Ayer, por lo visto, hubo una manifestación gigante en Madrid para oponerse a las leyes del embudo que quiere imponer el gobierno en curso. Todos los gobiernos imponen este tipo de leyes y, si son de izquierdas, o sea, que más blasonan de justos e intachables, pues ya saben, prevención a destiempo, etc., etc.. Me he fijado en todo este asunto porque he visto que Savater estaba allí echando un parlamento a la concurrencia. Como siempre, brillante. Aunque con sus irremediables contradicciones. Porque, en uno de los momentos álgidos de su interpretación hizo una humillante alusión a El País, el periódico en el que ha venido colaborando toda su vida y al que muchos, de no tan agudo cacumen como el suyo, venían de largo acusando de estar instigando, precisamente, la barbaridad política que, ya producida, ha provocado esta protesta gigante.
Recuerdo aquellos tiempos, por los últimos setenta y primeros ochenta del siglo pasado, cuando era de obligado cumplimiento ir a pasear los domingos por la mañana por el Retiro con El País bajo el brazo. Sin El País, o con cualquier otro periódico, sencillamente hubieras sido expulsado del parque inmediatamente. Porque cada ciudadano que paseaba por allí era un guardián de la ortodoxia. ¡Qué fácil es vivir cuando hay una ortodoxia hegemónica!
Pues sí, Savater estuvo muy brillante otra vez, pero lo hubiera estado mucho más, a mi juicio, si hubiera aprovechado la ocasión para, a la vez que denunciaba a los fariseos, entonar el mea culpa por haber colaborado tanto con ellos. Porque de nada sirve hablar de cobardía a las masas si uno no empieza por desvelar en donde reside la propia. Personalmente, hace ya muchos lustros que abandoné mi juvenil admiración a Savater por esa flagrante contradicción que para mí suponía el que siguiese escribiendo en El País. ¿Cómo ha podido ser que no se diese cuenta de que estaba dando de comer al dragón? Sin duda, también a Savater le faltaban lecturas. La Escuela de Salamanca, la Escuela Austriaca de Economía, sin ir más lejos. ¿Como se puede uno erigir en paladín de la libertad si arrastra la hemiplejia moral, que decía Ortega, que supone escribir en el catecismo socialdemócrata? ¡Socialdemocracia, qué eufemismo de estatismo a tota ultrança! Comunismo en vena, para que nos entendamos.
No sé, porque todo esto es muy complejo. Pero si alguien pidiese mi opinión sobre qué se podría hacer para sacudirse de encima toda esta merdé que nos está putrefaccionando la existencia creo que me decantaría por solicitar a todos estos paladines que empezasen la limpieza por sí mismos, declarando sus miserias... no olvidemos que las miserias de estos paladines son la más auténtica semilla del diablo. En fin, ¡qué grande fue Sánchez Ferlosio cuando dijo, ya muy viejo, que su sentimiento predominante era el de vergüenza de sí mismo! ¿Cómo se puede ser inteligente y no sentir así?
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