lunes, 15 de julio de 2024

¡Date por jodido!

Todavía me estoy riendo con lo de los inexplicables fallos de seguridad. No me digan que no tiene gracia. La seguridad, esa entelequia que tiene al mundo cogido por los cojones como si fuese un perro gorilero. No hay forma de que afloje las mandíbulas. Las mentiras, ya saben, todo es cuestión de insistir para que cuajen en verdades. Como ese mantra que hay ahora con la protección de datos, que hasta para cagar tienes que firmar un papel para que nadie se entere de quién fue el que cagó. Así es que el adjetivo que mejor le va a lo del intento de asesinato de Trump, como en su día a Reagan, por no hablar de los intentos exitosos, como los de los Kennedy o el más reciente del exprimer ministro japonés, es el de inexplicable. Dices inexplicable y ya está todo explicado: han sido los de siempre, es decir, el Padrino de la mafia del barrio adyacente. ¡Joder, por qué se tendrán que llevar tan mal siempre los vecinos! Luego lo piensas y te dices: claro, es que ahí hay mucho modus vivendi en juego. ¿Con qué alimento yo mis camellos si vas tú e inundas mi barrio con cocaína low cost? Hay que entender cómo funciona el mundo y no hacerse ilusiones. 

Esta mañana seguíamos dándole vueltas a lo del pueblo judío. El mayor fake de la historia convertido en verdad a base de la infatigable repetición. Vete tú a explicar en una capilla pentecostalista de cualquier barrio del mundo que todas las historias que hay en ese libro que adoran son inventadas. Te arrojarían piedras. Con lo bien que viven ellos creyendo que fueron realidad. Lo mismo que se vive bien creyendo que el Estado garantiza tú seguridad. Nada que temer. Todo controlado. Pero es que hasta por la calle hay aparatos para que cualquiera te pueda sacar adelante si se te para el corazón. A la entrada del Mercadona de mi barrio hay uno de esos. Desde que lo vi compro mucho más tranquilo,  

Dice Santi que lo importante no es vencer, sino convencer. Totalmente de acuerdo. Y se convence, insistiendo. Da igual que se trate del pueblo judío que de ir a recoger cacas por la calle o hacer cien, o cuatrocientos, kilómetros en coche para darse un baño en una playa. Si te insisten lo haces todo de buena gana. Convencido de su bondad. En definitiva, insistir es convencer. Como aquel chiste que se contaba en el colegio que empezaba por: ¿me da usted la petaca, señor cura? Y que terminaba por: ¡date por jodida, hija mía!  

domingo, 14 de julio de 2024

Pies de barro

Quizá la cosa de la historia de la humanidad más alucinante, sobre todo, por las consecuencias que ha tenido, ha sido la facilidad con la que cuajan las leyendas. El cine de Hollywood, al que, como no podía ser de otra manera dada su extensión, de vez en cuando le suena la flauta, dejó niquelado este asunto en aquella película llamada "El hombre que mató a Liberty Wallace". Un buenísimo, James Steward, se enfrenta a un malísimo, Lee Marvin, bajo la atenta mirada desde la sombra de un racionalista a tota ultrança, John Wayne. Lee Marvin es abatido contra todo pronóstico y James Steward es considerado en adelante un héroe. Sin embargo, el tiro decisorio ha salido de la pistola de John Wayne al que nada le interesa que se sepa la verdad. James Steward, sin embargo, quiere que se sepa la verdad, pero el periodista local, que es el que ha construido la leyenda, no le deja porque según dice, "cuando la leyenda es mejor que la historia real más vale que prevalezca la leyenda".

Al final, lo que pasa, es que somos una civilización que se sustenta en los pies de barro de dos leyendas: la del pueblo hebreo y la del pueblo griego. ¿Qué hay de verdad en la Biblia o en la Ilíada? Los hebreos, una tribu que lucha por sobrevivir en la encrucijada entre dos grandes potencias. No recuerdo que Heródoto diga gran cosa de ellos, si es que dice algo. Los griegos, tres cuartos de lo mismo; unas tribus, que han bajado del norte, que se enfrentan a otras que vienen del sur. Es el peligro que les viene por el este el que les obliga a coaligarse. A partir de ahí, entran en juego los bardos que son los reales padres de la patria, ya que sin la leyenda que construyeron todo hubiera quedado en agua de borrajas. ¡Ya me dirán ustedes, por unos cuernos tanto alboroto! Y, sin embargo, todos sabemos la resonancia que unos cuernos tienen en el imaginario popular. Helena, digamos que Afrodita, nunca se nos va de la cabeza. A la postre, en este mundo, lo que manda es aquello tan gracioso del Decamerón, o sea, San Crece en Valle Hondo. Lo demás, material de relleno. 

Así son las cosas de este mundo, gigantes con pies de barro. No por otra causa es que todo acaba por venirse abajo. Y es que cuando la gente se entera de la verdad de lo que ha sido le entra un nihilismo que ya solo quiere morirse. En fin, menos mal que a la inmensa mayoría le cuestas Dios y ayuda apearse del burro, que si no... 

sábado, 13 de julio de 2024

Los Elementos

La edición que compré el otro día de los Elementos de Euclides es una joya. Es lo que se llama una edición facsímil, es decir, copia exacta de la que se publicó en 1774 por orden del que entonces era algo así como ministro de defensa, el Conde de O-Reilly, un señor que consideraba las muchas ventajas que se derivaban del estudio por parte de la juventud de los libros elementales, siendo entre estos uno de los más necesarios una exacta y completa Geometría, y que ninguna obra de este género sería tan útil para el intento como una buena traducción española de los Elementos de Euclides hecha de nuevo sobre la versión latina de Federico Comandino, conforme a la correctisima edición de ella recientemente publicada en Inglaterra, revisada, corregida y anotada por Roberto Simson, profesor de matemáticas en la universidad de Glasgow. 

Sostenía el tal O-Reilly que para un buen cimentarse en cualquier ciencia lo mejor era recurrir a los autores originales. Y esto se cumplía sobre todo en la Geometría. Decía: "El orden y riguroso método sintético de demostrar, que sigue Euclides, aunque a primera vista polixo, y espinoso, es muy acomodado a la índole, y modo de proceder del entendimiento humano, y tiene las imponderables ventajas de rectificar el espíritu de los jóvenes, acostumbrándolos a discurrir con solidéz y escrûpulosa exactitud, y fijar su atención con la seria, y continua meditación, que necesariamente pide la cadena de ideas, y Proposiciones, en que se funda; de modo, que no solo los hace Geómetras, sino que insensiblemente los va habituando a ser excelentes Lógicos; requisito muy necesario, así para hacer progresos en las Ciencias, singularmente en las exactas, como para manejarse acertadamente en todos los negocios, y ocurrencias de la vida..."

En resumidas cuentas, que, "absténgase de entrar aquí el que no sepa geometría", que ponía en un cartel a la entrada de la Academia Platónica. Y es que, lo de entrar a esa Academia viene a ser como aquello de Hamlet, to be or no to be, ser o no ser. Saber pensar o no saber pensar, esa es la cuestión. Y no por nada sino porque el buen pensar te hace prudente y el mal pensar... ¡ustedes mismos!  

viernes, 12 de julio de 2024

La sonnette d´alarme

Hay una guerra en Ucrania que, a mi juicio, es la continuación de la vieja guerra que vienen manteniendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial las dos potencias que se habían coaligado para destruir al monstruo alemán. Abatido el  enemigo común, pasó lo que siempre pasa en estos casos, es decir, las Guerras del Peloponeso. Derrotado el monstruo persa, Atenas y Esparta -léase EEUU y Rusia- luchan por la hegemonía. Hasta que al final se destruyen entre sí y se lo ponen fácil a Macedonia -léase China-. La historia del mundo ofrece pocas sorpresas. Siempre pasa lo mismo por los mismos motivos. 

Sin embargo, el verdadero fondo del asunto no fue que Esparta destruyó a Atenas, ni Atenas a Esparta. Lo mismo que EEUU no va a destruir a Rusia, ni Rusia a EEUU. El fondo del asunto es mucho más simple: Atenas y Esparta se destruyeron a sí mismas porque tiraron al cubo de la basura sus viejos principios y se instalaron en la mentira y la corrupción. EEUU y Rusia, tres cuartos de lo mismo. Montas guerritas por ahí para disimular, pero la verdadera guerra la tiene cada uno dentro de sí. 

Seguramente llevamos ya mucho tiempo así, pero la sonnette d´alarme, o toma de conciencia, si mejor quieren, del cáncer que nos corroe fue el esperpéntico asunto de la pandemia. Todavía hay gente que se lo cree, pero el despertar a la realidad va tomando velocidad de crucero. Cada vez más gente sabe que los gobiernos la sostienen y no la enmiendan porque cualquier signo de debilidad al respecto sería su final... por otra parte, inevitable, dada la zafiedad de la mentira en la que se apoyan. 

Pero, bueno, tranquilos, a los atenienses y espartanos no les fue mal bajo la égida macedonia. De hecho, esa época, marcó el ápice de la expansión del helenismo. Si no ando equivocado, fue por entonces cuando Euclides, aprovechando sus conocimientos geométricos, puso en limpio las reglas del recto razonar. De entonces para acá, nadie ha podido añadir nada a ese asunto tan crucial para la humanidad. Así que, ya digo, tranquilos, porque es muy probable que si a occidente le apean del idealismo alemán y le suben al carro de la sensatez confuciana, pues eso, que, a lo mejor nos pasa como a los griegos con Alejandro, que dejamos de matarnos entre nosotros y nos dedicamos a cultivar el espíritu. ¡Imagínense lo que supondría para el mundo un nuevo Euclides!

jueves, 11 de julio de 2024

Lot

Comentábamos esta mañana el asunto Lot. Ya saben, en la Biblia está todo. Lot es recordado sobre todo por la cuestión del incesto. Pero no fue él el incitador, fueron sus hijas. Para romper el hielo utilizaron el vino. Lo interesante del asunto Lot es que éste saltarse el tabú no fue provocado por pasiones desatadas, como la lascivia, por poner un ejemplo, no, fue el producto de la razón en estado puro: o se hacían fecundar por su padre o la especie se extinguía. Así, el tabú lo era menos. Porque, ¿de dónde viene el tabú si no es del uso de la razón?   La experiencia demostraba que la mezcla de sangres del mismo origen daba malos resultados. Muchos siglos, o milenios, después, la ciencia ha explicado el porqué de esos malos resultados. Pero este es otro asunto que no viene ahora al caso; lo que si viene es que lo que te da la razón, la razón te lo puede quitar.

Recuerdo que mi padre nos contó un caso parecido al de Lot que el había vivido de cerca cuando había ejercido de médico en un pueblo de la cordillera Cantábrica. Un tipo, al que llamaban "el Pinao" porque era muy alto, había bajado de las alturas, donde vivía con su madre y hermanos, al pueblo para pedir al cura la dispensa eclesiástica para poder casarse con su madre. Y digo que es un caso parecido al de Lot porque los intereses del Pinao, aquí, no eran satisfacer su lascivia sino el de desplazar a sus hermanos a la hora de heredar los bienes de su madre. Puro razonar. De todas formas, era sabido en el pueblo que, mucho antes de bajar a hablar con el cura, el Pinao ya cohabitaba con su madre tiempo ha. Por cierto, que, siendo yo ya estudiante de medicina, acompañé a mi padre a certificar la muerte del Pinao. Yacía yerto sobre un montón de yerba seca junto al hogar de una de sus cabañas. Por lo que luego se supo, había ingerido petróleo para curarse un catarro que no le quería abandonar. En toda sociedad siempre quedan residuos del primitivismo más primitivo, valga la rebuznancia.  

En definitiva, que pareciera que romper el tabú con una justificación más o menos razonable es algo bastante llevadero a efectos de sentimientos de culpa y tolerancia social. De ahí que el ser humano ande siempre dándole al coco para encontrar la forma de justificar lo injustificable. Eso sí que es algo que está inscrito a fuego en nuestra hélice constitutiva. 

En fin, dejando aparte los asuntos de la jodienda que hasta el más tonto sabe que no tienen enmienda, la parte de la historia de Lot que más me llama la atención por su potencial simbólico es lo de su mujer, que se convirtió en estatua de sal por mirar hacia atrás. A medida que nos vamos haciendo viejos, sin querer, te vas convirtiendo en estatua de sal de tanto mirar hacia atrás. Es lo que tiene la falta de expectativas, que se intenta resarcir apegándose a los recuerdos. Es como estar muerto sin saber que lo estás. Y es que, morir con las botas puestas solo está al alcance de los valientes. Y ¿qué es la valentía? Pues, eso, el desapego... no mirar hacia atrás por muy bonito que te pareciese lo que has abandonado. ¡Tela marinera!

miércoles, 10 de julio de 2024

Pentecostalismo

Cuando a Adrian Leverkühn, el protagonista de la novela Doktor Faustus de Thomas Mann, le llega la hora de los estudios universitarios, no lo duda: teología. Hijo de padres granjeros, es enviado de niño a la ciudad a casa de un tío suyo que tiene una tienda de instrumentos musicales. En esa tienda se reúne todas las semanas un grupo de músicos para tocar y filosofar sobre la música. Esa es la escuela que lleva a Adrian a convertirse en el compositor más importante de su época. Para mí, esta novela está entre lo mejor de lo mejor de todo lo que he leído a lo largo de la vida. Claro que, cuando la leí por primera vez estaba estudiando música en una escuela en la que se seguían los métodos pedagógicos de Hindemith; sin haberse dado esa circunstancia seguramente la novela no me hubiese impactado tanto. Comprendo que, sin ciertos conocimientos musicales, puede resultar incluso una pestiñada. Aunque la música solo sea una excusa. Tengan en cuenta que está escrita por un alemán exilado en EEUU durante la Segunda Guerra Mundial. 

Pero, a lo que yo iba es a lo de que Adrian, una mente privilegiada, a la hora de elegir conocimientos se decanta por los de cariz teológico, es decir buscar algún tipo de respuesta a las grandes cuestiones que se le plantearon a la especie desde el mismo momento en el que se bajó de los árboles y tomo conciencia de que su tiempo era finito. 

La finitud del tiempo dado es el gran tormento de la humanidad y, por eso, nada tiene de extraño que su mayor empeño haya consistido en aliviar ese tormento. Y todas las culturas de todos los tiempos y lugares han coincido en el remedio: fabricar dioses. Es decir, unos entes que dan respuestas a lo que no las tiene. Parece una solución estúpida, pero nunca se encontró otra mejor y, mal que bien, viene funcionando desde la noche de los tiempos. 

Todo el mundo tiene su idea de Dios. Y los que más, los que le niegan. Porque, ¿qué es lo que niegan? Para negar algo tienes que tener una idea sobre lo que estás negando. Son los mecanismos de la mente humana  que no tienen vuelta de hoja. Creas o no creas, digas lo que digas, la realidad incuestionable es que vivimos aturdidos por el miedo a lo desconocido y cada cual busca y encuentra soluciones a su medida. En este barrio populoso en el que vivo proliferan como los hongos en bosque después de la luvia las iglesias que las dicen pentecostalistas, es decir, que celebran la llegada del Espíritu Santo... o sea, el que en forma de paloma fecundó a la Virgen María para que diese a luz al mismísimo hijo de Dios. Todo esto, como comprenderán, tiene mucha enjundia, aunque solo sea porque creer en ello hace a las personas temerosas de Dios que, es como decir que se lo piensan dos veces antes de satisfacer sus deseos inmediatos. De hecho, no me cabe la menor duda de que en esas iglesias está una de las razones de que en un barrio tan heterogéneo como éste, no se vean por la calle malos rollos. 

En cualquier caso, Adrian Leverkühn acabó firmando un pacto con el demonio. El demonio le ayudó a destruir las jerarquías dentro de la música y, a cambio, se cobró la muerte en vida. En realidad, Adrian es un trasunto de Nietzsche, pero esta es otra historia. 

martes, 9 de julio de 2024

De la razón al mito

Estas conversaciones transcontinentales mañaneras me ayudan a seguir interesándome por la vida. La vida, la propia y la de la humanidad en su conjunto, no ha sido otra cosa, a todo lo largo de la historia, que una jodida obsesión por comprender el mundo que nos rodea. Así es como se va, por medio la razón, de lo concreto al mito. El hombre, constata la realidad con una precisión con visos de definitiva, pero siempre le queda un cabo suelto que necesita atar so pena de no poder dormir: es entonces cuando fabrica el mito. Y no se engañen, porque en eso la humanidad no ha avanzado un pelo. Se han  enviado telescopios hasta lo que pareciera son los confines del universo, se ha inventado la matemática cuántica, se horadan en la roca círculos de cincuenta kilómetros de diámetro para intentar dilucidar la esencia de la materia... todo lo que ustedes quieran, pero a la postre, para salir del impase se tiene que inventar lo del big-bang. Es decir, recurrir al mito. Y por ahí andan miles de tíos -y tías, supongo- dando conferencias que tratan de explicar el mito con la vana pretensión de destruirlo. No dicen más que tonterías, como cuando los proscritos de Alar se ponían a filosofar sobre Adan y Eva. Bien es verdad que hay tonterías con más o menos gracia que pueden, incluso, tener visos de realidad. Entonces va alguien y convierte esa tontería en religión. Y que nadie me la toque, porque religión tocada, religión destruída. 

Esto, todo, va de mitificaciones y desmitificaciones y vuelta a empezar. Y por el camino se montan guerras con las que se trata de apuntalar las propias convicciones, ya sean mitificadoras o desmitificadoras... que es otra forma de mitificar. Todas las guerras, se miren como se miren, son de religión, y es muy fácil entenderlo porque no puede ser de otra manera: el ser humano no soporta que le descoloquen de sus creencias. Es un sufrimiento, entonces, indescriptible. Así que, mejor morir en el campo de batalla. 

Y nunca vamos a salir de esto porque somos la especie defectuosa por antonomasia. Hagamos lo que hagamos nuestro espíritu siempre estará de por vida encadenado a una roca del Cáucaso en donde hay unas águilas carroñeras que nunca se sacian de hígado. ¡Y qué le vamos a hacer!  

lunes, 8 de julio de 2024

Odisea

Hoy, por circunstancias de la vida, me he visto precisado a observar de cerca el sistema burocrático de una pequeña comunidad como es ésta en la que vivo. He llevado todos los papeles que la operación requería, pero los burócratas que andaban por allí rascándose, ya sea las bolas, ya la cona, han intentado por todos los medios derivarme a una oficina al otro extremo de la ciudad. He sacado a relucir mis artes dialécticas y, ante el revuelo montado por ellas, ha acudido una que al parecer era la jefa de aquel comando de rascadores: no puede ser, ha dicho, esta palabra que hay aquí tendría que ser... la he interrumpido sin miramientos: esa palabra es la que el notario ha considerado oportuno poner, ¿acaso sabe usted más que el notario? Entonces, la tipa ha empezado a citar leyes, ya saben, numero, barra, número. He vuelto a interrumpirla: ¿qué pasa que son ustedes bizantinos esperando a que vengan los turcos a violarles? Se han mirado los unos a las otras con cara de estar pensando: este tío está loco. He insistido: ¿qué, no conocen ese pasaje de la historia? Entonces la jefa ha cogido los papeles y se los ha dado a una de las numerosas subalternas que había por allí observando la jugada y le ha dicho: ¡hazlo! Lo demás, esperar un rato a que me devolviesen los "papiles" debidamente cumplimentados. Me han despedido con un "si falta algo ya le avisaremos" en tono más bien amable. Tendrían que ver ustedes el lujo de aquellas instalaciones. Una especie de mausoleo faraónico para albergar cadáveres vivientes. En fin, el que le vea futuro a todo eso, que Dios le conserve la vista. 

Creo que lo mejor va a ser  que vaya a comprar una Odisea que vi ayer en el escaparate de una librería de segunda mano.  

domingo, 7 de julio de 2024

As Time Goes By

 As time goes by. "Tócala, Sam". Rick tenía el corazón roto, pero eso no le impedía seguir con sus asuntos. Esa es la lección que nos deja Casablanca: la melancolía está bien para un rato por la noche mientras bebes güisky y escuchas a Sam interpretar As Time Goes By. A continuación, retomas la vida como si nada hubiese pasado. 

Hoy me caen 82. Un suspiro y, también, una eternidad. Según desde la perspectiva que lo mires. O el estado de ánimo, para ser más exactos. Séneca deja, a mi juicio, niquelado este asunto en su De La Brevedad De La Vida. Ama Audiolibros tiene una versión en YouTube que escuché mientras paseaba por el parque Ribera Sur de Palencia. ¿Qué hiciste con tu vida? ¿Generaste recuerdos o la pasaste durmiendo? A la postre da igual porque lo que cuenta es lo por delante. Como Rick, todavía tengo batallas que ganar a los alemanes... que están por todos los lados. Solo necesito del favor de los dioses para conservar el aliento. 

¡Que pasen buen día de San Fermín! 


sábado, 6 de julio de 2024

Cervantes

Cervantes sostenía que dos en la vida y una en los libros. Se refería a la adquisición de conocimiento. Sin duda, él, como cualquier persona con estudios de su tiempo, había leído a los clásicos. Por eso, si hubiese tenido la oportunidad de ir al museo del Prado se hubiera enterado de qué iba aquella fiesta. Porque, si no toda, casi toda la interpretación del mundo que hay en ese museo se hace reinterpretando los textos clásicos. Pero leyendo a Cervantes pronto te das cuenta de que la parte del león de su sabiduría le viene de la vida. De haber peleado en guerras, de haber estado prisionero, de haber tenido oficios detestables, e, incluso, según las malas lenguas, de haber sido proxeneta de su mujer e hijas... sabe Dios, pero, desde luego, que tenía experiencia de la vida en todas sus facetas, de eso, no cabe la menor duda, porque está en sus libros. 

Hoy día, en los libros, poco. Esas masas que acuden a diario al museo del Prado son por así decirlo, analfabetos funcionales. Por eso, a efectos de conocimiento, salen de allí lo mismo que han entrado. Pero bueno, en el entretanto, se ha echado encima la hora de ir a comer que es en lo que realmente estaban pensando mientras recorrían aquellos lustrosos pasillos. ¡Algo hay que hacer! Lo que te mandan: a ti te toca el museo, a tí el estadio de fútbol. Gente obediente. 

Y es así, pienso yo, porque dadas las circunstancias actuales, la inmensa mayoría de la gente tiene muy pocas oportunidades de aprender de la vida. La gente recorre el mundo con una seguridad apabullante. A diario cruza el charco un millón de personas y rara es la noticia de que a alguna de ellas le haya pasado algo desagradable. Con la visa en el bolsillo en cualquier sitio estás como en casa. Los únicos viajes de los que se pueden extraer algunas enseñanzas son las enfermedades. Ahí sí que hay algunas posibilidades. Pero por lo demás, ya saben, aquella frase con la que los padres ceban a sus hijos desde la primera infancia: "tú, hijo, algo seguro", es decir, funcionario. O sea, a pasarse la vida durmiendo. 

Es muy complicado aprender de la vida porque a las guerras solo van los mercenarios. Y las noticias que tienes de ellos es muy difícil distinguirlas de las que escuchastes en la última serie de netflix. Ahora, lo suyo, es vivir las emociones por delegación. 

En definitiva, en un país como el nuestro casi un cuarenta por ciento de la gente menor de cincuenta años tiene titulación universitaria. Pero, ¿cuántos de esos entienden algo cuando van al Prado?, ¿cuántos han pasado por alguna guerra? No sé lo que tendría que decir Cervantes si levantase la cabeza. 

viernes, 5 de julio de 2024

Auparse sobre los hombros.

 "... Un viejo no interesa ya a nadie... Habría, sin embargo, cosas curiosísimas que decir sobre ellos. Mire usted: hay ciertos actos de mi vida pasada que solo ahora empiezo a comprender. Sí, empiezo solo a comprender que no tienen en absoluto la significación que yo creía en otro tiempo, al realizarlos... Solo ahora comprendo que he vivido engañado toda mi vida. Mi mujer me ha engañado; mi hijo me ha engañado; todo el mundo me ha engañado; el Señor me ha engañado."

Esta es parte de la conversación que mantiene el alterego de Gide con su viejo profesor de piano en Los Monederos FalsosEl viejo profesor sigue activo, pero lo más apartado del mundo que puede. Ya no le interesan los alumnos para ganar el sustento; prefiere vivir en la miseria con tal de poder disfrutar de su trabajo, para lo cual necesita que sus alumnos sean capaces de aupase sobre sus hombros para ver más allá. Porque esa es la historia del conocimiento humano, un continuo auparse sobre los hombros de los que nos precedieron. Quizá por eso, pocas satisfacciones mayores podrá tener el ser humano que el tener conciencia de que sus hombros le sirvieron a alguien para auparse sobre ellos. En el fondo, y en la superficie también, es la única forma de inmortalidad posible: la de los que pusieron sus hombros y la de los que se auparon sobre ellos. 

Por todo lo cual es por lo que es tan importante saber escoger los hombros sobre los que nos aupamos. Porque el  conocimiento es como un edificio que cuanto más profundos son sus fundamentos mejor soporta los embates de los elementos: del miedo y de la mentira, principalmente. En fin, los viejos, ¿qué les ha enseñado la vida si todavía quieren andar por ahí -por los bailes de los vampiros- tratando de pillar alguna sensación interesante? Desgraciado es aquel viejo que no se puede aupar sobre los hombros de sus más aventajados discípulos. Porque de ser así, poco habrá vivido. No habrá dejado algo que merezca la pena tras sí. 

jueves, 4 de julio de 2024

Ateniense

A la postre, uno termina por donde debiera haber empezado. Andaba ahí con todas las incomodidades del mundo para leer a Euclides en el ordenador y en inglés y, esta mañana, me he dicho, pero, por Dios, con todo lo que te has gastado y todo lo que has acarreado los dichosos libros y resulta que nunca has tenido los Elementos de Euclides. Pues sí, quiero tenerlo siempre a mano, junto con la Biblia. Con esos dos ya voy a estar entretenido de sobra hasta el último suspiro. Es, simplemente, el empeño en querer afinar el pensamiento, que buena falta que le hace. 

Buena falta, esa es la cuestión clave de la vida, ir poco a poco equivocándose menos por mejor pensar. Porque es que mira que nos trae sufrimientos la cabeza de chorlito. Siempre corriendo detrás de quimeras con su inevitable estrellarse. ¿Por qué se sacó a Euclides de los programas de enseñanza? Y la Biblia por añadidura. Por no hablar de la mitología griega. No sé si se hizo a propósito o por simple ignorancia, pero que las consecuencias se notan, de eso, no me cabe la menor duda. No hay más que echar un vistazo a lo que se ve por las calles. En fin, oye, allá cada cual, que yo a lo mío, o sea, insistir para poder irme de aquí teniendo franqueadas las puertas de la Academia. Por así decirlo, ser ateniense por derecho. 

miércoles, 3 de julio de 2024

El punto

Cuando, hace ya bastantes años, salía a pasear en compañía de los proscritos por los bosques del lado sur de la precordillera cantábrica me enteré de muchas cosas. Ellos no sabían muchas cosas que sé yo, pero disponían de una sabiduría útil que iban todo el rato pregonando. Por el bosque hay mil signos para el que sabe verlos y, sobre todo, montones de cosas útiles para la vida. Recuerdo, por ejemplo, los gamones, que son los tallos de los asfódelos, que, una vez secos, se guardaban antaño en las casas para trasportar el fuego de una habitación a otra. Por lo visto, arden muy lentos. Ya se me ha olvidado casi todo lo que aprendí de ellos, pero recuerdo perfectamente lo orgullosos que estaban de sus conocimientos y como disputaban entre ellos por ser el primero de la clase. También recuerdo la práctica imposibilidad que tenían para escuchar al otro. No les interesaba nada lo que no redundara en el afianzamiento de su convicción de ser mejor que los demás. Por hache o por be, no había día que no encontrasen algo con lo que cargar: algo útil para el convento, como dice el chiste. Así es que tenían las casas que no cabía una cosa más. Solo había uno que pasaba de todo, el que había sido pastor y no había salido del pueblo, lo cual daba a los otros motivos más que sobrados para escarnecerle. Era todo como de libro: la condición humana en sus estadios primigenios. 

Les contaba esto porque estoy convencido que la pasión por el conocimiento es inherente a la condición humana. Todo el mundo está siempre intentando aprender algo nuevo, aunque sea la alienación del equipo de futbol de su barrio, el caso es embutir la cabeza con alguna novedad de la que prevees su utilidad: soltar de carrerilla la alienación del equipo de futbol de tu barrio te puede prestigiar entre los contertulios del bar de la esquina. Y ahí está el quid de toda esta pasión por el conocer, en su utilidad. 

Siempre que nos esforzamos por adquirir un nuevo conocimiento lo hacemos en la creencia de que puede mejorar nuestra vida. Como todo, por lo general, es solo una ilusión. O mejor, si quieren, una vanidad. Es decir, la sustancia de que está compuesta casi toda nuestra vida. Y ese casi que se escapa, es decir, que es real, se compone mayormente del saber cómo nos podemos librar de la furia de los elementos y como conseguir alimentos para que el cuerpo siga funcionando. En esto tan prosaico se agota la necesidad real de conocer... que no es poco, por cierto. 

Y no es poco, porque tanto para lo uno como para lo otro conviene saber geometría. Y no por nada, sino porque agiliza el pensar que, como todos ustedes saben, es la madre de todos los corderos. Así que, no lo duden, agénciense los Elementos de Euclides. Y deténganse en la definición de punto: lo que no tiene partes. El día que comprendan qué quiere decir eso, seguro que les será mucho más fácil preservarse de los elementos y conseguir el sustento.  

¡Uf, qué día tengo!

    

martes, 2 de julio de 2024

Metafísica

¿Qué es la metafísica? Quizá fuese interesante preguntarle a Perico Delgado que puede estar horas y horas largando sobre lo obvio sin por ello mostrar signos de agotamiento mental. Ya les conté que el otro día, a preguntas de un contertulio, respondió que eso sería entrar en cuestiones metafísicas, o sea, más allá, o por detrás, de la física. ¿Y qué es la física? Para mí es los comportamientos de la naturaleza que se pueden explicar con las matemáticas. Es un invento de Galileo que tiró una bola de lo que fuese desde lo alto de la torre de Pisa y, gracias a que antes se había dado cuenta de las leyes del péndulo pudo medir el tiempo que tardaba la bola en pasar por cada piso de la torre. Cuando más abajo estaba el piso menos tardaba en pasar de uno a otro. En definitiva, descubrió la ley de la gravedad: la puso números. Pessoa, que es uno de mis pensadores favoritos, dijo que los únicos problemas que tienen solución son los matemáticos. De lo cual concluyo que a todo lo que no se le puede poner números, o sea, que no se puede resolver, lo podemos considerar metafísica. 

Así es que todo lo que está fuera de las matemáticas y su derivado natural, la física, es metafísica, es decir, eso que se ha dado en llamar ciencias blandas, lo cual viene a ser un eufemismo de impotencia. El ser humano especula, especula y vuelve a especular sobre todo lo humano y divino y, al final, para llegar a algún puerto se tiene que guiar por la moda del momento. Yo esto me lo sé bien porque como ustedes saben soy médico y, a lo largo de mi dilatada experiencia profesional, he visto cambiar muchas verdades incontrovertibles por otras no menos incontrovertibles. Si alguien no se lo cree le puedo dar la referencia de un artículo del Dr. Vernon Coleman en donde se hace un recuento de verdades cambiantes en la medicina del siglo XX. Y es que la medicina es una ciencia, por así decirlo, metafísica. Nada se puede demostrar con números y, por tanto, es mera palabrería. Por eso es por lo que les suelo recomendar encarecidamente que no vayan al médico si no tienen las tripas fuera. 

Les cuento estas cosas porque andábamos estos días dándole vueltas al asunto en nuestras conversaciones transcontinentales mañaneras. De algo hay que hablar. Lo mismo que Aristóteles de algo tenía que escribir y le salió su Metafísica. Personalmente, nunca pierdo de vista ese libro. No podría decir las horas que le he dedicado sin que por ello haya llegado a conclusión alguna sobre su contenido: por eso se llama Metafísica, supongo. Pero ¿qué sería de la especie humana sin esa herramienta que aunque no sirve para nada, sirve para todo? No tiene respuestas, pero nos las da. Por eso vamos por la vida de equivocación en equivocación.    

lunes, 1 de julio de 2024

Interdisciplinares

La experiencia de la vida me indica que cuando alguien recurre al término interdisciplinar lo mejor que puedo hacer es ponerme en guardia. Detrás de esa palabra lo que se suele esconder es el asociarse para delinquir dando la impresión a los incautos de que es para hacer el bien. 

Recordaba estas cosas esta mañana al ver que hay una asociación llamada tal que: The World Professional Association for Transgender Health (WPATH). Así se autodefine: non-profit, interdisciplinary professional and educational organization devoted to transgender health (desinteresada, interdisciplinar, asociación profesional y educativa dedicada a la salud de los transgénero).

Sigue la jugada. (WPATH) will work to further the understanding and treatment of gender dysphoria (WPATH tabajará para avanzar en el entendimiento y el tratamiento de la disforia de género). Disforia. ¡Agárrenme a esa mosca por el rabo! ¿Quién es el que no anda jodido en esta vida por una causa u otra? Que eso es lo que quiere decir disforia. Y no te digo ya si la persona es adolescente que, como su denominación indica, vive en un continuo adolescer existencial. Y es, precisamente, sobre estos adolescentes sobre los que se arrojan como vampiros esos interdisciplinarios del WPATH.  Van por los colegios dando charlas con la misma mentalidad que tiene el pescador cuando echa la red: algo siempre cae. 

A mi esto me parece ya la apoteosis del delirio marxista: tener soluciones para los problemas que ni siquiera existen. O sea, que primero hay que crearlo para después poder solucionarlo a su manera. Eso, a "my way", como la famosa canción. Lo que pasa es que esto no es una canción: es un descenso a los infiernos. Tendrían que ver ustedes un video en el que jóvenes ingleses que han sido mutilados por los interdisciplinarios de marras se lamentan amargamente de su suerte: saben que están condenados de por vida y por eso no es infrecuente que recurran al suicidio... los más resilientes, como se dice ahora para dar gusto a los marxistas, se limitan a pedir indemnizaciones al papá Estado que es el que, no solo ha permitido, sino que ha promovido, semejante monstruosidad. ¿Se imaginan que les viene a casa un hijo un con asunto de este tipo? Un asunto que, por supuesto, ha sido inducido por profesores perversos a sueldo del Estado. ¿Es que no le iba a apetecer a usted entonces el ir a por ellos para cargárselos? 

Desde luego que Putin, al respecto, ha puesto pies en pared. Y al que pille transgrediendo, me lo cargo. ¡Como tiene que ser!

Un problema que nunca existió y, de repente, veo por el barrio desgraciados que han sido convertidos en piltrafas humanas por los dichosos interdisciplinares. ¡Qué dolor! En fin, uno porque ya está de retirada, que, si no, rápidamente me organizaría para ir a cargarme interdisciplinares. O marxistas, que viene a ser lo mismo.