domingo, 15 de junio de 2025

Pulsiones suicidas.

El asunto de las disonancias en la música es algo que da para mucho pensar. Tengo entendido que fue Beethoven el primero que incluyó las séptimas menores en la armonía. Y por lo que cuentan fue un atrevimiento muy criticado porque, quieras que no, esa séptima es una disonancia. Y una disonancia es una rotura de la armonía, o sea, un sufrimiento. Hoy día estamos tan acostumbrados a ese sufrimiento que ya no podemos vivir sin él; por así decirlo, forma parte de nuestra cultura. De Beethoven para acá, la música ha evolucionado por el simple procedimiento de ir intercalando en la armonía tradicional cada vez más y más disonancias. Fue a comienzos del siglo XX cuando, ya, respecto de la armonía, no quedaba títere con cabeza. La música, entonces, era una sucesión de disonancias, es decir, un sufrimiento continuo. Y eso es lo bueno del asunto, que el ser humano no tarda en acostumbrarse al sufrimiento y, un paso más, y ya no puede prescindir de él: la música es como la vida, que sin sufrimiento no la sentimos. 

Esa es la amarga realidad, que para la especie humana vivir es sufrir. Es la contrapartida inevitable al tener conciencia de nosotros mismos como seres perecederos. La naturaleza nos dio ésta que parece ventaja comparativa y, para compensar, nos encadenó a la roca del sufrimiento. Así es que toda nuestra vida está marcada por esas cadenas. Siempre, todo se nos escapa. Nos es imposible retener por un instante todo atisbo de placer. Sobrevivimos a este tormento porque nos las hemos arreglado para echar encima de la conciencia miles de paladas de olvido, pero, ella, allá en las profundidades, sigue trabajando incansable. Y, de vez en cuando, sale a pasearse por la superficie y es tanto el dolor que nos produce que nos queremos morir. Entonces es cuando nos surge eso que llaman pulsiones suicidas. 

El mundo siempre ha estado lleno de pulsiones suicidas. Y es que, en el momento que dejas de echar paladas de olvido encima de la conciencia por medio del trabajo -que, en el peor de los casos, es un sufrimiento menor-, ya la tenemos ahí dándonos por el saco. Entonces empiezas a hacer idioteces para ver si con un poco de suerte acabas de una vez. Desde luego que flaco favor nos hicieron los que inventaron las máquinas. En realidad no hicieron otra cosa que echarnos más cadenas encima.  

No sé, porque uno ve lo que está pasando por ahí y piensa que a lo mejor de ésta se va todo a la mierda y se acaba el sufrimiento en el mundo. Aunque, también, toda esa destrucción que estamos viendo quizá no sea otra cosa que deshacer por la noche el tapiz para poder volver a comenzarlo a la mañana y así olvidarnos por un rato de las cadenas. 

sábado, 14 de junio de 2025

Fuerzas telúricas

El Oriente Medio, justo donde confluyen tres continentes, es el campo de batalla eterno. Por fas o por nefas, aquella gente siempre encuentra un  motivo para matar a sus vecinos. Luego viene el rollo de quién es el bueno y quién es el malo. La mitad o más de todos los libros de historia están dedicados a resolver ese enigma indescifrable. Quizá, como algunos apuntan, sea la imposible química entre el monoteísmo semita y el politeísmo indoeuropeo: suena interesante, desde luego. Y, para colmo, va el mundo y descubre que el petróleo, sobre el que flota todo el Oriente Medio, no solo sirve para juntar ladrillos y hacer solidas murallas y fastuosos palacios; también sirve para mover motores de explosión y, con ello, la economía global. Ahora, entonces, ya, deja de ser cuestión de semitas e indoeuropeos y pasa a ser el centro de la codicia de todos. Quién domina el Oriente Medio, domina el mundo. 

Detrás de todas las teorías geopolíticas, como se dice ahora, siempre hay mucha simplificación. La realidad es que todo es un misterio que solo podemos resolver echando mano de los dioses... precisamente para eso los creamos, para que nos resuelvan los misterios: si no hubiese misterios tampoco habría dioses. A partir de aquí, podemos inferir que el gran vicio de los humanos es creerse que son dioses. ¡Yo sé la realidad de las cosas!, van gritando por ahí millones de youtubers. Y todo es ilusión como demuestra el hecho de que no haya manera de parar la guerra en Oriente Medio.

Y los judíos siempre por el medio; ellos no tienen la culpa: nacieron allí y los dioses los escogieron para ser catalizadores de todos los procesos históricos. O sea, que a cualquier movida histórica le metes una pizca de tema judío y de inmediato se acelera. Moisés, Jesús, Marx, Einstein... ¿se pueden imaginar un mundo en el que no hubieran existido tipos así? Es inútil discutir si las cosas hubieran sido mejor o peor sin ellos, porque estuvieron ahí y las cosas fueron como fueron. Y son como son.

Lo único que podemos hacer ahora es sentarnos y esperar a ver en qué acaba la movida actual. Eso sí, mientras esperamos podemos dedicarnos a implorar a los dioses que la movida no se nos lleve por delante. ¿Qué otra cosa podríamos hacer para luchar contra fuerzas que son telúricas?

viernes, 13 de junio de 2025

Derrumbe


Reconozco que ando preocupado -tengo progenie- por los acontecimientos en curso. ¡Demasiados líos en demasiados sitios! Todo huele a derrumbe. Y aunque sé que es de las cenizas del derrumbe de donde surge el calor que incuba el huevo del que saldrá el nuevo amanecer, no por eso dejo de temer que el derrumbe pueda aplastar a los míos. Lo que me tranquiliza algo es que hace cuatro días vimos el derrumbe del monstruo soviético y casi ni nos enteramos; algo de hambre pasaron en Rusia, pero no mucho más de lo que venían pasando de unos cuantos años para atrás. Aquí, ahora, a duras penas sabemos lo que es el hambre y, eso, pienso, es un gran cortafuegos contra cualquier revolución. 

El caso es que uno abre las redes sociales por aquello de pasar el rato y lo primero con lo que se topa es con titulares que repiten con insistencia ¡organización criminal! Bueno, en principio, nada de lo que sorprenderse, porque de ese tipo de organizaciones siempre ha estado el mundo lleno por aquello de que los infradotados de alguna forma tienen que vengarse de la injusticia que la madre naturaleza hizo en ellos, pero lo de ahora no parece que vaya de eso, sino de algo mucho más grave: la organización criminal a la que aluden esos titulares es, precisamente, la organización, en principio benéfica, que nos habría de proteger de los criminales.  Digamos que es el lobo protegiendo a las ovejas. Claro, hay que comprender que el lobo también es un infradotado. 

Así es que estamos buenos. Y por otro lado, los alemanes, que siempre habíamos creído que era el buen árbol al que nos habíamos arrimado, ahora resulta que es un árbol que está podrido de raíz; al borde de la quiebra, dicen los titulares. Y eso por no hablar de Francia, que no es que esté al borde, sino que ya rueda ladera abajo con todos los frenos rotos. Y el Reino Unido, donde vive toda mi familia, tres cuartos de lo mismo... aunque, por otra parte, veo el ciclo de conferencias sobre el particular que están teniendo lugar en la universidad de Oxford y pienso que, el que tuvo, retuvo: apuesto a que los ingleses son los primeros en reaccionar.

Resumiendo, que no porque no haya nada más inútil que ponerse a predecir el futuro vamos a dejar gastar media vida tratando de anticiparnos a los acontecimientos por aquello de que la flecha hiere menos si la ves venir. ¡Una ilusión como otra cualquiera!

jueves, 12 de junio de 2025

El garrote disuasorio

Ayer me enteré de que los ayatolás iraníes han alzado el entredicho que tenían puesto sobre la cabeza de las mujeres; en adelante podrán ir por la calle luciendo sus hermosas cabelleras azabaches. De hecho, a juzgar por los videos de las calles iraníes que he visto por YouTube las mujeres ya hace tiempo que andaban pasándose la prohibición por salva sea la parte. Así todo, el hecho de que unas autoridades totalitarias reconozcan una realidad que les contradice no deja de tener un significado esperanzador. Toda cesión que hace un tirano es como una grieta que se abre en su puño de hierro por donde empiezan a colarse todo tipo de libertades. Y es que cuando la gente tiene sensación de victoria se le suben mucho los ánimos y no hay ya quien la pare. 

Otra cosa sobre Irán que vi hace unos días es que hay allí una asociación proisraelí que está muy activa en todas las redes sociales. O sea que eso de que Irán es el enemigo por antonomasia de Israel es otra de las tantas leyendas urbanas que circulan por ahí. Conviene tener claro que una cosa son los países y otra las mafias que se han hecho con el poder en esos países. Esta es una realidad que desde que existen las redes sociales se está haciendo manifiesta a cada vez más gente. Aquí mismo, en esta España nuestra, choca ver el desparpajo con el que se está tildando de mafia por parte de comentaristas políticos de toda laña al partido en el poder y, por extensión, a todos los demás partidos. De hecho, lo único que falta ya para que parezca una película de Hollywood sobre el tema son las eliminaciones físicas de los adversarios. Supongo que ya estamos a menos de un paso para ello. 

Leyendo a Rothbard te das cuenta de muchas cosas. Por ejemplo, en donde reside el intríngulis de que esto que llaman democracia no sea en realidad otra cosa que el imperio de las mafias. La mafia del Estado se sustenta solo y exclusivamente -perdonen el pleonasmo- gracias a que se las han apañado para convencer a la gente de que solo puede haber paz civil si el Estado ostenta el monopolio de la violencia. No creo que pueda haber mayor trampa. Porque creerse esa milonga es de una inocencia rayana en la idiocia; exige suponer que el aparato del Estado  está constituido por seres angelicales. Pues no, señoras y señores, por muy angelical que sea una persona, a la que se hace consciente de su poderío no tarda ni dos días en convertirse en demonio. 

Así que no nos engañemos al respecto: no hay nada que más contribuya a convertir a una persona en chusma que el hecho de confiar la defensa de su libertad individual a otras personas que, en la práctica, son demonios. Y es que desde que el primer homínido descubrió el efecto disuasorio del garrote no le apartó de su lado hasta que hace poco más de un siglo empezó a señorearnos esta mierda del marxismo cultural disfrazado de democracia o de cualquier otra forma de dar por el saco. Convénzanse, el garrote es la clave de la dignidad personal. Sin él al lado, no eres nadie... un corderito.

miércoles, 11 de junio de 2025

Calor africano


Al levantarme hoy, lo primero que he hecho, como cada día, ha sido abrir la ventana. Una oleada de viento africano me ha azotado el rostro. Inmediatamente la he cerrado y me he dirigido a la cocina a dar comienzo a los rituales cotidianos. Tengo la vida tan ritualizada que ya casi no necesito ni pensar. Así es que se me van los días en un suspiro. En realidad, ya todo me importa un comino. Lo que tenga que ser será por designio de los dioses, los hados o quiénes quieran que sean los encargados de designar las cosas que han de suceder en este mundo que, como dijo el poeta, es traidor y nada es verdad ni mentira, sino todo del color del cristal con que se mira. 

 Ver según el color del cristal con que se mira, supongo que quiere decir, razonar con el culo o, si mejor quieren, dejarse llevar por las emociones. Comentábamos estos días en nuestras conversaciones transcontinentales el asunto de las emociones versus razón. El empeño del ser humano a todo lo largo de la historia por perfeccionar los mecanismos de un recto razonar. La definición de los conceptos con los que se razona -el punto de Euclides-. La invención de los axiomas en los que apoyarse - el pienso, luego existo, cartesiano-. La teoría de la prueba. La lógica, en definitiva. Pues bien, ni siquiera en las matemáticas funcionan al cien por cien tales reglas de oro. A la que te descuidas ya estás tratando de resolver ecuaciones irracionales por el simple procedimiento de dejarte llevar de las emociones. Al respecto, solo hay que pararse a ver la batalla sin cuartel que vine manteniendo Juan, el de Matemáticas con Juan, con un grupo de profesores hispanoamericanos que se dejan llevar de sus emociones y no hay forma de sacarles del error. Todo ello muy simbólico. 

Y, dentro de este orden de cosas estaba el video que he visto esta mañana en el que Sowell analizaba los acontecimientos en curso, en este caso, en California. En definitiva, una batalla más de la guerra cultural que no cesa, ni cesará mientras haya humanos, y que no es otra que la que que se traen entre sí la razón y las emociones. ¿Ustedes creen que esto puede tener alguna solución? Pues si es que sí, vayan apeándose del burro. El genial actor José Sazatornil, decía a un tipo en una de sus actuaciones: ¿usted es tonto porque es comunista o es comunista porque es tonto? El comunismo, que es el colmo de la emocionalidad, está, sí o sí, como se dice ahora, ligado al fracaso vital. Nadie que se sepa desenvolver bien en la vida cae en esas ideologías. Y no hay más tu tía; cuanto más fracaso más emocionalidad. Claro que sería maravilloso que los fracasados supiesen utilizar las leyes de la lógica, pero la naturaleza, que seguramente es sabia, no se lo permite porque sabe que si lo hiciese lo más probable es que se suicidasen. A la postre, no se engañen, la emocionalidad no es otra cosa que una barrera contra el suicidio. 

En fin, qué día tengo, debe de ser por el calor africano que les decía. 

martes, 10 de junio de 2025

¡Ustedes mismos!

 La parte de la Biblia conocida como los Macabeos relata, fundamentalmente, la resistencia de los judíos, o una parte de los judíos, a la helenización. Son los tiempos, ya próximos a nuestra era, en los que el Oriente Medio está dividido en los reinos que se formaron al morir Alejandro. Palestina pertenece a los seléucidas. Y los seléucidas, como todas las dinastías reinantes, buscan armonía cultural entre sus súbditos. Y los judíos, con su obstinado monoteísmo, obviamente, dan mucho cante en un entorno politeísta. 

Y ¿por qué esa obstinación? Pues, supongo que se podrán dar muy variados argumentos, a gusto del consumidor; yo tengo el mío: porque los judíos constatan palmariamente que con su religión, costumbres, "cultura", o como lo quieran llamar, les va mucho mejor en la vida que a todos sus vecinos. Y así hasta hoy día. ¡Oye, si te va bien, por qué vas a cambiar! ¡Buena gana! 

Eso de que te vaya mejor que a tus vecinos no es algo inocente. Y no por nada, sino porque existe una cosa que se llama envidia. ¿Quién está libre de envidiar al que te supera, sobre todo si es vecino? Claro, me dirán que también hay una envidia sana que sería el motor de la emulación. Sí, qué duda cabe. En eso estamos todos. O debiéramos estar, porque no siempre es sencillo. Y es que hay emulaciones que exigen del emulador grandes sacrificios, lo cual, en la mayoría de los casos es sumamente frustrante porque para los grandes sacrificios de lejos te tiene que venir el garbanzo al pico: si no has sido sometido desde niño a una estricta disciplina, apaga y vámonos. 

Y ahí tenemos otra pieza del argumento: cuando la envidia no puede ser motor de emulación por cuestiones estructurales, tiende a virar al odio: si yo no lo puedo alcanzar voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que mi vecino no lo alcance. No quiero tener delante de mi vista algo que denuncia mi incompetencia o inferioridad. Eso es insoportable.

Pues sí, señoras y señores, a los judíos no es que les vaya bien porque son el pueblo elegido de Dios. Les va mejor que a la mayoría porque se sacrifican más que la mayoría. Al respecto, no hay otra ciencia en este mundo: tanto te sacrificas, tanto alcanzas. En fin, que qué mal tienen los judíos lo de ser queridos por el respetable. Los palestinos, sin embargo, lo tienen chupado. ¡Ustedes mismos! 

lunes, 9 de junio de 2025

Lady Macbeth

Por circunstancias que no vienen al caso, ayer me vi precisado a quedarme en casa todo el día. Por la tarde estaba tan aburrido ya de intentar todo tipo de distracciones que opté por la televisión. En la 13 emitían una película de aquellas legendarias de Hollywood. Todo muy bíblico. La ambición desmedida que lleva irremisiblemente al desastre. Por el medio, como no podría haber sido menos hablando de ambición, una Lady Macbeth representada magistralmente por Barbara Stanwyck. 

La ambición es una disposición del ánimo que lleva a enfrentar retos o emprender tareas con las que esperas escapar a la sensación de fracaso que todo vivir lleva implícito. Todo el mundo, supongo, es más o menos ambicioso so pena, de lo contrario, de convertirse en una planta. Por lo general, pienso, las ambiciones de la gente suelen ser sensatas, o sea, que mantienen una relación equilibrada con las posibilidades. Hay personas que construyen grandes imperios con aparente facilidad; son inteligentes y encontraron la horma de su zapato. Nada de particular; hay millones de ejemplos a lo largo de la historia de las naciones.  

Hasta aquí todo muy bien. El problema empieza cuando la naturaleza se equivoca y produce cerebros desequilibrados: una gran ambición para una pequeña inteligencia. Por así decirlo, una máquina para la expansión del mal por el mundo. Lady Macbeth sería el paradigma de esa máquina infernal. Lo que no se puede conseguir con inteligencia se persigue por medio de la violencia. También de esto hay millones de ejemplos a todo lo largo de la historia. 

En fin, unos por otros, como el tapiz de Penélope. Por el día, los unos construyen el mundo y por la noche otros lo destruyen. ¿Qué sería de los constructores si no hubiera destructores? La naturaleza es sabia y no da puntada sin hilo. 

domingo, 8 de junio de 2025

Discapacitados

Fernando Díaz Villanueva es un youtuber de lo que podríamos denominar la cuerda liberal. Muy ligado al Instituto Juan de Mariana y cosas así. Antaño vi algunos vídeos suyos de cariz histórico que me gustaron. Después me olvidé de su existencia. ¡Hay tanto dónde escoger! Pero el otro día mi mirada cayó sobre un video suyo que se planteaba un interrogante: ¿por qué están los bares llenos? Lo miré un poco y pude comprobar que solo se limitaba a constatar el hecho y pedir a los posibles lectores que hiciesen el favor de dejar en la sección de comentarios su particular visión de la jugada. Me hubiera gustado participar, pero mi opinión al respecto es tan alambicada que no me atreví a dejar constancia de ella. El caso es que hoy veo otro video suyo con otro interrogante: ¿por qué los españoles se "meten" más rayas que nadie? También en este video se limita a constatar el hecho, acreditado por las estadísticas de los organismos internacionales, y a pedir opiniones a la posible clientela. 

El caso es que, saliéndome de mi estricta disciplina de música y matemáticas he mirado esos dos videos porque esos dos interrogantes me los he planteado muchas veces. ¿Por qué tanto lo uno como lo otro? En lo de los bares, creo recordar haber escuchado a algún político de campanillas que forma parte de nuestra "cultura". ¡Con la cultura hemos topado! Todo es cultura para la chusma a la que ni por asomo se le pasa por la cabeza que también existe una cosa que se llama incultura o barbarismo. Que no es que yo quiera decir que los de los bares sea incultura o barbarismo, pero sí que me choca tanta efervescencia. Trescientos mil bares dicen que hay en España y, a lo que se ve, todos pitan; al mediodía y al atardecer raro es el que no está de bote en bote. Socializando, empatizando y todos esos simpáticos inventos de los sociosicólogos que personalmente prefiero englobar dentro de la categoría draculiana o vampírica. O ya puestos, báquica; culto a Dionisos, para que nos entendamos. Quizá fuera necesario leer La Bacantes de Eurípides para hacerse una idea de lo que todo esto pudiera significar. 

Lo de la cocaína, más de lo mismo elevado a la cuarta potencia. Una vez la probé y no se me ocurrió repetir. Da una sensación de poderío que por fuerza te tiene que destruir. Y es que el poder es una cosa muy seria que necesita de sólidos fundamentos para poder ser digerido. El que lo adquiere en dos patadas tiende a creerse Dios que es exactamente lo mismo que le pasó a Lucifer. Por eso es que algunos llaman a la cocaína droga luciferina... y, si no, se lo llamo yo. 

Todos estos fenómenos sociales, en el fondo, pienso, no son más que una rotura del equilibrio que debiera reinar en el culto que se da a los dioses Dionisos y Apolo. Sacrificar a uno o a otro no es lo mismo en lo que a esfuerzo se refiere. Y esa es la cuestión que me parece percibir por doquier, que el esfuerzo está muy desprestigiado... consecuencia natural, supongo, del haber inventado tanto cachivache facilitador. Al final, ya se sabe, las ortopedias acaban fabricando discapacitados.  

sábado, 7 de junio de 2025

Del manoseo a la celebración

Los niños lo manosean, los jóvenes lo leen, los adultos lo entienden y los ancianos lo celebran. Así describe Cervantes, por boca de uno de los personajes, la primera parte del Quijote que ya ha sido editada y corre por el mundo con profusión. No voy a entrar ahora en el artificio literario de esa novela que vendría a suponer la inauguración de una nueva etapa de la literatura universal que todavía no ha sido superada y que, al paso que vamos, es probable que nunca se supere. Lo que quería subrayarles es esa escala que va desde el manoseo infantil a la celebración senil y que sirve para El Quijote, pero que, si se lo piensan, caerán en la cuenta de que sirve para todo lo salido de la mente humana que, por así decirlo, es armónico, es decir, que te hace vibrar por simpatía. 

Quizá yo lo vea así porque esté buscando consuelo a mi senilidad, porque uno nunca sabe por qué está vibrando por simpatía. De hecho, en estas vibraciones es en una de las cosas que más me he equivocado en esta vida: celebré en demasiadas ocasiones para después tener que arrepentirme. Sin embargo, tengo la sensación, que en absoluto es convicción, de que a medida que pasan los años mis celebraciones, aparte de más espaciadas y comedidas, son más atinadas. 

Y es que, en la naturaleza, todo se compensa. O, como dice el refrán, Dios, donde quita, pone. Recuerdo, al respecto, una reflexión que hacía, Sisa, el cantante galáctico; la juventud, ¡ah, sí, la juventud!, decía, la juventud tiene eso: juventud. Y ahí se acababa todo. Y es que, efectivamente, yo recuerdo la juventud como la etapa más siniestra de mi vida. Siempre ansioso. Siempre frustrado. Y casi siempre embriagado para poder sobrellevarlo. Hoy es el día que me despierto mil veces de mis ensueños con la sensación amarga de un recuerdo de aquellos años maravillosos que quisiera borrar, pero no puedo, de mi memoria. 

Luego viene la edad adulta, cuando empiezas a entender y, con ello, a distanciarte. Eso te trae cierto sosiego, pero también el dolor del desarraigo. La vida se te llena de cadáveres que vas dejando por las cunetas. Vas entendiendo cual es el real valor de la soledad. Con un poco de suerte puedes comenzar a centrarte en lo que realmente te interesa a ti por ti mismo. Digamos que para madurar hay que aprender a ser egoísta sin que se te note mucho, porque sigues necesitando del mundo, aunque de otra manera muy diferente a como lo habías necesitado antaño. En cierto modo, la madurez tiene que ser cínica. 

La senilidad, si has conseguido superar las fases anteriores con al menos un aprobado, es la vuelta al manoseo de la infancia. Solo que es un manoseo consciente. Casi todo te hace gracia, como al filósofo Sowell que, a sus noventa y cuatro años, se parte de risa antes de contestar las preguntas que le hacen los entrevistadores y, no por nada, sino porque le parece que esas preguntas están cargadas de tanta inocencia que solo te las puedes tomar a chiste. La inocencia de los niños, porque esa es la cuestión, que por lo que sea, lo de quemar las etapas de la vida no es algo que se dé porque sí; muchos, quizá la mayoría, por lo que sea, se estancan en los inicios y así llegan a la vejez creyendo en los Reyes Magos.

En fin, allá cada cual con su cruz y su arte para aligerar su peso. Porque de eso es de lo que se trata, de aligerar su peso, porque lo de sacársela de encima es un imposible metafísico que solo intentan resolver los que persisten en la inocencia que se esconde bajo las faldas de mamá.   

viernes, 6 de junio de 2025

El Señor Emilio

En nuestras conversaciones transcontinentales, mañaneras para mí, andábamos estos días con cuestiones digamos que de cariz antropológico-teológico-metafísicas y demás yerbas. El caso es que, sea por lo que sea, los humanos hundimos nuestras raíces hasta mucho más allá de lo que una somera inspección nos hace suponer. Me recuerda mucho este asunto a cuando fui a Moarbes de Ojeda a visitar al Señor Emilio, un hombre centenario que, como yo, pedaleaba por aquellos andurriales y con el que había congeniado un día que coincidimos resguardándonos de la lluvia bajo una tejavana. El día que fui, estaba allí, delante de su casa, con una azada en la mano y maldiciendo a las mielgas. Mira, mira, me dijo, estas condenadas, por más que cavas nunca acabas con ellas, siempre queda algo de raíz y al cabo de un tiempo vuelven a salir. 

Pues ese es el punto y la madre de todo este negocio, que no hay forma de extirpar hasta el fondo las raíces y a la menor que te descuidas vuelven a salir. Así es que, comentábamos, todo este conflicto que nunca se acaba de acabar, valga la rebuznancia, entre las orillas norte y sur del Mediterráneo hundiría sus raíces en el hecho de que al norte viven indoeuropeos y al sur semitas. Un asunto que, si bien, en principio, parece baladí, deja de serlo en el mismo momento en el que nos topamos con la religión; y es que, por caprichos de la naturaleza, a los indoeuropeos les dio por ser politeístas y, a los semitas, por ser monoteístas. Una cosa tan tonta y que, sin embargo, parece ser que tiene una trascendencia fundamental a la hora de organizar la vida. 

La cosa podría haber funcionado si la secta judía monoteísta llamada cristianismo hubiese cuajado, tal cual en principio era, en el corazón del imperio, Roma, de raíz netamente indoeuropea. Si bien Pedro lo intentó, el negocio no funcionó hasta que Pablo, el intelectual del invento, dio con la fórmula mágica para conjugar el monoteísmo semita con el politeísmo indoeuropeo. Fue entonces cuando se sacó de la manga el as de la Santísima Trinidad. Dios era, dijo, uno y trino. Así, pensó, todo el mundo tragaría. Pero no fue así, los indoeuropeos se quedaron con el trino, la Virgen María y toda la patulea de santos -lo único que tuvieron que hacer fue cambiar de nombre a los mismos dioses de siempre-; los semitas judíos, por su parte, se mantuvieron en sus trece y no quisieron saber nada del asunto, pero muchos otros semitas coquetearon con la idea trinitaria y por lo que luego se vio, cuando llegó Mahoma y cortó por lo sano, la cosa no les debía de ir en absoluto. Mahoma les mentó sus raíces monoteístas y se los llevó de calle. Decía mi contertulio que, si no hubiese existido lo de la Santísima Trinidad, Mahoma no hubiera tenido razón de ser.  

Es muy curioso todo esto; quizá, pienso ahora, tenga que ver con la geografía. Y es que cualquiera puede comprender que la imaginación no puede vagar de la misma manera por los desiertos semitas que por los bosques indoeuropeos. En el desierto de una mirada abarcas el infinito. En el bosque, todo es misterio. En fin, dejémoslo por hoy porque me parece que ya estuvo bien.      

jueves, 5 de junio de 2025

La libertad, Sancho, ...

La libertad, no se equivoquen al respecto, es individual. Cuando alguien te viene con la milonga de la libertad colectiva acuérdate de aquello de Cuba Libre, de cuando aquellos maravillosos años en los que estábamos muy felices porque Cuba se había sacudido el yugo gringo. ¡Más tontos y no nacemos!

La libertad es algo sobre lo que conviene reflexionar constantemente porque, a la que te descuidas lo más mínimo, ya se te está escapando como la arena entre los dedos, o, simplemente, perdiendo calidad, lo cual, aunque nadie parezca percibirlo, o importarle, no es cuestión baladí ni mucho menos: la perdida de libertad siempre se traduce en un sordo malestar espiritual que todo lo impregna.

Hay millones de maneras de perder libertad, pero, quizá, la más sibilina de todas es sucumbir a las falsas necesidades. Y aquí es donde tenemos una grandísima dificultad que solo superan los mejores: distinguir las falsas de las verdaderas necesidades. Ayer les comentaba cómo me colaron la necesidad de sacar el carné de conducir y como esa aparente banalidad, a la postre, se había traducido en un menoscabo de mi libertad para decidir sobre aquello que realmente me concernía. Porque el problema es que toda falsa necesidad trae aparejada una cadena de falsas necesidades que nunca se acaba porque las incomodidades de una te las quieres sacar con otra que es todavía más falsa. Es como un nudo gordiano que solo se puede desatar con un golpe de espada, es decir, cortando por lo sano y rompiendo con todo a fuer se ser tomado por loco. 

El caso es que la vida nos está poniendo de continuo ante el espejo de la libertad, cosa de la que es indiferente el que seas o no consciente de ello porque, quieras o no quieras, te ves reflejado y las consecuencias de ello son inevitables en forma, ya sea de mala hostia, ya de bienestar espiritual, en función de cómo te hayas visto. No por otra razón es el que haya tanta mala hostia por el mundo porque, a causa de la multitud de necesidades innecesarias a la que ha sucumbido la inmensa mayoría de los mortales -hombres de un día, como se decía antaño-, la sensación de esclavitud es la que domina las conciencias. Y, ahí, no cabe disimulo por mucho que se intente. 

Acuérdense, al respecto, el espejo que nos pusieron delante ya va para cuatro o cinco años. Lo leía esta mañana: para poder hacer turismo, ir al cine o al bar, necesidades todas ellas falsas, necesitabas un pasaporte digital que te era suministrado tras pasar por sucesivas humillaciones que, como después se ha comprobado, eran una lotería de efectos secundarios de consecuencias letales para muchos. Me pregunto, si es posible sustraerse al reflejo de nosotros mismos que nos dio aquel acontecimiento tan chusco. Parecería que nadie se sintió aludido, pero todo el mundo coincide en considerar que de aquella para acá parece como si a la gente le hubiesen puesto una guindilla en el culo: nadie puede parar un solo minuto a solas en su casa so pena de tirarse por la ventana... bueno, también está el recurso a las benzodiacepinas, cuyo consumo, según dicen las estadísticas, se ha disparado exponencialmente.

En fin, me remitiré una vez más a los clásicos: "la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres."

miércoles, 4 de junio de 2025

Tal para cual

Estoy en la actualidad con dos libros que son tal para cual: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha y Por Una Nueva Libertad -Manifiesto Libertario- de Murray Rothbard. Todo lo que dice Rothbard con literalidad lo expresa Cervantes por medio de parábolas. Así es que la locura de Don Quijote no es tal; es simplemente un camuflaje para decir lo que le da la gana sin comprometer la vida por ello.  

Andábamos esta mañana con lo de la narratología, esa ciencia que estudia -de forma científica, como no podría ser menos- la estructura de la narración, o sea, la manera de contar las historias, porque, como supongo ya habrán caído en la cuenta, una misma historia, contada de una manera u de otra, te puede emocionar o se te puede caer de las manos. Por eso, la historia en sí, no es lo más importante; lo es la forma de contarla. Es decir, que eres artista o no lo eres. Si no lo eres, dedícate a otra cosa, porque todo lo que digas, por muy verdadero que sea, caerá en saco roto. 

Personalmente, estoy casi seguro de que Cervantes no tenía ni idea de que existiese una ciencia científica, valga la redundancia, llamada narratología. A él le salía de dentro contar las historias como las contaba y eso era todo lo que necesitaba. Luego, eso sí, tenía una experiencia de vida considerable que le ayudaba a intuir qué era lo que la gente estaba deseando leer para poder identificarse con ello y así levantar un poco el ánimo alicaído... que es como suelen tener el ánimo los que buscan consuelo en la lectura. 

En fin, sea como sea, el caso es que Cervantes, Quijote mediante, y Rothbard, por lo directo, se despachan a gusto y dejan meridianamente claro que a la libertad no se la puede poner adjetivos; es, simplemente, la condición indispensable para que alguien pueda sentirse persona. Y eso, por supuesto, está en alguna medida influido por el ambiente circundante, pero, a la postre, muy poco; la parte del león depende de cada uno, de su voluntad de poder, de su valentía, para que mejor nos entendamos. 

Don Quijote es sobre todo una persona valiente que busca trascender su persona arriesgando. Si bien, antes de arriesgar -lo que para los cobardes es locura- se ha preparado a conciencia para garantizar el éxito de su empresa. Ha cultivado su entendimiento y por eso es capaz de ver gigantes en donde otros ven molinos. Y, sí, se lleva muchos batacazos, pero, para cuando va ya por la mitad de su relato ha conseguido plenamente su objetivo: se ha trascendido y lo que sigue es un paseo triunfal; va por el mundo diciendo lo que quiere y siendo escuchado con atención. Y pasan los siglos y sus discursos siguen estando entre los más apreciados por las mentes más esclarecidas. 

Ahora ya solo nos falta que las locuras -clarividencias- de Rothbard salgan a los caminos a recibir garrotazos que es de la única forma que la letra acaba por entrar. En fin, qué más quieren que les diga; quizá que no será por falta de advertencias que andemos como andamos cual putas por rastrojo.    

martes, 3 de junio de 2025

Los tiempos están cambiando

 


Los tiempos están cambiando

Los tiempos están cambiando y lo que habría que preguntarse es cómo demonios habíamos llegado a semejantes grados de imbecilidad. ¡Hala, un mundo mariquita, qué bien! A todo el mundo parecía encantarle so pena, si no de cárcel, sí de muerte civil. De todas las mafias que montaron los infradotados, la rosa ha sido, sin duda, la más grotesca de todas. En fin, en definitiva, buenas noticias. ¿No les parece?

La manipulación de las conciencias quizá haya sido siempre la piedra angular de todos los sistemas políticos; la novedad, si es que lo es, de ahora, consiste en que se ha puesto el foco sobre esa piedra y, por ello, se ha convertido en uno de los temas candentes del debate público. Te vas a las redes sociales y hay multitud de vídeos, podcast, audios, o como les quieran llamar, que tratan el tema. Es como si algo de lo que no éramos muy conscientes, de repente, ha aflorado masivamente y, como consecuencia, andamos bastante conmocionados. Uno ha caído en la cuenta de, hasta qué punto, la inmensa mayoría de las cosas que hizo en esta vida fueron inducidas desde afuera por fuerzas demoniacas. De haber sido guiado por mi propio interés, las cosas hubieran sido muy diferentes.  

¿Qué cosas? Les pondré un ejemplo de apariencia bien tonta para tratar de explicarme: el carné de conducir. Llevo un tiempo dándole vueltas a mi obsesión adolescente por tener ese carné. Hasta que no lo tuve, no sosegué. ¿Lo necesitaba para algo? Evidentemente, no. Ni lo necesitaba entonces, ni lo necesité en toda la vida para algo que no fuese perder el tiempo en la imposible pretensión de huir de mí mismo. Pienso ahora en ello y me arranco los pocos pelos que me quedan. ¡Pero qué tonto fui, por Dios! Algo tan estúpido como ir a tomar el vermut a un  bar que estaba tres pueblos más allá. Ya el hecho de ir a tomar el vermut es para hacérselo mirar, pero, encima, ¡tres pueblos más allá! ¿De dónde me salieron esas estúpidas necesidades? Pues mi sencillo, porque alguien estaba manipulando mi inmadura conciencia. El caso era impedirme que yo descubriese mi realce rey y me pusiese a cultivarle con pasión; porque, entonces, me hubiera convertido en un individuo consciente de mi libre albedrío y, por tanto, un enemigo del sistema. Toda la acción política estaba, y está, encaminada a impedir eso. Tú, a aquello para lo que estás predeterminado, me estaban diciendo/ordenando. Es la esencia del marxismo cultural en el que me crie, una secta perversa, como me comentaban hoy, del calvinismo. 

Son las piezas del puzle que acaban por encajar. Tú te sacas el carné y te pasas la vida yendo de aquí para allá a hacer nada que concierna a tus propios intereses. Así, no puedes centrarte en nada que te ayude a crecer como persona y, por otro lado, dilapidas tu dinero, lo cual, a la postre, es lo que te impide tomar decisiones cuando te sientes atrapado. Cuando te quieres dar cuenta, eres ya un puto esclavo que a lo más que puede aspirar es a tomar el vermut a diario.

Y no se crean que soy un integrista que está contra el coche o el vermut o contra nada de nada que no sean las necesidades creadas artificialmente para manipular al personal. Yo no necesité el coche nunca para nada. Pero caí en la trampa y ahora soy consciente de que ha sido una de las estupideces importantes que han contribuido al desastre que, en general, ha sido mi vida. Por así decirlo, a estas alturas, ya solo me queda el consuelo de los tontos: la inmensa mayoría a mí alrededor está en las mismas, si no más.  

lunes, 2 de junio de 2025

Todo es biología

Toda esta cuestión de la política no tiene el menor interés desde que alguien explicó meridianamente en qué consiste. Se lo recordaré por si se les ha olvidado: los infradotados se organizan en mafias para defenderse de los dotados; por así decirlo, es algo biológico, instinto de supervivencia. No tienen más que mirar a su alrededor para comprobar que es verdad lo que les digo. ¿Cuándo han visto a alguien al que le vaya bien en sus asuntos apasionarse por la política? En todo caso, si es que a eso se le puede llamar política, abogará porque le dejen en paz o, como dice Clint Estwood, que no le toquen los cojones. 

Por eso es que el gran problema de la humanidad siempre ha sido: ¿qué hacer con los infradotados? Les puedes poner a apretar tornillos en una cadena de montaje, o a servir tapas en la barra de un bar, o cosas por el estilo, pero cuando no hay puestos de trabajo para todos y sigue aumentando su número, se convierten en moscas cojoneras a las que hay que tratar como tal: se les fumiga y santas pascuas; antes se hacía con napalm, ahora con benzodiacepinas, que matan igual, pero el muerto da la sensación de ser viviente.  

Así que no se hagan ilusiones al respecto. Contéstate tú mismo: ¿de qué lado estás? ¿Tomas o no tomas benzodiacepinas? Y no me vengas con que si no las tomas no puedes dormir. ¡Pues no duermas, desgraciado! ¿No te has enterado todavía de que el insomnio es fuente de vida? 

Y no hay más que rascar. ¿Te interesa la política? ¿Sí?, pues entonces estás declarando tu impotencia para sobrevivir por tus propios medios. O sea, igual que los parásitos. Todo es biología. 

domingo, 1 de junio de 2025

Nuestra verdadera estatura

En la naturaleza todo tiende al equilibrio. Forma parte del contrato que hace posible la supervivencia de las especies. Hoy me han mandado un artículo que utiliza esta teoría para reivindicar la bondad de la marea de estulticia que nos viene señoreando de un tiempo a esta parte. Esa estulticia, argumenta, no es más que un intento de la naturaleza de contrarrestar la oleada de inteligencia de los últimos años que lo ha puesto todo patas arriba. Estaríamos adormilados por la digestión de los recientes descubrimientos, lo mismo que lo está una serpiente cuando se traga una gacela. Sin duda la estulticia es el necesario freno a esta velocidad desbocada en la que nos ha colocado todo esto de lo numérico, digital o como lo quieran llamar. 

La forma más sibilina de estulticia ya la dejó perfectamente descrita, en los tiempos modernos, un tal Nietzsche. Nos decía que, de pronto, se producen tal cantidad de descubrimientos que el hombre da en creerse que ya no necesita a Dios para nada. ¿Para qué le va a necesitar si ya ha desvelado todos los misterios de la naturaleza? Es el pecado de soberbia, el más estulto de todos. Y así es que andamos, ahora, pretendiendo que podemos hasta cambiar el sexo de las personas... no creo que se pueda concebir mayor grado de imbecilidad. Y otros mil ejemplos de los de reírse por no llorar. 

Para mí, una de las manifestaciones más estridentes de la imbecilidad reinante es la de esas personas que van por ahí blasonando de no ser creyentes y que, a continuación, siempre sueltan la muletilla de que ellos son muy respetuosos con los que creen. ¿Qué es lo que quieren decir con eso de que no son creyentes? Si se lo preguntas a ellos, les pones en un brete. No tienen ni idea de lo que están hablando; siguen la moda que les ha impuesto algún demonio disfrazado de intelectual y nada más. Dios es, seguramente, la primera abstracción salida de la mente humana. Una vez imaginado, el hombre pudo calmar la angustia que le producía el sentir que el tiempo pasaba y se le acababa. Y es que, con el Dios que se había fabricado, se acababan los problemas, porque, si le eras fiel -las tablas de la ley-, al morir te llevaba con Él al paraíso. Y ya está, eso es todo. Y de ahí no nos puede sacar nadie por muy intelectual, o demonio, que sea.  

Es difícil saberlo, pero hay por ahí muchos indicios de que la pleamar de estulticia ya se dio y ahora anda de retirada. Cada vez más gente se va dando cuenta de que necesita a Dios para que le responda a las preguntas para las que los humanos no tienen respuesta. Porque esa es la cuestión, que creer en Dios no es otra cosa que ser consciente en todo momento de lo limitados que estamos. La pérdida de esa conciencia es lo que llamamos imbecilidad. 

En fin, como concluía un vídeo que me mandaron ayer a propósito de la citada marea, ya va siendo hora de que nos pongamos de pie para ver cuál es nuestra verdadera estatura.