jueves, 16 de noviembre de 2023

Hidra de Lerna

Me dice María que pongamos la televisión porque, por lo visto, está la cosa interesante.  Me niego en redondo. En esta casa la televisión está para ver películas del oeste de vez en cuando. En esto me declaro tirano sin ambages. Porque la televisión es una droga de la que me costó mucho desengancharme y ahora no voy a ser tan tonto como para dejarme volver a pillar. Sé de sobra lo que son las drogas. O, mejor, para hablar con mayor propiedad, las adicciones. María trata de seducirme con los típicos argumentos de las malas compañías. No hay que exagerar me dice. Antes decías que los que demonizaban la televisión eran tontos. Las mujeres siempre te arrojan a la cara lo que dijiste en cierta ocasión. Por eso alguien las calificó, más que de histéricas, de históricas. Claro, uno dice tantas tonterías a lo largo de la vida que lo peor que se puede hacer es tener al lado un notario tomando nota. Por eso a algunos les cuesta tanto tener una relación estable, porque a nadie le gusta que le estén recordando a cada sí y cada no lo idiota que ha sido tantas veces. En cualquier caso, volviendo a las adicciones, lo sabio es seguir la regla de oro de las asociaciones de alcohólicos anónimos: ni cerveza sin alcohol ni leches... porque con ese 0,1% que tienen de la sustancia maldita es suficiente para volver a las andadas. Y es que las sensaciones habidas nunca se borran del todo en el cerebro y solo están esperando a que venga algo a despertarlas para saltar como tigres a por la presa perdida. 

De la cosa interesante quería hablar conmigo el otro día Santi. Qué te parece todo este circo que está teniendo lugar, me pregunta. Bueno, por más que me esfuerzo me es imposible no enterarme de algo de lo que sucede porque siempre ando por YouTube a la caza de pecios musicales y matemáticos. Y leo los titulares de los vídeos y con eso me basta. Le digo que, a mi juicio, esto no es más que el típico recrudecimiento de la lucha por el territorio de las mafias. Y es que las mafias políticas, lo que llaman partidos, lo tienen muy complicado lo de ampliar el pastel a repartir. Otro tipo de mafias se pueden expandir saltando fronteras, pero las políticas solo pueden conseguirlo aumentando el tamaño del Estado, es decir, llevando el comunismo a sus límites más destructivos. Como lo que pasó en la Unión Soviética para que nos entendamos. 

El problema, en definitiva, es el sistema político que tenemos que, como bien lo definiera y explicase Hayek, allá por los años cuarenta del siglo pasado, no es otra cosa que The Road to Serfdom, es decir, el camino hacia la servidumbre. Lo estoy comprobando bien estos días que ando en trámites burocráticos por echarles una mano a mis hijas que viven expatriadas. Te das cuenta que la mayoría de los papeles que rellenas no tiene otra finalidad que la de sacarte perras y mantener a más gente empleada por cuenta del Estado. Es todo un fraude sostenido en el monopolio de la violencia que se arroga para sí el Estado. Si no pasas por el aro, te empapelan. Es como la Hidra de Lerna, le cortas una cabeza y le salen siete más. Así que no podemos hacer otra cosa que rezar porque venga Hércules a matarla. 

Yo, de todas estas cosas me di cuenta al muy poco de haber empezado. Vote un par de veces y se me acabó la mecha. Pa principios de los ochenta ya había tirado por la borda todas las ilusiones al respecto. Había visto de cerca lo que era la gente adscrita y mi única preocupación era librarme de las náuseas que me producía su cercanía. Derechas e izquierdas en sus infinitas variables no eran para mí más que trucos para vivir de los demás ante la imposibilidad de vivir por uno mismo. Bueno, tampoco tenía nada de particular que yo hubiese llegado tan pronto a semejantes conclusiones dada mi adicción a Baroja... por cierto, que recién vengo de retomarla y, en ésta, adicción digo, sí que no me importa recaer sino todo lo contrario: estoy feliz de que así sea. 

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