viernes, 24 de noviembre de 2023

Juguetes de los dioses

El Dr. John Campbell que, a mi juicio, es el que mejor ha informado sobre el asunto de la pandemia, siempre desde el punto de vista médico y con datos oficiales sobre la mesa, subió ayer un video en el que analizaba la subterránea realidad de los cientos de millones de personas que a raíz de la susodicha pandemia han acudido en busca de ayuda a las consultas psiquiátricas por haber perdido todo interés por seguir viviendo... que no otra cosa es lo que llaman depresión. 

He tachado de subterránea esa realidad porque, así, a primera vista, nada se nota a no ser que te fijes en las cuentas de resultados de los psiquiatras y laboratorios farmacéuticos. Efectivamente, entre los unos y los otros parece que resuelven el estropicio. Millones de personas van por la calle debidamente empastillados comprendiendo y aceptándolo todo sin entrar en la menor contradicción. Sin duda, los empastillados son la gente más beatífica que anda por ahí, pero... los perinquinosos peros que decía Critilo, ya saben, el del Criticón.

Y es que la beatitud no suele ser inocente. Al menos yo desconfío de ella tanto como lo hacía Aldous Huxley cuando escribía las páginas de Brave New World, aquí conocida como Un Mundo Feliz. La beatitud, eso a lo que aspiran esas filosofías orientales que tanto empiezan gustan a los señoritos occidentales cuando ya están ahítos de haberse metido de todo, esa beatitud, digo, no es trigo limpio. Siempre, ténganlo por seguro, por debajo de ella está la depresión tratada con sustancias psicotropas. En definitiva, es la consecuencia de un cerebro apagado, que no reparado, como sostienen los que venden esas sustancias.  

Y así estaban los aqueos, a la sombra de sus cóncavas naves, dándole al jarro, ya iba para nueve años, sin poder rescatar a Helena de las manos de los teucros. Estaban depres y querían desistir. Incluso algunos ya habían embarcado y puesto proa a sus patrias. Pero los dioses no lo iban a permitir. Palas Atenea, la de los ojos glaucos, se constituye en el heraldo de Ulises, el primero entre los hombres en astucia y prudencia, para arengar a los acobardados aqueos. ¿De qué sirve salvar la vida si has fracasado en tu empeño? Agamenón, Ulises, los demás reyes, se han inventado lo de Helena para conquistar Troya que es la puerta del Ponto Euxino -Mar Negro para nosotros-. Geoestrategia, que le decimos hoy. Siempre con mentiras para justificar lo que solo son anhelos de más poder. Y los dioses siempre por medio para decantar la balanza. La verdad es que una vez leído Homero poco queda por aprender de la vida. 

La vida, juguetes de los dioses. Como las hojas caídas... decíamos en el colegio sin saber lo que decíamos: 

Hojas del árbol caídas / juguetes del viento son / son las consecuencias jodidas / del follar sin un condón. 

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