martes, 18 de julio de 2023

Los agatirsos

Parece ser que en dos o tres años la población de Ucrania ha caído de 44 millones a unos 30. Para creérselo solo hay que darse una vuelta por estas calles. Yo pensaba que eran rusos, pero el moldavo que limpia el portal me aclaró que en Santander solo hay ucranianos. Los rusos, dijo, están en Valladolid. Aquí se les ve felices. Tienen todo el trabajo que quieren y luego se van a pescar al muelle o a hacer barbacoas con la familia. Se les ve tan integrados que solo se les distingue por lo grandes que son. En cualquier caso, para esta Europa moribunda han sido una bendición: bien educados y formados, son un pegamento inmejorable para tapar las grietas que se van produciendo a causa de tantos años seguidos de opulencia. Y, encima, que tienen una condenada facilidad para los idiomas. 

Así que, en todo este lamentable asunto de la guerra promovida por la estupidez inherente a los imperios en retirada, podemos concluir una vez más que no hay mal que por bien no venga. Así es como se han regenerado siempre los pueblos, por medio de las guerras, porque, al parecer, es la única forma de que los humanos nos enteremos de lo que vale un peine. 

Por lo demás, por mucho que los intereses del mando en plaza se obstinen en poner el foco en esa guerra civil, los mandados dicen que no y le desvían, el foco, hacia otros asuntos que no por poner los pelos de punta dejan de campar por sus respetos. De repente, nos enteramos de que todos los años son raptados dos millones de niños que luego son utilizados para dar gusto a la legión de pedófilos que señorean el mundo. Porque esa es la cuestión, que el gusto por ese tipo de prácticas es algo tan arraigado en la especie humana que cuanto más se intenta desarraigar más se complica el asunto. Pasa como con todos los vicios que el puritanismo rampante cree poder eliminar por la fuerza: ¡sancta simplicitas! Allí donde se promulga una ley prohibicionista, allí es donde surge como por ensalmo una mafia que suministra a los quieren, o necesitan, esquivar la prohibición. Es como una ley de la naturaleza. Es muy probable que cuando Gide se iba de turismo pedófilo al norte de África no hiciesen falta para nada esas mafias que secuestran niños. Pero así son las cosas, de repente llega una ola de puritanismo y todo el equilibrio se va al carajo. Entonces no queda más remedio que hacer una película, The Sound of Freedom en el caso que nos ocupa, para que todo el mundo se pueda rasgar las vestiduras y sentirse una vez más mejor que los otros. No tiene solución el asunto: se podría mejorar matando a todos los que promulgan leyes, pero a ver quién es el que pone el cascabel a ese gato. 

Por cierto, que en el mundo siempre ha habido gente curiosa: ayer leía sobre los agatirsos, un pueblo que vivía por lo que ahora es Transilvania. Pues bien, parece ser que se pasaban el día follando todos con todas. Así se sentían todos familia y no había lugar a rencillas y envidias. Ya ven qué sencillo.  

lunes, 17 de julio de 2023

PreMat: Train Your Brain

Lo cortés no quita lo valiente. Sigo con lo de Casanova que, a la sazón, anda por Suiza enamorado de su ama de llaves que es un prodigio de mujer se la mire por donde se la mire. En su intensa vida social ha conocido a un matrimonio de cultos y adinerados que tiene una hija de trece años que es, no solo es una preciosidad, sino también un elemento de cuidado. El caso es que a la niña le gusta meterse en el dormitorio donde Casanova y su amante hacen sus cosas. Acaban de echar un polvo y la niña le dice a él que repita la jugada. Él le explica que de momento no puede por razones puramente biológicas. Entonces la niña le dice que ella le va a trastocar esas razones por medio de sus habilidosas manipulaciones. No tarda ni dos minutos en ponerle como una moto. Entonces, él, se va a por la amante, pero la amante está saciada y le dice a la niña que como ha sido ella la que ha encendido el fuego que sea ella la que lo apague. Bueno, la descripción del apagado de ese fuego es algo que, en cualquier caso, es imposible leerla sin sentir como te alcanza el fuego. ¡Madre mía! Entonces mandan a la niña a su casa convertida ya en mujer y Casanova se va a visitar a un afamado científico con el que pasa el día intercambiando conocimientos.

El mundo es así. O ansí, como diría Baroja. Va uno por la calle y ve de todo. Por el extremo oeste del barrio hay bares que los fines de semana son un hervidero de lujuria. Mayormente merodea por ellos la colonia hispana, ellas envasadas al vacío. Pero también hay autóctonos. Ayer había por allí, a cielo abierto, una pareja de estos, por la mediana edad, dándose el lote. De pronto, ella se separó, justo cuando yo pasaba, y le dijo al tipo: primero paga. El tipo, pareció quedar descompuesto, como pillado por la sorpresa. ¡Ah, pero entonces...! Por la pinta, no debía tener un duro. En cualquier caso, así es mi barrio los fines de semana.

Ya digo, por la calle, ve uno de todo. Mayormente, gente zanganeando, dentro y fuera de los bares. Los políticos llaman a eso socializar. O sea, ser cada vez más socialistas que es, justo, lo que los políticos quieren que sea la gente. Pero, luego, uno se da cuenta de que dentro de las casas es otra historia. Llego, me acomodo en el ikea reclinable y enciendo el ordenador porque me apetece darme una de comecocos. En el ordenador encuentras cientos de discípulos aventajados de Euclides. En este caso escojo a PreMat:Train Your Brain. Es un tipo indio que acabo de descubrir y que, en cierto modo, supone para mí una vuelta de tuerca de dificultad. Me fascina. Uno ve el enunciado y parece imposible que con tal precariedad de datos se pueda llegar al resultado. Pero sí, siempre se puede llegar. Cuestión, mayormente, de método. ¡Ay, el método! ¡Qué poco enseñados estamos a ponerle en el centro de todas nuestras decisiones! Nos han hecho creer que con la intuición basta. Pero la intuición sin método es un laberinto del que es imposible salir. 

A lo que quería llegar es a que en el ordenador puedes acceder a cientos, miles acaso, de portales en los que te proponen resolver problemas matemáticos de todo tipo. Y lo sorprendente es que esos portales tienen millones de visitas. O sea, que si miras el mundo con atención te das cuenta de que no es lo que parece a primera vista: porque muchos son, sin duda, los adoradores de Baco, pero, no nos engañemos, porque los discípulos de Euclides no le van a la zaga. Y es que de no ser así, cómo nos podríamos explicar que existan Mercadonas y prodigios por el estilo. 

domingo, 16 de julio de 2023

Liu

Liu Sivaya, esa chica rusa que habla español mejor que la inmensa mayoría de los españoles, está empeñada en contarnos la guerra en curso en su país desde una perspectiva patriótica, rusa, por supuesto. Hoy nos muestra un concierto de rock, supongo que en Moscú, en el que se ve a una banda en un escenario con tanques y toda la parafernalia de la guerra, cantando una gesta del ejército ruso en la segunda guerra mundial. Y el público delirando de puro gusto, porque hay que reconocer que la cosa no es para menos. Entonces, Liu Sivaya va y dice: los gringos no tienen ni idea de quienes son los rusos. Y, como les decía ayer, si no han leído a Heródoto, todavía menos porque desconocen de dónde les viene la casta.

El caso es que Liu Sivaya tiene montones de seguidores que parecen adorarla. Porque es que además la chica, aparte de inteligente, es muy mona. Así que, por más que se haya intentado por todos los medios desacreditarla, acusándola de estar a sueldo de Moscú y cosas por el estilo, no parece que haya hecho mucha mella en su popularidad, lo cual, supongo, tendrá mucho que ver con el asco que siempre han dado en el mundo hispano los gringos. Porque está guerra que todos los medios occidentales dicen que es de Rusia contra Ucrania, cada vez más gente sabe que en realidad es de Rusia contra los gringos. 

Yo no sé, pero a la luz de la historia, diría que esta guerra no tiene otra finalidad que la de debilitar al Estado ruso para que se vea obligado a ceder parte de sus recursos a las empresas gringas. Que Ucrania, que al fin y al cabo es Rusia, quede arrasada, no hace sino mejorar las expectativas. De hecho, por más que Rusia lo tenga todo a su favor en el campo de batalla, es muy probable que en el plano económico se esté resintiendo gravemente. Porque lo contrario iría contra la lógica. Claro que, por parte gringa, tampoco se van a ir de rositas. De hecho, es de suponer que los rusos tendrán algo que ver con todas las revueltas que se extienden por el imperio gringo. 

Porque esa es la cuestión, que en el imperio la cosa está que arde. Tanto que pudiera ser que lo de Ucrania no fuera, a la postre, más que una maniobra de distracción de la opinión pública. Digamos que a todo lo largo y ancho del imperio hay una guerra intestina entre dos facciones irreconciliables: los woke, por un lado, y los QAnon, por el otro. Viene a ser lo de siempre: cuando las cosas se empiezan a torcer, o a escasear la harina, es inevitable el incremento de la inquina entre los que viven de su trabajo, los QAnon en este caso, y los que aspiran a vivir del trabajo de los otros, los woke para que nos entendamos. Luego, claro está, ambas facciones utilizan diversas pinturas de guerra que les caracterizan, digamos que eso es el folklore, pero no se dejen engañar, lo que cuenta es rapiñar o ser rapiñado: dos facciones irreconciliables cuando, como digo, empieza a escasear la harina. O es que ustedes no han caído en la cuenta todavía de que todo eso del orgullo y el sí es sí, y demás mandangas woke, no son más que pantallas tras las que se camufla el arte de rapiñar. 

En fin, todo se mezcla y no hay forma de evitar que de tanto en tanto la mezcla sea explosiva. Es la historia de la humanidad. 

viernes, 14 de julio de 2023

Escitas

Supongo que los rusos de hoy son los escitas de ayer, justo aquellos a los que tantos emperadores persas intentaron someter, siempre infructuosamente. Y ese es el caso, que, como estos que mandan en occidente no han leído a Heródoto no tienen ni idea de con quién se las están jugando. Ya le pasó a Napoleón, y luego a Hitler, que fueron a por los escitas y se pegaron un morrocotudo batacazo. 

Servidor, como conoce bien la estepa castellana y a sus gentes se hace una idea de por qué los escitas son imbatibles. Acostumbrados a la lucha contra los elementos, cuando les llega el invasor es cosa de niños para ellos. Tienen tanto territorio para retirarse y dejarle que se confíe que, después, solo tienen que esperar la primera nevada para tenerle atrapado en un cepo. 

El único escita del que se tiene noticia es Anacarsis, un aristócrata que  anduvo de gira por las islas griegas. El conde de Bartelemy, un ilustrado francés del siglo XVIII, llevó a la ficción esos viajes dejándonos con ello un entretenido compendio de la cultura clásica griega. Pero, ya digo, ficción. Lo único que pudiera ser realidad sobre los escitas es, que yo sepa, lo que nos cuenta Heródoto. Que tampoco es mucho, aunque sí curioso. Por ejemplo, que no querían contaminarse con las costumbres de otras culturas y por eso, si alguno de entre ellos había osado salir de su territorio a comprobar que había más allá, si regresaba, de inmediato le mataban antes de que hubiese podido contar algo. Por lo demás, eran como cualquier otro pueblo, los que vivían en llanuras se dedicaban a la ganadería y los que lo hacían en las cuencas de los ríos a la agricultura. Así que los unos eran nómadas y los otros urbanitas. Nada de particular, en definitiva. 

Los rusos de hoy día, al parecer, tampoco se quieren contaminar, por más que lo tengan difícil. En cualquier caso, siguen siendo de entre los europeos los más apegados a los valores tradicionales. Con ello quiero decir que, por ejemplo, en un pueblo ruso, el día más señalado del año es aquel en el que los niños dejan de vacar y comienzan el curso escolar. Ese día, toda la familia se viste de fiesta y va a la escuela a escuchar los discursos de las autoridades y, después, hacen una comida de hermandad con lo que cada uno ha llevado. O sea, hay familia, hay autoridad, sacralizan el aprendizaje y no papean a costa del Estado. ¿Se puede ser más tradicional que eso? Ah, bueno, sí, de lo de las ideologías de género y demás mandangas tan de moda por aquí, no quieren oír hablar. Les parece el colmo de la degeneración. A mi juicio, con toda la razón del mundo. 

El caso es que, en este occidente degenerado, hay una manifiesta corriente de simpatía hacia los rusos y su tradicionalismo. No en vano se está produciendo como una especie de sunami hacia los nacionalismos conservadores. Uno tras otro, van cayendo todos los países. De hecho, en el país quizá más avanzado socialmente del Europa, y puede que del mundo, Suiza, hace más de cincuenta años que gobierna, por llamar de alguna manera meterse lo menos posible en la vida de los demás, un partido de corte conservador con matices nacionalistas. 

En fin, por ahí andan diciendo que la OTAN ha amenazado a los rusos con volarles una central nuclear. Y los rusos han contestado: ¡pues anda que no tenéis vosotros un montón de ellas a tiro de piedra! Y así andan las cosas, creyendo una vez más que se puede dominar a los escitas.  

jueves, 13 de julio de 2023

Cosas veredes

Como dijo un poeta en cierta ocasión, una gran nube mental está descargando su rayo sosegado. Eso es lo que está pasando sin que la inmensa mayoría se entere de la fiesta. Sin embargo, los que están a los mandos de la nave ¡vaya que sí se enteran! Como niños con rabieta se han apresurado a dictar leyes que solo a gente subnormal se les ocurrirían. Quieren poner puertas al campo, retener el agua en un cesto, y cosas así. Y entonces van y crean ministerios de la verdad y ponen al frente de ellos a sus amigos más fanáticos. O sea, pararrayos de cartón. 

Recuerda mucho a cuando allá por el renacimiento a la Iglesia católica no se le ocurrió mejor procedimiento para tratar de mantener su poder que crear la inquisición. Un instrumento de defensa de la verdad oficial que era la que les hacía a ellos poderosos. De todo punto inútil, porque por la propia naturaleza de las cosas, a medida que el rayo sosegado va descargando su energía, esa verdad oficial se va convirtiendo en la mentira de la que cada vez más gente se cachondea. 

Y en eso es precisamente en lo que estamos, en el puro cachondeo. Ayer corría por las redes la imagen del presidente de Ucrania provisto de cubo y fregona paseando su desolación entre los actores de la bufonada de la OTAN. Ni dios le hacía puto caso porque así estaba escrito el guion. Como les ha salido mal lo de esa guerra ahora se ceban en el pobre chaval que lo más seguro es que acabe arrastrado por la turba enfurecida por las calles de Kiev. Al estilo Mussolini. Bueno, de momento, aquí, en este barrio en el que vivo, hay ucranianos para parar un tren. Así, en plan de no tener muchas ganas de defender su patria del alma. Prefieren abrir zanjas por las calles de la ciudad durante la semana e irse los domingos a hacer barbacoa a cualquier parque de la provincia. Se les ve orondos.

Aquí, lo que pasa, es que solo los depauperados intelectualmente atienden a los rituales del poder establecido: ven la televisión, leen los periódicos, van a votar e, incluso, si se lo piden, se dejan inocular cualquier pócima venenosa. Es la masa inerte que a efectos prácticos no cuenta para nada en lo que hace a la marcha del mundo. Luego están los Galileos y su estela de iniciados a los que se intenta parar poniendo, como les decía, puertas en el campo. Inútil de toda inutilidad, porque lo que sirve para controlar también sirve para evadirse.  

En fin, cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras.  

miércoles, 12 de julio de 2023

Sísifo

 Uno se ha equivocado tanto juzgando la calidad de las personas públicas que ya no le debieran quedar ganas de volver a las andadas. Sin embargo, me he tomado la molestia de escuchar la larga entrevista que un tal Lex Fridman le hace a Robert F. Kennedy Jr. y, confieso, me he sentido conmovido, como si, de pronto, me hubiese vuelto a renacer la esperanza, esa que, aunque dicen virtud, es, las más de las veces patología del espíritu, por no decir consuelo de los necios. De repente, uno se topa con un político que analiza el mito de Sísifo a propósito de la obra de Camus, mejor, incluso, que lo hace el Le Precepteur, nuestro filósofo de cabecera. 

El caso es que Robert F. Kennedy Jr. anda postulándose para presidente de los EE.UU. Podría sonar la flauta, qué duda cabe, pero en el entretanto se está haciendo oír por millones de americanos que es posible que se sientan concernidos. Porque lo que ya solo un ciego no ve es que están manipulados por una casta de depravados que les han metido en un callejón sin salida. Todo esto del Covid, todo esto de Ucrania, son unas mentiras tan gordas que cuesta de creer, que diría un catalán, que puedan serlo. Hay que haber sido muy adicto a netflix y similares para poder tragarse tamaños embustes. El lavado de cerebro al que vienen siendo sometidos los estadounidenses, Holywood mediante, les ha hecho olvidar por completo quienes son y de dónde vienen. Hasta se han atrevido a eso que llaman cancelar al mismísimo Thomas Jefferson, que mira que hay que estar zumbado para no darse cuenta de que si uno corta las principales raíces el árbol se muere.

En fin, Sísifo, ya sabemos que es absurdo empujar la piedra cuesta arriba porque por la propia naturaleza de las cosas se va a echar a rodar cuesta abajo tan pronto nos sentemos a recuperar fuerzas. Pero díganme en qué otra cosa vamos a ocupar la vida si no volvemos a la piedra tan pronto nos sintamos restaurados. 

martes, 11 de julio de 2023

¡Qué vida!

Como les decía, ando leyendo las memorias de Casanova y la novela "El viaje al fin de la noche" de Céline. En ambos casos es difícil discernir lo que ambas dos tienen de memorias y lo que tienen de novelas, aunque lo de Casanova parezca más memorias y lo de Céline, novela. A decir verdad, memoria o novela, lo que sin duda se relata es una interpretación de la propia experiencia desde perspectivas condicionadas por diferentes personalidades, la de un ególatra compulsivo, en el caso de Casanova y la de un paranoico, no menos compulsivo, en el de Céline. 

Lo que sí queda claro en ambos casos es que con un cerebro de los que se consideran equilibrados o normales lo más probable es que nunca se pueda ir más allá de ganar dinero o vulgaridades por el estilo. Para tener o, lo que viene a ser lo mismo, imaginar, una vida digna de ser contada se necesita algún tipo de trastorno psíquico de cierta cuantía... porque, uno de tres al cuarto lo tenemos casi todos y, como la realidad demuestra, solo nos sirve para emular a los corderos. 

En cualquier caso lo que cuenta es la lucidez deslumbrante que suele proporcionar la locura. Esa penetración de la realidad que desnuda el alma de las personas capa a capa hasta dejarlas en carne viva. Luego, ya, al verlas de tal guisa, es cosa de cada uno sentirse reflejado en ellas o no y, si sí, tomárselo a coña o ponerse a llorar: cuestión de estados de ánimo, en cualquier caso, que, ahí, es el capricho de los dioses el que decide.

Y así paso la vida, colgado de la ficción las más de las horas. Bueno, a veces bajo a la realidad y voy caminando por los polígonos hasta un centro comercial para comprarme un pantalón. Entre eso y subirle luego los dobladillos... ¡Qué vida!

domingo, 9 de julio de 2023

Jóvenes y jóvenas

Ayer había por la ciudad jóvenes, y jóvenas, como decía Don Emilio, el cura de mi pueblo, envueltos en una bandera multicolor que por lo visto es la que representa al colectivo de mariquitas y bolleras. La verdad es que no me extrañó nada porque hace unos días vi con cierta aprensión que todos los balcones de lo que ahora es delegación del gobierno y, en mis años mozos, gobierno civil, o sea, donde zurraban la badana a los que se metían en política, como entonces se decía de los que manifestaban su desacuerdo con el orden establecido... pues bien, como les decía, en todos esos balcones había una bandera de esas. Porque para eso están las delegaciones del gobierno, gobiernos civiles o como se quiera llamar a los organismos encargados de modelar la opinión pública. 

Lo bueno del caso es que toda esa cutre y estéril barahúnda tiene, al parecer, como finalidad, según dicen las autoridades, poner una barrera al discurso del odio. Porque por lo visto la gente odia a los mariquitas y a las bolleras. Y yo, toda la vida tratándoles y sin enterarme. ¡Mira que soy miope! Hombre, sí, reconozco que esos muchachos y muchachas, a los que les rascas tienen algo así como una costra reivindicativa de lo suyo que es más o menos la que todos tenemos por unos u otros motivos. Claro, lo de utilizar el sexo con exclusivos fines placenteros tiene por fuerza que atraer una cierta animadversión, ya que, así, apaga y vámonos. Al fin y al cabo, es como si nos estuviesen diciendo: oye, el marrón te lo tragas tú, que yo me lo sé montar para estar solo a las maduras. Un infantilismo, desde luego, por el que se paga un precio. Sí, claro, los hijos, menudo marrón, y, encima, ahora van las autoridades, o ciertas autoridades, y te dicen que eres un marrano por haberlos tenido, que es que sobran para dar y tomar. 

Es muy complicado todo esto, pero, como dice hoy Neil Oliver en su homilía dominical, desconfía de cualquiera que te venga con la milonga del discurso del odio por parte de los otros. Ya saben que prevención a destiempo, malicia arguye, que siempre nos recordaba mi padre ante cualquier manifestación de autocomplacencia. La realidad es casi siempre bien distinta, porque, si de algo carecemos, es de lo que presumimos tener y, si algo desagradable achacamos a los otros, suele ser de lo que nosotros tenemos a calderadas. Y qué le vamos a hacer si somos todos bastante tontitos. Y, encima, ahora van las autoridades y por aquello de que los trans, unos señores que no dudan en automutilarse por tal de hacerse notar, no se sientan humillados, exigen a los médicos que no pongan nunca vagina en sus informes, sino bonus hole que no sé si se podría traducir como agujero bonito o algo así. En fin, cosas de las autoridades a las que se supone un especial discernimiento de la jugada. 

No sé, porque el caso es que por ahí iban ayer los chavales dando tres cuartos al pregonero. ¿Pero por qué no enseñarán en las escuelas, ya que se quieren dedicar a educar, que la herramienta quizá más poderosa para andar por la vida es la discreción? En resumidas cuentas, que qué pena me dan esos críos y qué asco las autoridades que les incitan a hacer cosas de las que muy posiblemente acabarán avergonzándose. ¡Ya te digo, enorgullecerse de tener unas u otras preferencias! ¡Qué gilipollez! Si al menos tuviesen que estudiar algo para ello... podría tener un pase. 

sábado, 8 de julio de 2023

En las mismas

Desde que tengo uso de razón, si es que eso significa algo, vengo constatando que siempre se están produciendo en el mundo determinados fenómenos que parece que lo van a poner todo patas arriba. Y la verdad es que en todo el tiempo de mi vida no ha pasado nada realmente reseñable que no sea que la población se ha multiplicado por tres y pico y, lo mismo, la producción de bienes de consumo. Así es que estamos un poco más apretados, pero, por lo demás en las mismas. Yo, no veo que mi vida haya cambiado respecto a la que llevaba cuando vivía con mis padres en el pueblo. Como, como comía, y tengo, como antaño, quien me venga a limpiar la casa de vez en cuando. Por lo demás, leo libros, escucho música y doy paseos: lo que siempre hice.

Y digo que parece que esos fenómenos, por lo demás normales -un poco de fuego robado a los dioses y cosas así- lo van a poner todo patas arriba, porque hay una casta de humanos que se dedican con denuedo a escudriñar el futuro - como si eso fuese posible- y con lo que creen ver construyen premoniciones que para que se ajusten a sus, por lo general, podridos estados de ánimo tienen que ser negras. Tengan en cuenta que el que está bien en la vida no suele dedicarse a escudriñar el futuro sino a vivir el presente. Así es que, toda esa gentuza, a la postre, no hace otra cosa que darnos pol saco. En esto no ha cambiado nada el mundo desde que es mundo. Hoy los voceros de la catástrofe están en los medios de comunicación en cualquiera de sus versiones y, antaño, encaramados en los púlpitos de las numerosas versiones de iglesias que siempre han existido. Los apóstoles del miedo, todos ellos, el producto más fácil de vender que nunca haya existido y, no por nada, sino porque sin él los mierdas del mundo, que son la mayoría, se desmoronarían. 

Así todo, el que durante mi ya demasiado prolongada vida no haya ocurrido nada de particular, no quiere decir que en un momento dado no vaya a pasar algo que nos vuelva la cara del revés. Pero para mí que esto es como lo del cuento aquel de "que viene el lobo". Pues, miren ustedes, el lobo, que se sepa, nunca vino cuando se le esperaba. Siempre llega por sorpresa. Y por eso es que cuando más en guardia hay que estar es cuando nadie anuncia su llegada. 

Personalmente, pienso que seguiremos en las mismas. Se producirán de continuo pequeñas conmociones que al ser vistas de cerca por los iletrados nos querrán convencer que han sido poco menos que el fin del mundo. Y a los cuatro días todo olvidado y a por la siguiente. Y así, con los pequeños cambios que producen las pequeñas conmociones, nada cambia. Y eso es todo. 

viernes, 7 de julio de 2023

Realce rey

Me cuenta Santi sus andanzas por el proceloso territorio de las lenguas. Polinesias, micronesias, indonesias, por lo visto hay miles y, cosa curiosa, se pueden rastrear los préstamos que las de aquí hicieron a las de allá y viceversa. Porque la gente siempre anduvo de un lado para el otro y los contactos nunca son en vano. Y en menos que nada en el asunto de las lenguas. Es como si todas tuviesen algunas palabras que, por su musicalidad, eufonía o lo que sea, se te quedan pegadas y, luego, tienes tendencia a usarlas en vez de las del mismo significado en tu propio idioma. A mí me pasa con un montón de palabras del inglés, francés y catalán que son las lenguas de las que tengo alguna idea. Me pongo a expresar una idea y sin mediar la menor intencionalidad introduzco una palabra foránea porque, supongo, mi cerebro se queda así más satisfecho. 

El caso es que el rastreo de esos préstamos tiene un valor incalculable en lo que hace al conocimiento de la historia de los pueblos. Quién pasó por aquí, quién se fue para allá, no hay contacto que no deje huella. Los libros de Heródoto son obsesivos acerca de esas huellas. Porque a la hora de la verdad ningún pueblo es como les enseñan a los chavales en las escuelas de Cataluña o el País Vasco que es que parece que les quieren convencer de que están allí, al estilo de las rocas, desde la explosión original. La realidad, desde luego, es bien distinta; no hay pueblo, o comunidad que esté donde está que no sea por haber llegado allí huyendo de algún peligro. Y unas veces exterminan lo que se encuentran y otras se mezclan. Y todo eso queda impreso en las lenguas. 

En fin, el caso es que, como dijo aquel famoso torero, hay gente pa tó. Y algunos, como Santi, tienen ese "realce rey", que diría Gracián, que es el don de las lenguas. Realce rey que, bien sure, ha necesitado del preceptivo cultivo para que haya podido dar sus frutos. Y esa y no otra es la cuestión que hace que una vida sea cumplida o no: el cultivo del realce. 

Por lo demás, qué sería de nosotros si los mejores no dedicasen sus más ímprobos esfuerzos al cultivo de lo aparentemente inútil. Ellos son los artífices de esa grandeza de espíritu que impide que la mezquindad inherente al pragmatismo que señorea a los petits se nos lleve por delante.

miércoles, 5 de julio de 2023

Educación pública

Una de las grandes ventajas que ha nos ha traído toda esta mentira de la pandemia es que los mejores se han hecho conscientes de unas cuantas cosas que estaban por ahí, como sumergidas en el magma de la comodidad, pudriéndose silenciosamente. Una de ellas, la más importante sin duda, es que es absolutamente necesario sacar a nuestros hijos de las garras del Estado. Ahora se ha podido ver en que consiste ese engendro que llaman educación pública, como si ese sintagma no fuese en sí mismo un oxímoron o, ya puestos, un imposible metafísico. La educación, por definición, tiene que ser íntima, y por eso solo se puede producir en el ámbito de la familia que, por así decirlo, no tiene otra justificación para existir que, precisamente, llevar a cabo esa titánica tarea. 

Pero vino la desventurada socialdemocracia, con Franco a la cabeza, y nos dijo: vosotros divertiros, que de lo penoso ya me encargo yo. Y, entonces, los chisgaravís como yo, vimos el cielo abierto y nos entregamos con frenesí a las delicias del consumo cutre. Nos tendrían que pegar patadas en el culo hasta que acabásemos cagando por la boca, por todos los errores que cometimos. Y de esta realidad es de lo que se ha dado cuenta mucha gente ahora, al comprobar la brutalidad con la que se nos ha echado encima el Estado con la excusa de la falsa pandemia. Los niños metidos por meses en exiguos apartamentos y luego años con mascarilla en las aulas. Se les ha sometido a un terrorismo psicológico que solo padres descerebrados han podido permitir.

A D. G. el número de personas que, como digo, va cayendo en la cuenta de lo mierdas que han sido, no cesa de crecer. y por eso es que la revolución conservadora sea inevitable: sin familia tradicional no hay libertad posible. Ya sé que suena retrogrado, pero qué le vamos a hacer si el ser humano, en lo esencial, necesita millones de años para moverse un ápice en cualquier dirección. Al final la socialdemocracia no será más que otro de los sueños demoniacos que ha padecido la humanidad en su largo transitar de la nada hacia la nada. 

martes, 4 de julio de 2023

Luz sofoclea

 No sé si fue Erza Pound el que en uno de sus poemas cita la cegadora luz sofoclea. Supongo que al 99,999 de la población mundial lo de cegadora luz sofoclea le dejará frío, pero es porque tuvieron la inmensa desgracia de no enterarse de que de las dos o tres cosas importantes que se pueden hacer en esta vida, una de ellas es, precisamente, leer, releer y volver a leer, las tragedias griegas. Esquilo, Sófocles y Eurípides: no hay otra santísima trinidad que se le pueda comparar. 

En realidad, bien mirado, el arte, o es cegador, o es otra cosa. Entretenimiento para chachas, por ejemplo. Lo cual, tampoco es que esté mal, pero que no nos vendan la moto como si fuésemos turistas. El arte se produce con cuentagotas porque se necesita el concurso de los dioses que, como bien es sabido, son cualquier cosa menos generosos... si algo son, eso es celosos y, si no, miren lo que le pasó a Prometeo por ponerse a producir luz cegadora por su cuenta. 

Pensaba en estas cosas porque, como ya les dije, ando leyendo la novela de Céline, Viaje al fondo de la noche, que es luz cegadora donde las haya: me ha puesto la cabeza desbocada. Es difícil digerir tanta aproximación a la verdad de este mundo. Porque los seres humanos tenemos una innata propensión a ser bastante repugnantes. ¡Y qué le vamos a hacer!, que diría Borges. 

Lo que me deslumbra en esa novela de hace cien años es que se analiza con precisión de entomólogo forense la actual guerra que está teniendo lugar en los confines de Europa. Esa guerra que es todas las guerras. Los hermanos que ven partir a sus hermanos al frente solo tienen pensamientos para la posibilidad que se les está brindando de acrecentar su herencia: menos a repartir, en definitiva, que no otro objetivo es el de todas las guerras. Por no hablar de los nichos de negocio: guerra y enriquecimiento son conceptos que se conforman entre sí al estilo de mano y guante... sobre todo cuando hace frío.

Y luego, esa degradación moral que con tanto esmero nos esforzamos en ocultar en tiempos que decimos de paz, cuando viene lo que llamamos guerra, es como cuando Perséfone escapa del Hades y sale a la superficie, Digamos que se recoge la cosecha. En tiempos de guerra todo está permitido menos sugerir la verdad de las cosas. Cualquiera que se atreva a sugerirlo, primero, le mandan al manicomio y, si insiste, aparece con un tiro en la nuca en cualquier callejón oscuro. 

La verdad es que no sé si merecerá mucho la pena someterse a sesiones de luz sofoclea. Aunque uno es como es y no puede evitarlo. Además, que uno viene ya de muy atrás enganchado a ese vicio. Querer penetrar la realidad como si así fuese a conseguir unos instantes de sosiego. La típica ilusión de los condenados por desconfiados... o por no resignarse a babear. 


lunes, 3 de julio de 2023

Nihilismo

Quizá la única doctrina filosófica con algún viso de sensatez sea el nihilismo. Como haga lo que haga se va a ir todo al carajo lo mejor que puedo hacer es irme de putas que son unas señoras que tienen estudios al efecto de hacer la vida agradable por una módica tarifa. (En realidad solo se tienen que leer el Catéchisme libertin à l’usage des filles de joie et des jeunes demoiselles qui se destinent à embrasser cette profession, de Théroigne de Mérincourt que, por cierto, como todo buen nihilista acabó volviéndose loca para que la encerrasen en un manicomio que es en el único lugar en el que se pueden encontrar algunos atisbos de cordura.)

Sigo con el viaje al fondo de la noche y, luego, de vez en cuando le echo un vistazo al portal de Liu Sivaya. Es curioso como encajan el uno con la otra con la guerra como hilo conductor. Liu está empeñada en contarnos lo que está pasando por ese lado de Rusia que llaman Ucrania desde la perspectiva que le da ser de un bando y vivir entre los que son del contrario... o sea, desde la locura que es cordura. Que es lo que tiene que haya bandos, que se producen esas extrañas circunstancias de la mente. 

Por supuesto, el protagonista del viaje al fondo de la noche escapa de la guerra no se sabe muy bien si volviéndose o haciéndose el loco. En cualquier caso, eso a mí me suena a algo familiar. Es una buena artimaña a caballo entre lo meramente espontáneo y lo sofisticadamente elaborado. Difícil de dilucidar, se mire como se mire.  

Afortunadamente, gracias a este buenismo socialdemócrata que viene imperando en el mundo de un siglo para acá, a los que se vuelven, o se hacen los locos, en vez de encerrarles en manicomios para someterles a torturas varias, les dejan a su aire que casi siempre acaba siendo el que se respira en las salas de espera de las estaciones. ¿Por qué será que siempre me ha atraído tanto el demorarme en esos espacios de tránsito apresurado?

En fin, Céline, Théroigne, Nietzsche, Liu Sivaya, yo mismo...    

domingo, 2 de julio de 2023

Sublimación

El asunto freudiano de la sublimación tiene toda la miga que le queramos suponer y un poco más. Y no por nada, sino porque la candente realidad de, por lo menos, la inmensa mayoría de los hombres es que culo que ven, culo que quieren, y, claro, eso es un imposible, si no metafísico, sí político. Así es que la naturaleza, sabia por antonomasia, que por eso hay que dejarla a su aire, nos fabrica sustitutos del culo para que demos rienda suelta a nuestros deseos lúbricos sin por ello crear problemas de convivencia. O crearlos de menor entidad que, aunque molesten, no pasen a mayores por aquello de que tire la primera piedra el que esté libre de dar el coñazo con sus aficiones. 

Pensaba en estas cosas porque he sublimado tanto mi afición a los culos que ahora ando desesperado intentando preservar del olvido el patrimonio acumulado cuando intentaba olvidarme de lo que realmente me concernía. Así, pieza musical que me gustaba, pieza que quería aprender y, con cabezonería de obseso, mal que bien, conseguía apropiármela. Y, ahora, resulta que tengo un repertorio dentro de la cabeza que a nada que me descuide se evapora como por ensalmo. Por eso, porque me da rabia perderlo, tengo que luchar cada día a brazo partido para tapar los poros por donde se evapora, valga la aliteración.

Por eso es que haya decidido que no voy a ir más allá de Libertango. Ya le he cogido el punto, pero me faltan horas de práctica para que me resuene por dentro. Con esta pieza daré por cerrado mi repertorio y todos mis esfuerzos se concentrarán en intentar que no se deteriore. Es un patrimonio íntimo que se irá conmigo. Y eso es lo bueno, que nadie tendrá que llamar al chamarilero para ver si se puede sacar algo... como cuando se fueron mis padres que ¡madre, mía, lo que costó deshacerse de toda aquella basura de buen gusto que habían acumulado a fuerza de sublimar! 

Afortunadamente, una pieza que aprendiste en su día, nunca se olvida del todo aunque a primera impresión te lo pudiera parecer. Te pones con ella y en cuatro patadas la recuperas y, de paso, sientes una satisfacción, que es de lo que en definitiva se trata porque, así, te olvidas de que existen culos que no son para ti. ¡Así de sencillo! 

sábado, 1 de julio de 2023

Divagaciones veraniegas

A medida que me voy haciendo más sabio menos alcanzo a comprender de dónde sale esa pulsión del ser humano que le lleva a querer, por encima de todo, dominar a los demás. Es una pulsión que marca como ninguna otra el curso de la historia y, siempre, en su faceta más siniestra, la de impedir a la gente irse de este mundo de forma natural, entendiendo por tal hacerlo tendido en la propia cama, o sea, como le gustaba a Foción que muriesen sus soldados. La verdad es que tampoco entiendo por qué se habla tan poco de Foción, porque mira que era inteligente aquel tipo. 

Uno observa esa guerra que hay por ahí, hacia el lado de levante. Unos señores que están a miles de kilómetros han decidido que era conveniente para sus intereses. Para ellos es una inversión más entre las muchas que tienen. Desde luego que no les quita el sueño. Si pierden, seguirán siendo ricos en la acepción más vulgar del término rico. Si ganan, lo mismo: seguirán teniendo todo lo que quieran para invertir en nuevas empresas de la misma calaña. Y a ellos, que les registren si alguien puede, ya que ni siquiera sabe nadie a ciencia cierta quienes son. 

En esto, el mundo no ha hecho más que perder calidad. Porque antaño, cuando alguien poderoso, pongamos por caso Ciro, rey de Persia, decide declarar la guerra a los escitas, que le habían estado dando pol saco, no se queda en su palacio de Susa esperando noticias del frente, no, por el contrario, se pone al frente de su ejército y, espada en mano, va a por ellos. Y muere en el intento. Había grandeza en aquel entonces. 

Pero, si las razones del querer dominar se me hurtan al entendimiento, mucho más lo hacen las del que no le importa ser dominado e, incluso, va a la guerra convencido de que está haciendo lo correcto. ¡Morir por la patria! ¡Pero, hombre de Dios, en qué mundo vive usted a estas alturas! Mira que hay que ser zoquete para no estar enterado que por lo que se muere en las guerras es por los intereses de los accionistas de tal o cual empresa que, ya sea porque quiere ampliar los mercados para sus productos, ya sea por que fabrica pepinos de los que explotan, el caso es que siempre salen ganado.

¿Ganando qué? ¡Qué ilusión más estúpida la de acumular cualquier cosa que sea que no quepa en la propia cabeza!  Así, acumulando solo en la cabeza, por lo menos, puedes tener la satisfacción de que tus herederos no se van a tener que pasar meses tirando cosas cuando te mueras. Les quitas de encima un gran marrón.