domingo, 15 de diciembre de 2024

La prueba

Veníamos conversando, de unos días para acá, sobre la importancia de la prueba.

You want the truth? Here is de proof. (¿quieres la verdad? Aquí está la prueba). Dicho en inglés es más fácil convertirlo en slogan. Un slogan que en buena ley debiera estar en el centro de toda actividad humana. Porque no hay verdad sin prueba. Eso es lo que nos enseña -perdonen que insista- Los Elementos de Euclides. Y por eso quizá sea que, después de la Biblia, haya sido el libro más leído en la historia de la humanidad. Todo lo que se dice en ese libro, se prueba. De hecho, no es otra cosa que un libro de pruebas. O demostraciones. 

Cuando andaba por los treinta y tantos, esa edad en la que tienes la cabeza tan ocupada con las cosas del fornicio que no te enteras de nada de lo que realmente te concierne y todo lo que es moda lo tomas por ley, conocí a un tipo de Vitoria que solo abría la boca para preguntar a su interlocutor que en qué se basaba para decir lo que estaba diciendo. El chaval tenía unos estudios anárquicos, unas asignaturas aquí y otras de allí, y, cuando llegaba el verano, se encaramaba, con un montón de libros bajo el brazo, en una torre de vigilancia forestal y se olvidaba del mundo. Lo recuerdo perfectamente porque aquella muletilla, ¿en qué te basas?, me llegó al alma. Quizá estaba empezando a darme cuenta de que me la estaban metiendo doblada a todas las horas y por todos los sitios. 

La vida social de baja calidad, esa que los socialistas llaman socialización y, los avisados, baile de vampiros, consiste fundamentalmente en intercambiar chascarrillos cuya veracidad se sostiene en la autoridad que le da la moda. Y la moda, como supongo que ya saben, está ahí para que los traficantes de lo innecesario se ganen la vida. Y es que, no se engañen al respecto, el comercio de lo necesario es una fracción casi marginal dentro del cómputo global de la economía de mercado. Así de complicadas se han hecho las cosas de este mundo a causa  de haber perdido, si es que alguna vez se tuvo, la costumbre de preguntarse por el porqué de las cosas. 

La prueba es el soporte de la verdad. Sin ella la verdad rueda por los suelos. Por eso la necesidad de exigirla nunca se nos debiera ir de la cabeza. Porque es que, además, es en la prueba en donde reside la belleza de la verdad. Si no se lo creen, cojan, agarren, y pónganse a indagar el Porqué de que factorial de 0 sea 1 (0! = 1). Algo absolutamente contraintuitivo. Pero, toda demostración matemática es bella por definición. Y ahí es donde reside el quid del gusto por ella. Para el que aplica las fórmulas de memoria no tarda en convertirse en un erial... como pasa con todo lo mecánico.  

En fin, lo dejo porque me doy cuenta de que me estoy yendo por los cerros. 

sábado, 14 de diciembre de 2024

Alemanes de Alemania

Al parecer en Alemania ya no tienen donde meter los coches que salen de las fábricas. Y eso a pesar de que han intentado parar el golpe poniendo unos aranceles brutales a los coches que vienen de china. Porque los chinos, según dicen, fabrican coches como si fuesen churros, de una excelente calidad y a mitad de precio que los europeos. Sea como sea, chinos, alemanes, o la madre que los parió, la realidad es que las tres cuartas partes, si no más, del espacio público está ocupado por coches, la mayoría estacionados. Así ha sido que, en una ciudad cualquiera, ha venido una riada un poco mayor que lo habitual y se ha llevado por delante cientos de miles de coches. Claro que viendo la espectacularidad de las fotografías es lógico que se tienda a exagerar las cifras. En cualquier caso, supongo que los dueños de las fábricas de coches tendrán una hemorragia de satisfacción cuando ven esas fotos: tu desgracia es mi beneficio. 

Estoy acabando ya la lectura de La Verdadera Historia de Bernal Díaz del Castillo. Y hay una cosa curiosa que me llama mucho la atención: la velocidad con la que aumentan los caballos. A los tres o cuatro años de haber llegado allí con trece caballos, ya, da la impresión de que la mayoría de los conquistadores van a caballo. Hace treinta años que llegaron a las islas del Caribe y ya hay allí una producción de caballos considerable. Eso era por el año mil quinientos veintitantos; trescientos años después, según vemos en las películas de Hollywood, había en América manadas de caballos salvajes por todas las partes. Tengan en cuenta que un coche se hace en unos minutos y un caballo en unos cuantos meses. De todas maneras, el crecimiento exponencial es lo que tiene, que antes de que te des cuenta todo se convierte en plaga. 

Caballos o coches, para el caso es lo mismo: la obsesión del ser humano de abarcar más con menor esfuerzo. ¿Lo consigue o todo queda en ilusión? Cada vez me lo pregunto más. A veces me pongo a pensar en todo el tiempo que tiré a la basura sentado al volante de un coche con el único propósito de sacudirme de encima todas esas emociones negativas que acompañan a los estados depresivos. Desde luego que si hubiese conservado un atisbo de voluntad me las hubiera sacudido mucho mejor con cualquier actividad de un poco más de fuste. Porque no me engaño, las horas que he conducido por una necesidad real se podrían contar con los dedos de una mano. Y no es que no haya sentido esa necesidad tan humana de abarcar más territorio, pero podría jurar que las pocas veces que lo pudiera haber conseguido fue cuando me desplace andando o, todo lo más, en bicicleta... amén de, claro está, los traslados en sistemas públicos de trasporte mucho mas ligados a la necesidad. 

En fin, si así son las cosas es porque así lo quieren los dioses o, si mejor quieren, las leyes de la naturaleza, de entre las cuales sobresale por su infalibilidad aquella que dice que todo lo que sube baja... y no hay viagra que vaya a solucionar eso a los alemanes y sus famosos coches. 

viernes, 13 de diciembre de 2024

Prejuicios

Hablábamos esta mañana de los prejuicios y de cómo la educación tiene como principal misión acrisolar los prejuicios dominantes que son los que se supone dan estabilidad a las sociedades. Traíamos a colación el feminismo, algo que, a mi juicio, tiene que ver con el retroceso intelectual que supuso el cristianismo respecto del paganismo. Los paganos tenían una serie de deidades femeninas que representaban un amplio arco de caracteres, o arquetipos, en el que había de todo como en botica. Más puras, menos puras; más brujas, menos brujas. Pero llegó el cristianismo y mandó parar. Unificó todos los caracteres femeninos en el de la virgen María que concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. Ya no se puede concebir mayor pureza. Y con esta milonga venimos bailando desde hace dos mil años para acá: la pureza de la mujer frente a la violencia y corrupción del hombre. Claro, así, ¿a quién le puede extrañar que salgan por ahí tías como esa Irene Montero que es para partirse el culo de risa cada vez que abre la boca? ¡Aunque mira que está buena la tía! En fin, Irene habla y los principios fundacionales del cristianismo se acrisolan. Y eso es lo que cuenta.

Otro prejuicio letal que mayormente tiene que ver, pienso yo, con la imposición de las filosofías idealistas y, su corolario. la creación del Estado omnipotente, es el de que las matemáticas son difíciles e innecesarias para una más correcta percepción de la realidad. De hecho, de hace cien años para acá, los estudios se dividieron en ciencias y letras: las ciencias para construir máquinas y las letras para el recto pensar. Los resultados de tan estúpida filosofía, a la vista están: el mundo disneylandia en que vivimos a punto de derrumbarse. Sin matemáticas, los deseos son la realidad. No por otra razón es que a la puerta de la Academia Platónica hubiese aquel famoso cartelón que pedía abstenerse de entrar allí al que no supiese matemáticas. Y es que, mis queridos, las matemáticas no son solo para hacer máquinas y puentes, son, sobre todo, el mecanismo natural del aprender a pensar. A pensar por sus pasos, con método. Por eso hasta que llegó esta mierda del idealismo comunista, todo aquel que tenía acceso a la educación tenía como principal manual Los Elementos de Euclides. Ya solo con leer las definiciones que da ese libro de los diferentes elementos de la geometría tienes para uno, o dos, años de cavilaciones. Bien que lo sabían eso los que se apresuraron a sacar ese libro de los planes de estudio. Y es que es muy difícil pastorear a gente que se ha educado con los Elementos. Y, no te digo ya, si a eso le añades la música. 

Lo de la música es otro de los prejuicios en boga: yo es que no tengo oído, se excusa, o justifica, el personal. ¡Vaya por Dios! También en eso hemos degenerado, porque hace un siglo no se concebía una educación que excluyese la música. La música no se estudiaba como una mera cuestión de adorno que es lo que piensan que es los corderitos. No, el aprendizaje de la música es quizá el mayor potenciador de lo que antiguamente se conocía como potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad. Y por eso estaba en los planes de estudios por aquel entonces y, por eso, se ha suprimido en los de hogaño. Claro está que en aquel entonces se estudiaba para ser élite y hoy se estudia para ser rebaño. 

En fin, no quiero seguir, porque insistir en lo obvio, aparte de mal gusto, delata la vaguería mental del que insiste. 

jueves, 12 de diciembre de 2024

Qohelet

 Con constancia de adicto, reincido una y otra vez: vuelvo al blog que escribió Qohelet hace veintitrés o veinticuatro siglos. Es la reflexión diaria de un viejo sobre su dilatada experiencia. Reflexión que, como no puede ser de otra manera, está condicionada por el estado de ánimo del momento. Y en eso estriba su riqueza, en ser muchos en uno. Como somos todos, por cierto. 

Muchos, pero viejos todos. Por eso todo está trufado de desengaño y escepticismo. Y es que es muy difícil, por no decir imposible, llegar a viejo con otra filosofía que no sea esa porque te has cansado de ver triunfar al malvado y fracasar al justo. ¿Dónde está la justicia de Dios, entonces? Así y todo, tiene una cierta confianza en la sabiduría, aunque no todos los días. El sabio, dice, prefiere la casa en duelo; el necio la casa en fiesta. Porque más vale sufrir que reír, pues dolor por fuera cura por dentro. 

Dice otro día: "Me puse a indagar a fondo buscando sabiduría y recta valoración, procurando conocer cuál es la peor necedad, la necedad más absurda, y descubrí que es más trágica que la muerte la mujer cuyos pensamientos son redes y lazos y sus brazos cadenas. El que agrada a Dios se librará de ella, el pecador quedará cogido en ella". Aquí su desengaño todavía conserva un atisbo fe en la la justicia divina. 

Aunque al día siguiente va y dice: dejémonos de leches; aquí lo único que merece la pena es comer y beber y disfrutar en los brazos de la mujer amada. Aunque, al cabo de un rato, se lamenta: "¡Ay del país donde reina un muchacho y sus príncipes madrugan para sus comilonas! Dichoso el país donde reina un noble y los príncipes comen cuando es hora y no ponen su valentía en el beber. La holgazanería derrumba el techo y brazos caídos derriban la casa". 

E insiste: "Tanto mirar los vientos, que no se siembra; tanto mirar las nubes que no se siembra. Si no entiendes cómo un aliento entra en los miembros en un seno preñado, tampoco entenderás las obras de Dios, que lo hace todo". En definitiva, que el que no se arriesga, no pasa la mar. 

Y remata: "Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón y de lo que atrae a los ojos; y sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo. 

Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en que dirás: No le saco gusto. 

Vanidad  de vanidades -dice el Predicador-, todo vanidad".

Y todavía le queda el epílogo: "En conclusión, y después de oírlo todo, teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque eso es ser hombre; que Dios juzgará todas las acciones, aun las ocultas, buenas y malas". 

Es lo que tiene ser viejo, que uno se repite. Seguro que es una treta para autoconvencerse de que se va a ir de este mundo con la lección aprendida. Pura vanidad.

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Huyen como ratas

No es que sea nuevo, ni mucho menos, pero mi impresión es que lo que era arroyo se ha convertido en torrente. Me refiero a la sensación de mentira que impregna a todo lo que tenga que ver con el mundo oficial. Escuchaba a una señora valenciana refiriéndose a unos ministros que habían salido por la puerta de atrás de la catedral al terminar el funeral por las víctimas de la catástrofe en parte propiciada por la incompetencia de las autoridades: escaparon como ratas que es lo que son. Del odio se está pasando al desprecio, lo cual vendría a significar una maduración que, como todo el mundo sabe, es la fase previa a la caída. , 

La política, por su propia naturaleza, siempre va trufada de mentira por la sencilla razón de que la verdad suele ser insoportable para los cobardes que, no nos engañemos, suelen ser la inmensa mayoría. Estamos acostumbrados a que sea así y lo llevamos de maravilla siempre y cuando se mantenga dentro de los límites, como les decía, del arroyo que baja sosegado. O rumoroso, como diría el poeta Garcilaso. El problema es cuando las lluvias inclementes transforman el arroyo en torrentera. Entonces es cuando se pasa de la política a la guerra que es, como dijo no recuerdo quién, la política por otros procedimientos. 

Y no es que ahora estemos en una guerra al uso como aquellas de hace un siglo. Eso ya solo pasa en lugares muy remotos a donde no ha llegado todavía el arma devastadora del cinismo. Es decir, que, so capa de normalidad, lo correcto es lo que a mí me conviene. Es la guerra del todos contra todos. La ausencia absoluta de principios. La psicopatía generalizada al estilo de las exitosas películas de Tarantino o los hermanos Cohen. 

Como siempre, estas cosas vienen de lejos; el deterioro de los principios morales lleva su tiempo y siempre va parejo con políticas que sustraen las responsabilidades individuales para diluirlas en las colectivas. El comunismo, sin ir más lejos. La pudrición así es tanta que, al final, del natural drama que es la vida, se pasa a la comedia: se huye hacia delante intentando tapar las mentiras a punto de ser descubiertas con otras más gordas. Y eso fue lo que llamaron pandemia, una mentira tan gorda que se les fue de las manos. Y en esas estamos, tratando de canalizar las aguas que bajan despendoladas y lo anegan todo. Ya pocos son los que se creen algo de lo que viene de arriba. Y, como no puede ser menos, los pescadores en río revuelto no paran de crecer. Se palpa la anarquía en su acepción manga por hombro. 

En muchos países los mandatarios se han dado cuenta de que todo esto va a ir de mal en peor hasta que no se dilucide la verdad de la pandemia. A tal efecto han montado comisiones parlamentarias que estudian el asunto. ¿Como si hubiese mucho que estudiar! La semana pasada el Congreso de los EEUU de América hizo público un informe que daba cuenta de las conclusiones de la comisión. Reconoce errores, pero sigue empecinado en la mayor. Dice que las vacunas, efectivamente, mataron a mucha gente, pero, también, salvaron la vida de muchos millones. Y esto, digo yo, ¿cómo lo demuestran? ¿Qué estudios avalan esos resultados que tanto les convienen para salvar el culo? Que yo sepa ninguno. Es, simplemente, wishful thinking. Así, no vamos a ninguna parte. 

En fin, como decía la señora de Valencia, las ratas huyen. Es un anuncio de que vienen mejores tiempos.

martes, 10 de diciembre de 2024

¿Descubrimiento o invención?

¿Hay alguien que tenga idea de cuáles son los oscuros resortes del movimiento histórico? Si uno coge, agarra, abre YouTube, y se pone a mirar los titulares, se diría que el mundo está lleno de versados en el asunto. Analistas les llaman, y largan y largan y largan y, de vez en cuando, como en la fábula del burro, la flauta suena por casualidad. La Historia, como pasa con el clima, a duras penas es previsible más allá de una semana. A partir de ahí el número de variables crece exponencialmente y ya todo queda en las manos de Dios que, como creían los antiguos, y supongo seguimos creyendo los modernos, nos premia o castiga en función de los sacrificios que le hemos ofrecido. Porque la cosa va de eso, que por mucho que echemos mano de la razón para intentar comprenderlo todo, como la realidad es tan inaprensible, al final tenemos que recurrir a lo irracional para calmar nuestro espíritu. 

Porque las cosas son así es por lo que algunos piensan que lo más sabio que se puede hacer en este mundo es meterse a monje y olvidarse en la medida de lo posible de que hay un mundo ahí fuera. Lo que tenga que ser, será. Digamos que es lo más sabio por egoísta, lo que, a la postre, también trae aparejado el castigo de los dioses. El ser humano haga lo haga no puede sosegar por más que todo el empeño de su vida sea intentarlo utilizando la herramienta de la razón.

 Aquellos hombres de las cavernas, aprendieron pronto que la naturaleza tiene ciclos y, de ahí, a inventar los números todo fue una. No le costó darse cuenta de que los números servían para un montón de cosas del cotidiano transcurrir. Aprender a sumar, a restar a multiplicar, a dividir, no creo que le llevase muchos siglos. Hay muchos problemas de la vida que solo se pueden resolver con números. Aunque, bien es verdad, son los problemas más fáciles. Cuando se complican un poco quedamos a merced del destino. Así todo, insistimos y tratamos de hallar soluciones manipulando los números. No de otra manera es como hemos construido ese fastuoso castillo en el aire que llamamos matemáticas. 

Los fundamentos de ese castillo, como no hubiera podido ser de otra manera, los pusieron nuestros antepasados los griegos. Seguramente en aquella Grecia fue el primer lugar del mundo en el que hubo una burguesía propiamente dicha. Gente comerciante que necesitaba las matemáticas para mejor navegar y llevar las cuentas de los intercambios que hacían. Y, luego, que los burgueses tienen hijos que como nunca tuvieron que preocuparse por la manduca, suelen propender al deporte conocido como pajeo mental, un vicio solitario que proporciona al que lo practica los placeres inherentes al descubrimiento de nuevos mundos. Burguesía y poner el mundo patas arriba a causa de los pasatiempos de sus hijos todo es una. 

¿Descubrimientos o invenciones? Ahora les ha dado a los hijos de los burgueses por ponerse a debatir sobre si las matemáticas avanzan por descubrimientos de algo que estaba ahí oculto o por invenciones de algo que no existía. ¡Esto sí que es paja mental! Descubrir como Cortés o inventar como Edison. Personalmente, no concibo otra cosa que el descubrimiento. Ayer, por ejemplo, estuve un buen rato maravillándome con la función de Lambert. Un truco ingeniosísimo para resolver ecuaciones que tienen la incógnita en el coeficiente y en el exponente. El tal Lambert fue un francés del siglo XVIII que descubrió el truco y todo el mundo se olvidó de él hasta que alguien a finales del XX cayó en la cuenta de que ese truco venía como de molde para resolver ecuaciones de la cosa cuántica. Ya ven, así son las cosas de este mundo. Aunque, por otro lado, cuando pienso en los números complejos me parece que son pura invención. O, mejor, intuición. Una de las más geniales. Pero es que, ¿acaso para descubrir lo oculto no hace falta también intuición? No sé si esto no será llevar la paja mental al puro barroquismo. 

lunes, 9 de diciembre de 2024

Monstruosidades

Hay cierto revuelo mediático con las decisiones que está tomando el presidente Biden en los últimos días de su mandato. Entre otras, ha querido mandar dinero a Ucrania para que se maten un poco más allí; afortunadamente el Congreso ha echado abajo tan absurda pretensión. Por otro lado, haciendo uso de una prerrogativa que tienen los presidentes de ese país, ha perdonado las tropelías cometidas por su hijo que debe ser un pájaro de cuenta a todos los efectos. Y ya, para redondear, y haciendo uso de la mentada prerrogativa, ha perdonado a una serie de personas que por el momento no han sido condenadas, ni, ni siquiera, están siendo juzgadas por más que haya un clamor público en que lo sean... por la cosa de la pandemia, más que nada. Entre ellas, el que fuera jefe del Estado Mayor a la sazón y el inclito Dr. Fauci, artífices, ambos dos, de las medidas coercitivas y anticonstitucionales que se tomaron por aquellos días. Porque es que, además, según dicen las malas lenguas, esta gente se forró con lo de la pandemia. Tengan en cuenta que las acciones de algunas compañías farmacéuticas pasaron de 18 a 330 dólares en unos pocos días gracias a las decisiones que ellos habían tomado, como la de obligar a vacunarse a todo Dios. 

Por si no teníamos ya bastante con la actitud perdonavidas de Mr. Biden, va un pistolero por la calle, en New York, y le descerraja tres tiros al CEO de UnitedHealthcare, una empresa de seguros que, también, proporciona servicios médicos a más de cuarenta millones de personas. De momento todos los ejecutivos de las empresas relacionadas con la salud han empezado a cagarse por la pata abajo. El pistolero, que anda huido, ha dejado un mensaje en los casquillos de las tres balas disparadas: delay, denay, defend. Por lo visto estas palabras constituyen el título de un libro aparecido hace dos años en el que se denunciaba la propensión de las compañías médicas a denegar tratamientos o postponerlos (para ver si, entretanto, el paciente la palma, supongo). Sea como sea, la gente ha sacado conclusiones de inmediato y se teme que cunda el ejemplo... el del pistolero, quiero decir.

Tiempos revueltos estos en los que las aguas subterráneas putrefactas pugnan por salir a la superficie. Sin duda la que llamaron pandemia, ¿lo fue?, fue el tiro de salida. Al menos nos sirvió para enterarnos -el que quiso- de que hay por ahí una casta satánica que tiene mucho más poder sobre nuestras vidas del que sería recomendable. Yo ya sé que al populus en general se la suda mientras pueda seguir yendo a la terraza a pasárselo pipa, pero, a D. G., no todo es populus; ciertas personas ya se purgaron -¿se acuerdan de aquello de "purgandus populus? del Boadella?-. Así es que, cada vez más, se oye por ahí la sonnette d´alarme: ¿qué coño es eso del gain of function? Ya era hora de que el asunto saliese a relucir porque, a mi juicio, es la típica monstruosidad hija del creerse dioses los hombres. ¿Por qué los gobernantes utilizan el dinero que arrancan de los bolsillos de la gente para hacer que virus que son inofensivos se conviertan en letales? ¿Qué sentido tiene eso? Y eso pasa delante de nuestras narices y a nadie le subleva. Es el triunfo absoluto del nihilismo: vivir abandonados a las pulsiones de muerte. 

Afortunadamente, cada vez más gente se está enterando. El libro de Robert F. Kennedy Jr. "The Real Anthony Fauci", donde se exponen pormenorizadamente todas estas cuestiones satánicas, ha tenido millones de ventas en todo el mundo. Y hasta el mismo Congreso de los EEUU, en el informe sobre la pandemia que sacó la semana pasada, se hace eco de la citada monstruosidad: los hombres creyéndose dioses; no por otra causa arrojaron a Lucifer a los infiernos. No es extraño que Biden se ha apresurado a dar un perdón preventivo al Dr Fauci, cabeza visible del monstruoso pecado de soberbia. Sin duda ese perdón supone un reconocimiento sin paliativos de la culpabilidad del perdonado. 

En fin, ya sé que me toman por chalado cuando escribo sobre estos asuntos; bien, sí, quizá lo esté, pero eso no quita para que de nada sirva esconder la cabeza debajo del ala... y seguir con la fiesta. 

domingo, 8 de diciembre de 2024

Los rankings literarios

Me contaban esta mañana que en una de esas estúpidas encuestas que hacen los periódicos entre el populus sobre quién es el que más de lo que sea, había dado como resultado que el mejor escritor español de todos los tiempos es Pérez Reverte. Y, el tercero, Cervantes. ¡El populus ha hablado, punto en boca!

Recuerdo que cuando mis hijas eran pequeñas me solían preguntar: ¿Papá, quién es tu mejor amigo? Siempre les contestaba que no tenía tal cosa y ellas se quedaban muy frustradas. No creo que aquella necesidad de jerarquizar la hubiesen aprendido en casa; más bien en el colegio que, como casi todos los de aquella época, tenía profesores comunistas. Desde luego que no habían ido allí por mi gusto, pero esto es otra historia. 

Lo del ranking, que dicen los ingleses, es otra de las tantas tretas con las que se educa al populus para tenerle idiotizado. Desde luego que un buen medio para calibrar la calidad de algo es su resistencia al paso del tiempo. Aunque tampoco creo que eso sea determinante por la sencilla razón de que nada lo es. 

Sea como sea la cosa, cada cual tiene sus preferencias, porque, además, no se hizo la miel para la boca de los asnos: la calidad no está al alcance de cualquiera. La Ilíada y la Odisea, no se pueden leer a palo seco so pena de quedarte a uvas. Para leer la mayoría de los libros que han resistido el paso del tiempo hace falta tener un cierto poso de los que no se adquieren acudiendo a eventos culturales. 

Así es que, para mí, comparar a Cervantes con Pérez Reverte es una boutade, pero comprendo que, para los que toman copas por los bares de moda, es mucho más rentable leer al Reverte. La moda siempre dio para más babardeo, lo que en absoluto es cuestión baladí: uno suele hacer las cosas buscando la rentabilidad inmediata del menor esfuerzo; es algo profundamente arraigado en la condición humana. 

Personalmente, Cervantes me parece el no va más, pero luego voy y agarro El Criticón de Gracián y flipo en colores. Y ya no digo si es el Oráculo Manual Arte de Prudencia, que es que no puedo vivir sin tenerlo siempre a mano. Sería incapaz de tener preferencias, porque es que, además, es de todo punto innecesario. Hay treinta o cuarenta o cincuenta libros que los quiero como se debiera querer a los hijos, es decir, a todos por igual. Y, a medida que me he ido haciendo viejo, más me he ido apoyando en ellos. En fin, ya digo, los rankings de todo tipo para los que toman copas por los bares de moda o, por decirlo de otra manera, van a los bailes de vampiros; en esos ambientes, con El Criticón, no te jalas una rosca.  

sábado, 7 de diciembre de 2024

Expectativas

Ayer, por razones que no vienen al caso, me vi en el centro del torbellino. Han llenado la ciudad de supuestas diversiones para los niños. Ahora tienen un mes por delante para dar rienda suelta a sus instintos. Es que los niños tienen derecho a divertirse, dicen los que se han arrogado el papel de organizadores de vidas ajenas. Yo no me meto en si tienen razón o no la tienen; buenas ganas a estas alturas, y más sabiendo que toda mi vida ha sido un rosario de equivocaciones. Pero ver ese bullicio, un día sí y otro también, me produce desazón. Y si no me está traicionando el recuerdo, pienso que me lo ha producido toda la vida. Lo cual no quita para que haya mordido el cebo mucho veces: las luces de colores, por razones que ignoro, producen expectativas a corto plazo. Y nada como las expectativas a corto plazo para generar frustraciones. Pienso que aprendí pronto esa lección: esa insistencia en que la diversión es algo prefabricado me parece una treta satánica. En fin, allá cada cual, que yo me vine para casa zumbando a seguir con lo mío que son las las expectativas a largo plazo, o por así decirlo, imposibles... las que producen una frustración difusa que apenas duele. 

Las navidades: ni hago regalos ni quiero que me los hagan. Me parece una práctica degradante. Lo mismo que festejar sin tener motivos para ello. Todo lo más dar gracias a los dioses por haberme concedido otro año sin sobresaltos. 

viernes, 6 de diciembre de 2024

¡Dios me oiga!

Por diciembre de 2022 el bitcoin cotizaba a 16.000 dólares la unidad; ahora anda rozando los 100.000. Hace un año, la onza de oro valía 1.800 dólares; ahora anda por los 2.600. Estos son hechos que analizados a la luz de la historia tienen su aquel de inquietante. Porque tanto el bitcoin como el oro son lo que se conoce como valores refugio, es decir, que aunque en esta vida, por definición, no haya nada seguro, sin embargo, unas cosas lo son más que otras, y a estos dos valores se les califica de refugio, precisamente, porque se les considera, por los entendidos, como el sitio más seguro para depositar el dinero. ¿Y cuándo se recurre a lo más seguro? Pues muy sencillo, cuando se piensa que hay que agarrarse porque vienen curvas. 

¿Ustedes qué piensan al respecto? Servidor, lo reconozco, anda muy mosca. Aunque también esperanzado. Porque la experiencia demuestra que, si bien los nubarrones en el horizonte son el preludio de la tormenta, tras la tormenta siempre viene la calma. 

No sé qué pensar de todo esto, porque, desde allí a donde alcanzan mis recuerdos, vengo escuchando a los agoreros las más negras premoniciones. Y alguna vez los nubarrones descargaron aguaceros, pero nunca las tormentas que nos anunciaban. Podríamos decir que a la tormenta morrocotuda que descargó hace ochenta años le siguió una larga calma que de unos años para acá ha ido acumulando tensiones que piden ser descargadas so pena de estallar. Ya se verá en qué acaba la cosa; de momento, cada día que pasa se ven más tramposos con el culo al aire: es una buena señal. Y, por otra parte, tampoco podemos fiarnos de las precauciones que toma el dinero ya que, sabido es de sobra, el dinero es patológicamente miedoso. Yo quiero creer que estamos en aquello que un día dijo un poeta: una gran nube mental está descargando su rayo sosegado. Cada vez más gente se está percatando de que las cosas no son como le habían hecho creer. Es probable que haya que meter a unos cuantos tramposos en la cárcel y, por lo demás, el vocerío de la turba descomunal quedará en un puro alarde de la nada. ¡Dios me oiga!

jueves, 5 de diciembre de 2024

El desconstitucionalizador que la desconstitucionalice...

Mañana es el Dia de la Constitución. Se podría decir que es el Día de Solón que como supongo todos ustedes sabrán es el padre de todas las constituciones, por así decirlo, democráticas. Antes de la de Solón hubo otras en Atenas, como la de Dracón, que no es que no funcionasen, pero a la gente no le iba el rollo y por eso le pidieron a Solón que, como también supongo que saben, fue uno de los siete sabios de Grecia, que les hiciese una más a su gusto: así nació la primera constitución democrática de la historia, es decir, al gusto del populus. 

Entonces, con aquella constitución en marcha, la gente empezó a disfrutar de la vida de lo lindo. Tanto que, a los cuatro días ya había gente echando de menos a Dracón. Solón hizo mutis por el foro y se fue por ahí a aconsejar a los tiranos que no presumiesen de dicha hasta ver en qué acababa la cosa. Resumiendo, que los atenienses, hasta las pelotas ya de tanto pasárselo bien decidieron salir a la calle en masa a vitorear a Pisistrato, con motivo de haber pegado éste un golpe de estado. Pisistrato estuvo cuarenta años en el poder y dejó Atenas que no la conocía ni su madre. Todo eso que van a ver hoy día los turistas se hizo durante su mandato. A la muerte de Pisistrato volvió la democracia y, sí duró unos cuantos años, más bien creo yo que fue gracias a los persas. Ya saben que un enemigo a las puertas es un gran aglutinador de voluntades. Derrotados los persas, cambiaron de enemigos, los espartanos, tan aristocráticos ellos, y perdieron. De hecho perdieron todos, porque quedaron tan debilitados que vino Filipo de Macedonia y se les merendó a todos en dos días. Y entonces fue cuando, realmente, Grecia fue grande: llegó hasta la India. Es la Grecia de Aristóteles, Euclides, Eratóstenes, Diofanto... la lista es interminable. 

Personalmente, la constitución me la suda. Es una pantomima. Los que mandan se la pasan por el forro siempre que les conviene y, luego, cuando un tribunal montado al efecto, se lo echa en cara, se fuman un puro. Yo no es que tenga nostalgia del franquismo, si de algo la tuviese sería de cuando era joven, que sí, entonces mandaba Franco y también cocían habas, pero, como era joven, me las comía, tiraba dos pedos y a disfrutar de la vida. Ahora, yo no sé si cuecen más o menos, yo diría que más, pero, en cualquier caso, ya no las puedo comer porque me pongo a morir. Cosas de la edad, que te enteras mucho más de todo sin apenas mirar. ¡Uf, qué duro es todo esto!

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Semitas


A Doctor's Testimony: The Reality of Gaza's Suffering by Dr. Tanya Haj Hassan

Dr. Tanya Haj Hassan, a pediatric intensive care doctor with Medical Aid for Palestinians (MAP), shared a harrowing account of her experiences working in Gaza, where she ..

(El testimonio de una médico: la realidad del sufrimiento en Gaza por el Dr. Tanya Haj Hassan

La Dr. Tanya Haj Hassan, una intensivista pediátrica de la ayuda médica a los palestinos, comparte el espantoso relato de sus experiencias en Gaza, donde ella...)


En World Doctors Alliance (Telegram) se aceptan todo tipo de noticias y mensajes. Ayer había éste que les he transcrito acompañando un video que por supuesto ni ciego de grifa miraría. Ya he leído cien veces las encarnizadas luchas entre israelitas y filisteos y no es cosa de insistir. Yo comprendo que Tania tiene un gran corazón y quiere ayudar a los palestinos a paliar las consecuencias de sus actos. Ayudar por todos los medios, incluidos los de la propaganda. Está en su derecho y, a buen seguro, encontrará cumplida resonancia a sus esfuerzos porque si algo no falta en el mundo son los devotos de las causas perdidas. Es esa gente incapaz de aceptar que Goliat nunca podrá derrotar a David por muchas razones, empezando por la de que Goliat está podrido. Siempre está podrido Goliat, por definición. ¿Conocen ustedes a algún Goliat que no lo esté? Pero, esta es otra historia.

Ayer me mandó Manolo una versión de "All things you are" de Jerome Kern, grabada en la sinagoga central de Nueva York. Cosas de judíos. Tendrían que pasar más de mil años, muchos más, antes de que un semita no judío pudiese hacer algo semejante. Siento mucho que las cosas sean así, pero así son. Y no tienen pinta de cambiar. Y mejor sería que la Dr. Tanya Haj Hassan se preguntase por las razones de que así sea antes de lanzar a las ondas sus lamentos jeremiacos.

¿Por qué insisten los semitas no judíos? ¿Es que no han tenido ya bastante? Recuerdan mucho a aquella puta del Patio de Monipodio a la que le iba la marcha. Es evidente que lo mismo que hay personas que no pueden vivir sin meterse en líos de imposible solución para tener, luego, motivos de queja, también hay colectividades que se entregan a ese juego macabro. Y es que, ¡ay, la queja! Ya se lo decía Rosaura a Clarín:

"No quise darte parte
en mis quejas, Clarín, por no quitarte,
llorando tu desvelo,
el derecho que tienes al consuelo;
que tanto gusto había
en quejarse, un filósofo decía,
que, a trueco de quejarse,
habían las desdichas de buscarse.

Claro que también parecería como que los judíos a todo lo largo de la historia hubiesen estado buscando las desdichas, porque, ¡madre mía, la leña que han recibido! Siempre que la gente necesitaba un chivo, ¡hale, a por los judíos! Y es que jode mucho tener vecinos a los que les va bien cuando a ti te va mal. En esa situación lo que menos quieres es preguntarte por las causas de esa diferencia, aunque, bien pensado, para que vas a preguntarte si ya lo sabes de antemano que al que le va bien es porque usa malas tretas... otro gran consuelo de los desgraciados.

Esa es la cuestión, ¿por qué les va bien a los judíos? O, si no bien, siempre mejor que a sus vecinos. Nadie parece preguntárselo. Y ya va siendo hora, Tanya.


martes, 3 de diciembre de 2024

Lobos esteparios




Reflexionábamos esta mañana sobre la imagen que les traigo a colación. Quizá, a la mayoría, esta imagen, ni fu ni fa. Pero, a los que la estábamos comentando, sí que nos había, no solo llamado la atención, sino que, incluso, nos había hecho gracia. Hacer gracia, ¿se han parado a pensar lo que hay detrás de esa expresión? Pues la gracia es el mayor favor que los dioses pueden conceder a los humanos; por eso es que a sus preferidos les proveen de lo que llamamos sentido del humor, un sexto sentido que penetra los significados ocultos de las cosas. 

Bien es verdad que, si nos había hecho gracia el chiste, no había sido por casualidad, más bien, supongo, que por identificación, ya que ambos dos reflexionantes gozamos, a D. G., de una cierta condición de lobos esteparios. Lo de lobos esteparios viene del título de una novela de Hermann Hesse, un escritor, creo que austriaco, aficionado a las filosofías orientales, que estuvo muy en boga por mis años jóvenes. Mucha gente se quedó enganchada de sus teorías. Concretamente, mi amigo Matos de Salamanca, las siguió toda su vida al pie de la letra y, uno nunca sabe, pero yo diría que he conocido a muy pocas personas más ecuánimes y, sobre todo, agradables, que él. Era un lobo estepario de libro. En fin, perdonen la digresión. 

El caso es ese, que la señora del chiste es un lobo estepario y, los lobos, por lo que sea, incomodan. Bueno, por lo que sea no; todo el mundo sabe que los lobos se comen a las ovejas. ¡Y qué le vamos a hacer si cada uno es como es! Lo de comer, claro, supongo lo habrán entendido, lo digo en sentido figurado: la señora del chiste está obligando a hacer un pensamiento a las parejitas que la rodean. Más o menos, todos sabemos lo que es arrastrar la condición de parejita consolidada por múltiples fornicaciones en un trance de tête a tête un sábado por la noche en un restaurante branché... sin comentarios. 

Ya no recuerdo la de millones de veces que me habrán comentado por ahí lo importante que es lo de socializar. ¡Por supuesto, cómo no voy a estar de acuerdo! Siempre di una prioridad absoluta a la amistad sobre cualquier otro afecto. Podría decir, incluso, que la amistad fue mi gran educadora. Pero, madurar es, entre otras cosas, ir haciendo cada vez más apolíneo el componente dionisiaco de la amistad. Y es que, como decía Pla, si una amistad no me enseña nada, no me interesa. No hay forma mejor de definir la madurez. 

Esa es la cuestión, que, si maduras, irremisiblemente te conviertes en lobo estepario. Y es verdad que sueles aullar las noches de luna llena, pero solo para dar un toque estético al paisaje. 

lunes, 2 de diciembre de 2024

Los pilares

"Transeúnte, esta es la tumba de Diofanto: los números pueden mostrar, ¡oh maravilla! la duración de su vida. Su niñez ocupó la sexta parte de su vida; después, durante la doceava parte, de vello se cubrieron sus mejillas. Pasó aún una séptima parte de su vida antes de tomar esposa y, cinco años después, tuvo un precioso niño que, una vez alcanzada la mitad de la edad de la vida de su padre, pereció de una muerte desgraciada. Su padre tuvo que sobrevivirle, llorándole, durante cuatro años."

Este es el epitafio inscrito en la tumba de Diofanto. Un problema de álgebra que nos propone el que, según la leyenda, fue su inventor, para decirnos que vivió 84 años. De los Elementos de Euclides a las Arithmeticas de Diofanto hay un paso adelante respecto de la abstracción. En cualquier caso entre los unos y las otras ya quedan puestos los cimientos de todo el edificio matemático. O, por así decir, del recto razonar. El logos que le decían. 

Comentábamos esta mañana lo de pararse a pensar en el porqué del dedicar tus desvelos a determinadas tareas, en este caso, a leer y releer a los clásicos más clásicos de todos los clásicos: Homero, Aristóteles y Platón, Euclides y, para terminar, su imprescindible apéndice, La Biblia. Pues la razón de todo ello, entonces, sería la necesidad de comprender cuales son los cimientos de lo que se ha dado en llamar la civilización occidental, la nuestra. Los cimientos o las tres patas sobre las que se sustenta: Homero, la relación de lo humano con lo divino; Aristóteles/Platón, la dialéctica que no cesa entre lo real y lo ideal; Euclides, la lógica, el recto razonar; La Biblia, pone orden, las tablas que baja Moisés del monte, la moral.

Personalmente, no me caben muchas dudas de que la pata más importante, por misteriosa, es la de Homero, es decir, la relación del hombre con la divinidad que, a la postre, siempre se traduce en el temor de Dios, o de los dioses, porque no podemos concebir la existencia sin que ellos estén continuamente observándonos. Y todos los intentos de racionalización de este temor siempre han acabado en lo mismo: corrupción y hundimiento. La conciencia de misterio es lo que nos hace humanos: la ultima verdad de todas las cosas se nos hurta. Pretender haberla descubierto es un acto de soberbia que los dioses no toleran. ¡Acuérdense de Lucifer!

Todas estas cosas que tanto le costó a uno intuir, antes las intuyeron otros y dejaron constancia de ello en el arte. Thomas Mann, por ejemplo, al protagonista de Doctor Faustus, Adrian Leverkühn, le hace estudiar teología, ciencia, si así se puede llamar, que vendría a ser la metafísica de lo misterioso.  Algo tan pretencioso que si quieres sacar algo en limpio no te queda otro remedio que pactar con el diablo. Y sí, Adrian desveló ciertos misterios de la música, pero los dioses se vengaron descerebrándole.

Las otras patas son más comprensibles, la continua pelea entre Aristóteles y Platón; avanza uno y retrocede otro y viceversa. No hay forma de salir de eso porque el mundo es un valle de lágrimas en el que el consuelo menos trabajoso es imaginar  que el mundo puede ser como a ti te vendría bien que fuese, es decir, eso que llaman idealismo platónico. Entonces, viene Aristóteles y te dice, baja a la tierra, tío, y acepta la realidad. Y en esas estamos. 

Por otro lado, Euclides, lo más difícil de todo, la mecánica del pensar. Mi impresión es que nunca se consigue poner a punto esa máquina. Si insistes, la afinas, y quizás consigas tropezar menos de lo habitual. Ya lo dice Pessoa, que, en realidad, pensando, solo podemos resolver los problemas de matemáticas. Para todo lo demás, digo yo, no tenemos otra opción que ofrecer sacrificios a los dioses para que nos tengan en cuenta. 

Y qué decir de la Biblia que no sea que es el único libro de autoayuda que realmente funciona. Así que ya saben a qué atenerse si desean aliviarse un poco de las inevitables pesadumbres de la vida. 

Vale por hoy.

domingo, 1 de diciembre de 2024

Ojo al parche

Me mandan un vídeo realizado por medio de la IA (inteligencia artificial) en el que se ve a toda la dirigencia de un partido político trasladada a dos mil años atrás, actuando como se supone que actuaban los romanos. En realidad, no es más que lo que hemos visto tantas veces en las películas de Hollywood, con la única diferencia de la facilidad que dan los  medios tecnológicos actuales para montar la simulación; hoy día, cualquier mindundi, bajándose una aplicación de IA se puede dedicar a tergiversar la realidad de modo que a la inmensa mayoría le resulte casi imposible darse cuenta del engaño. Una vuelta de tuerca más, en definitiva, de lo que siempre ha sido la habilidad de los tramposos. 

La cosa, tampoco es que tenga tanta enjundia como nos quieren dan a entender los que venden el invento. Para engañar a la inmensa mayoría nunca hicieron falta grandes recursos porque la inmensa mayoría siempre está a falta de un buen engaño que la venga a sacar del muermo en el que vive. Y eso nunca va a cambiar porque en la condición humana está gravada a fuego la ley del mínimo esfuerzo. Recuerden aquel concurso de ideas que ganó Bartolo el Rey de los Vagos: él proponía una máquina que apretase el botón que había que apretar para que todas las tareas de la vida estuviesen resueltas. 

Yo veo a la gente por ahí angustiada y, por añadidura, con los colmillos afilados. Se te acercan con la manifiesta intención de clavártelos en la yugular, pero, como uno tiene ya más escamas que un galápago, rápidamente saca el ajo o la cruz y el vampiro sale volando. En realidad, el ajo y la cruz consiste en llamarles putos vagos y sugerirles que pongan un poco de agonía en sus vidas. ¿Pero cómo se hace eso?, me contestan airados. ¿Has leído El Quijote?, les respondo. Es que me cuesta mucho, es muy difícil. Pues ya está, esa es la agonía que necesitas, ¡léelo! 

¡Manda huevos, gente con una carrera a la que le resulta difícil leer El Quijote! Así está el patio. Ayer recomendé a otro vampiro, que, por cierto, se dedica a la enseñanza, que dejase de dar la vara y se pusiese a leer El Criticón. Me contestó que si así podría ganarse el cielo, cerrando la pregunta con muchos signos de interrogación a los que para redondear añadía una de esas mierdas que llaman stikers o algo así... los vampiros suelen ir de ingeniosos. 

Pues bien, uno no sabe nada de nada, pero tiene sospechas, y una de ellas es que cuantos más inventos hay en e mundo mayor es la angustia de la gente. Porque los inventos no hacen otra cosa que desposeernos del consuelo supremo que es "la bendición del trabajo", o, dicho de otro modo, del olvido de sí mismo en "la tarea cotidiana". Así que, mis queridos, ojo al parche, porque ni es oro todo lo que reluce y sí por mucho madrugar Dios te ayuda.