sábado, 4 de noviembre de 2023

Aliteración

" I must say I have been slightly rocked by some of the data on Covid fatalities. The median age is 81-82 for men, 85 for women. This above live expentancy. So get Covid and live longer... and I no longer buy all this NHS overwhelmed stuff"

 (Debo decir que he sido ligeramente conmocionado por los datos de las muertes por Covid. La edad media para hombres es de 81-82, y de 85 para mujeres. Esto está por encima de las expectativas de vida. Por tanto, agarra el Covid y larga vida... y nunca más compraré al Servicio Nacional de Salud toda esa exagerada mierda.)

Pues bien, este es el mensaje que envió Boris Johnson el 15 de diciembre de 2020 a su principal consejero Lee Cain. 

De entre los refranes que me cansé de escuchar en mi niñez hay uno que viene como de molde para todo esto que ha pasado estos tres últimos años: Dios escribe recto con renglones torcidos. Porque, cada vez más, es evidente de toda evidencia que lo sucedido no ha sido más que una treta que ha utilizado Dios para poner al descubierto toda la corrupción e imbecilidad del sistema por el que nos regimos. No en vano los expertos que se inventaban las variables del virus de marras le ponían nombres como ómicron, que es un anagrama de moronic, es decir, imbécil. ¡Lo que se debían estar riendo aquellos tipos!

Pero ahora está saliendo todo a la luz y es muy improbable que un montón de gente no vaya a la cárcel. Y es que las aguas del río no paran de subir de nivel. El número de reclamaciones en los juzgados por daños colaterales ya no van por miles sino por cientos de miles y puede que por millones. No hay periódico ni televisión que diga nada al respecto, pero no se engañen, por cada persona que ve la CNN hay diez que prefieren a Joe Rogan para informarse de lo que pasa. Y Joe lo cuenta todo, que no por otra causa se ha convertido en uno de los enemigos públicos número uno. La corrupción combinada de médicos, laboratorios y políticos se ha hecho tan manifiesta que el escepticismo ha destronado a la borreguil credulidad que venía señoreando el mundo desde que, a finales del siglo XIX, alguien le dijo a Otto von Bismarck: pero, entonces, Excelencia, con lo que usted propone va a hacer a todo el mundo dependiente del Estado. Y él contestó: eso es, precisamente, lo que pretendo. Bien, pues ahora estamos saboreando las consecuencias de tan altruistas sentimientos.

Los altruistas sentimientos ya sabemos en que acaban. De ahí, el nombre de este blog, La Berza y el Tocino, que hace referencia a esa paradoja de la condición humana. Ya los romanos se habían dado cuenta de que los que miraban hacia la berza eran los que se comían el tocino. Claro, esto, hoy día, se entiende mal porque se ha dado en desprestigiar al tocino, pero antaño era un manjar exquisito donde los hubiese, que bien que lo puedo atestiguar yo que de niño no me cansaba de untar con pan el tocino del cocido. Pues sí, hoy día, todas esas legiones de servidores públicos vocacionales, o sea, que miran la berza, son las que, indefectiblemente, se comen el tocino. Ayer, sin ir más lejos, me mandó Isi un vídeo en el que se podía escuchar a Le Précepteur haciendo un recorrido histórico de lo que ha venido a significar para los filósofos la ley del más fuerte. ¿Quién es el más fuerte? ¿Quién, en definitiva, se come el tocino?  Es difícil saber, porque la vida da muchas vueltas y, no por nada, sino porque al que come mucho tocino se le obstruyen las arterias y se tiene que poner a régimen. 

Resumiendo, que ya va siendo hora de que pongamos a todos estos comedores de tocino a régimen, pero a régimen de rejas... ¡preciosa aliteración!, que diría Borges.  


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