¡Qué mundo éste, por Dios! 

domingo, 26 de mayo de 2024

Trapaza

 "No hay mujer, por humilde que sea, que, si ha nacido con razonable cara, no tenga por ella alguna vanidad que la dé presunción"

Está aquí el autor, Alonso de Castillo Solórzano, describiendo a la madre del bachiller Trapaza. Justo ayer comencé a leer por primera vez en mi vida las aventuras de este bachiller y pienso que me voy a divertir. Es un libro publicado el año1637, en pleno siglo de oro de la literatura española, y quizá por eso haya pasado un tanto desapercibido, entre tanta excelencia. 

Me pregunto cómo describiría un autor actual los ciertos peligros que acechan a toda mujer cuando la naturaleza le da un físico agraciado. Al respecto, Gracián se explaya en el Criticón advirtiendo de lo infelices que suelen acabar siendo cuando la hermosura no se hace acompañar por una inteligencia superior a la normal, cosa que, por desgracia, suele ser la excepción. Supongo que no por otro motivo fue que el pueblo llano se inventase lo de que la suerte de la fea, la guapa la desea. Pero no era a esta evidencia a la que me quería referir, sino a la precisión del lenguaje con la que se describe esa evidencia. Mi percepción es que del siglo de oro para acá no hemos hecho otra cosa que ir perdiendo precisión. No en todos los casos, claro está, que siempre hubo gente que fue a Salamanca a estudiar las lenguas clásicas, pero también son la excepción. La inmensa mayoría de la literatura contemporánea que he tratado de leer me aburre a las pocas páginas y pienso que es por eso precisamente, porque el lenguaje es anodino, sin destellos de lucidez. En definitiva, lo que el periodista Sostres definió tan magistralmente cuando la llamó literatura para chachas... aunque, también, pienso, se podría decir, para comunistas, es decir, esa gente que a todo lo que acude es siempre en búsqueda de afinidad ideológica, cosa que, por cierto, es bien conocida por los literatos de cámara del poder en curso. 

Uno nunca sabe, porque, aunque el profesor García Maestro diga que la opinión es el virus de la ignorancia -él no para de opinar- y, Nietzsche opine que opinión es sinónimo de situación, el caso es que quizá no haya síntoma que mejor exprese la decadencia de la especie -el progresivo tránsito de la condición de individuo a la de miembro del rebaño-, que el empobrecimiento del lenguaje. La ausencia en él de los  destellos que iluminan y espolean a la inteligencia. En fin, mera opinión.  

sábado, 25 de mayo de 2024

La peste

Me comentaba Santi esta mañana lo de la manipulación histórica como arma política de primera magnitud. Aquí, en la España actual, la cosa es de primera página de manual. Pero, en esto, pienso, tampoco es que aventajemos a nadie. La manipulación histórica es como las habas, que se cuecen a calderadas por doquier. El caso que nos ocupaba era el de esa ley de traca que ha promovido una de las partes en liza por el pastel que es la gerencia del Estado. Se llama ley de memoria histórica o, ya, rizando el rizo un poco más, ley de memoria democrática, que mira que hay que tener el cerebro podrido para inventar cosas así. Pero ellos, erre que erre, y no por nada, sino porque han hecho de la mentira su modus vivendi. 

En política todo se reduce a conseguir la mayor parte posible del pastel, por supuesto, sustrayéndoselo al adversario por medio de malas artes. Esas malas artes se sustancian en marcar diferencias que en la realidad no existen. Derechas e izquierdas es el tópico más utilizado. Formas de ser un perfecto imbécil que dijo Ortega. Porque a la postre es eso, cosa de imbéciles. Derechas e izquierdas, buenos o malos según desde qué lado lo mires, es todo comunitarismo, es todo antiliberalismo en vena. En suma son todos herederos de Franco, el antiliberal por antonomasia. Y como todos los que se dedican a la política son, por definición, mal nacidos, por eso no saben agradecer a Franco el pastel que les dejó en herencia para que se lo repartiesen civilizadamente. Yo no sé si habrán visto alguna vez a una manada de buitres disputándose el cadáver de una oveja. Tuve oportunidad de verlo varias veces en mis periplos en bicicleta por las estepas castellanas. Es impresionante como se disputan un pastel que es muy pequeño para tantos como quieren alimentarse con él. Y ese es todo el problema, que los carroñeros al no querer competir con otras especies se tienen que matar entre sí para sobrevivir. 

De todas formas, como no hay mal que cien años dure, y ya nos aproximamos a los cien, -aquella famosa guerra de marras ya hace ochenta y cinco años que acabó- es ley de la naturaleza que asome por lontananza el enemigo común que acabará con las disputas intestinas. En adelante izquierdas y derechas lucharán hombro con hombro para que no les quiten el pastel. Y comenzará un nuevo ciclo histórico. Está por ver ahora cuáles serán los nuevos epítetos con los que se tratará de descalificar al adversario. De momento ya tenemos el de zurdos de mierda para denigrar a los antiliberales. Y los zurdos de mierda insisten en llamar fascistas a los liberales, pero, es tan burdo, que es imposible que cuaje. Claro, un siglo de hegemonía debilita mucho el cerebro. Así es que Milei no tiene quien le tosa y el bitcoin ya va por los sesenta y tantos mil dólares. La cosa se pone interesante; las viejas mentiras están dejando de servir y todavía no se han inventado las nuevas.

De todas las formas, no sufran, porque para los avisados siempre hubo y habrá la única verdad que no falla: estudio y ahorro. Así, cualquiera se libra de la peste. 

viernes, 24 de mayo de 2024

El camino del infierno

El otro día, Santi, en uno de esos afanes sintetizadores que se producen en las tertulias, me decía que toda la filosofía se puede resumir en dos refranes: "el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones" y "el ojo del amo engorda el caballo". Pienso que, si no toda, un buen cacho, por lo menos, sí. 

Dejemos por ahora, lo del ojo del amo, que es algo que, como diría un francés, va de soi, y vayamos a lo de las buenas intenciones, ¡A ver qué tonto es el que no cree que las tiene cuando va en persecución de sus propios intereses! Ir por ahí a salvar almas, tener vocación de servicio público... ¡Dios nos libre! Y el mundo está lleno de ese tipo de tontos, que, como dijera el sabio, nunca se pisan los cojones... al menos en primera instancia, porque, en última, casi siempre se los pisan..

Al respecto, terminé ayer de leer una novela paradigmática: "La Sinfonía Pastoral" de André Gide. Un pastor protestante, transido de amor evangélico, corre en pos de la oveja descarriada. La encuentra en pésimas condiciones y pone todo su empeño en recuperarla para la vida. ¡Y vaya que si lo consigue! El problema es que la oveja no puede soportar tanta vida y se tira por un puente. En realidad, es una novela de vampiros. Es el truco de los exangües, salvarse a sí mismo aparentando querer salvar a los demás. No hay nada más frecuente en este mundo. No por otro motivo quise llamar a este blog "la berza y el tocino". Mirar hacia la berza, pero coger el tocino es un refrán que viene de la noche de los tiempos y que, seguramente, ha andado por ahí perdido entre la hojarasca porque en él nos reflejamos todos con nuestra faz más horrible, la de la hipocresía en comunión con la codicia. 

En fin, cada cual tira pa lante como puede y, si Dios te hizo "petit", pues qué de raro tiene que recurras a los subterfugios más miserables para conseguirlo: cura, político, funcionario... incluso médico, vocaciones de servicio que le dicen... todos ahítos de tocino, o sea, con el colesterol por las nubes.   

miércoles, 22 de mayo de 2024

Nietas

Una de mis nietas ha rodado un corto. Lo titula " Sin escrúpulos". Un par de amigas -mis hijas- descubren que sus  maridos andan metidos en actividades terroristas y en vez de avisar a la policía, lo que les habría de traer grandes problemas a toda la familia, deciden recurrir a los oficios de una pitonisa -otra nieta- para liquidarlos sin dejar rastro. Ejecutada la maniobra se ve a las dos amigas solazándose en un chiringuito a la orilla del mar. Me ha parecido de una lógica aplastante. Un terrorista es un perturbado mental muy peligroso y, lo que es peor, sin cura posible. La experiencia al respecto es apabullante. Margaret Thatcher, la única líder europea, de la Segunda Guerra Mundial para acá, que, a mi juicio, no estuvo contaminada por las ideas marxistas, lo tuvo claro y por eso dijo: "Los he matado yo"; fue cuando se armó aquel revuelo porque la policía acribillo a balazos a tres terroristas del IRA en la calle a plena luz del día. ¡Por Dios Bendito, si era gente que iba por ahí poniendo bombas! ¿Qué otra opción racional te dejaban que la de eliminarlos? Claro, el marxista rápidamente te dirá que el ser humano es bueno por naturaleza y que si se convierte en terrorista es porque reacciona ante una sociedad que está podrida y necesita que la purguen. Ya se sabe la simpatía que todos los marxistas tienen por las purgas. Es para lo único que no tienen escrúpulos. 

En fin, esto de matar terroristas me parece un buen asunto; y si son de la familia, doblemente bueno, porque, de no hacerlo, tienes muchas probabilidades de que te arrastren al abismo con su locura. Y es que ya va siendo hora de liberarse de prejuicios. La familia es maravillosa cuando funciona, pero hay que andar siempre alerta porque es una maquinaria muy sensible a la que si se le trastoca un engranaje puede saltar entera por los aires. ¡Jo, qué nietas tengo!

martes, 21 de mayo de 2024

Gaviotas

Ayer, imprevistos de la vida, me tuve que tirar un buen tato con labores de limpieza. Tenía que haber sido una gaviota descompuesta que había soltado su sobrante en pleno vuelo. No me podía creer que tal cantidad de mierda hubiese podido salir de un cuerpo tan relativamente pequeño: todo el cristal de una ventana, la persiana, el alfeizar y, cuando saqué la cabeza para inspeccionar el campo, pude comprobar que el piso de abajo no había salido mejor parado. Ya digo, gajes del oficio que es el vivir. 

Me acordé de Alberto Pico, el que fuera párroco del barrio Pesquero. Mítico párroco, podríamos decir. Según me contaron, el hombre, desprovisto ya de buena parte de sus labores pastorales por la avidez invasiva del Estado benefactor, ocupaba parte de sus abundantes ocios en ir a los restaurantes del barrio a pedir los despojos del pescado para, luego, arrojarlos en una esquina de la dársena a la que acudían como locas las gaviotas que pululan en abundancia por allí. Se ve que él, así, paliaba las ansias filantrópicas que habían sido su seña de identidad primordial a lo largo de la vida. Sin saberlo, quizá, estaba haciendo un flaco favor a los equilibrios naturales de la naturaleza, valga la redundancia. ¡Como si no hubiese ya bastantes gaviotas! Un animal, por cierto, con unas habilidades depredadoras más que notables. Me contaron en mi pueblo que habían acabado con las truchas hasta el mismo origen del río, allá arriba, en Lunada. 

Cuando era niño y vivía a pupilaje en un barrio popular de Santander, conocí a un tipo que se dedicaba a recolectar huevos de gaviota por los acantilados. Eran un poco más pequeños que los de gallina, pero no mucho, y la gente decía que de sabor eran indistinguibles. Claro, por entonces se estaba empezando a salir de la hambruna de la posguerra y los paladares, por lo general, no andaban para distingos. Fuera como fuese, comer esos huevos era una forma de mantener a la población de gaviotas dentro de límites aceptables. Así que, ese, es otro equilibrio que se ha roto. 

Con tanto equilibrio roto, nada puede extrañar que el barrio suela estar asqueroso. Tenemos un sistema de recogida de basuras por absorción que se ha quedado pequeño. Así es que los contenedores a veces están abarrotados y es preciso dejar las bolsas en el suelo. Entonces es cuando entran en acción las gaviotas: olfatean el contenido de las bolsas y si encuentran algo apetecible las desgarran y esparcen su contenido por la acera. Se pueden imaginar el panorama. Y no se crean que es de vez en cuando, no, es día sí y al otro también. 

En resumidas cuentas, que, por una lado la sustitución de la labor filantrópica de la iglesia por la justicia social del Estado trajo como consecuencia que Alberto, aburrido el hombre, se dedicarse a alimentar a las gaviotas y, así, contribuir a multiplicarlas; por otro lado, el fin de la hambruna y el consecuente refinamiento de los paladares hizo que los huevos de los acantilados siguiesen su curso natural que es convertirse en polluelos, Por no hablar de las basuras que producimos, que no sé cómo todavía no hemos sido enterrados por ellas... hay días que parece que ya estamos a punto. En fin, las putas gaviotas... por no hablar de las palomas, los perros... la Biblia dice que Dios los puso ahí para que nos sirviésemos de ellos, pero me parece a mí que se han invertido las tornas. 

lunes, 20 de mayo de 2024

Contraintuición

"It is simply no longer possible to believe much of the clinical research that is published, or to rely on the judgment of trusted physicians or authoritative medical guidelines. I take no pleasure in this conclusion, which I reached slowly and reluctantly over my two decades as editor of The New England Journal of Medicine."

(Simplemente, ya no es posible creer en gran parte de la investigación clínica que se publica, o que se apoya en el juicio de médicos o en los preceptos marcados por las autoridades sanitarias. No me produce ningún placer el haber llegado, lenta y con muchas reticencias, a esta conclusión después de mis dos décadas como editor de The New England Journal of Medicine.)

Cuando andaba por los comienzos de mi efímera andadura profesional, poder leer el New England te daba un «touch of class» entre los colegas, ya que, por aquel entonces, muy pocos médicos en España podían leer en inglés. El New England, era lo más de lo más. Un fetiche, en definitiva. Lo que venía en sus páginas iba a misa. Así es que estábamos, más que en una ciencia, en una religión. La dichosa fe que lleva irremisiblemente a la corrupción absoluta, que es en lo que estamos. Sí, sí, no exagero, corrupción absoluta; para muestra un botón: las listas publicadas en Reino Unido de las cantidades que los laboratorios Pfizer y Astra Zeneca han regalado a médicos, hospitales, agencias reguladoras del medicamento, políticos, medios de comunicación... imagínense lo que pueden dan de sí los dos billones de libras que han ingresado esos laboratorios con la vacuna para poder sobornar lo que haga falta sin que apenas se note en la cuenta de resultados.

Pero no se me amohínen, porque no hay corrupción que por bien no venga. La toma de conciencia que se ha producido en grandes capas de la población respecto del enorme engaño que ha sido todo esto de la pandemia va a dejar una sociedad mucho más fuerte por una temporada. La pandemia, ahora, va a ser de escepticismo. Van a tener muy difícil los que mandan convencer a la gente de cualquier cosa que sea. En tanto los responsables del desaguisado no respondan por sus pecados se va a instalar entre los sectores más avezados de la población una especie de anarquía de las convicciones que lo va a poner todo patas arriba. En similares circunstancias de escepticismo, cuando aquella revolución llegada de la mano del control de la reproducción, allá por los años setenta del siglo pasado, fue cuando el padre de unos amigos, militar él, nos confesó que ya solo creía en Dios y en el bicarbonato. El buen hombre había perdido la fe incluso en Franco, lo cual para un militar de por entonces, no dejaba de tener su mucho mérito. 

Son tiempos para la cotraintuición: la física cuántica y cosas por el estilo. O la mística, si mejor quieren.


domingo, 19 de mayo de 2024

Patsy Cline

El que quiera enterarse de en qué consiste eso de la sensualidad lo mejor que puede hacer es buscar un vídeo de Patsy Cline cantando Crazy. Entonces, al verlo y escucharlo, es como si se desprendiese un magnetismo que te arrastra hacia emociones placenteras, digamos que de cariz erótico.  Personalmente, suelo escuchar esa canción cuando pienso que me vendría bien un poco de remontada. Allison Young, acompañada a la guitarra por Josh Turner, tiene una versión menos salvaje que la de Patsy, así, como más burguesita, o sea, de pasar por la vicaría antes de abandonarse a los placeres de la carne.

La música y las emociones. Un cromatismo de cuarta aumentada a quinta y caída fulgurante sobre la tónica. No falla. Hay personas que, al parecer, son insensibles a ese respecto. Quizá sea porque tienen una gran inteligencia emocional que así se dice ahora a lo de ser frío como un pez. Claro, eso es una cualidad muy útil para andar por la vida, pero, intuyo, a costa de disfrutar poco de ella. Porque, según qué emociones desatadas es lo más parecido al estado de embriaguez, esa condición del espíritu que entronca con lo divino. 

En fin, allá cada cual con estas cosas que, como con todas, Dios donde quita pone. Si natura te dio ser frío como un pez, pues a lo mejor llegas a ministro, pero, posiblemente, no podrás tener ensueños eróticos escuchando a Patsy Cline. ¿Y tú, qué prefieres? 

sábado, 18 de mayo de 2024

El arquero Milei

El presidente Milei anda por España. Y ha sido presentado por Juan Ramón Rallo en un acto celebrado bajo los auspicios de la RAZÓN, un periódico del grupo Planeta que es el que, a su vez, edita los libros de Milei. En ese acto, Milei ha hecho un relato de su peripecia; de cómo de portero de futbol llegó a presidente de Argentina. En realidad, ningún misterio; solo estudio, sobre todo de las matemáticas. Las matemáticas, ya hemos quedado en que no solo son útiles, sino, sobre todo, imprescindibles para la comprensión de cualquier fenómeno complejo. 

Con Milei, la política toma otra dimensión. Explica ese fenómeno complejo que es la economía de una forma tan brillante que consigue que el ciudadano normal, sin sentirse humillado, dé el primer paso necesario para adentrarse por el camino del conocimiento: el de saber que no sabe. Ustedes, viene a decir de una forma suave y elegante, mejor no opinen de esto porque no saben nada. Allí estaba Santiago Abascal, el de la extrema derecha que dicen los zurdos, que no sabemos en qué estaría pensando. Porque ¿qué le une a Santiago con Milei? ¿Acaso los conocimientos matemáticos aplicados a la economía? Sería maravilloso que así fuese. 

Y es que lo verdaderamente grave y causa principal de todos los problemas, es que la gente del común tiende a creer que sabe de lo que no sabe. Sobre todo hay determinada materias que por tener un cierto componente esotérico se prestan más que otras a la simplificación, cual es el caso de la economía o la medicina. Las personas llegan a creer que se puede aprender de eso viendo telediarios. Y luego pasa lo que pasa, que votan para dirigir la economía del país a un sindicalista que domina el arte de la frase hecha. 

Es que una cosa es la política y otra la economía, dicen los crédulos. No, miren ustedes, vayan apeándose del burro: la economía lo es todo. Cuando funciona la economía funciona todo lo demás. A todos los niveles, desde el individual al general. Porque el que no sabe aplicarse a sí mismo los principios básicos de la economía biológica está perdido. Qué ingresas y qué gastas. Un delicado equilibrio cuya adquisición no es fácil. Quizá haya que frecuentar la Academia para aproximarse a ese ideal. 

En fin, sea como sea, es un placer percibir la inteligencia ajena y, más, cuando, como es el caso de Milei, es como el que no quiere la cosa. Así es como te das cuenta de lo limitado que estás y te lo piensas dos veces antes de meterte en camisa de once varas.  

viernes, 17 de mayo de 2024

Guerras de religión

Si fuese joven me iría a Argentina a intentar ver por mis propios ojos qué es lo que está pasando allí. Aunque, también sé, que, por lógica apolínea, cuando más cerca estás de las cosas, menos las ves. En cualquier caso, de lejos o de cerca, lo que parece ser realidad incuestionable es que en Argentina es donde la religión política dominante en el mundo llamado occidental ha sufrido la primera derrota después de siglo y pico de hegemonía incontestable. La nueva religión triunfante trae causa de aquellas ideas que brotaron en la Salamanca del XVI y luego rebrotaron en la Viena decadente de principios del XX. Nunca hay nada nuevo en el mundo y las religiones, como todo, funcionan como las ondas electromagnéticas, es decir, suben y bajan y, por tanto, tiene sus máximos, sus mínimos y, también, sus puntos de inflexión. De ahí que sea tan importante conocer el cálculo infinitesimal para saber en donde se está en cada momento. ¡Perdonen la boutade!

Siempre, incluso cuando parece que la religión dominante no tiene quién la tosa, hay corrientes subterráneas que van minando sus fundamentos. Son las guerras culturales que no cesan. Los humanos, aunque no queramos, siempre estamos filosofando sobre la mejor manera de sobrellevar el tránsito por este valle de lágrimas. Y de ahí surgen ideas que de vez en cuando cuajan y se transforman en religiones. Y ahí está el punto, en que las religiones apuntalan las tambaleantes vidas de los humanos. Te acoges a una cualquiera y tu vida cobra sentido y, si hace falta, te matas por defenderla. Nadie está a salvo de eso, lo mismo que tampoco lo está de empezar a dudar cuando las cosas no le marchan a uno como debieran. 

Y así es como en el mundo nunca cesaron ni cesarán las guerras de religión. Se expanden unas y se encogen otras. Y en ese proceso pasan cosas como lo que acaba de suceder en Argentina. Una vez más la idea subjetiva de Dios ha ganado la partida a la idea objetiva del Estado. La anarquía ha vencido al orden y el individuo al rebaño. Pero no es más que una victoria puntual. La guerra continua y las huestes derrotadas redoblan sus esfuerzos para apuntalar su fe. No hay más que ir a YouTube y ver la de millones de vídeos que hay tratando de demostrar que Milei está loco y que Argentina se está sumiendo en un pozo sin salida. Claro, se podría argumentar aquello del Quijote: ladran, luego cabalgamos. Pero no hay que fiarse. Porque la maledicencia también funciona. 

Y así corre el mundo: máximos y mínimos y puntos de inflexión. ¿Por dónde andamos ahora? Yo diría que por un punto de inflexión. Al respecto, aquella pandemia que algunos ven ya tan lejana, fue definitiva. Fabricó un muro insalvable entre los que creen en la objetividad del Estado y los que prefieren la subjetividad de Dios. Así es que está uno en una de esas tertulias a la que se acercó por una insana curiosidad y, de pronto, sin venir a cuento, escucha a alguien decir que Milei está loco. No es por casualidad, es sencillamente que el tío sospecha que tú prefieres a Dios antes que al Estado y quiere aportar su granito de arena para ayudar a los suyos en la guerra que no cesa. ¡Jo, que aburrido es todo esto! ¡Quién me manda a mí...!

jueves, 16 de mayo de 2024

Extrañas circunstancias

Me entero de que han intentado asesinar al primer ministro de Slovakia. Por lo visto el hombre se había estado oponiendo al tratado ese del control de las pandemias por parte de la Organización Mundial de la Salud. «Yo no pienso firmar», había dicho el tipo. Y ya, para redondear, se había opuesto al envío de armas a Ukrania, algo que, dada la posición geográfica de Slovakia, planteaba serios problemas al amigo americano. Sea como sea que haya sido, lo que es innegable es que oponerse al dictado del patrón es malo para la salud. Ahí murieron en extrañas circunstancias tres o cuatro presidentes africanos que tenían en común el haberse pitorreado de la famosa pandemia. Uno de ellos, que era biólogo celular, había dicho y demostrado, que si se hacía un PRC a una papaya también daba positivo. A alguien no le debió gustar el chiste y, entonces, pasó lo que pasó. De las muertes inesperadas de aquellos presidentes nunca más se habló. Pero a la semana de haberse producido los países que habían venido gobernando se apresuraron a firmar todo lo que les pusieron delante. No digo yo que... pero, bueno, no puedo evitar la sospecha. 

Me he pasado la vida viendo cine de Hollywood y a los hechos me remito: tengo una cabeza que es un montón de mierda. Me lo he tragado todo. El puto maniqueísmo. Siempre del lado de los buenos. De la democracia, de la libertad, etc.. Ya no sé en qué coño puede creer uno como no sea en el de la Bernarda. En resumidas cuentas, que me he reído mucho de aquellos chinitos que agitaban en sus manos levantadas hacia el cielo el Libro Rojo de Mao y no me percataba que yo hacía lo mismo con las películas rosas de Hollywood. ¡Quedaba tan guapo Paul Newman haciendo contraespionaje! ¡Y los soviéticos eran tan feos! E iban tan mal vestidos...

En fin, ayer me decía un vecino que es de mi pueblo y que está ya en las últimas acaballas: ¿Tú crees que hay algo más después de esto? Yo creo que no. Le contesté: Pero, hombre, Joaquín, a nuestra edad, cómo vamos a estar seguros de nada,,, no sé tú, pero lo que es yo, no he acertado ni una en esta vida, o sea que lo del más allá puede ser cualquier cosa.