jueves, 29 de febrero de 2024

Demiurgos

Ayer pase la mañana recorriendo grandes superficies de materiales de construcción en compañía del contratista que está arreglando un piso a mis hijas. Algo, por supuesto, muy cansado para mis ya limitadas energías, pero no por ello menos estimulante. Esos lugares son una representación sin trampa ni cartón de la verdadera vida real que, si nos atuviésemos a lo que muestran los medios de comunicación, pareciera como si no existiese. Por esas superficies pululan a todo lo largo del día cientos de personas que husmean por las estanterías, agarran cachivaches y los depositan en un carro en el que los acarrean hasta su coche previo paso por taquilla. Es una maquinaria perfecta cuyas ramificaciones se extienden por multitud los ámbitos de la vida ciudadana, ya que la ciudad se compone de casas y las casas, junto al condumio, vienen a ser las dos necesidades insoslayables que tenemos los humanos.

El caso es ese, que uno va por la mañana a esas superficies de materiales de construcción y, luego, por la tarde, a otras dedicadas a la alimentación y, ¡leches!, esto, cualquier cosa menos tambaleándose. Para que todo esto pueda ser así tiene que haber miles y miles de personas trabajando en multitud de lugares, en perfecta coordinación los unos con los otros gracias a las dotes demiurgas de unos cuantos avezados empresarios. 

El mundo es ansí. Una parte material cada vez más perfecta que nos libera cada vez más tiempo para nuestro solaz. Y, ¡ay!, ¡que terrible llega a ser eso de tanto tener solaz! Yo no lo quiero ni regalado. A mí que me den preocupaciones que me exijan dedicación para intentar despejarlas. Construir pequeños imperios y cosas así. Cualquier cosa menos andar por ahí moviendo el culo y enterándome de lo que no me concierne. 

Bueno, vamos a ver, porque ¡menudo día tengo por delante!

miércoles, 28 de febrero de 2024

Allison y Josh

La pareja musical formada por Allison Young y Josh Turner me tiene fascinado. Deben de andar por los treinta, pero en lo físico aparentan no haber salido de la primera juventud. Sin embargo, en lo profesional son de una madurez sorprendente. Indiscutiblemente tienen que tener mucho esfuerzo por detrás, pero, en su caso, como supongo que es el de todos los grandes artistas, la parte del león de su éxito sin duda se la deben al favor de los dioses. Yo, si pudiese, les mandaría un mensaje recordándoles que, al que más favorecen, para mayores trabajos le guardan. Al menos eso es lo que tenían muy presente los antiguos. 

Mayores trabajos, supongo que debidos a las perturbaciones de la psique inherentes al éxito. Aunque sea en muy pequeña medida, todos tenemos alguna experiencia en lo de gestionar, ya sea un pequeño éxito, ya una racha de buena suerte, y, juraría, que pocos podrán presumir de haber sido prudentes con esa gestión. La tendencia a pensar, cuando te vienen bien dadas, que todo el monte es orégano es consustancial a la naturaleza humana. Por eso diría yo que no hay tests de inteligencia más fiable que ese. Ahí es donde se demuestra que, aparte de dotado por los dioses con una buena cualidad para lo que sea que te hace destacar, también has estado dotado de una buena cabeza para interpretar el mundo y sus vanidades... claro que, en esto puede que también juegue un papel relevante la educación que te haya tocado en suerte.  

Sea como sea la cosa, que vete tú a saber, lo que es indiscutible es que hemos visto mogollón de grandes artistas que, a la postre, nos han hecho sufrir por su funesto destino. Me viene al recuerdo ahora, Amy Winehouse, cuyo deterioro y muerte viví como si hubiese sido el de un ser querido. ¡Tanto era lo que disfrutaba escuchándola y la ternura que me inspiraba su evidente fragilidad! Todos aquellos tatuajes que exhibía me partían el alma. ¿Quién con dos dedos de frente o una mínima estabilidad emocional se va a someter a esas bárbaras automutilaciones? La lista en cualquier caso no tiene fin. Éxito y malditismo parecen atraerse con la fuerza de los polos opuestos. O sea, que está en la naturaleza de las cosas.  

Sea como sea, veo a Allison y Josh libres de toda sospecha. Ni se les aprecia un tatuaje por ningún lado, ni exhiben extravagancia en el atuendo ni en las actitudes. Parece que hacen lo que hacen con la naturalidad con que otros cumplen con sus oficios modestos, si es que hay alguno que lo sea. Es como si fuesen los representantes de un mundo nuevo liberado ya de aquel horterismo del siglo XX en se andaba digiriendo con muchas dificultades el atracón de las nuevas tecnologías... al respecto, los músicos ocuparon un puesto destacado en el ranking de las víctimas. 

En cualquier caso, sea como sea lo que los dioses tengan previsto para esta pareja luminosa, yo les escucho y siento una profunda comunión con el mundo que me hace estar agradecido.

martes, 27 de febrero de 2024

Llueve

Paso estos días desapacibles del invierno oscuro escuchando el tamborileo del agua en los cristales. Desde luego que después de esta racha mandaré a la mierda al que venga hablándome de sequía. Esto es exactamente igual a como siempre fue; miro al cielo implacable y me veo niño con la gabardina de Marcay y las botas de Segarra, chapoteando por los charcos de la ciudad. Aquellas tardes de jueves eternas, sin monitor de ningún tipo que viniese a rescatarte del hastío. A veces venían nuestros padres a controlar y nos llevaban al Flor a merendar y después a una película en el Alameda. Luego, ya, en los albores de la adolescencia, descubrimos la Menéndez y Pelayo y cayeron una tras otra las grandes aventuras. Los mares del Sur, la taiga siberiana, las islas solitarias, con tesoros y sin ellos... ¡lo que ha llovido desde entonces!

Lo que ha llovido y sigo enganchado. Las horas muertas leyendo. Ya no distingo lo real de la ficción. La memoria lo entrecruza todo: lo que he vivido y lo que he soñado. No importa, todo sirve para el convento de la fabulación. No puedo dejar de imaginar mundos nuevos. Como Baroja, como Valle. Y he hecho mis pinitos. Andaba estos días revisando uno de ellos y me maravillo del vívido recuerdo de todo lo que imagine. Los personajes inventados ya son para mí más reales que los reales. En ellos veo a Hermes, a Circe, a Atenea, a Diana y, por supuesto, Afrodita... ahora que caigo, me salió algo tirando a lo de las manzanas de oro para la más bella. Seguro que es inevitable en toda fabulación primeriza. 

En otro orden de cosas, pienso que ya estoy maduro para empezar a fabular con la guitarra. Paso horas inventando rifs que es como ahora le dicen a las melodías. Todo es cuestión de controlar las escalas con los ojos tapados y dejar correr la imaginación. Una vez que ya tienes uno de esos rifs en el bote, cuando le haces sonar, sientes un placer estético, o como coño se diga, que te sube la estima unos cuantos peldaños... la música, no hay nada que ni de cerca, se acerque a su poder evocador. En fin, me voy a la carnicería, que también de carne, aunque sea de pollo, vive el hombre.

lunes, 26 de febrero de 2024

Castillo de naipes

Las guerras entre países siempre han sido una pantalla para ocultar las verdaderas que no son otras que las que más o menos a las claras se traen los gobernantes con sus gobernados. Siempre que un gobernante ha empezado a notar que sus gobernados estaban subiéndosele a las barbas, de inmediato se ha puesto a inventar agravios por parte de un país vecino para encandilar al personal y predisponerle a morir por la patria. Por eso, todas las guerras, excepto las civiles están basadas en mentiras. ¡Es tan fácil engañar a la gente con las maldades del vecino! Está en la esencia del ser humano odiar a lo más próximo; y ya no te digo si a lo más próximo le va mejor que a ti. 

Pero no se engañen al respecto porque los gobernantes se entienden de maravilla entre ellos e incitan a sus países a  pelearse de común acuerdo, porque saben que ni ellos ni sus allegados van a tener que ir al frente de batalla. Se limitan, siempre, a permanecer en retaguardia dedicados a los fáciles y lucrativos negocios que promueven las guerras. Claro que, como todo cambia, lo de las guerras con los vecinos se ha puesto en los últimos tiempos un poco complicado debido a la letalidad creciente de los armamentos. Por eso las guerras actuales son mayormente peleas de taberna. A puñetazos, sin sacar las armas. Y por eso es que los gobernantes anden tan con el culo prieto ideando procedimientos cada vez más sofisticados para contener la ira de los gobernados estafados. Porque entérense, todo gobierno es una estafa. Por eso cuanto más civilizada está la gente menos gobierno quiere. El caso de Suiza es paradigmático al respecto. Sin apenas gobierno, en los quinientos años de vida del país no han tenido ni una guerra con nadie. 

Ideando procedimientos para sujetar a los gobernados. Esa es la principal tarea que tienen los gobernantes por delante. Ya no se bastan con las policías y sus procedimientos de terror. No se fían. Al fin y al cabo, la policía forma parte de los gobernados y se puede volver en contra. Y por eso es por lo que recurren a las herramientas que le proporciona la tecnología más sofisticada... que no es la digital precisamente. Cuando Trump se hizo con el poder en EEUU lo primero que hizo fue ordenar quitar toda la financiación estatal a unos laboratorios en los que se investigaba una cosa llamada gain of function, en español ganancia de función. Pero todo fue inútil porque los servicios secretos agarraron esos laboratorios y se los llevaron a China y Ucrania.  Sí sí, a China, la enemiga en ciernes. Y allí continuaron con sus jueguecitos consistentes en manipular los virus para que sean letales al gusto del consumidor. La cosa es muy sencilla: que se me empiezan a subir a las barbas, pues suelto un virus de esos y en cuatro días tengo una pandemia que pone a todo el personal a cagarse por la pata abajo. ¿No se lo creen? Bueno, pues allá ustedes, sigan somiando truitas y corriendo a vacunarse. 

En fin, llámenme lo que quieran de conspiranoico para arriba, pero piensen un poco y esclarézcanme acerca de la necesidad de manipular los virus para que sean letales a la carta. Otra cosa es que el invento funcione; personalmente me atengo al mito prometeico: siempre que robas fuego a los dioses acabas encadenado y con los hígados roídos. De hecho, fuese manipulado o no -para Luc Montagnier lo era- el dichoso coronavirus, a día de hoy, los gobernantes que lo utilizaron como coartada, están como gato panza arriba resistiéndose a rendir cuentas. Pero ya saben como son estas cosas, como el castillo de naipes que hay que esperar a que caiga el primero. Y el primero ya está en el horno casi a punto para ser comido. Desde luego que Risi Sunak y sus acólitos ya hace días que no consiguen conciliar el sueño. 

domingo, 25 de febrero de 2024

Aristocracia

 El Marqués de Bradomín es un verdadero crack. No se arredra ante las dificultades. Ha ido al palacio de Brandeso a instancias de Concha, su prima y antigua amante que, a la sazón, estaba en las últimas. El morbo de la proximidad de la muerte aviva los rescoldos y pasa allí unos días entregado a las delicias del amor más puro. Hasta que sucede lo inevitable: los paroxismos del amor son fatales para los enfermos terminales. Así fue que se le quedó entre los brazos justo cuando lo estaban haciendo. ¡Qué delicadeza descriptiva la de Valle para tan escabroso suceso! Toda la presencia de ánimo de Bradomín, que es mucha, no se basta a evitarle un cierto grado de enajenación. Abandona la cámara y vaga sin rumbo por los largos corredores del palacio. Al fondo de uno de ellos ve un haz de luz que se cuela por debajo de una puerta. Es la habitación de Isabel, la prima que ha venido a visitarles trayendo consigo a las dos hijas de Concha. Bradomín abre la puerta y va hasta la cama donde duerme Isabel. La despierta y sin mas preámbulos le echa un polvo. ¡Más delicadeza descriptiva! Sosegado ya, vuelve a donde yace Concha, la toma en brazos y, dando un rodeo por todo el palacio para evitar encuentros indeseados, la lleva a su alcoba. Por el camino, la sedosa cabellera de Concha, que tanta poesía le había inspirado, se enreda en la manija de una puerta y, como no hay forma de desenredarla por las buenas, lo soluciona de un tirón que deja allí media cabellera. Deposita a Concha en su cama y se va a dormir a la suya. Era ya media mañana cuando le despiertan los juegos de las niñas en la terraza a la que dan las ventanas de su habitación. Las niñas van a darle los buenos días y a pedirle que mate al gavilán que se está lanzando con aviesas intenciones sobre las palomas que zurean cabe a la fuente del laberinto. ¡Mátalo! ¡Mátalo!, le gritan emocionadas. Bradomín, agarra una escopeta que había por allí y no yerra el tiro. Entonces, las niñas, quieren dar una sorpresa a su madre despertándola con la imagen del gavilán ensangrentado. No tarda, Bradomín, en oír desde su cámara los lloros y lamentos de las niñas. Por fin se ha descubierto el cadáver sin que su papel en la tragedia haya trascendido. Y colorín colorado, la Sonata de Otoño se ha acabado. 

Valle, como Casanova, al que hace padre espiritual de Bradomín, se siente atraído por la personalidad aristocrática, que no por otro motivo es que dedique sus sonatas a pormenorizar esa personalidad con todos sus vericuetos. Personalmente me identifico plenamente con esa admiración por el producto salido de la educación espartana. Los hijos de los aristócratas nunca fueron muy felices. Desde la más temprana edad fueron adiestrados para ser conscientes de que su papel en el teatro del mundo es el de pedagogos de costumbres. Siempre guardando las formas, en público y en privado. Lo cual, entre otras cosas, exige impavidez ante el peligro. O desapego de la vida, si así lo prefieren. El aristócrata es el individuo por antonomasia; la libertad hecha carne. Y, de ahí, no se puede ir más lejos. 

En fin, ya, a estas alturas, nada puedo hacer para mejorar la mezquindad inherente al pequeño burgués de provincias. Soy el producto de "tú, hijo, algo seguro".  A la postre, funcionario. ¡Y menos mal que salté a tiempo por el portillo de caer en la cuenta! Que de no haber sido así, no quiero ni pensarlo.  

sábado, 24 de febrero de 2024

Inquisición

 Ayer hablaba con Santi a propósito de un libro que en su día tuvo un éxito considerable: El Infinito en un Junco. Como no podía ser menos a María se lo colaron, así que tuve oportunidad de echarle una ojeada. En la página por la que lo abrí me encontré con más de cincuenta referencias literarias. No puede ser, me dije, tanta necedad y, entonces, lo abrí por otra y me encontré, no cincuenta sino cien. ¡Joder, la mierda que se traga la gente! Por Dios bendito, con lo sencillo que es agarrar cualquier libro de los que se citan en esa obra y leértelo entero. Entonces sí que estarás haciendo algo con algún sentido. Pero vete a decírselo tú a cualquiera de los engañados por fraude tan manifiesto: te encontrarás con un gato panza arriba lleno de los argumentos que le proporciona la ideología en boga, la de los encantos de la socialización. Ya saben, la comunión de los inocentes. 

En el mismo orden de cosas, o sea, en el del engaño burdo, me encuentro hoy con un video en el que un par de docenas de entre lo más esclarecido del mundo científico pone negro sobre blanco en qué consistió la que se denominó pandemia. Me hago cruces pensando en cómo pudo colar una mentira tan zarrapastrosa entre gente a la que tenía por inteligente e, incluso, valiente. Pues nada, hubo lo que hubo y recibí la más amarga lección de mi vida. Afortunadamente, no llevábamos ni un mes de ordalía cuando empezaron a aparecer por las grietas del sistema voces sensatas que ponían las cosas en su sitio. Se trató por todos los medios de acallarlas, pero una pretensión así en poco difiere de la de retener el agua en un cesto de mimbre. Fue un gran consuelo saber que mis razones eran las mismas que se trataban de censurar con denuedo. Entonces, ya estuve seguro de estar en lo cierto. El poder nunca censura una razón si no es la correcta. 

No sé, porque no conviene fiarse de las percepciones de uno no vaya a ser que se vuelva a meter la pata y ya van demasiadas... pero no me importaría aventurar que hay un antes y un después separado por el foso infranqueable de la pandemia. Todo aparenta normalidad, pero solo es otra mentira. Se dijeron demasiadas cosas demasiado fuertes como para que se las pueda llevar la primera ráfaga de viento. Todos aquellos idiotas que salían en televisión demonizando a los incrédulos. ¡Alguno conoce a alguien que haya entonado el mea culpa! Bueno, por lo menos han dejado de dar la matraca, aunque lo hagan con el gesto torvo del que sabe que ha sido pillado en arrenuncio. Allá ellos... el único vecino que no me saluda es el que un día me echó una arenga en el ascensor sobre lo que habría que hacer con los que no se querían vacunar. A mí, ya casi se me ha olvidado, pero a él se ve que no. 

Por cierto, Alexandra Henrion Caude ha publicado un libro titulado Los aprendices de brujo. Es sobre lo de las vacunas. Pero, claro, ¿quién es esa señora? Antes de la pandemia lo era todo a nivel europeo en lo referente a la genética, los virus y todas esas mandangas. Llego la pandemia y por arte de birlibirloque se convirtió en una don nadie... al menos eso es lo que quisieron creerse algunos. Y ahora se la tienen que tragar. Vamos a ver si Macrón la mete cuatro años en la cárcel con esa ley que acaba de promulgar para meter en cintura a los disidentes de la verdad oficial. ¡Ríete de la inquisición! 

viernes, 23 de febrero de 2024

Mediocridad

Habemos algunos que no nos queremos doblegar a los caprichos del destino en según qué materias. En lo referente a la música por poner un ejemplo: sueño con ser músico y pongo todo el empeño en hacerlo realidad, pero no hay manera. Desde la primera infancia me quedaba prendado de cualquiera que supiese cantar, pájaros incluidos. No digo, ya, cuando veía a mi madrina tocar los impromtus de Chopin. Me parecía algo casi sobrenatural. Pero como esa admiración no se acompañó del necesario esfuerzo todo quedó en agua de borrajas. Ahora me doy cuenta de que no hubo esfuerzo porque hubiese sido inútil: la música sin una predisposición genética, es, por así decirlo, un imposible metafísico. Si no tienes el oído necesario, apaga y vete. 

Así y todo, yo no me quiero ir sin seguir intentándolo. Siempre confié en los sacrificios a los dioses. Si insistes es difícil que no te recompensen aunque solo sea con dones de los de andar por casa. Suficiente si has aprendido a resignarte. Y así es, por mi resignación, que pueda ser casi feliz agarrando la guitarra y dejando que mis dedos corran por los trastes. Algo sale siempre porque sembré mucho. 

En cualquier caso, mi esfuerzo me ha servido para poder apreciar. Diría que soy bastante capaz de separar el grano de la paja. La enjundia de la vulgaridad. Aunque, para eso, tampoco se necesita más que observar lo que el paso del tiempo salvó del olvido. Siempre, una porción mínima de todo lo que se produjo. ¡Pero se produjo tanto que lo poco que queda es mucho! Sea como sea, paso muchas horas deleitándome con las recreaciones que hacen los superdotados de lo mejor del pasado. Eso sí, sin menospreciar el presente, que nunca le hubo que no dejase su huella indeleble. 

¡Ay, si yo supiese cual es mi realce rey! Me pasé la vida buscándolo y siempre pinché en hueso. Así es que me tengo que conformar con el rastro de mediocridades que he ido dejando a mi paso por el mundo. ¡Menos da una piedra!

jueves, 22 de febrero de 2024

El Aretino

 A vueltas con El Aretino, miro por la ventana y contemplo las consecuencias que nos trae la incipiente primavera. La pareja de palomas que ha tomado posesión de la azotea de enfrente no para de hacerlo. Primero se hartan de darse el pico y, luego, empieza un baile de aproximación hasta que ella se pone bien y se está quieta, por emplear la expresión de aquel loco, Jalisco que le decían, que andaba por los bares de Rio de la Pila haciéndose querer. Ponte bien y estate quieta, les decía a las señoritas que por allí andaban que se partían de risa al escucharlo, porque, al fin y al cabo, ¿qué hacían ellas por allí si no era buscar la oportunidad de ponerse bien y estarse quietas? Supongo que por entonces, también sería primavera. Bueno, a ciertas edades siempre lo es. 

Todo esto del sexo se jodió el día que Adán y Eva se avergonzaron de llevar sus cosas al aire. Hasta ese momento todo había sido como lo de las palomas que tengo enfrente. Puro deleite. Pero ahí está el punto, que, cuando uno siente vergüenza de lo que sea, se necesita echarle mucha literatura al asunto para seguir adelante. Y la literatura, a la postre, no deja de ser eso de dime de qué presumes y te diré de qué careces. Porque el sexo, se mire como se mire, es una máquina de traer consecuencias con las que hay que apechugar. Y la primera de todas es que uno trasmite su ADN. La conciencia de ello, a duras penas la puedes soslayar el instante que dura el orgasmo. Recuperado el sentido la pesadumbre es inevitable. Claro que hoy día, con la cosa de la contracepción nos es más fácil hacernos la ilusión de que somos dueños de nuestro destino. Pero todo es inútil, porque la naturaleza tiene dispuesto que trasmitir el ADN, de alguna forma, es morir. De hecho, hay especies en las que el macho muere con su primera eyaculación. 

Sea como sea, la literatura al respecto tiene páginas gloriosas. Anaïs Nin, vive en un hotel de París en una habitación puerta con puerta de la de su padre que, por cierto, está inmovilizado en la cama con un ataque de lumbago. Anaïs va a ver si necesita algo. Al cabo de un rato, la vemos por el pasillo con una toballa entre los muslos para contener el semen que chorrea por su vagina. Por medio, está la pormenorizada descripción del evento que no por más morboso, por lo del incesto, deja de tener menos encanto. Es la ilusión de haber dado al traste de una tacada con unos cuantos tabús. 

Houelebecq, por su parte, nos trae otro punto de vista: el del macho triunfador en la berrea. Por eso, tirarse a una tía tiene tanta potencia terapéutica sobre el ánimo alicaído. Todos esos vampiros que se echan a volar al anochecer no tienen otra obsesión que la de volver a la vida sacrificando a una víctima. Necesitan la ilusión de un triunfo. Lo de correrse o no es a matter of smoll moment, nunca mejor dicho. Así somos los humanos, Narcisos mustios que necesitan reflejarse en el estanque de sus logros para poder soportarse. 

Por lo demás, uno se irá a la tumba con los versos del Aretino tan frescos como el primer día de la creación:

Fottiamci. anima mía/ fottiamoci presto.

Jodamos, alma mía, jodamos enseguida,/ pues todos para joder hemos nacido;/ que la polla te gusta y amo el chocho/ y el mundo sin eso ni una figa valdría. 


miércoles, 21 de febrero de 2024

Bradomin

Ando con las Sonatas de Valle que son, en realidad, las memorias del Marqués de Bradomín. Del Marqués, que se define a sí mismo como un hijo espiritual de Jacobo Casanova y, por si eso fuese poco, admirador de El Aretino y del divino, que así es como le califica, Sade. Con tales mimbres no es de extrañar que esas Sonatas sean una de las obras de arte más acabadas de la literatura en lengua castellana. Es puro refinamiento. Esos aristócratas rurales a imagen y semejanza de los dioses inmortales en todo excepto en que se mueren de vez en cuando. Pero siempre de melancolía que es el sentimiento que mejor se presta a los preciosismos del lenguaje. Un mundo ideal en el que señores y siervos viven en armonía: el sueño carlista o algo así. Pereda pinta algo así en Peñas Arriba. Sin embargo, Baroja, coetáneo de Valle, en su Mayorazgo de Labraz nos da una imagen tenebrosa de ese mismo mundo. Todo ello, en el fondo, no es más que expresión de la guerra ideológica que nunca cesa en el mundo. La literatura, como campo de batalla, es lo más viejo que hay. En sus principios inocente y en sus finales letal. De la pluma a la espada solo hay un paso casi imperceptible... por más que Cervantes se empeñase en discernir y decantarse por la espada como menos dañina. 
Sean como sean estas cosas, que para gustos se hicieron los colores, lo que nadie puede negar es que lo mismo el divino Sade que el profligate Casanova, son de lo más pedagógico que ha dado la literatura. Los dos tienen algo de Biblia. De descarnamiento de la condición humana. Aquellos monjes que tenían secuestrada a Justine y siempre puesta en la posición idónea. Ese sí que es el sueño a la sombra de un fauno. O al pobre Jocobo que todo lo arriesga por tal de introducirse en el templo del amor... siempre en estado de pureza so pena de sentirse miserable. Del Aretino no hablo porque solo lo conozco a través de Los Sonetos de Violante que un día ya lejano escribiera Santi... seguramente impublicables hoy día dadas las miserables circunstancias a las que nos ha conducido el comunismo rampante que nos señorea. Yo fui uno de los pocos privilegiados que tuvo acceso a ellos y por ello estaré eternamente agradecido. En cualquier caso, de hoy no pasa que rastree las librerías de lance de la ciudad en busca de los Sonetos Licenciosos del Aretino. Por otro lado, ya tengo a Casanova por los madriles. Anda trajinándose a la hija de un zapatero remendón. De subir a los palacios, ya ha bajado a las cabañas. Es la evolución natural de todo lo que vive, ir perdiendo triunfos por el camino. En fin, ya digo, todo muy pedagógico. O sea, sin poderes sobrenaturales como gusta a la literatura actual representar a los héroes... pura degeneración. 

martes, 20 de febrero de 2024

Fénix

 El obscurantismo es una propensión inherente a la condición humana. Y no por nada sino porque se vive mucho mejor en la obscuridad de las certezas. Por eso esa tendencia que siempre hubo a quemar a los herejes, es decir, a los que cuestionan las certezas de la religión dominante. 

Los herejes son como una mutación que amenaza trastocarlo todo. No por otra causa es que sean perseguidos con saña por la sociedad en general que ama la estabilidad sobre todas las cosas. A la postre, no hay gobernante más querido que el que quema herejes. 

Lo que no saben los que se dedican a quemar es que las cenizas siempre guardan por un tiempo el calor suficiente para incubar el huevo que puso el Ave Fénix, es decir, el hereje, el hombre excepcional, digamos que Jesucristo que eclosionó a los pocos días de ser quemado.

Les recordaba estas obviedades porque por todos los lados veo signos opresivos respecto de las certezas dominantes. Certezas tan tontas como todas las que fue destruyendo la evolución humana a golpe de piras en las plazas públicas. Todo lo que hemos evolucionado, para bien y para mal, se lo debemos a los herejes quemados. Sin ellos seguiríamos encaramados en las ramas de los árboles. 

Las certezas, el dogma y sus guardianes, si no existiesen, tampoco los herejes. Porque la naturaleza tiende a compensarlo todo, y ese es el problema de los que tiran demasiado por un cabo de la cuerda, que les nacen los herejes como lo hacen los hongos en el campo tras unos días de lluvia. La lluvia que todo lo fecunda. 

No sé, porque por ahí andan los políticos en sus parlamentos inventando leyes cada vez más grotescas con la pretensión de frenar la enorme cosecha de herejes que han propiciado sus políticas de fantasía. Porque mira que hay que ser zoquetes para cambiar la incertidumbre que es Dios por la certeza que pretende ser la ciencia. Me meo de risa. La ciencia... algunos piensan que hasta nos va a hacer inmortales. Con las vacunas y todo eso. ¡Ya te digo!

domingo, 18 de febrero de 2024

Otros tiempos

Hay por ahí, en EEUU concretamente, unos chavales y chavalas, Elle y Tony, Josh Turner y Carson McKee, Allison Joung, que son unos músicos excepcionales. Cuelgan vídeos en YouTube, a veces actúan en pequeños escenarios para públicos heterogéneos, visten como de andar por casa, no se les ve ninguna propensión a modificarse la conciencia, y, si me apuras, dan la impresión de no ir por ahí perdonando la vida a nadie... como era el caso de aquellos rockeros que decían que ellos nunca se iban a morir. ¡Poubrets! Qué mal han envejecido por lo general.

Quizá estos chicos representen mejor que nadie el espíritu de los tiempos. Por así decirlo, su naturalidad. Es como si fuesen inmunes a los vampiros... todos aquellos que revoloteaban alrededor de los rockeros y les extraían hasta la última gota antes de arrojarles al vertedero. Aquello era el truco de la mitificación. Por medio de las malas artes publicitarias se elevaba hasta las alturas siderales a una pobre gente que tenía algo de gracia cantando y, luego, para sujetarles allí y poder seguir exprimiéndoles se les atiborraba con todo tipo de sustancias psicotrópicas. Aquellos escenarios, aquellas luces, aquellos trajes, aquel estar hasta en la sopa, volvía locos a los adolescentes... y sus padres, entonces, les pagaban los costosos conciertos con tal de sacárselos de encima por unas horas. Nunca hubo, pienso ahora, una juventud tan estúpidizada como aquella, y mira que la juventud, por la propia naturaleza de las cosas, goza como los chones en un patatal cuando se la están metiendo doblada.  

No sé, porque soy consciente que solo son impresiones de las que extraigo conjeturas. Y las conjeturas, conjeturas son por muy plausibles que aparenten ser. Pero lo de estos chicos, que les decía, me inspira cierta confianza en el porvenir que dejo en herencia. Es como si yo hubiese colaborado a clavar la estaca en el corazón de aquella casta de vampiros. Aunque ya sé que extirpar los vampiros de la faz de la tierra es un imposible metafísico, alejarlos, siquiera mínimamente, del ámbito de la juventud, es lo mejor que le puede pasar al mundo. Haberles empujado hacia los mayores para que les saquen unas cuantas perras con las vacunas es una cuestión baladí porque de los mayores que se dejan aterrorizar por chorradas ya nada se puede esperar.  

En fin, hoy estoy optimista. Quizá es porque ayer, por fin, conseguí ganar al ajedrez a mi nieto... que, por cierto, toca el violonchelo como si tal cosa. Son otros tiempos. 

sábado, 17 de febrero de 2024

Pincho moruno

 "Is no one inspired by our present picture of the universe? This value of the science remains unsung by singers, you are reduced to hearing not a song o poem, but an evening lecture about it. This is not yet a scientific age."

(¿Es que no hay nadie inspirado por nuestra presente visión del universo? Este tesoro de la ciencia permanece sin ser cantado por los bardos, nos tenemos que limitar a escuchar una conferencia al atardecer acerca de ello. Esto todavía no es una era científica.)

Pocas cosas habrá tan inspiradoras como pasear por el campo una noche estrellada. De hecho, estoy casi seguro de que el inicio de todo este edificio que llamamos ciencia fue la consecuencia de ese tipo de paseos. Se fueron identificando grupos de estrellas que, aunque cambiaban de posición, siempre tenían la misma disposición. Luego se descubrió que todos esos grupos giraban alrededor de una estrella inamovible. ¿Por qué era esa la única inamovible? Costó descubrirlo. Por lo menos a mí me costó un huevo. Un día, tuve como una especie de epifanía y dije: ¡Ah, ¿pero era eso?! ¡Qué chorrada! ¡Pero cómo ha podido ser que no haya caído antes en la cuenta! 

Esa es la cuestión, que una vez desentrañado cualquier misterio es una vulgaridad. El eje de la tierra es como el palo de un pincho moruno: si le prolongas, ensartas la polar. Así de sencillo. 

Claro, Feynman puede decir esas cosas que dice porque tenía un padre que le llevaba al bosque para que aprendiese a observar. Olvídate del nombre de las cosas y aprende cómo funcionan, le decía. Porque las mismas cosas tienen nombres diferentes en cada sitio, pero en todos funcionan igual. Por eso, saber cómo funcionan te hace universal. Y ese es el punto y la enjundia de toda la cuestión, que si no vas al fondo de las cosas nunca podrás cantarlas o escribir un poema sobre ellas. ¿Y que es la vida sin canciones y poemas? Te lo diré: una mierda. 

"You learn something by doing it by yourself, by asking questions, by thinking and by experimenting." 

(Se aprende por uno mismo, haciéndose preguntas, pensando y experimentando,) 

Así funcionan las cosas según Feynman, pero ¿quién es Feynman?  Y qué se tiene que meter él en cómo nos gusta hacer a nosotros para aprender... ¡donde esté un buen monitor! Y con un poco de suerte a lo mejor hasta te lo tiras. 

viernes, 16 de febrero de 2024

La olla

Absténgase de entrar aquí quien no sepa geometría. Dicen que así rezaba una inscripción labrada en piedra que había a la entrada de la academia platónica de aquella Atenas que aun hoy nos sigue fascinando. Personalmente no hay día que no lo intente con unos cuantos de esos problemas. Es como una droga. A veces los resuelvo en un dos por tres y otras no hay manera por más que me devano los sesos. Entonces miro la solución y me maravillo por la elegancia con que son resueltos. Claro, la práctica desarrolla el ingenio... para resolver problemas geométricos y punto. Porque no creo que tener mucho, incluso muchísimo, ingenio para resolver acertijos geométricos tenga que presuponer que tienes una mente ágil para otras cuestiones... ¿o sí? Vete tú a saber.

Las cosas de la mente son un enigma sin solución a la vista. Por eso es inútil perorar acerca de ellas por más que millones lo hagan en el mundo consiguiendo con ello un modus vivendi pasable. Ahora, por ejemplo, con eso del YouTube, podemos ver miles de vídeos en los que unos señores aconsejan lo que hay que hacer o tomar para solucionar los más variopintos padecimientos mentales, y lo bueno del caso es que esos videos tienen en ocasiones millones de visitas. Lógico de toda lógica porque si hay mito que funcione es el de la piedra filosofal. Duros a cuatro pesetas, para que nos entendamos. 

Hay que reconocer que siempre les hubo espabilados que de las pedres en fan pans. Pero ya saben lo del dicho aquel, que pan con pan comida de tontos. Así que, como les iba diciendo, para mí, dominar una cosa, solo quiere decir que dominas una cosa, y la geometría solo es una cosa. Te sacan de ella y puedes ser más tonto que José el de la Vega. Sin embargo, mientras estás en ella puedes evadirte de tu ombligo y de paso dejar de dar el coñazo a los demás. Es lo que tiene cultivar cualquier clase de jardín, que parece que te hace más inteligente porque das mucho menos el coñazo por ahí. 

El apasionamiento por lo sofisticado puede que sea un buen asunto. Quizá el único que puede resolver los padecimientos de ciertas mentes. Aunque, claro, sofisticado puede que lo sea todo cuando alcanza ciertos grados de desarrollo. Lo mismo si es futbol que si son matemáticas. Hoy día la gente se apasiona por las competiciones futbolística de la misma forma que se apasionaban los florentinos de los siglos XIII/XIV por las competiciones matemáticas. Corren las apuestas ahora y corrían entonces. Porque el ser humano es así, suicida por naturaleza. En fin, se me ha ido la olla. 

jueves, 15 de febrero de 2024

Pactar o no pactar

Creo recordar que Pla dice en su Cuaderno Gris que las amistades no le interesan para nada si no puede aprender algo de ellas. Por eso tenía muy pocas en el mundo de los vivos y muchas en el de los muertos. Porque, que nadie se llame a engaño respecto a esto, la inmensa mayoría de la gente interesante está en el mundo de los muertos y, por lo general, cuanto más lleven en él más interesantes son. Claro que, para hablar con esa gente y conseguir que te digan algo, quizá sea conveniente, e incluso necesario, haber establecido por adelantado algún tipo de pacto con el diablo. 

Lo del pacto con el diablo es algo que, démoslo por supuesto, se presta a múltiples interpretaciones. Hoy mismo, de buena mañana, como dicen los catalanes, he mantenido una larga e intensa conversación, desde diez meridianos más allá, hacia el este, con lo que podría ser una modalidad de ese pacto. Así se lo he dicho y he sido comprendido. Porque, cómo si no explicarse esa obra salida de su caletre. A palo seco, desde luego que no. A palo seco, se socializa y punto. Por detrás de lo extraordinario siempre anda el diablo. 

Sea como sea el asunto, lo innegable es que este tema ha dado a la literatura muchos días de gloria. Tirso con su Don Juan, Cervantes con su Quijote, Maturín con su Melmot, Goethe con su Fausto, el Drácula de Stoker, Peau du Chagrim de Balzac, Wilde con su artista adolescente... por citar unos cuantos. Y no te digo nada ya, si nos vamos al Dr. Faustus de Mann, ahí, es tan explicita la connivencia que no quedan resquicios a la duda: lo que va del artesano al artista, el genio si así quieren llamarlo, nunca cae del cielo sino de las bajadas a los infiernos. De los instintos suicidas, de las no pertenencias, de los desapegos asesinos. Es muy duro perseguir la gloria de robar un poco de fuego a los dioses. Porque para que te inviten a su mesa tienes que demostrarles hasta la saciedad que te bastas a ti solo. Eso es, bastarse a sí mismo, la máxima consecución a la que puede aspirar un ser humano. 

En fin, no me demoro más con este asunto, que como el de la jodienda no tiene enmienda. Si quieres hacer algo de lo que puedas después vanagloriarte, no socialices: limítate a la relación apolínea que es a la que se refería Pla.  

miércoles, 14 de febrero de 2024

Elites

Visto el mundo desde la perspectiva que da la música, la impresión es de que algo se está moviendo por esas profundidades en las que se cimentan los valores que vienen rigiéndonos largo ha. Las dichosas elites, a las que había que adorar, empiezan a desdibujarse sin que por ello padezcamos la inseguridad de la orfandad. Recuerdo aquellos años sesenta en el comedor del hotelito de Wimbledon donde todos los comensales teníamos la mirada clavada en la tele donde estaban emitiendo Top of de Pop. Los Beatles, los Rolling, David Bowie, etc., apenas habían empezado su carrera y ya flotaban en la nube que sobrevuela las alturas del Olimpo. Era una entronización al más puro estilo judío, como si hubiesen estado en el monte cuarenta días y hubiesen regresado con las tablas salvadoras. La industria, las finanzas, la política, todo, todo, estaba encaminado a apuntalar su mitificación. Y los veíamos a todos ellos en sus palacios en medio de la campiña inglesa... no se podía llegar a más. ¿Y saben qué era lo mejor de todo aquello? Pues que aquellos músicos no eran nada del otro mundo. Tirando a vulgares. En cualquier caso, si los comparas con multitud de los que hoy se pueden ver en You Tube, eran una caca. En definitiva, eran un montaje. No quiero ni imaginarme si en aquellos tiempos de la Nova Cançó hubiesen salido unos músicos como Rita Payés o Andrea Motis. Entonces tendrían que haber levantado unas cuantas alturas al Olimpo para poder darles cabida allí. Y, ya ven, ahora Rita y Andrea van por la calle como si tal cosa. 

No sé, pero para mí que está cambiando mucho lo de las mitificaciones, y no solo en el mundo de la música. Ahí tienen, sir ir más lejos, a todos esos que van a Davos, ¿quién da un duro por ellos? Salen mucho en los medios porque los medios son suyos, Pero ¿quién mira esos medios? Se lo diré, la gente irrelevante que ya va de retirada. Bill Gates, por Dios, si hasta su mujer le dejo por mindundi. Sí, bueno, van en sus aviones privados y cosas así, pero eso no quita para que tengan que pagar a un proxeneta si quieren darse un homenaje... de lo más tonto por otra parte. 

Las elites, siempre andan a vueltas con las élites. ¿Quiénes son las élites? ¿Existe tal cosa? Personalmente, cada vez me parece más un cuento. El mundo sigue su curso imprevisible y por el camino hay gente que disfruta porque antes ofreció sacrificios y gente que padece porque no quiso ofrecerlos. Y esa es la lección que se conoce desde la noche de tiempos y que tanto nos cuesta aprender... pero se va aprendiendo, no les quepa duda y por eso cada vez hay menos nova cançó y más Rita Payés. No por nada, sino porque los que ofrecen sacrificios aprenden que las canciones se inventaron para alabar a los dioses, sobre todo al del amor, y no para propagar las ideologías que inventan los que no los ofrecen con la ilusión de que con ellas va a aliviar los sufrimientos a que se hacen merecedores por su desidia. Como dice Milei, Marx era un puto vago. En fin, ¡menudo día tengo!