lunes, 27 de noviembre de 2023

i elevado a i

Ayer caí sobre un vídeo en el que alguien explicaba a qué conclusión se llega cuando se eleva i a i. i es como alguien decidió nombrar a la raíz cuadrada de menos uno. Es un invento genial porque permite extraer la raíz cuadrada de números negativos, eso sí, convirtiéndolos en complejos: una parte, digamos que la normal, sobre las abscisas y, la otra, la que contiene la i, sobre las ordenadas. ¡Y a operar se ha dicho! Hasta dar con la bomba atómica. 

Sigo con la Ilíada que viene a ser un continuo machacar sobre nuestra condición de meros instrumentos de los dioses. Nosotros no somos responsables de nada porque nada decidimos. Si alguien dio con el número i fue porque los dioses así lo tenían dispuesto para allanarnos el camino hacia la bomba atómica. Las dichosas matemáticas, el más devastador de todos los fuegos que nos dejaron robar para tener una excusa para mejor castigarnos. ¿Qué necesidad teníamos de tanto conocimiento? ¿O es que ustedes piensan que todos esos cachivaches que han salido de las matemáticas nos han mejorado mucho la vida? Mi cada vez más aguda percepción me dice que, lo que te dan por un lado, te lo quitan con creces por otro. Así es que vivimos inmersos en la obsesión de la ubicuidad, del ganar tiempo al tiempo, de engañar a la biología para que no siga su curso, de, en definitiva, pasar la vida en una especie de éxtasis que es lo que los curas nos enseñaron que era el cielo. A tal grado de imbecilidad es a lo que nos ha conducido tanta fantasía moruna. 

Cada vez comprendo mejor aquella locura que les dio a los jémeres rojos de Camboya, que se cargaban a todo el que tenía pinta de gustarle leer libros. Porque es que, se empieza por ahí, se sigue con la invención del número i, y se termina con todos sentados en una terraza mirando una pantalla en la que unos tipos corren detrás de una cosa esférica. El maldito aburrimiento. En realidad, pienso que, con saber producir alimentos, fabricar viviendas e inventar cuentos para contarlos en las plazas públicas, el ser humano ya tiene solucionadas el 99,9% de sus necesidades. Todo lo demás forma parte de la maldición de Pandora: el mundo está lleno de Epimeteos que lo primero que hacen cada día al levantarse es levantar la tapa de la caja donde están prisioneros todos los males. ¡Y, ale, a tomar pol saco la bicicleta!

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