Como ando metido en ciertos negocios por cuenta de mis hijas, estoy pudiendo comprobar en carne propia dos cosas que no son para tirar cohetes de contento. Una, ya sabida de sobra, pero no interiorizada hasta que te toca padecerla, es que la mafia dominante utiliza el papel como principal arma de dominación. Para poder mover un dedo te exigen rellenar mil formularios, pasar por mil oficinas en las que tendrás que guardar aburridas colas en las que, ni por asomo, escucharás la menor protesta: es la escuela de la sumisión. Dos, que lo que hace dos años valía cinco, ahora vale diez. Eso del tres por ciento de inflación no es más que otra mentira como la del covid. La mafia dominante se ha dado cuenta de que no importa cuán grande sea el embuste porque la gente traga impasible el ademán... mientras haya para terrazas, ahí me las den todas, parece ser el lema popular.
Claro, con esta inflación galopante, para que van a bajar la pensiones para aliviar la deuda. Así, ya se alivia sola. Lo que no me cuadra es el cómo se las apañan los hosteleros para seguir dando menús a doce euros. ¿Qué será lo que dan? No quiero ni pensarlo. En cualquier caso, a mí no me pillan que a estas edades las cagaleras suelen ser fatales.
Por lo demás, ¡ancha es Castilla! Haciéndose uno la comida se puede sobrellevar la carestía con cierta dignidad. Antes compraba ese arroz que llaman bomba que estaba a tres euros el paquete. Como ha subido a seis y pico, me he pasado al bismati y santas pascuas. Además, ¿saben?, el bismati, en mi opinión, no desmerece en nada al bomba. Y así, como con el arroz, con todo, empezando por el aceite que es que ¡menudo timo lo del de oliva! De los doce euros que vale el litro, he pasado al uno y medio del de girasol y no he notado por ello que mi paladar o intestinos hayan sufrido la menor desmotivación.
Y hablando de motivaciones, para lo que cada día que pasa estoy más es para los videos de matemáticas. También en esta materia se está produciendo una inflación galopante. Recién ahora, hay como una avalancha de youtuberos indios y nigerianos que con su inglés endemoniado explican los típicos trucos para resolver lo que a ojo de poco avisado parece irresoluble. Pero, también en esto es el mercado el que dictamina: donde esté Matemáticas con Juan que se quiten los demás. Porque sabe dar espectáculo, que no otra cosa es la ciencia pedagógica. En cualquier caso, ¡cómo se gastan estos actores! Vienen unos pegando fuerte y se van otros. Es una adicción de tipo donjuanesca. Se necesita cambiar cada poco para mantener el interés. Sin embargo, de lo que la gente del común no parece apercibirse es del tamaño de esta afición a extenuarse el coco. Afición que, desde luego, está en el origen de esta aceleración histórica que nos lleva de cabeza a algo más que a dar con ella en un pesebre. Si se fijan en el número de visitas que tienen esos vídeos no necesitaran hacer muchos cálculos para deducir que son muchos cientos de millones las personas que a diario se entretienen multiplicando a destajo sus enlaces neuronales. Luego, a qué extrañarse de que haya tanto invento con gran poder de disrupción. En fin, sea como sea, para mí es un entretenimiento incomparable. Y allá cada cual con los suyos, pero que no vengan pasándomelos por los morros porque yo sé lo que vale un peine.
Así es que, entre las mates, la música y mis selectas lecturas, me paso la inflación y todo ese amenazante runruneo que no cesa, por el arco de triunfo.
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