La anécdota se podría titular el ocaso de los símbolos. Iba el otro día de paseo, llegando ya a los confines del barrio pesquero, donde limita con la dársena, cuando de pronto vi a un tipo por los sesenta o así, con la típica cara enrojecida de los que aguantan las borrascas en el mar a pie firme sobre la cubierta y, también, supongo, por las horas de taberna una vez desembarcados, pero, en fin, a lo que iba, que es que me llamó la atención porque iba muy decidido a tirar al contenedor de la basura una reproducción del Guernica de Picasso debidamente enmarcada y en bastante buen estado a lo que me pareció. Me imagino a su señora diciendo: "Toñin, tira esta mierda por hay"... porque la gente del común siempre dice hay donde debiera decir ahí.
El Guernica, símbolo de toda una época de grandes ilusiones y, por tanto, de mayores frustraciones. Visto con perspectiva, uno no puede sino sentir vergüenza por haberlo tenido alguna vez colgado en el living room, por encima del sofá, como buscando el encuadre perfecto. Recuerdo haberlo comprado en uno de aquellos viajes a Biarritz a ver cine porno. Luego, pasarlo por la frontera con el culo prieto, porque nos gustaba creer que nos la estábamos jugando. ¡Más tontos y no nacemos! Y mientras tanto Picasso viviendo a cuerpo de rey en el París ocupado por los nazis. Por lo visto, cobró una pasta por él del gobierno de la república cuando ya, esté, no era más que un trampantojo, o sea, la bonita fachada de nada por detrás.
En mi descargo tengo que decir que el Guernica como símbolo de libertad y demás mandangas por el estilo, me duró cuatro días que, no obstante, fueron semilla del diablo que dio sus frutos hasta, como les decía, en los confines del barrio pesquero. Porque yo era por entonces un señorito por los cuatro costados de los que van abriendo trocha a golpe de pedagogía de costumbres. Pero, es lo que pasa, que el pueblo llano tiene una irreprimible tendencia a quedarse colgado de las mitologías de la juventud. Por eso supongo es que todo vaya tan lento y haya tanto rokero que nunca muere. Y que al pobre desgraciado de la cara roja le haya costado llegar a viejo para darse cuenta de que el Guernica es una mierda. Que, además, porque se lo ha dicho su señora, porque por él...
Pues sí, los símbolos a la basura y borrón y cuenta nueva. Pero, no nos engañemos porque no es tan fácil encontrar sustitutos. Quizá haga falta una juventud rebelde sin causa que plante la semilla de cualquier cosa, porque el qué no importa mucho, que luego irá fructificando en los rezagados como símbolo de una cierta redención. Porque el mundo necesita ilusiones so pena de colapsar. En fin, no les descubro nada nuevo: esto ya se sabía desde la noche de los tiempos.
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