Da igual quien lo haya escrito porque es tanta la verdad que, a mi juicio, encierra que lo inteligente es tenerlo muy en cuenta y obrar en consecuencia. Transcribo:
"Los antiguos, cuya imaginación fue muy fértil en alegorías, solían imaginarse la Inocencia jugando con una serpiente o una flecha muy afilada, Aquellos sabios antiguos hicieron un estudio muy profundo del corazón humano; y cualesquiera que sean los descubrimientos que la ciencia moderna haya hecho, el estudio de la vieja simbología puede ser todavía de gran utilidad para aquellos que desean ganar en profundidad en el conocimiento de cómo funciona la mente humana."
La perversa mente humana que no cesa de jugarnos malas pasadas porque tiene una tendencia irrefrenable a jugar con serpientes y flechas afiladas. ¡La dichosa inocencia! Como algo parezca servir para nuestros inmediatos propósitos, allá que nos tiramos de cabeza sin pararnos en muchas mientes. Y así luego pasa lo que pasa.
Leía ayer en la Teogonia de Hesiodo, uno de los pocos libros que nunca puedo dejar de lado:
" A Prometeo abundante en recursos le ató con irrompibles ligaduras, dolorosas cadenas, que metió a través de una columna, y lanzó sobre él su águila de amplias alas. Ésta le comía el hígado inmortal y aquel durante las noches crecía por todas partes en la misma proporción que durante el día devoraba el ave de amplias alas."
Sí, ese es el asunto, que todos esos recursos que pensamos nos facilitan tanto la vida, a la postre, la mayoría de ellos, nos tienen encadenados y con el hígado roído por la desesperación que nos produce comprobar lo caro que suele salir todo lo barato. Porque, mis queridos, no hay manera de engañar a los dioses. Y soportan muy mal que intentemos trasmutar el orden natural... como si eso fuera posible.
El caso es que me puse a pensar en estas cosas porque, por varias fuentes me han llegado noticias de que en los EEUU de América está creciendo con fuerza una corriente de opinión que cuestiona la efectividad de las vacunas en general, y de algunas en particular. De ser considerada esa corriente, cuando venía mansa, cosa de frikis, se ha pasado a la guerra sin cuartel contra sus publicistas a los que se aplican los peores insultos que se pueden concebir. Lo que pasa es que los insultadores cada vez lo tienen más difícil porque la corriente ha dado en ser capitaneada por un candidato a la presidencia que, además, se da la circunstancia de que es hijo de Robert Kennedy, de los Kennedy de toda la vida. Por lo demás, la corriente viene avalada por estudios científicos que solo con mala fe se pueden descalificar a la primera de cambio. Y más, habiéndose descubierto que la FDA -la agencia para el control de los alimentos y medicamentos- encargó un estudio cuyos resultados, ocultados cuidadosamente durante años, han salido por fin a la luz a causa de la traición de un empleado de la agencia. Y cosa curiosa: los niños con todas las vacunas reglamentarias puestas tienen a lo largo de su vida diez veces más enfermedades infecciosas que los que no recibieron vacunas de ninguna clase. Pero es que, además, los vacunados tienen una serie de enfermedades raras para las que no se encuentra explicación. Los casos de autismo, por ejemplo, son muy raros en los no vacunados.
En fin, que mira tú por donde nos habíamos figurado que gracias al invento de las vacunas ya teníamos en el bote todo esto de las enfermedades trasmisibles, ¡y va a ser que no!, que a los dioses no les gusta que destruyamos los mecanismos que tenían dispuestos para mantener el equilibrio de la naturaleza. A la postre, Prometeo, el rico en recursos, tiene un hermano, Epimeteo, que es tonto del culo hasta decir basta, y que, para nuestra desgracia es el que administra esos recursos que Prometeo roba a los Olímpicos cuando le invitan a cenar.
Efectivamente, como les iba diciendo, el estudio de la simbología que crearon los antiguos nos puede dar muchas claves que nos ayuden a romper las cadenas y a ahuyentar al águila que nos roe las entrañas.
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