miércoles, 2 de julio de 2025

Divagando

Ayer por la mañana, siguiendo la rutina, me senté a leer en un banco de los jardines del barrio Pesquero. Y en esas estaba, enfrascado en la aventura de Don Quijote en la cueva de Montesinos, cuando sonó el teléfono... las viejas amistades de Salamanca desperdigadas por el ancho mundo que no me olvidan. La conversación no tardó en girar en torno al romancero español. Hacía dos días que me había mandado algo sobre el asunto y quería comentar. Los que hablamos español no sabemos la riqueza que tenemos. 

El caso es que Don Quijote se duerme en la cueva y en sus sueños ve a Montesinos que le cuenta cómo murió Durandarte y cómo, siguiendo su mandato, le saca el corazón para llevárselo a su dueña, la ingrata Belerma: 

"¡Corazón del más valiente / que en Francia ceñía espada, / ahora seréis llevado / a donde Belerma estaba! / Para dar clara señal / de la verdadera llaga / será hecho el sacrificio / que ella tanto deseaba / del amador más leal / a la más cruel y brava."

Por la noche me dediqué a redondear el cuento echando mano de uno de los dos libros que heredé de mis ancestros: el Romancero Español en edición de Aguilar de 1930. El otro, también de la editorial Aguilar, son las obras completas de Santa Teresa de Jesús con un estudio preliminar de Luis Santullano. Dos joyas, en definitiva, que, acaso, por si solas hubieran podido bastarse para colmar todos mis anhelos de sabiduría.

En fin, Santa Teresa: 

"Cuando el dulce cazador / Me tiró y dejó rendida, / En los brazos del amor / Mi alma quedó caída, / Y cobrando nueva vida / de tal manera he trocado, / Que mi Amado para mí / y yo para mi Amado."

No sé qué más se podría decir. 


martes, 1 de julio de 2025

Dr. Moriarty

Hace ya bastantes años me dejaron un tomo de la editorial Penguin con las obras completas de Conan Doyle. Me lo zampé sobre la marcha. Conan Doyle había estudiado medicina en Edimburgo y, en sus prácticas de hospital, había tenido un maestro que le había resumido en una frase la esencia del diagnóstico diferencial:

It is un old maxim of mine that when you have excluded the impossible, what-ever remains, however improbable, must be the truth.

(Tengo una vieja máxima que consiste en que cuando se ha excluido lo imposible, cualquier cosa que queda, por más improbable que parezca, tiene que ser la verdad.) 

Esta vieja máxima tan útil en medicina es el alma de todas las tramas de las novelas que tienen por protagonista a Sherlock Holmes. Y es que, lo que sirve para la enfermedad, sirve para el crimen ya que, la una y el otro forman parte de una misma entidad, la del reino del lado oscuro o, dicho de otra manera, del mal. 

El lado oscuro, o el mal, Conan Doyle lo personifica en la figura del Doctor Moriarty. Holmes siempre está tras su pista, pero no hay forma de echarle el guante. Siempre se escurre a última hora. Holmes desentraña los crímenes por medio del diagnóstico diferencial, que vendría a ser el método científico, pero la causa última de todos ellos, el mal, se le escapa. El mal es la soberbia de Lucifer, pero también el dolor por el bien ajeno... y tantas otras taras del espíritu que se desparraman por el mundo impregnándolo todo, empezando por nosotros mismos.  

Una cosa nos deja clara Conan Doyle, que no hay método científico que valga para echar el guante al mal. Lo único que podemos hacer es aprender a convivir con él y a desconfiar y prevenirnos de todos los aprendices de brujo que dicen tener la clave para derrotarle. 

Holmes se desespera con su impotencia y recurre a la cocaína en busca de consuelo:

I suppose that its influence is physically a bad one. I Find it, however, so transcendently stimulating and clarifying to de mind that its secondary action is a matter of small moment.

(Supongo que sus efectos físicos serán nefastos. Sin embargo, la encuentro tan trascendentalmente estimulante y clarificadora de la mente que esos efectos secundarios son peccata minuta.)

En definitiva, combatir el mal con más mal. Esa es la trampa a la que nos resulta tan difícil, por no decir imposible, escapar. Y es que la mente rápidamente inventa justificaciones a todo lo que hacemos en busca de consuelo... lo único que en realidad hacemos, porque somos inconsolables a causa de tener conciencia de que nos estamos extinguiendo. En fin, las justificaciones de nuestra mente: el camino directo al despeñadero. ¡Y qué le vamos a hacer!

lunes, 30 de junio de 2025

Examen de conciencia

Sin saber cómo ha sido, tan callando que dijo el poeta, ya estoy rozando el promedio de esperanza de vida que hay en mi país, uno de los más altos del mundo, lo cual, indudablemente, dice algo de mi país de lo que sentirse, si no orgulloso, sí contento, porque es de suponer que la longevidad es señal de buena vida en el sentido bíblico del término. No se puede vivir mucho sin ser temeroso de Dios. Pero, en fin, a lo que quería ir es a las cosas de la vejez. 

Indiscutiblemente, en la vejez, a poco que te lo hayas trabajado, se alcanza cierto sosiego. Es algo casi natural, porque por razones obvias ya no te agobian las expectativas. Estás ya viviendo de propina y por las propinas solo cabe sentir agradecimiento y dar las gracias. Y en eso estoy, desde luego, dando gracias por poder disfrutar de algunos momentos de gloria ligados sobre todo a la amistad y las habilidades que fui capaz de cultivar a lo largo de la vida. 

Algunos momentos de gloria que se intercalan, ya sea entre el anodino paso del tiempo y la persistente pesadumbre asociada al asalto de recuerdos indeseados. Esos recuerdos que son el castigo de los dioses -el infierno- por las pasadas temeridades. No sé otras personas, aunque supongo que en todas será más o menos lo mismo, pero, lo es yo, les puedo asegurar que daría cualquier cosa por no haber hecho multitud de cosas que hice. Así es que me identifico al cien por cien con Sánchez Ferlosio cuando decía en su vejez que, de su vida, tan fecunda vista desde afuera, solo sentía vergüenza. 

La vergüenza es el gran tormento de la vejez. Es la que te hace retraerte a tus soledades que es el único lugar en el que los recuerdos se amortiguan, porque, si interactúas con el mundo, de inmediato observas actitudes que te retrotraen a tu yo más despreciable. Yo fui así, te dices entonces, y te quisieras morir. Supongo que, el haber sido tan necio tantas veces, fue inevitable. Miguel de Molinos, en su Guía Espiritual nos asegura que no debemos avergonzarnos por lo que hicimos porque así lo tenían dispuesto los cielos. Quise creerle, pero no pude. Preferí identificarme con la idea de la implacable justicia divina que destilan todas las páginas de la Biblia... desgraciadamente fui un lector muy tardío de ese libro. 

En fin, por fas o por nefas, no hay forma de dejar de arrastrar la cruz. Esa es la esencia de la vida y no sé si será mejor o peor el ser consciente de ello. Aunque, probablemente, el ser consciente te hace ser más precavido a la hora de las quejas que no cesan y que, como aseguraba Hamlet, son las que engendran la pestilencia del mundo.   

domingo, 29 de junio de 2025

Camacho el Rico y Basilio el pobre

Discutir la sabiduría que se encierra en las páginas de El Quijote está fuera de toda cuestión. A mi juicio, su salto cualitativo respecto de toda la literatura que le precede consiste fundamentalmente en la introducción del contrapunto en el relato; más o menos, como hizo Johann Sebastian Bach en la música. Sancho y Don Quijote son dos líneas melódicas que se entrelazan. Así, es difícil muchas veces identificar en dónde reside la cordura y en donde la necedad. En fin, esto está dicho y copiado ya tantas veces  que no entiendo por qué lo tengo que repetir como no sea porque un poco de cháchara sirve a modo de preámbulo o calentar motores cuando se pretende levantar el vuelo de la reflexión.  

Y es que quería reflexionar un poco sobre una candente cuestión que se plantea repetidas veces a lo largo de la obra. La primera es con motivo de la contratación que hace Don Quijote de los servicios de Sancho. Al valorar las cualidades de éste, dice que es un buen hombre para, acto seguido, poner en duda que una persona humilde, o pobre, pueda ser bueno. Luego, cuando contrapone las riquezas de Camacho con las estrecheces de Basilio, también se repite esta consideración. Y en otros pasajes que ahora no recuerdo. Parece ser que Cervantes no se hacía ilusiones al respecto de esa mitología cristiana, que luego retomó el comunismo con tanto éxito, de humilde bueno, versus, rico malo. 

Quiso la casualidad que ayer cayese mi atención sobre una entrevista de esas que se hacen a la gente que transita por la calle. Preguntaba el periodista a una señora por los sesenta que se declaraba ecuatoriana recientemente nacionalizada española: ¿a quién vota usted? La respuesta fue contundente: ¡a los socialistas! Luego añadió con vehemencia: los socialistas se ocupan de los problemas de la gente humilde; los de la derecha solo quieren explotarnos... el entrevistador cortó la emisión porque seguramente había comprendido que poco más se podría haber añadido para dejar claras las cosas. 

El caso es que, por aquello de tomar el pulso a la realidad, de vez en cuando miro un canal de televisión local de nombre Popular en el que emiten cosas de la Iglesia católica. Suelen ser conferencias en las que un cura se dedica con melifluas carantoñas a apacentar a su rebaño. Es un discurso muy bien encajado que tiene a la concurrencia sin pestañear. Solidaridad, empatía, humildad, etc., etc., etc., son términos que se repiten con profusión. Desde luego, pienso cuando veo eso, para nada necesitan los socialistas hacer mítines y toda esa parafernalia hortera que hacen los partidos políticos; el trabajo duro ya se lo hace la Iglesia de una forma subliminal que viene a ser como meterla con vaselina. Aunque, bien pensado, tampoco es que haga falta mucha floritura para convencer a los que inconscientemente ya lo están: solo hace falta que les confirmes, como supongo que le pasará a esa ecuatoriana que les contaba cuando acude a la iglesia de su comunidad. La pobre mujer razona movida por la envidia y el resentimiento que tiene hacia aquellos que ella supone que son más felices que ella porque tienen más. 

En fin, un poco de Quijote y Sancho para desengrasar: 


Don Quijote de la Mancha. 
Segunda Parte. Capitulo XX. Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico con el suceso de Basilio el pobre.
 
"Sancho Panza, que lo escuchaba todo, dijo:

—El rey es mi gallo: a Camacho me atengo.

—En fin —dijo don Quijote—, bien se parece, Sancho, que eres villano y de aquellos que dicen: «¡Viva quien vence!».

—No sé de los que soy —respondió Sancho—, pero bien sé que nunca de ollas de Basilio sacaré yo tan elegante espuma como es esta que he sacado de las de Camacho.

Y enseñóle el caldero lleno de gansos y de gallinas, y, asiendo de una, comenzó a comer con mucho donaire y gana, y dijo:

—¡A la barba de las habilidades de Basilio!, que tanto vales cuanto tienes, y tanto tienes cuanto vales. Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener, aunque ella al del tener se atenía; y el día de hoy, mi señor don Quijote, antes se toma el pulso al haber que al saber: un asno cubierto de oro parece mejor que un caballo enalbardado. Así que vuelvo a decir que a Camacho me atengo, de cuyas ollas son abundantes espumas gansos y gallinas, liebres y conejos; y de las de Basilio serán, si viene a mano, y aunque no venga sino al pie, aguachirle.

—¿Has acabado tu arenga, Sancho? —dijo don Quijote.

—Habréla acabado —respondió Sancho—, porque veo que vuestra merced recibe pesadumbre con ella; que si esto no se pusiera de por medio, obra había cortada para tres días.

—Plega a Dios, Sancho —replicó don Quijote—, que yo te vea mudo antes que me muera."

sábado, 28 de junio de 2025

Pisar el freno

Mi impresión es que se está produciendo en el mundo una revolución que yo la calificaría como la de pisar el freno. Venimos de un par de siglos en los que la gente, instigada por los avances de la tecnología, había dado en creerse lo que sin duda no es porque no puede ser y además es imposible, es decir, estar en posesión de los atributos que la imaginación atribuye a los dioses: la ubicuidad, la omnisciencia, la seguridad y, a la postre, la inmortalidad.

Tanta soberbia, como no podía ser de otra manera, nos ha arrojado a los infiernos por más que, como le pasa a nuestro antecesor Lucifer, no seamos muy conscientes de que estamos en ellos. Y aquí es en donde reside la revolución que pienso que se está produciendo, en la toma de conciencia cada vez mayor y de más gente  de que efectivamente estamos en los infiernos y que para salir lo primero que hay que hacer es pisar el freno.

El infierno es vivir en la mentira. Pensar que viajas cuando haces turismo. Creer que estás informado cuando lees los periódicos y ves la televisión. Dártelas de refinado porque puedes acceder al consumo caro. Sentirte sofisticado porque porque manejas cachivaches con muchos botones. Todo ello cosas que no son nada más que intentos de escapar del infierno del que no eres consciente que estas. 

Como toda revolución, ésta también ha tenido sus precursores o profetas. Pongamos que Pessoa con su Libro del desasosiego. Cada vez estoy más convencido de que del Siglo de Oro español para acá es lo único interesante que se ha escrito en el mundo. Es un descenso a los infiernos como el de Dante. Un tomar conciencia de que el principio de toda sabiduría es el temor de Dios. 

El desasosiego, la ansiedad, la angustia y demás malestares del espíritu no son enfermedades como quieren hacer que creamos esos ejércitos de malignos a sueldo de los laboratorios farmacéuticos, la más acabada encarnación del mal que se puede concebir. No, no son enfermedades; son el castigo que nos imponen los dioses por querer ser como ellos. En cuanto bajamos el pistón y nos resignamos a nuestra condición humana todos esos malestares se atenúan. No otra que esa resignación es la gran nube mental que está descargando su rayo sosegado, como dijo el poeta. 

viernes, 27 de junio de 2025

Le Malade Imaginaire

 


Quien bien me conoce, me manda ésta, en apariencia boutade, del genial Aldous Houxley, autor de una de las novelas que más nos dio de qué hablar cuando aquellos maravillosos años: This Brave New World, título traducido al español como Un Mundo Feliz. Pues bien, esa novela es una distopía en la que todo el negocio descansa en los avances de la medicina; se han descubierto las sustancias cerebrales que controlan las emociones y lo único que hay que hacer es suministrárselas a la gente para que ande por el mundo como zombis. La pastillita diaria de "soma" y, luego, para los restos emotivos que no puede controlar el "soma", un aparato llamado el orgasmotrón: te metes dentro de él y tienes un orgasmo. Como ven muy parecido a lo que hay hoy día: pastillas para los nervios y pornografía para masturbarse -una de cada diez páginas que se abren en internet es porno-. 

En cualquier caso, esa aparente boutade, es una realidad social candente: si se suprimiesen todas las conversaciones que hay en el mundo acerca de las enfermedades que se padecen, se produciría un silencio cósmico. No tienes más que ir por la calle y poner la oreja: todo el mundo está en trance de ir a, o venir de, hacerse una prueba para ver lo que tiene que no le deja vivir. Prueba de la que, ni que decir tiene, siempre se sale con un diagnóstico ominoso que explica los supuestos padecimientos. A partir de ese momento, es como si el paciente se hubiese quitado un peso de encima: ya puede ir por mundo con cierto protagonismo al tener su historia para contar. Pla decía que las enfermedades son los viajes de los pobres. ¿Y para qué se viaja hoy día si no es para contar el viaje? 

Resumiendo, que los avances de la medicina no dejan de ser fuego que se roba a los dioses, dado lo cual es imposible sustraerse a la maldición prometeica. Hoy día, por fas o por nefas, quién más, quién menos, todo el mundo vive encadenado al sistema sanitario. El aburrimiento, la dejadez, la procrastinación -que así llaman hoy día a la pereza mental- de inmediato remiten a la enfermedad como tabla de salvación: ya, solo si estás enfermo eres alguien para los demás. Desde luego que ya no te aburres: todo el día de aquí para allá para hacerse pruebas, más, luego, poder contar tu experiencia. Es una forma de estar muerto sin enterarte de que lo estás, como los personajes de This Brave New World (Un Mundo Feliz). 

Así es que ya tocamos a médico cada ciento cincuenta personas y la gente quiere más. Y al poder ser que los médicos sean mujeres que, al perecer, están más dotadas que los hombres de esa cualidad que llaman empatía, que yo creo que es lo que siempre se llamó comprensión. Identificarse con el padecimiento ajeno y, al ser posible, echar un poco más de leña al fuego. Una médico empática, sabe que relativizar la importancia del sufrimiento del paciente puede ser letal para la autoestima de éste. Así, de paso, se va haciendo bolsa, que es de lo que se trata... que ya saben que el empático es de los que miran la berza, pero siempre cogen el tocino.  

En fin, lo dejo ya porque este asunto de "le malade imaginaire", que decía Moliere, es algo de lo que no vamos a salir en tanto la sociedad no recupere los valores que defendía Don Quijote, o sea, los de la virilidad.    

jueves, 26 de junio de 2025

Decadencias

Vivimos un momento histórico en el que miles, o millones, de ese espécimen humano que se conoce como intelectual, se dedican a cantar con un a modo de regodeo maligno lo que ellos llaman decadencia de Occidente. El otro día oía a uno vaticinar que de aquí a cinco años los EEUU de América habrían desaparecido como tales. Cosas del wishful thinking, pensé. De momento, seguí pensando, de hace treinta años para acá, los EEUU de América han llevado a cabo la mayor colonización del mundo que nunca se pudo ni imaginar. Todo esto de la informática, numérico, o como lo quieran llamar, que condiciona nuestras vidas desde que abrimos el ojo por la mañana hasta que le cerramos por la noche, es un invento suyo. El resto del mundo, a esperar qué es lo próximo que se les ocurre. 

En cualquier caso, seguíamos comentando esta mañana a propósito de la sofisticación literaria que contiene el Gilgamesh sumerio. ¿Quién se acuerda de los sumerios hoy día? Es muy probable que muchas de las maravillas que achacamos a los griegos estuviesen copiadas de los sumerios. Y después los acadios, que por lo visto inventaron la primera escritura alfabética; y los babilonios, que instituyeron la prostitución sagrada... civilizaciones todas que hoy resumimos en un par de líneas, pero que duraron lo suyo y dejaron su huella indeleble. Por no hablar de los romanos, que se tiraron hablando de decadencia no sé cuántos siglos; ya en el segundo de nuestra era escribían Petronio, Apuleyo, Juvenal, y otros muchos, anunciando el derrumbe; casi dos siglos después Juliano volvió a llegar a donde llegó Alejandro cinco siglos antes. Desde luego que la caída de los imperios nunca ha sido de hoy para mañana. 

Sobre la decadencia de los imperios se ha escrito para dar y tomar. Cada loco con su tema. Quizá su causa no sea otra que la fatiga de materiales. Todo es finito en este mundo. Hasta el mundo mismo. En cualquier caso, es muy difícil mantenerse en el machito porque detrás vienen otros arreando. Así todo, hay que andarse con mucho cuidado con los intelectuales, porque, por lo que sea -quizá porque follan poco-, suelen tender a la depresión con su consiguiente regodeo en las negras premoniciones. Y es que las negras premoniciones tienen mucha demanda... demasiada gente folla, si no poco, mucho menos de lo que sus fantasías les dan a entender como necesario, ¡Y qué mal se lleva eso! 

Lo único que yo veo en el mundo actual es un recrudecimiento, como quizá nunca lo hubo, del mito prometeico. Todo este ingente fuego que acabamos de robar a los dioses nos tiene encadenados. No hay más que ir por la calle para darse cuenta. Ver a una persona pasear con aires de nonchalance es poco menos que un milagro. Todo el mundo va enfrascado en el manejo de cualquiera de los cachivaches que la tecnología pone a su disposición. Tengan en cuenta que el dios de la tecnología es cojo y, además, su mujer le pone los cuernos con el dios de la guerra. Así es que, la mujer, Lady Macbeth, es la intermediaria natural entre la tecnología y la guerra. La que tiene el mando a distancia, como se suele decir. Y ahí, quizá, es donde está la explicación a todo este canto a la decadencia que nos tiene acongojados, en el mando a distancia de las mujeres. Es fundamental volver a meterlas en cintura para que no se nos vayan con el dios de la guerra. Claro que para eso será necesario no andar tan distraídos inventando cachivaches. Hay que tenerlas vigiladas y sacarlas a pasear de vez en cuando.

En fin, vete tú a saber. 

miércoles, 25 de junio de 2025

La virilidad

 Don Lorenzo, hijo de Don Diego el del Verde Gabán, está de sobremesa con Don Quijote. Don Quijote hace un pormenorizado análisis de lo que es la poesía, que es a lo que se dedica Don Lorenzo. Don Lorenzo queda admirado y pregunta: "Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿Qué ciencias ha oído?". Contesta don Quijote: "La de la caballería andante, que es tan buena como la de la poesía, y aun dos deditos más. "No sé qué ciencia es esa, replicó don Lorenzo, y hasta ahora no ha llegado a mí noticia." 

Aquí se extiende Don Quijote, explicando en qué consiste la ciencia de la andante caballería. Hay que ser jurisperito, teólogo, astrónomo, matemático, médico, y estar adornado de todas las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad- y cardinales -prudencia, justicia, fortaleza y templanza-. "Ha de ser casto en los pensamientos, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos, y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque cueste la vida defenderla."

Son los valores de la virilidad, esos que la corriente cultural en boga trata de denostar por todo los medios. De eso hablábamos esta mañana de la virilidad versus feminidad. Y es que quizá sea la tergiversación de esos roles lo que lleva a la decadencia de las civilizaciones. Los hombres están para lo que están y las mujeres, lo mismo. Querer difuminar eso por medio de un voluntarismo a tota ultrança, como hacen los gobiernos actuales en esta parte del mundo que llaman Occidente, es fuente de desasosiego rayano en la histeria. ¿Qué coño hacen las mujeres en el poder político? Se lo diré: emponzoñarlo todo con su predisposición natural al pasteleo: "But trust me, gentleman, I´ll prove more true / Than those that have more cunning to be strange", le dice Julieta a Romeo (Confía en mí, caballero, te seré más fiel / que las que son más sabias para disimular).

El pasteleo, la exaltación de lo superfluo -la felicidad en los pequeños detalles-, el derroche en apariencias, la moda, todo lo que cuadra con este anticapitalismo socialdemócrata que es la puerta de entrada a la esclavitud. ¡Tú, hijo, algo seguro!, o sea, funcionario, muerto viviente, el sueño de toda madre... y ahora también del padre desde que padecemos este amariconamiento en sábana que todo lo impregna. 

En fin, no sigo, no vaya a ser que me metan en la cárcel. Pero, en mi fuero interno, no desespero, porque sé que hay cosas que siempre vuelven a por donde solían.  

martes, 24 de junio de 2025

Universo Flamenco

Estoy intentando cumplir mi sueño de tocar las falsetas de las bulerías de Diego del Gastor. Supongo que acabaré tocándolas de aquella manera, como todo lo que toco. Al atardecer, suelo agarrar la guitarra y me pongo a improvisar aflamencado y, a veces, cuando paro, María dice: ¡qué bonito! Y entonces yo me siento poco menos que si fuera Sabicas. Son cosas de la vejez, que cualquier cosa te sirve para sacarte por un rato de la melancolía constitutiva. 

El caso es que he encontrado un portal llamado Universo Flamenco de un tal Juan de Dios Tamayo. Un tipo curioso, lleno de tatuajes, pelo teñido y todo tipo de adornos, pero con unas dotes pedagógicas más que notables. Por supuesto que, como buen flamenco, habla un inglés impecable. En realidad, en España, a los únicos que he oído hablar inglés sin mucho acento, hecha excepción de Espinosa de los Monteros, es a los flamencos. En fin, sea como sea, espero que con su ayuda acabe por cumplir mi sueño de tocar esas falsetas. 

Las falsetas, por si no lo saben, forman parte del dialogo que es el flamenco; generalmente, una pregunta escueta, que repite, y una respuesta, más extensa, en la que se resuelve. De hecho, toda la música es así, pero en el flamenco se hace más manifiesta. Como pasa en esta vida con todo, esas falsetas se han ido sofisticando con el tiempo; por así decirlo han ido adquiriendo un manierismo que las hace muy vistosas a ojos de los profanos. Los flamencos, hoy día, suelen tocar como máquinas, que es lo que les gusta a los americanos y a los japoneses. Por eso los flamencos  andan siempre por esos países y, a la postre, se han convertido en la mayor fuente de divisas que tiene la nación.  

Yo no voy a negar a estas alturas que todo sirve para el convento, y más, si, como les digo, genera divisas, pero, no nos engañemos, porque el arte es, fundamentalmente, sencillez que conmueve. Al menos eso es lo que pienso yo. Y por eso ver una reunión flamenca en la que ofician Diego del Gastor y Fernanda de Utrera es de las pocas cosas que calman mi espíritu cuando anda atribulado. Se palpa ahí una comunión perfecta; con los abuelos, los churumbeles, todos participando, cada uno según sus particulares facultades. Cuando ves una cosa así, entiendes el porqué de que los gitanos se hayan perpetuado en el tiempo sin perder sus esencias. Y es que, pueblo que es fiel a una religión, es pueblo indestructible. En realidad, que yo sepa, solo los judíos y los gitanos tienen esa característica, la de ser fieles a toda ultranza a la religión de sus mayores. Claro que hay que entender que quizá sea porque el judaísmo y el flamenco son las dos únicas religiones que merecen el nombre de tales. 

En fin, lo dejo ya, porque como dijo el poeta:

My words fly up, my thoughts remain below, / Words without thoughts never to heaven go.

(Mis palabras vuelan alto, mis pensamientos permanecen bajos, / Palabras sin pensamiento nunca suben al cielo)

lunes, 23 de junio de 2025

Gilgamesh


Ya va para cuarenta años o así que encontré el Poema de Gilgamesh en una librería dedicada a libros esotéricos que había cerca de mi casa, cuando vivía en Barcelona. Me puse a leerlo con toda la atención que pude, pero pronto me di cuenta de que todavía no estaba maduro para semejantes empresas. Muchos años después, en posesión ya de cierto bagaje, su lectura me fascinó. Esta mañana, conversando con un filólogo sobre el asunto, he comprendido el poco bagaje que poseo para enfrentar los arcanos de la literatura. Así todo, me he prometido que, si los hados me dan tiempo, lo volveré a leer. 

Es un libro que tiene más de cuatro mil años y, en esencia, lo contiene todo acerca del ser humano. Cuatro mil años, en términos históricos, es, como quien dice, ayer. Seguramente, hace cuarenta mil años, ya había en algún lugar del mundo gente que había reflexionado sobre las pasiones que nos constituyen como especie. Y es que allí donde hay un humano con sus necesidades perentorias resueltas, hay un filósofo en acción: es la habilidad específica de nuestra especie, el poder repensarnos. En el centro de nuestra cabeza hay una estrella cuya luz destaca sobre las demás: la llamamos ¿por qué? En realidad, no entiendo porque en nuestras ciudades no se erigen templos a esa estrella, porque no creo que haya nada con más méritos para ser venerado.

En cualquier caso, lo que si recuerdo del Gilgamesh es que es un canto a la valentía, como la Ilíada, como el Quijote, como todos los libros que están en el índice de los prohibidos desde que se entronizó en el mundo el dichoso marxismo cultural... que no es otra cosa que un canto a la cobardía. Y esa es la razón que está detrás de esta decadencia a punto de tocar fondo en que dicen que nos hallamos. Sin riesgo, sustanciado en una bajada a los infiernos, como hizo Orfeo, o Ulises, o Dante, o Don Quijote, o, el primero de todos, Gilgamesh, no hay vida digna de tal nombre. ¡Qué lo sepan!  

domingo, 22 de junio de 2025

Problemas y soluciones

Sometimes it seems as if there are more solutions than problems. On closer scrutiny, it turns out that many of today’s problems are a result of yesterday’s solutions.” ~ Thomas Sowell

(A veces parece como si hubiera más soluciones que problemas. Analizado el asunto con cuidado, caemos en la cuenta de que muchos de los problemas de hoy son la consecuencia de las soluciones de ayer.)

Es probable que mi casi total identificación con los pensamientos de Sowell traigan causa de llevar los dos un montón de años sobre nuestras espaldas. Quieras o no, por muy tonto que seas, los años te aportan experiencia y, quizá, a más tontería, más experiencia, por aquello de que tontería y equivocación van de la mano y, las equivocaciones, como todo el mundo sabe son la principal fuente de experiencia que a su vez lo es de sabiduría. 

Se como sea, el caso es que estoy completamente de acuerdo con lo de la relación que los problemas de hoy tienen con las soluciones de ayer. A poco que uno sea capaz de autoanalizarse, caerá en la cuenta de la mayoría de las pesadumbres que arrastra hogaño son la consecuencia de aquel entusiasmo que puso antaño para salir de un mal paso. Por eso es que, hoy día, de nada desconfíe tanto como de la gente que va por ahí ofreciendo soluciones para todo... empezando por los políticos y continuando por los médicos, las dos profesiones más abominables que darse pueden, y reto a combate singular a quienquiera que sea que se atreva a contradecirme en este punto. 

Soluciones, lo que dice Pessoa, solo las hay en matemáticas. ¡Ay, si la vida fuese tan sencilla como las matemáticas! Otro gallo nos cantara. Pero las cosas son como son y vivimos empeñados en que lo difícil son las matemáticas. En las cosas de la vida corremos como pollos descabezados tras los consejos de apariencia desinteresada que de continuo salen por la boca de los sinvergüenzas. Y aquí es, exactamente, en donde reside uno de entre nuestros mayores problemas, en saber identificar a los sinvergüenzas, es decir a los lobos con piel de cordero. Son esas personas con un particular olfato para rastrear el sufrimiento; saben que el sufrimiento debilita la razón que es justo lo que ellos necesitan para colocar su engañosa mercancía. 

En fin, ¿qué más quieren que les diga? Bueno, sí, que si yo mandase aquí, lo primero que iba a hacer sería enviar a una isla desierta a todos aquellos en los que se detectase una propensión a organizar vidas ajenas; allí, todos juntos, lo más probable es que en cuatro días no quedase ni uno. Y con los médicos, de entrada, limitaría su número a uno cada dos mil personas a lo sumo y, para redondear, establecería como requisito indispensable para poder iniciar los estudios médicos el estar en posesión de un doctorado en teología... porque ¿cómo se puede ser médico sin haberse tomado un tiempo para reflexionar sobre la relación del hombre con lo divino? Así es que pasa lo que pasa, como aquel noble asediado por su médico que nos cuenta Mateo Alemán: "Tome, señor doctor, que a fe de quien soy, que para con Vuesa Merced no me ha de valer sagrado."  

sábado, 21 de junio de 2025

Marxismo cultural en vena

 


El "creativo" que hizo el anuncio se inspiró en la canción mexicana Cielito Lindo:

Ay, ay, ay, ay, / Canta y no llores

Solo tuvo que cambiar la Y griega por la I latina y le quedó AI, Artificial Intelligence, Inteligencia Artificial para los profanos. 

Deja que la inteligencia artificial trabaje para ti; o sea, que todo el día tumbado en el sofá con la chorba en plan picotazo y al alero. Y para reponerte miras vídeos de tik tok en el móvil. Es una bella proposición; digamos que el cumplimiento de las promesas del marxismo cultural: el paraíso en la tierra. 

De todos los sueños de este mundo el más estúpido es, sin lugar a ninguna duda, el de vivir sin trabajar. ¿Cuánto tiempo va a resistir esa pareja en el sofá antes de descender a los infiernos? ¡Como si la energía sexual fuese infinita! Por muy joven que seas, a los cuatro polvos ya estás para el arrastre y no sabes que inventarte para salir zumbando. Ya lo dice el proverbio chino: si quieres ser feliz un día, emborráchate; si quieres serlo una semana, cásate; si quieres serlo toda la vida, cultiva un jardín. Es decir, que los chinos tienen claro que no hay otra posibilidad de redención que no sea por medio del trabajo. Esa es la realidad que en absoluto tiene por qué ser triste como nos quieren dar a entender los del marxismo cultural. Es muy ladina esa gente: primero te impiden hacer aquello para lo que tienes predisposición natural y, después, cuando ya estas enfrascado en lo que sea, te recuerdan a todas las horas que lo que haces es una mierda de la que podrás librarte si les sigues... o sea, si aprendes a odiar. 

En cualquier caso, todo es vanidad. Con inteligencia artificial o sin ella, el destino del hombre nunca es otro que el de acumular vergüenza de sí mismo a medida que pasan los años. Todo el transcurrir es una interminable sucesión de equivocaciones y utilizar la inteligencia artificial, como el coche, o cualquier otro invento, para subir al cielo, no es más que más de lo mismo. En definitiva, que  el dichoso jardín solo soporta herramientas rudimentarias; a la que las sofisticas la cagas porque no te ayudan a evadirte de ti que es de lo que se trata. 

En cualquier caso, el anuncio marxista, si no para otra cosa, sirve para que los perros meen.    

viernes, 20 de junio de 2025

¡Tan callando!

Serían las nueve de la mañana, o así cuando volvía a casa después de dar una vuelta y haber ingerido un pincho de tortilla king size cuya digestión mantenía mi cerebro en mínimos. Justo, ya llegando, se me acercó una chica rellenita muy sonriente y me dijo un ¡hola! muy expresivo, como de conocerme de toda la vida. Me costó bajar de las nubes y balbuceé algo así como: no sé quién eres. ¿No me conoces?, dijo ella, sin perder un instante su sonrisa. Pues no, no te conozco. Sí, hombre, del bar ese de ahí, dijo haciendo un gesto con la cabeza, como señalando. No, se equivoca, respondí. Entonces ella, cambiando el gesto, dijo con determinación: ¿Quieres venir a follar? Entonces desperté del todo y dije: Ahora no. Y la dejé plantada con su sonrisa. 

Cosas así me habían pasado en Madrid y Barcelona, donde nada es extraño, y más siendo yo un paseante por lo general solitario, pero que cosas así pasen aquí, en Santander, justo al lado de casa... no sé qué pensar al respecto, si es que merece la pena pensar algo. Bueno, sí, que estos apóstoles del marxismo cultural quieren prohibir la prostitución por considerar su uso impropio para cualquiera que no sean ellos. Desde luego que es una de las ideas más chuscas que nunca pudo salir de una mente pensante, por decir algo, porque llamar pensamiento a eso es, cuanto menos exagerar. 

La verdad es que estamos viviendo días muy extraños. Ayer todo el país se descojonaba pensando en el pendrive que una puta se había metido en el coño para ayudar a uno de esos apóstoles del marxismo cultural, de los que quieren prohibir la prostitución, a escapar de la acción de la justicia. ¡Buena es la justicia en asunto de coños! El primer lugar del que sospechan. ¡Me parto! Y mientras tanto, unos quilómetros más allá, otros apóstoles de no sé qué, andan con que si se la tiran, o no se la tiran, como en aquel chiste de La Codorniz, en este caso la bomba atómica. ¡Oye, son cosas que pasan! Cada loco con su tema. Por eso no vamos a perder el sueño. 

Yo, con mi guitarra, mi Quijote y mis acertijos matemáticos, que aquí me las den todas. Luego al atardecer viene María y paseamos por los muelles del Pesquero. Después, estamos aquí tan ricamente, escuchando música y haciendo solitarios, hasta que nos gana el sueño.  Nuestras vidas son los ríos; en mi caso, ya llegando a la mar... !tan callando!

jueves, 19 de junio de 2025

¡Puerca miseria!

 


"ÁBALOS ESTABA CON UNA ACTRIZ "X" CUANDO ENTRÓ LA UCO". Si esto no es un sainete que venga Dios y nos lo explique. Ábalos es un ministro plenipotenciario, la actriz porno se llama Anaïs, igual que aquella autora de relatos eróticos que nos contaba sus experiencias con su padre de una forma tan cruda que hasta a los más atrevidos nos sacaba los colores. La función de Anaïs en este caso era camuflar, supongo que en sus partes más íntimas, un disco duro con información comprometida para sustraerlo a la curiosidad de la UCO -en el Santander de mi juventud había un tonto muy famoso que se llamaba Uco la Baba; su habilidad consistía en lanzar salivazos con rara precisión-. En fin, entre unas cosas y otras hay materia de sobra para que el sainete tenga distraído al respetable de forma que el jefe de Ábalos pueda seguir metiendo la mano en el bolsillo de la gente sin que la gente se entere.  

Bueno, la UCO en este caso es una policía insobornable -un imposible metafísico que también podríamos decir oxímoron- que anda tras los pasos del plenipotenciario por encargo de padrinos ultraderechistas. Porque la cosa va de padrinos mafiosos como en "Con faldas y a lo loco". Es la lucha por un territorio que es escaso para tanto chorizo. Así el guiso sale sabroso pero un tanto indigesto, ¡y qué le vamos a hacer!   

En conjunto, nada nuevo si no es que, como pueblo, hemos perdido gracia narrativa. Hubiera ahora unos hermanos Bécquer y, en vez de tantas vanas trascendencias, nos íbamos a tronchar de risa... como hacían los españoles de cuando reinaba Isabel II. Bueno, siempre podemos coger, agarrar, e ir a google y teclear: los bobones en pelota. Son las cosas del poder que sin sexo por medio se hace insoportable. Lo acabamos de comprobar aquí en España con lo que iba de la simpatía que inspiraba Juan Carlos a la anodinia que inspira este Felipe. 

Porque esa es la cuestión que yo percibo, que el Ábalos le cae de puta madre a la gente en general. Una cabeza tan perdida por las faldas no puede hacer daño a nadie. Es como una especie de inocencia. Sin embargo, el Sánchez es el villano corroído por la ambición: no hay más que ver la cara que se le está poniendo; de aquí a cuatro días le saldrá un cáncer por cualquier sitio y la gente lo celebrará por todo lo alto. En definitiva, que no falta ni uno de los ingredientes de la comedia de enredo; como aquellas de Zori, Santos y Codeso de mi juventud... supongo que también esas revistas fueron víctimas del marxismo cultural, porque no veo yo que hoy día haya una distracción tan relajante. En fin, ¡qué puerca miseria! 

miércoles, 18 de junio de 2025

El superhombre

 Ayer les decía que quizá el gran olvidado es Chesterton. Una vez, por la temprana juventud, leí una novela suya llamada El Hombre que fue Jueves. No entendí nada. Y es que de joven casi todo te viene grande. A partir de ahí lo único que supe de él es que fue un gran inventor de sentencias muy ocurrentes. Luego, con la llegada de YouTube escuché cosas acerca de él en los canales de filosofía. Porque, sin duda, Chesterton fue un gran pensador al que los mitos de su época colocaron en la sombra. 

Pudiera ser que Chesterton fuese la otra cara de la misma moneda que Nietzsche. Todo el rollo ese de la muerte de Dios y, con ello, el surgimiento del superhombre es para Chesterton una patochada. Para él, el superhombre es el hombre común que saca adelante una familia, toma pintas en el pub, y acude los domingos a la iglesia. Es decir, que vive en armonía con su medio porque no se cree superior a nadie. Y aquí es donde debiéramos pensárnoslo dos veces los admiradores, seguramente acríticos, de Nietzsche, en las pretensiones de superioridad; es como una intoxicación que produce su lectura. Claro que sus análisis son brillantes, pero, como todo lo brillante, sesgado. Él describe unos prototipos que seguramente se le asemejan, pero el mundo en general no es así. El mundo está compuesto en su inmensa mayoría por los superhombres que dice Chesterton: esas familias que veo en mis paseos al atardecer, con dos o tres hijos que juegan en los columpios. Esos son los que hacen que la sociedad funcione. ¡Y vaya que si creen en Dios! No hay nada más que ver la profusión de iglesias que hay por el barrio. 

Hay que andarse con mucho cuidado con todo esto de la intelectualidad porque a la que te descuidas acabas creyéndote superior a los demás, cosa que, a la postre, es lo más antiintelectual que existe. Si para algo sirve ocuparse de las cosas del espíritu, eso sería, precisamente, tomar conciencia de que para ser más que alguien tienes que hacer más que alguien. Y leer a Nietzsche es hacer poco menos que nada. Sin embargo, estos que ahora escucho que arrastran  sus carros en los que llevan el repuesto de las estanterías del supermercado, estos, digo, sí que hacen algo importante. 

En fin, vamos a ver en que acaba la partida en curso, porque hay que reconocer que está condenadamente interesante.