domingo, 31 de marzo de 2024

Saber y comprehender

Me plantea Santi un problema arduo: la diferencia entre saber y comprehender. Algo así como entre el placentero surfear por la superficie de las cosas o el penoso ponerte a cavar hondo hasta que das con la roca y entras en shock. Supongo que el asunto lo niqueló aquel físico que dijo que cuando empiezas a estudiar física, con las primeras adquisiciones, la tentación es hacerte ateo; cuando sigues en la brecha y profundizas, inevitablemente, das en meditar sobre la existencia de Dios. 

Lo de dar en la roca y su consiguiente shock vendría a ser el caer en la cuenta de la inaprehensibilidad de cualquier sistema complejo, que lo son todos, porque sencillos no creo que existan. Querer comprehender, en el fondo, es un pecado de soberbia que los dioses te hacen pagar caro. Sin embargo, el simple saber, es la meta de los bienaventurados, de los que tienen éxito con las chicas cuando cacarean junto a la barra de un bar. 

Cada uno es como le hicieron las circunstancias y sus genes, así que buena gana habría que tener para querer trastocar los designios de la naturaleza. El que está hecho para tener más sed cuanto más bebe viene a ser como Sisifo: nunca podrá dejar de empujar la piedra hacia arriba, pero tendrá el enorme consuelo de no tener que enfrentarse a la nada del sentirse satisfecho con el simple tomar daiquiris tumbado a la sombra de la piedra inmóvil. Porque, que no se engañe nadie al respecto: sin daiquiris se está muy mal a la sombra de la piedra. 

En fin, no sé, porque la metafísica se inventó para aplacar los ardores a los que estamos condenados por haber sido hechos a imagen y semejanza de los dioses. Por eso es inevitable que aspiremos a la ubicuidad y la omnisciencia, ¡pobrecitos!, como si la copia tuviese algo que ver con el original. 

sábado, 30 de marzo de 2024

Sintaxis

En la homilía que me manda hoy Santi se extiende sobre la sintaxis y la imposibilidad de desentrañar el misterio que encierra en sí. Siempre que he pensado en la sintaxis he acabado creyendo en Dios. Es un decir. Busco y no encuentro nada en la creación que me parezca más sorprendente. Algo tan maravillosamente sofisticado que nos viene dado por pertenecer a una determinada especie. Quizá eso que llamamos inteligencia no sea más que un afinamiento del don de la sintaxis. El que de forma innata coloca las palabras en su lugar exacto es el que entiende y se hace entender mejor. Es, en definitiva, el inteligente. 

Y así es como llegamos a las matemáticas. Sigo escuchando la conferencia de Villani sobre Pascal. Las matemáticas en el corazón de la humanidad. Las matemáticas y la inteligencia van de la mano. Las unas sin la otra es un imposible metafísico. La precisión sintáctica de un enunciado es lo que sirve en bandeja la solución. Por esa precisión, privilegio de unos pocos, supongo que será que se dice que las matemáticas es el lenguaje con el que se entienden los dioses entre sí. 

Por cierto, que de la mano de esa conferencia he llegado a los Pensamientos de Pascal, uno de los libros de mi magra biblioteca que apenas ojeé, u hojeé, en su día y con el que espero pasar muy buenos ratos en un futuro que por imperativo categórico, o biológico si mejor quieren, tiene que ser inmediato. Ya les iré contando.  

viernes, 29 de marzo de 2024

Desencadenando

Me manda mi hija una entrevista que en su día le hicieron a Gala. Le preguntan qué es lo más inteligente que se puede hacer en esta vida. Responde: en principio le diría que irse a una playa... pero, en el fondo, de verdad, tengo que decirle que salirse de este laberinto en el que nos ha metido una vida que no es la nuestra, que no es la mandada, que es una organización que necesita esclavos para seguir manteniendo la pura organización que necesita esclavos, y así hasta el final. Salirse de esa cadena terrible, desencadenarse a riesgo de la soledad, a riesgo de la falta de comprensión, pero irse un poco al campo en el mejor de los sentidos, salirse de esa extraña y monótona esclavitud de cada día, darle a cada día su afán... etc..

Añade mi hija que parece que está hablando de Pepe, el protagonista de la novela "¡A las clines corredor!" que acabo de publicar en Amazon. Porque es que eso que dice Gala ha sido la obsesión de mi vida. Mi patología, por decirlo al modo de esa organización mafiosa que nos tiene encadenados y que necesita estigmatizar al que cae en la cuenta y quiere saltar... como decía Gracián. A riesgo de la soledad, a riesgo de no ser comprendido. ¿Por qué a riesgo? No lo entiendo, la verdad. Esa es otra las trampas que nos tiende la organización mafiosa, tratar de convencernos que la soledad y la falta de comprensión son dos males insoportables, cuando la realidad es que son las dos consecuciones que mejor pueden dar sentido a la vida: no hay nada que merezca la pena que se pueda conseguir a golpe de socialización y comprensión ajena, los dos eslabones más sibilinos de la cadena que nos aprisiona. 

Bueno, voy a seguir escuchando una conferencia de Cédric Villani sobre Blaise Pascal. Tal para cual. Dos monstruos cocidos en la soledad y la falta de comprensión. Claro que eso de la soledad y la falta de comprensión es algo tan relativo que de hecho no existe. Con que te comprenda aquel al que tú admiras ya tienes toda la comprensión del mundo. Con que ese mismo te escriba o llame por teléfono de vez en cuando ya te sientes acompañado como el que más. Son las paradojas de que se compone la vida. Sin ellas, ya me dirás tú qué coño erial sería todo esto. 

jueves, 28 de marzo de 2024

Teología

El protagonista del Dr. Faustus de Thomas Mann acaba siendo un músico revolucionario, pero sus estudios son teológicos. Nunca fue a ningún sitio a aprender música. Se crio en casa de un tío que tenía una tienda de instrumentos musicales en la que  un pequeño grupo de entendidos organizaba conciertos. De jugar con los instrumentos y escuchar esos conciertos y las discusiones que después de ellos tenían aquellos entendidos le vino toda la sabiduría musical. Digamos que aprendió al estilo Feynman, es decir, investigando por su cuenta con la metodología que le habían trasmitido aquellos entendidos cuando analizaban las piezas que acababan de interpretar, lo mismo que Feynman empleaba la que le había enseñado su padre cuando hacían excursiones campestres. De todas formas, no hay que engañarse, porque esa capacidad para ir al fundamento de la música no le vino solo de sus juegos y atenciones, sino que también fue facilitada por los estudios teológicos que, precisamente, son eso, tratar de ir al fondo de lo que es lo más inaprensible de todo. Concretamente, Dios. 

Los teólogos se especializan en especular sobre la idea de Dios. Es probable que el primer mono que muto a hombre, es decir, que tuvo conciencia de la finitud del tiempo dado, fuese el que inventó a Dios. Con Dios en el bolsillo ya no le perturbó tanto la certeza de que se iba a morir. De aquel entonces para acá la cosa no ha cambiado en absoluto. A Dios se le podrá dar todos los nombres que se quiera y, con ello, pensar que por fin conseguiste matarlo. ¡Vana ilusión! Cojan, agarren a un comunista, especialista donde les haya en matar a Dios, y ¿qué se encontrarán?: pues un teólogo especializado en utopías. Y ¿qué es una utopía?: la ciudad de Dios. No hay forma de escapar de Él porque por nosotros mismos seríamos inviables. 

Así es que, una cabeza rutilante, como la que Mann nos describe en el protagonista de su Dr. Faustus, no podrá tener preocupación mayor en la vida que desentrañar a ese Dios en el que cree por imperativo biológico. Las razones por las que uno cree en Él. Es el colmo del hilar fino.  Es, querer ser Dios. Un pecado de soberbia. Por eso el protagonista del que les hablo trata de escapar a su impotencia pactando con el diablo. Y Dios, que no soporta tal osadía, le condena a la muerte en vida. Como condenó a Nietzsche, otro que tal bailaba. 

En fin, en lo que me concierne, Dios es la respuesta a todo lo que no la tiene. Y así, con esa creencia, he conseguido apaciguar un poco mis inquietudes telúricas. Otros, como me dice Santi en su homilía de hoy, creen que ser de derechas o izquierdas les resuelve su idea de Dios. ¡Benditos ellos que tienen la respuesta de todas las incógnitas de la vida! ¡Y qué le vamos a hacer si así somos los humanos!

miércoles, 27 de marzo de 2024

Calvario

La Semana Santa. Supongo que debe coincidir con la primera luna llena después del equinoccio de primavera. Eran las cuatro o así cuando he levantado las persianas y he visto un resplandor inusual: en el cielo había una luna rutilante. Bueno, me he dicho, tendremos unas horas de tregua. Las mesnadas de turistas que asolan la ciudad podrán retozar a su antojo hasta que las lluvias vespertinas les devuelvan a su melancolía habitual.

Ayer, una tarde de perros, los bares cabe la iglesia de los Pasionistas, justo aquí al lado, rebosaban de nazarenos. Para pasar de pasear el cirio y las andas a empinar el codo solo hace falta un pequeño detalle meteorológico. Me pregunto si algunos de aquellos nazarenos eran conscientes de que lo que estaban conmemorando en esos momentos era la subida al Calvario entre insultos, latigazos, escupitajos... pero da igual, porque a la postre todo sirve para el convento dionisiaco: la hostelería, como se dice de la banca, siempre gana. 

Aquel sentido de la pasión y muerte que nos intentaban inculcar antaño se ha ido al carajo. La vida, dicen ahora, es para disfrutarla. De los sacrificios a los dioses se ha pasado a tomar pastillas. Pastillas y tira millas. Y los medios oficiales de comunicación/manipulación de masas, no se cansan de enseñar las operaciones salida y retorno en las que se ven a millones de personas atrapados en sus coches como en una especie de subida al Calvario. ¡Pobrecitos! Es imposible escapar a nuestro macabro destino: estamos hechos para pasarnos la vida intentando huir de nosotros mismos sin conseguirlo. Es el precio a pagar por estar hechos a imagen y semejanza de los dioses. Una muy mala imitación, por cierto.

Aquellas Semanas Santas de mi niñez. Me pregunto si algo me quedó de todo aquello. A lo mejor sí y por eso nunca me pillaron en operaciones salida y retorno. En cualquier caso, hace ya mucho que caí en la cuenta que donde más fácilmente huyo de mí mismo es en el salón de mi casa. En mi reclinable Ikea subo al calvario sin casi enterarme.  

martes, 26 de marzo de 2024

El difícil transitar

Al final, lo de cerrar la plataforma Telegram fue un farol que se tiró el gobierno. Por supuesto que le hubiese venido de perlas el cerrarla porque nada odia más el que pretende mandar que el que los pretendidos mandados puedan hacer de su capa un sayo. Pero claro, lo de mandar, el poder que también le llaman, es una cosa muy relativa. Y es que por muchos corderos que haya, también hay leones y otras especies que nacieron para ir por libres. Y por muy socialista que se quiera ser, contra la naturaleza es imposible ir. Así que el gobierno, ante la reacción que provocó su anuncio, se lo ha pensado y ha dado marcha atrás, eso sí, echando mano de la retórica que suelen utilizar siempre en estos casos. Como queriendo mantener el tipo, o sea, haciendo el ridículo. 

Claro, después del éxito represor de la pandemia el gobierno se pensó que todo el monte era orégano. No comprendió que solo había pastoreado a las ovejas. A los leones ni les fue ni les vino y siguieron con su vida vagabunda. Pero, ¡ay de aquel que intenta meterles en el redil! De un zarpazo le destrozan. Y, entonces, hasta las ovejas se le suben a las barbas. Supongo que se van a ver cosas muy curiosas en los tiempos por venir porque ya no es lo que era: aquellos tiempos en los que el mundo se dirigía desde los púlpitos de las iglesias se acabaron. Aquel mensaje monolítico se está haciendo migas. Twiter, el pajarito que cantaba encerrado en su jaula se convirtió de pronto en X, que ya saben que X es la incógnita por antonomasia. Y las incógnitas, por definición, suscitan la especulación. Se acabó la verdad dada. Y eso por no hablar de ese genio ruso que, como hace lo que le da la gana con los números, le costó poco montar una plataforma de mensajería, Telegram; y como no le gusta nada que nadie meta las narices en sus asuntos se instaló en las Islas Vírgenes que es como decir el paraíso de las libertades. Desde luego que no a cualquiera le dejan instalarse allí. Para empezar, hay que ser millonario.  

Y otras muchas plataformas en las que la gente dice lo que quiere, lo que viene a ser lo más sorprendente de todo lo que por siempre jamás vieron los tiempos. Porque hasta ahora, ya me dirán ustedes qué diferencias podía haber entre lo que decía Lo País y lo que decía el ABC. Solo por las florituras se les podía distinguir. La esencia de los dos, como dos gotas de agua: socialdemocracia en vena. La religión que entroniza al Estado como Dios de dioses. ¡Qué vulgaridad!

Así que nada; tranquilos, que todas esas negras premoniciones de los agoreros sobre los tiempos por venir no son más que desahogos de señoritos que no pudieron con los estudios. Los que pudieron con ellos están construyendo la nueva realidad que no puede ser otra que la que avanza un pasito en el difícil transitar hacia las libertades individuales. 

lunes, 25 de marzo de 2024

Antivirales

Dice Anxo Bastos que el virus del marxismo está por todas las partes. No puedo estar más de acuerdo. Por eso cansa tanto hablar con la gente, porque por todos los lados les rezuma ese virus. Y tan contentos, porque para ellos es el signo inequívoco de su bondad. 

Voy por el centro de la ciudad y, al pasar por delante del ayuntamiento, veo que han colgado del balcón principal una gran sábana con la consigna "POR LA PAZ". Con colores azules pálidos a los lados. Debe de ser por lo de Ucrania. Ya se sabe que la chusma siempre anda muy preocupada por la paz, pero nunca por la libertad. ¿Por qué iban a estarlo, si les basta la libertad de los rebaños? Por ahí van los niños de las escuelas, apelotonados, con carteles a favor de la paz y siguiendo a sus profesores que llevan pancartas con textos de la Madre Teresa. Es enternecedor. 

De lo que pueden estar seguros es de que nunca, lo mismo la señora alcalde -ahora todos los alcaldes son señoras- que los profesores que pastorean sus rebaños, pondrán pancartas en las que se lean textos de El Quijote, y es que la sola mención de la libertad les pone los pelos de punta. La libertad que nace del estado perpetuo de guerra con uno mismo. ¡Vade retro! De los maestros, o maestras, que conozco, ni uno solo ha sido capaz de leer El Quijote. ¿Para qué lo habrían de leer si si el adoctrinamiento al que han sido sometidos les impediría entenderlo? Sin embargo, Don Siro, el maestro de mi pueblo, allá por los años cuarenta del siglo pasado, hacía que todos los días algún alumno leyese para todos párrafos de El Quijote. Claro que en aquellos años cuarenta todavía no había comenzado la deriva socialdemócrata del franquismo. Supongo que avanzados los cincuenta ya no se leería a Cervantes en las escuelas. 

En fin, quiero ser optimista. Y no por nada, sino porque cada vez se ven en el mercado más antivirales específicos contra ese virus liberticida que es el marxismo subliminal. Incluso hemos podido ver últimamente éxitos terapéuticos tan sorprendentes como el que se ha dado en Argentina donde, la idea de que los zurdos son una mierda, ha ganado por mayoría. Habrá que esperar para ver, porque es muy difícil dar con un antiviral que no tenga efectos secundarios muy desagradables. Pero, también los antivirales se perfeccionan con la experiencia que da su uso. 

domingo, 24 de marzo de 2024

Telegram

 Es muy gracioso todo esto que está pasando. De pronto va un juez de esos que les gusta mucho estar en el candelero y, a instancias de unos otrora poderosos grupos mediáticos, manda cerrar la plataforma de mensajería Telegram. Una menudencia, claro está, ya que Telegram solo tiene nueve millones de usuarios en España y novecientos millones en todo el mundo. Pues nada, el juez ese que tanto sale fotografiado en el ¡Hola! y demás revistas del corazón ha decidido que se jodan los nueve millones entre los que me encuentro. ¡Vana pretensión! Ayer mismo había en YouTube cientos de vídeos explicando cómo se puede seguir usando esa plataforma por medio cien mil subterfugios de fácil implementación. Es lo que tiene el invento internáutico, que ofrece multitud de caminos para ir a Roma, de tal forma que hace materialmente imposible controlar siquiera una mínima parte de ellos. 

La cuestión aquí es que Telegram es una plataforma que no colabora con las autoridades competentes en la cosa de controlar lo que dicen sus usuarios. Por eso, cuando lo de la famosa pandemia, los que recurríamos a ella nos pudimos enterar de qué iba el pastel. Que no por otra causa fue que se debatiese por muchas horas en los parlamentos de Alemania e Inglaterra, entre otros, sobre la conveniencia de cerrar esa plataforma. Lo que pasó es que ingleses y alemanes, un poco más avisados que los españoles en el asunto tecnológico, comprendieron pronto que tal medida era de todo punto impracticable. 

En realidad, lo que ha hecho ese juez del ¡Hola! no ha sido otra cosa que hacer propaganda a Telegram para que, de ésta, doble los usuarios que tiene en España. Gente que no sabía que ahí te puedes enterar de muchas cosas que en otros medios ocultan, ahora lo van a saber y se van a apuntar al invento. Todo ello no son más que los estertores de un poder que hace agua por todas las partes. Como dice Milei, ellos, los políticos, creen que la gente los ama, pero la realidad es que la gente sabe que son una mierda y les desprecia. 

En fin, así corre el mundo en estos albores de un nuevo orden propiciado por los avances tecnológicos. Siempre, todos los que hubo en el pasado, estuvieron en el centro de todas las revoluciones. El poder intentó utilizarlos para dar una vuelta de tueca a su capacidad opresora y la ciudadanía se sirvió de ellos para desatar unas cuantas ligaduras de las que pone el poder para mantenerse. La típica dialéctica de los cojones... ¿a ver quién tiene más? Bueno, yo diría, pecando de optimista, que la ciudadanía va ganando poco a poco en libertad... aunque eso de la libertad, juraría, es algo muy personal. Siempre hubo gente libre y siempre la habrá esclava porque cada uno nace como nace y si naciste sin cojones, pues, a lo que el señor guste mandar. Y Telegram, ni me lo mientes. Cosa de conspiranoicos. 

sábado, 23 de marzo de 2024

Meditaciones anarquistas

Como mis hijas me han comisionado para que controle los arreglos de un piso que acaban de comprar, estoy de lo más entretenido. Muchas veces he pensado que lo mío hubiese sido dedicarme a los negocios. Como mi abuelo. Pero como a mi abuelo lo mataron, precisamente, por ser empresario, pues, lógicamente, toda la educación que recibí estuvo encaminada a evitar las querencias emprendedoras. Fui la típica víctima del "tú, hijo, algo seguro". O sea, funcionario... que no de otra circunstancia proviene la ruina que ha sido mi vida.

El funcionario es el esbirro del político, es decir, la parte más ruin de la mafia que extorsiona al ciudadano con la sibilina escusa de proporcionarle seguridad. Toda la filosofía del asunto consiste en que nadie puede confiar en nadie porque todo el mundo es mala gente para todo el mundo y en todo momento. Por eso es que las más insignificantes relaciones entre las personas tienen que estar tuteladas por la mafia por medio del preceptivo relleno de montañas de papel. Que no es que piense yo que no sea necesario algún tipo de código de conducta, como el que le hizo escribir Dios a Moisés en una piedra. Con eso debiera bastar. Y, luego, para incitar a respetarlo, ya está el aprecio o desprecio de la comunidad. Que lo infringes, ya te ganas el desprecio de la comunidad, no solo para ti, sino para tus hijos y sus descendientes por siete generaciones. Sin piedad. Por eso fue Jesucristo el que provocó la avalancha de papel, porque fue él el que inventó la piedad. 

En fin, lo que sea, que vete tú a saber. Pero nadie me va a quitar de la cabeza que para la inmensa mayoría de los contratos entre personas debería bastar con la palabra dada. De hecho, estoy comprobando estos días que el mecanismo de la palabra dada se practica mucho más de lo que se podría suponer. La mafia estatal le ha puesto a eso el ominoso nombre de economía negra. Y la persigue con denuedo. No puede consentir que algo no quede bajo su égida. Y no, como pudieran pensar algunos, por el dinero que esa economía le hace perder; ni mucho menos: la clave estriba en el peligro que para la mafia supone que la gente se dé cuenta de lo innecesaria, e incluso perjudicial, que es la mafia. 

Resumiendo, que dedicarse a los negocios tiene algo como de respirar libertad y, eso, precisamente, porque entras en un medio en el que la gente se dedica con entusiasmo a sortear los mecanismos de control de la mafia. Y ya les digo que parece imposible, pero no lo es. Es algo parecido a lo del agua, que, a la hora de la verdad, las subterráneas ganan por goleada. Y todo tiene la pinta de que, en el futuro, van a ganar mucho más. Solo hay que mirar a los que dirigen la mafia para darse cuenta de que está en descomposición. Son los más tontos de cada casa.    

jueves, 21 de marzo de 2024

Orden espontáneo

Me envían un link a un documental de la cadena Arte en el que se exponen las diversas corrupciones de la Comisión, Parlamento, y todas esas mierdas Europeas que han sido montadas con la sola finalidad de mejor extorsionar a los ciudadanos. Yo no sé de qué se extraña la gente. Ahí corrió todo el mundo a vacunarse de una enfermedad que por lo visto estaba matando a millones. Personalmente, no conocí a ninguno que se muriera de tal, y a todos los conocidos que pregunté, tampoco conocían. ¡Extraña epidemia! Así, viendo con qué facilidad se engaña a la gente, ¿cómo no se van a corromper los que manejan el dinero que han sacado de los bolsillos por malos procedimientos a los ciudadanos de a pie? 36.000 millones de euros costó, por lo visto, el chiste de las vacunas. Cuando alguien pidió que le enseñasen las cuentas, le dijeron, sí, hombre, a ti te las voy a enseñar para que luego vayas contándolo por ahí y me metas en problemas. Sí, pero las leyes dicen que me las tienes que enseñar, insiste el ingenuo. Las leyes me las paso yo por el forro, le contesta la Vonderleyen de turno. Se imaginan todo lo que se habrá quedado entre los dedos de los artífices del prodigio. 

Yo lo tengo absolutamente claro, solo iré a votar el día que pueda hacerlo a un Milei que tenga como único programa cargarse a tres de cada cuatro políticos y funcionarios. Y aun me parecerá que quedan muchos. Con un Estado mínimo, la corrupción será mínima. Es de cajón. No hay otra alternativa que el orden espontáneo que decía Hayek. Dejar a la gente organizarse entre ella. Y que todo el mundo se pague sus entretenimientos y mantenimientos. Quieres libros baratos, pues paga una cuota a una biblioteca. Quieres salud, pues paga a una mutua. Quiere educación para tus hijos, pues paga el colegio que mejor se adapte a tus posibilidades. ¿Y los pobres, qué? Para eso se inventó la filantropía que es el más fiable camino hacia el ennoblecimiento para quien la practica.

Resumiendo, que, en Bruselas, y en Madrid, y en everywere, hay una corrupción galopante porque la gente en general corre a votar, vacunarse o cualesquiera pavada que le ordenan. Es lo que decía Bernard Shaw, que, como la libertad exige responsabilidad, mejor pasamos de libertad y nos vamos a una terraza a tomar unas cervezas, que eso, no solo nos dejan, sino que, más bien, nos lo imponen.  

miércoles, 20 de marzo de 2024

Las barbas del vecino

Parece ser que los cubanos se están levantando contra el régimen comunista que les tiene esclavizados ya va para sesenta y cinco años. De ser verdad que la cosa va en serio sería una gran noticia para el mundo: por un lado, porque se acabaría aquella situación espeluznante de miseria y por otro por el derrumbamiento de un mito demoledor. Las famosas conquistas de la revolución, que mira que hay que ser subnormal para haberse tragado eso... y sin embargo, ¡con cuánta gente tuve que discutir para que no me vendiese esa moto averiada! 

El mito del comunismo. ¡A ver a qué mente adolescente no le va a calar hondo! El amor cósmico. La cosa venía de atrás, de cuando aquello del sermón de las bienaventuranzas, que después se iban todos de merienda al campo a comer panes y peces que habían caído del cielo. Así es como nos estuvieron predicando desde que nacimos para que no evolucionásemos. Y, desde luego que en gran medida lo consiguieron. Por eso es y no por otra causa que todavía sigan mandando los socialistas de todos los partidos en más de medio mundo. A la gente no le importa que sean unos puteros que roban a manos llenas con tal de que les den las migajas de todo lo que sacan de los bolsillos de los ricos. Porque ya saben que antes entrará un camello por el ojo de una aguja, etc., etc..

Pues sí, es una gran noticia si es que es verdad que los cubanos se están sublevando. Y que echen sus barbas a remojar todos los comunistas camuflados de socialdemócratas. Porque la cosa ya no se aguanta. 

martes, 19 de marzo de 2024

Inventos

Ahí, en YouTube, tenemos una genuina representación de lo que es el mundo. Hay una minoría que nos enseña lo que sabe hacer, músicos, matemáticos, incluso cocineros, y una inmensa mayoría que pretende vivir de airear sus suposiciones. De suposiciones todos tenemos un saco lleno porque es instintivo tenerlas. Y todos, en mayor o menor medida las aireamos. Lo que pasa, pienso yo, es que para eso está la inteligencia, para poner una barrera a esa innata propensión al aireamiento. Porque las suposiciones, suposiciones son, y por lo general no tienen más fundamento que eso que los ingleses llaman el whisfull thinking. El whisfull thinking, pensar que las cosas son como a uno le gustaría que fuesen, lo que viene a ser uno de los mayores mecanismos de consuelo de que dispone la humanidad. 

Así es que, YouTube, sin comerlo ni beberlo se ha constituido en una máquina de perpetuar las ilusiones, es decir, el autoengaño de los que quieren liberar su angustia existencial por medio de las suposiciones a la medida de los deseos... o de las esperanzas. Todo el mundo encuentra ahí lo que le gusta escuchar que no es otra cosa que lo que confirma sus suposiciones. Así es como se forman bolas gigantescas que ruedan ladera abajo pareciendo que todo lo van a arrollar. Fulanito tiene miles, millones de visitas. Y eso es, precisamente, lo que se considera la prueba irrefutable de su verosimilitud. ¡Sancta simplicitas! Como si no supiésemos que, puestos a elegir, atrae mil veces más la simplicidad de lo falso que la complejidad de lo real. 

En fin, allá cada cual con el uso que hace de los inventos; porque todos tienen dos filos. Así que si no los sabes agarrar es posible que te cortes... que por eso es por lo que vemos tanta sangre chorreando por ahí.

lunes, 18 de marzo de 2024

Descartes

Me manda Santi una foto de René Descartes con los ojos como platos porque está descubriendo que los que no piensan también existen. Efectivamente: puedo dar fe de ello por la propia experiencia. ¿Pienso yo? De ser sí, ¿cómo se puede explicar que haya pasado muchos años de mi vida viendo telediarios y leyendo periódicos? La radio, afortunadamente, solo escuché en tiempos una que le decían la 2 y que se dedicaba a la música clásica. Pero, imagínense un tipo que piensa que piensa y, para confirmarse en ello, compra todos los días, un suponer, El País, no por nada, sino porque que cree que ese es el mejor medio para ponerse al día. Ese fui yo no pocos años de mi vida. 

La verdad es que no creo que nunca haya pensado una mierda. Siempre me han llevado de aquí para allá sin que fuese capaz de oponer resistencia. Lo comentaba el otro día respecto de un tipo al que siempre admiré tanto que lo que decía era artículo de fe. Savater concretamente. El me marcaba las lecturas y todo lo demás. Hasta que me cansó, claro, que todo llega a cansar. Entonces, caí sobre Adam Smith y, después, por no sé qué vericuetos, sobre unos vídeos de Huerta de Soto que me llevaron de la mano a Hayek para, después, culminar con Rothbard. Pero bueno, me preguntaba yo, como puede ser que Savater, que parecía ser Dios, nunca nos hubiese contado que existían estos señores. ¿Acaso lo ignoraba? ¿O los conocía y los despreciaba porque no los consideraba de su cuerda? 

Sea como sea, ahora me he apuntado a todas esas ideas del anarcocapitalismo y me temo que una vez más lo he hecho más por la simpatía que me inspiran determinados señores que no porque me lo haya pensado detenidamente. Para ser sincero, les diré que toda mi vida ha sido igual, siempre de la Ceca a la Meca, movido por simpatías, o intuiciones, que a la larga siempre demostraron su inutilidad. Y ahora, sospecho que estoy en las mismas, aunque como ya me queda poco es probable que me vaya a ir de aquí sin que me haya dado tiempo a defraudarme. 

Concluyendo, que quizá Descartes debiera haber descartado la palabra pienso y haber optado por creo; así hubiera podido acrecentar su certeza. ¡Qué duda cabe!

domingo, 17 de marzo de 2024

Puterío

Tengo un vecino que es de mi pueblo. Me lo encuentro a diario porque hacia el mediodía siempre anda renqueante por la calle. Ya se sabe, a los noventa y tantos lo menos que se puede tener es una cadera jodida. Tan pronto como me ve empieza a echar pestes de los coches que pasan a toda mecha por la calzada. Yo le contesto con cualquier tópico, él se sonríe y acto seguido comienza a quejarse de éste que ya no se quiere levantar. Porque es que mi mujer no colabora. Es un tipo que siempre se distinguió por lo atildado; seguramente no había en el pueblo nadie mejor vestido y peinado; parecía sacado de una película de Hollywood. Siempre andaba de acá para allá en su furgoneta y, en verano, a la hora del baño solía aparecer por el territorio de los señoritos con un taparrabos rutilante. Pero nunca hacía nada por mezclarse. Se daba el chapuzón, estaba cinco minutos al sol, y volvía a su furgoneta. A cualquiera de aquellos señoritos que le hubiesen preguntado quién era aquel tipo y a qué se dedicaba, no hubiera sabido responder más que era uno muy bien vestido que siempre andaba en una furgoneta de aquí para allá. 

Ayer, como es habitual en él, iba vestido de verano del 42, y nada más verme, tras las imprecaciones de rigor al tráfico rodado, pasó sin solución de continuidad a decirme que el había sido muy putero. Aquí en Santander, en la Cuesta del Hospital, era una mierda; a mí lo que me gustaba era ir a Bilbao. Las de Bilbao, al lado de las de aquí, eran como reinas. El tío ya iba embalao: entonces, una, con la que ya había estado varias veces, me dijo: J., hoy no te voy a cobrar, hoy quiero correrme... Y ahí quedó en suspenso el relato porque todo lo sustancial ya estaba dicho. 

A mí, como es natural, estas cosas me hacen gracia. Aunque poco, porque siempre andaba entre señoritos, algo alterné con los muchachones del pueblo. Me gustaba, sobre todo, lo de cantar por los bares; con dos vinos ya nos considerábamos todos poco menos que Fletas. Cantábamos hasta quedar exhaustos y, después, invariablemente, venían la confidencias sobre putas. Lo de ir de putas era para ellos la sal de la vida. Todos tenían echado el ojo a alguna vecinita para el día de mañana, pero, para hoy, una puta, y si era de Bilbao, el sumun. Yo, como en mi medio natural no se estilaba, escuchaba con cara de tonto y no sabía qué pensar, aunque, para mí, que aquello no me convencía en exceso. Creo que siempre me produjo una especie de repugnancia moral el asunto. Pero bueno, sabía distinguir, y comprendía perfectamente que aquella muchachada necesitaba estímulos para poder sacar a España hacia adelante. 

En fin, cosas de la vida que nadie, por muy socialista que sea, va a cambia con leyes y sistemas educativos. Y no por nada, sino porque así lo quiere Dios. 

sábado, 16 de marzo de 2024

Civilización

En mi nada humilde opinión no hay en estos momentos voz que más merezca la pena escuchar que la de Miguel Anxo Bastos. Es una voz de esperanza frente a todas las de muerte que dominan el panorama político. Y es que es inútil intentar apuntalar lo que se está derrumbando por sobrecarga de ornamento: todas esas leyes bonitas con las que se estaba pretendiendo construir el paraíso en la tierra. ¡Mira que hay que ser tontos todo el tiempo para creer que eso es posible! Al final lo que se ha conseguido es poner a la vida un corsé de hojalata que ni protege de nada ni deja respirar. 

En realidad, si bien lo consideramos, a quien más se parece Miguel Anxo es a Adolf Loos, el de Ornamento y Delito. Lo que quieren los dos no es más que lo que cualquiera que piense hace con su propia vida: desprenderse de lo inútil. O, si quieren, aquella exclamación socrática: ¡cuánto hay que no necesito!  

Escribe Adolf Loos:

 "Descubrí lo siguiente y lo comuniqué al mundo: La evolución cultural equivale a la eliminación del ornamento del objeto usual. Creí con ello proporcionar a la humanidad algo nuevo con lo que alegrarse, pero no me lo ha agradecido. Se pusieron tristes y su ánimo decayó. Lo que les preocupaba era saber que no se podía producir un ornamento nuevo. ¿Cómo no es posible para nosotros, hombres del siglo XIX, lo que sabe cualquier negro, lo que todos los pueblos y épocas anteriores a nosotros han sabido? Lo que el género humano había creado miles de años atrás sin ornamentos fue despreciado y destruido. No poseemos bancos de carpintería de la época carolingia, pero el menor objeto carente de valor que estuviera ornamentado se conservó, se limpió cuidadosamente y se edificaron pomposos palacios para albergarlo. Los hombres pasean entristecidos ante las vitrinas, avergonzándose de su actual impotencia. Cada época tiene su estilo, ¿sólo la nuestra carecerá de uno que le sea propio? Por estilo se quería entender ornamento. Por tanto, dije: ¡No lloréis! Lo que constituye la grandeza de nuestra época es que es incapaz de realizar un ornamento nuevo. Hemos vencido al ornamento. Nos hemos dominado hasta el punto de que ya no hay ornamentos. Ved, está cercano el tiempo en que las calles de las ciudades brillarán como muros blancos. Como Sión, la ciudad santa, la capital del cielo. Entonces lo habremos conseguido."

Pues sí, en eso consiste la esperanza para mí, en no acumular nada que no me sea útil, es decir, que no utilice a diario. Compro un libro y, tan pronto lo leo, me deshago de él. Y sí, hay dos o tres docenas de ellos que conservo porque los consulto de continuo. Y, así, con todo. Nadie verá adornos en las paredes de mi casa. Nadie me verá yendo a donde no se me ha perdido nada. Nadie me verá informándome de lo que no me concierne. Nadie me verá extasiándome ante la vitrina de cualquier museo. Nadie me verá acudir a cualquier baile de vampiros... ¡Mis queridos, leed Ornamento y Delito y escuchad a Miguel Anxo y os daréis cuenta de todo lo que os falta para estar un poco civilizados!