sábado, 9 de agosto de 2025

Celebración

 Ayer, como era el cumpleaños de María fuimos al Barrio Pesquero a celebrarlo. Entre dimes y diretes nos metimos entre pecho y espalda un machote que no se lo saltaba un torero. Así que, imagínense como estaremos hoy de riboflavonas, omegas-tres y demás bendiciones, de las que ese tipo de pescados, por lo visto, están a rebosar. El caso es que, aquello era lo más parecido a un bacanal. Todos los bajos de la manzana central del barrio están ocupados por restaurantes; quizá entre todos tengan espacio para más de mil comensales, lo cual no es óbice para que un día cualquiera de verano y cualquier fin de semana del año, sea problemático encontrar allí una plaza para comer si previamente no has reservado. Y no se crean que los precios son lo que se dice populares, que los cincuenta euros por menú te caen a nada que te descuides. Sin duda, todo aquello es una bicoca para la economía de la ciudad. Todo, por lo general, es dinero fresco que viene de afuera; comimos rodeados por dos numerosos grupos de franceses. En fin, que las cosas estarán muy mal en Francia, en España y en Europa en general, pero, de momento, el dinero corre que da gusto y la gente parece dispuesta a morir con el estómago lleno de machotes regados con albariños; siempre se dijo que las penas con pan son menos penas. 

Siempre me ha causado aprensión el asunto ese de las celebraciones. Desde muy joven procuré saltarme las más de las que por compromiso social estaba, como quien dice, obligado. Para mí la celebración siempre fue alegría impostada. Estoy convencido de que a Dios nunca le han agradado y, que, como abuses, te lo hace pagar. Siempre recuerdo a aquel pobre desgraciado que iba para artista y, por exceso de celebraciones sin motivo aparente, se quedó en limpiabotas. Así que, no se extrañen ustedes si el mundo actual está lleno de limpiabotas por todas las partes, porque no es posible, desde cualquier punto de vista que se lo considere, que haya motivo para tal cúmulo de celebraciones. La impresión que me da es que se celebra por obligación porque es la única forma que ya nos queda de evitar que el producto interior bruto se desplome. 

En fin, las cosas son como son porque así está dispuesto por los cielos. Así que nada que objetar con tal de que me dejen cumplir mi cuota con un par de celebraciones gastronómicas al año. A partir de ahí, la cosa ya empezaría a hacérseme insoportable. Aunque, si bien lo considero, celebración, lo que se dice celebración, las que intercalo cada día entre mis rutinas: una conversación, un paseo, una comida en el chino de enfrente... en general, el hecho de estar vivo me basta para dar gracias.   

viernes, 8 de agosto de 2025

El arte de fingir locura

Don Quijote se ha quedado en el palacio de los duques mientras Sancho ha ido a gobernar la ínsula. La gente de palacio no tiene nada mejor que hacer que gastarle bromas de dudoso gusto; es lo que tiene la ociosidad, que vuelve a las personas vulgares, lo cual, si no para otra cosa, sirve para realzar la grandeza de Don Quijote. Le han hecho creer que Altisidora, una doncella de catorce años, está perdidamente enamorada de él. Pero él, sin duda halagado, se mantiene firme respecto a lo de Dulcinea, así que decide poner sus habilidades al servicio de la intención de desengañar a Altisidora. Pide una vihuela y compone un romance; llegada la noche, cuando siente que hay gente en el jardín, templa la vihuela, se aclara el pecho y la garganta, y comienza a cantar con voz ronquilla, pero entonada:

                           —Suelen las fuerzas de amor
                           sacar de quicio a las almas,
                           tomando por instrumento
                           la ociosidad descuidada.

El caso es ese, que Don Quijote no es un cualquiera. Se ha pasado la vida preparándose minuciosamente para la misión que los cielos le han encomendado. Una misión mesiánica. ¿O es que conocen ustedes a algún otro personaje que de Jesucristo para acá haya tenido más impacto en la sociedad? Todo lo que dice son verdades en estado puro, de las que el pueblo solo acepta si se las dicen so capa de locura. Ese mismo pueblo que asegura que solo los locos y los niños dicen las verdades. Y ahí es donde reside la magia de Don Quijote, en la verosimilitud con la que finge su locura para, por así decirlo, meter dobladas las verdades sin que el pueblo se le eche encima. ¡Lo dice un loco, ja, ja, ja! Pero ahí dentro te queda, para que lo digieras.

 Así que, allá cada cual con su particular visión de la jugada. Personalmente, me considero un discapacitado mental que necesita ortopedias para poder seguir hacia delante sin tropezar a cada paso. El Quijote es una de esas ortopedias, como lo es la Biblia, o los Principios de Euclides, o una  antología de la literatura de la antigua Grecia... con eso ya voy que chuto y, algún día, pienso, puede que incluso meta algún gol.  


jueves, 7 de agosto de 2025

De genocidios y mariconerías

No es que me interese el asunto en sí porque no es más que más de lo mismo. La campaña sobre el pretendido genocidio de Gaza consiste en ese burdo truco de generar una convicción por medio de la repetición hasta la náusea de una opinión. La única realidad que al respecto podemos conocer es que allí se está llevando a cabo una batalla cultural para dilucidar quienes son los buenos y quienes los malos. De entrada y a corto plazo ya sabemos quién va a ganar esta batalla: por definición, el que no tiene razón. A la larga, no sabemos cuán larga, la verdad se abrirá paso y los equivocados de siempre se llamarán Andana. Si algo nos enseña la historia de la humanidad es que los equivocados que reconocen su equivocación son la excepción a la regla de la garrulería universal. El garrulo, la sostiene y no la enmienda así le vaya la vida en ello. 

Otra historieta que veo que tiene muy entretenida a la chusma es la que hace referencia a las preferencias sexuales del rey Felipe VI. Hay miles de vídeos colgados en las redes que sugieren que es maricón. Más truco del almendruco: nadie necesita aportar pruebas; solo sumarse a la corriente de difamación... difama que algo queda. Claro, este chico empezó mal su andadura al casarse con una plebeya. Eso, también por definición, nunca funciona. A los reyes les pasa como a la Iglesia, que no están aquí para adaptarse a los gustos del pueblo. Es el pueblo el que se tiene que adaptar a las maneras de los reyes y la Iglesia. Si para algo están ahí es para hacer pedagogía de costumbres. Un rey que no se sacrifica en aras de la misión que tiene encomendada es un chisgarabís. ¡A quien se le ocurre colgarse de la primera Circe que le sale al paso! Se ve que el pobre chaval no tuvo acceso a las reflexiones de Teresa Panza sobre con quién se debe casar cada cual. En fin, otra víctima del mito de la modernidad; esa absurda idea de que ahora sabemos mucho más de las cuestiones esenciales de la vida de lo que sabían nuestros lejanos antepasados... esa es una pretensión letal que está en el origen de la mayoría de nuestros problemas. De lo esencial, diría yo, no hemos aprendido nada nuevo desde la noche de los tiempos; de lo accesorio, todo lo que ustedes quieran. Y esa es la gran confusión de nuestros tiempos, tomar lo accesorio por esencial. ¡Que me lo digan a mí que no he parado de estrellarme a lo largo de toda la vida por no haber querido pasar por el aro de lo esencial!

Sea como sea, las cosas siempre vuelven a por donde solían. Esos que se dicen republicanos quizá consigan echar a este rey, lo mismo que la morangada palestina podrá conseguir alguna victoria moral sobre los judíos, pero será todo un espejismo. La monarquía, como los judíos, prevalecerán a la larga. Y no por nada, sino porque ambos son símbolo de verdades incontrovertibles sin las cuales la civilización es inviable. La estructura jerárquica de la familia y el santo temor de Dios, los dos pilares sobre los que se sustenta todo este tinglado. 

En fin, allá cada cual con sus artimañas para tratar de engañarse a sí mismo... la típica ilusión de la que siempre se sale escaldado. Por lo que a mí respecta, bastante tengo con los quebraderos de cabeza que me está dando la partitura de Libertango. ¡Cómo me fastidiaría tener que irme de aquí antes de haber conseguido dominarla mínimamente!                                                                    

miércoles, 6 de agosto de 2025

Cosas de Aberzalandia

Según me han contado, en un pueblo cerca de Bilbao, unos aberzales se han puesto a tirar una cruz por considerarla un signo franquista y, como no podía ser de otra manera, la justicia divina se ha metido por medio y ha dejado a cuatro de los intervinientes en situación de necesitar cuidados intensivos. Indiscutiblemente, Dios ya se ha cansado de soportar tanta majadería; por todos los lados se ven signos de ello. Ya que no me queréis temer por las buenas, me vais a tener que temer por las malas, ha dicho. Claro, se ve que en aberzalandia no leen la Biblia porque, ¡menudo son ellos!, se las saben todas de tanto estar juntos todo el día los unos con los otros tomando potes por los bares. Haciendo patria, que le dicen. 

Aberzalandia es la prueba evidente de que lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible. Ellos se creyeron que violentando las leyes no escritas del cielo se podían salir con la suya y, como está prescrito para tales actitudes, les ha salido el tiro por la culata. Si tiran de estadísticas comprobarán que ninguna comunidad de España ha decaído tanto como ellos -en una década han pasado del puesto uno al noveno-. Y lo que está por venir, porque el asco que dan no puede traer nada bueno en un mundo que vive sobre todo de agradar. 

Aberzalandia es un ejemplo de lo que ni puede ni debe ser: que los curas dirijan la política. En realidad, la política no la debiera dirigir nadie porque el único orden viable es el espontáneo; en cuanto nos salimos de él todo se pudre. Y es que salirse de ese orden quiere decir que se ha dejado de temer a Dios... pero ésta es otra historia. A lo que iba es a que cuando los curas mandan en las cosas del Cesar la catástrofe es inevitable. El papel de los curas en este mundo, sean de la religión que sean, no puede ser otro que el muy desagradable de subirse a los púlpitos a recordar machaconamente las obligaciones que tenemos contraídas con Dios por el mero hecho de que nos haya dado la existencia. En el momento en el que un cura cita los derechos en sus sermones, todo el edificio se desmorona. Y ese es el problema, que la política solo se sostiene si se habla de derechos. 

Sea como sea, el asunto es que de pronto ha llegado un Papa dispuesto a poner las cosas en su sitio. Nunca más, ha dicho, un cura enumerando derechos desde el púlpito. La Iglesia, ha añadido, es el lugar de la incomodidad. Del sacrificio. Nada de paraíso en esta vida. No estamos aquí, ha proseguido, para adaptarnos a la sociedad, sino para que la sociedad se adapte a nosotros.

Resumiendo, que la justicia divina a veces se demora más de la cuenta, pero es, como dice la Biblia, porque Dios nos quiere poner a prueba. Pero siempre acaba por llegar y, entonces, es cuando los aberzales reciben su merecido: la cruz que querían derrumbar se les vuelve lanzas y manda a unos cuantos a la unidad de cuidados intensivos de Cruces. ¡Que curiosa coincidencia que el hospital en el que han acabado los dinamiteros se llame así! Cosas de Aberzalandia. 

martes, 5 de agosto de 2025

Afrodita


Convine recordar a los plañideros que babean ante la idea de que el imperio estadounidense ha entrado en barrena que estas cosas no suelen ser de hoy para mañana. El imperio romano estuvo unos cuantos siglos que si me voy que si me quedo y, el español, por poner otro ejemplo, más o menos lo mismo. Así que ya pueden ir limpiándose las babas esos señores porque seguramente ni ellos ni sus tataranietos van a ver ese tan ansiado derrumbe. Los EEUU, hoy por hoy están en la cúspide de su poderío. Y no precisamente por el alcance y precisión de sus misiles sino por los jeans o genes, que no es lo mismo, pero suena lo mismo, de Sydney Sweeney; solo se los tiene abotonar delante de las cámaras para que todo el mundo babee, pero esta vez con fundamento. 

Sí, señoras y señores, Sydney ha comenzado esta guerra que se estaba haciendo esperar demasiado con grave deterioro de los espíritus. No se puede vivir tanto tiempo seguido viendo y oyendo imbecilidades sin que te este permitido responder so pena de estrellarte contra un muro de incomprensión. A partir de ahora, vamos a poder decir la nuestra y va a resonar a todo lo largo y ancho del mundo porque llegó la hora de la verdad. Sidney es ahora como Helena fue para los aqueos o Marilyn para los americanos de los años cuarenta del siglo pasado, algo por lo que no importa ir a partirse el pecho a tierras lejanas. Son los auténticos valores eternos: unas buenas tetas y un buen culo; los bastiones que garantizan la supervivencia de la especie. 

Y es que, ¡joder!, esto ya ha llegado a un grado de irracionalidad indigerible. Voy a Mercadona tan contento y a la hora de pagar me topo con una cajera, o cajero, que no se puede saber, hormonado, mutilado, o sabe Dios que tipo de barbaridades, y se me parte el corazón. Me niego en redondo a aceptar esa realidad porque es impostada. Es como regresar a aquella barbarie de antaño cuando se hacían lobotomías para corregir las neurosis obsesivas. O aquellas inyecciones intramusculares de esencia de trementina que ponían a los agitados en el hospital en donde hice la especialidad. ¡Qué barbarie, por Dios! ¿Cómo podemos consentir el vivir con eso? Es necesario ir a la guerra; ya no se puede posponer un minuto más. 

No se puede postponer un minuto más porque, todo esto del wokismo que dicen, no es más que un nihilismo suicida. Es la negación de la alegría por la vida que emerge, por la belleza, por el culo y las tetas de Sydney... por Afrodita surgiendo de entre la espuma formada por los genitales cercenados de Urano... conviene conocer esas historias. 

lunes, 4 de agosto de 2025

Unos buenos genes




 
El mundo está ya hasta las pelotas de mariconadas y comunisterías. Digamos que ya se acabó la paciencia y, sí, digámoslo sin ambages, Sydney Sweeney tiene unos genes maravillosos. Y ya se puede corroer las entrañas toda la chusma enchusmatizada por el marxismo cultural, que eso no va a evitar que la simple visión de las tetas y el culo de Sydney alegre el día a cualquiera que no haya sido contaminado por esa lepra del espíritu. Se acabó la estúpida compasión por esos enfermos que nos constreñía la alegría de vivir. Los maricones, allá ellos, pero se acabó ya el permitir que me condicionen la vida con sus pretensiones de superioridad de no sé qué tipo. A mí, la verdad, lo de meterla por el culo me parece una asquerosidad se mire como se mire. Como lo de pasarse la vida recogiendo mierdas de perro por las calles, otra asquerosidad que me resulta incomprensible. 

Pues sí, estará la guerra de Gaza, la de Ucrania y otras cuantas que seguramente hay por ahí sin que a nadie le interesen, pero aparecen en escena las tetas y el culo de Sydney y en un plis-plas todo el imaginario colectivo se trastoca: los unos de rabia y los otros de puro deliquio... es lo que va del haber sido contaminado al ser inmune al marxismo cultural. Eso es puro fascismo, dicen los unos; ¡Dios mío, lo que haría yo con eso entre las manos!, piensan los otros. Eso es todo: el mundo se divide entre enfermos y sanos de una manera mucho más neta de lo que nunca hubiéramos podido imaginar. Hay gente que está a lo suyo porque está contenta con lo que le ha tocado en suerte; y hay otros que tengan lo que tengan nunca se satisfacen porque solo tienen ojos y oídos para los que aparentan tener más que ellos... es la desgracia absoluta. 

Así que nada, lloren los unos porque se les acaba el chollo y alégrense los otros porque el mundo vuelve a por donde solía, es decir, al tira más pelo de coño que carreta de bueyes o soga de marinero... consecuencia de lo cual, los paseos de las ciudades se vuelven a llenar de niños, que es de lo que se trata.      

domingo, 3 de agosto de 2025

Libertango

El otro día, aquí, al lado de casa, asesinaron a un conocido de toda la vida. El hombre bajó a por el pan y, ya de regreso, al entrar en el portal, se le coló una rumana que le arrancó la medalla que llevaba al cuello; él, se debió asustar, de resultas de lo cual le pegó un infarto y cayó fulminado. La policía le ha dicho a la familia que no diga nada a nadie para no perjudicar sus pesquisas. La realidad es que no quieren que se sepa para seguir dando una imagen de que aquí no pasa nada. Pero es evidente que pasa. La gente está todo el día amontonada consumiendo "soma". Es un mundo feliz al estilo Huxley. El caso es no enfrentarse a uno mismo. O lo que es lo mismo: sentirse vivo. 

Sentirse vivo es lo peor que le puede pasar al que no tiene nada de sustancia a lo que agarrarse. Qué voy a hacer hoy, se preguntan al despertar: hoy voy a ir a la playa y, después, me sentaré en una terraza con los amigos; quizá por la noche vaya a un concierto de rock. Y mañana... más de lo mismo. Nadie en su sano juicio puede soportar eso más de tres días sin caer en una profunda depresión. Y, justo para eso, es para lo que está el soma, para paliar los estragos del espíritu de las vidas anodinas. Vidas que desconocen la palabra trascendencia. ¡Bienaventurados los pobres de espíritu! Para mí que el Mesías ahí la cagó bien cagada. 

Solzhenitsyn decía que la humanidad sobrevive a todo tipo de catástrofes naturales, menos a la que atañe al espíritu. El tenía motivos para saberlo por haber tenido que padecer en carnes propias aquella apoteosis del marxismo cultural que fue la Unión Soviética. Cuando los espíritus carecen del sentido de la trascendencia porque se lo ha robado la marea de superstición que viene desde las alturas... ¿se acuerdan de aquello que llamaron pandemia? ¿Qué fue aquello sino una galerna de superstición? Todo el mundo corrió a inyectarse la pócima milagrosa haciendo caso omiso de los miles de artículos publicados que advertían del engaño. Y lo bueno del caso es que muchos de los que se inyectaron eran de los que se reían escuchando a Don Quijote cantar las excelencias del bálsamo de Fierabrás. ¿Dónde encontraban la diferencia? Muy fácil, la superstición de la ciencia, el éxito supremo del marxismo cultural. 

En fin, allá cada cual. Yo, como me dice cada vez que me la encuentro la mujer del conocido asesinado por la rumana el otro día, para lo que me queda de convento, me cago dentro. A Dios Gracias, he conseguido agenciarme un considerable stock de papel para poder limpiarme el culo todo lo que quiera. Cojo, agarro, y saco del armario cualquier partitura arrumbada, pongamos que Libertango, y me enfrasco en su recuperación. Poco a poco va resonándome en los entresijos del alma y, entonces, siento una satisfacción intima que me reconcilia con el mundo. No es ningún milagro; en todo caso es el misterio que acompaña al sacrificio... cómo del esfuerzo, que es dolor, surge la trascendencia, que es placer.        

sábado, 2 de agosto de 2025

Maestro Kamba


Hay en el barrio una colonia africana considerable. Son, por una parte, las tripulaciones de los barcos pesqueros y, por otra, obreros de una fábrica de componentes metálicos. Es gente pacífica que gasta sus ocios en los bancos de los parques y paseos. Nunca los verás en los bares. En pequeños grupos, chacharean y, sobre todo, miran sus teléfonos; es prácticamente imposible ver a alguno sin el móvil en la mano. Al maestro Kanba creo que le tengo localizado; es un hombre alto, corpulento, con la cabeza afeitada, atuendo africano discretamente vistoso y, siempre, pasando las cuentas de un rosario de considerables dimensiones. En conjunto, un hombre elegante y siempre solitario como corresponde a su dignidad. 

Y eso es lo bueno del caso, que cuanto más pensamiento mágico, más elegancia. Hay también un chino que tiene un pequeño garito de acupuntura que no le va a la zaga al maestro Kanba en lo que a elegancia hace. Le veo pasear con su señora por el muelle y me da la sensación de estar en cualquiera de los paseos marítimos de la riviera italiana: pura elegancia decontracté. 

El maestro Kamba, si hacemos caso del folleto con el que se anuncia, vendría a ser algo así como Dios. O sea, una cuestión de fe: crees o no crees; si crees te salvas; si no crees, de patitas al infierno. Más o menos, lo que han venido haciendo todas las religiones desde que el mundo es mundo. Y eso es lo sorprendente de este asunto, que funciona. Digamos que la relación con lo mágico es la esencia de nuestra estabilidad anímica. Llamémosle temor de Dios o Gran Poder Africano, el caso es que, sin creer en una fuerza superior que, a la postre, vendrá a hacernos justicia, la vida se nos haría insoportable. 

Ese es el asunto, que estamos en medio de una oleada, o sunami, antiilustración. Y es que ya quedó meridianamente claro que la ilustración tampoco resuelve nuestros problemas. Incluso, puede que acaso los agrave. Es todo muy discutible, pero lo de que el conocimiento no aminora el miedo, eso es una realidad palpable. No sé, en fin, yo miro por ahí, y tengo la sensación de que la marea de superstición no cesa de subir. Por algo será. 

viernes, 1 de agosto de 2025

Porro

Un porro, según el diccionario de la RAE es, entre otras cosas, una persona torpe, necia y ruda. Don Quijote llama porro a Sancho Panza porque le gusta llamar a las cosas por su nombre para que no haya malentendidos. A continuación le hace saber que lo que ha conseguido -el gobierno de la ínsula- nada tiene que ver con sus esfuerzos, ni méritos, sino al querer de los dioses -que disponen suavemente las cosas- y al aliento de la andante caballería, o sea, gracias a mí. Una vez humillado, como al toro cuando le pican antes de ser toreado, ya le considera en condiciones de escuchar lo que tiene que decirle para, en lo posible, evitar que meta la pata. 

"...Tú, que para mí sin duda alguna eres un porro, sin madrugar ni trasnochar y sin hacer diligencia alguna, con solo el aliento que te ha tocado de la andante caballería, sin más ni más te vees gobernador de una ínsula, como quien no dice nada. Todo esto digo, ¡oh Sancho!, para que no atribuyas a tus merecimientos la merced recebida, sino que des gracias al cielo, que dispone suavemente las cosas, y después las darás a la grandeza que en sí encierra la profesión de la caballería andante. Dispuesto, pues, el corazón a creer lo que te he dicho, está, ¡oh hijo!, atento a este tu Catón, que quiere aconsejarte y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto deste mar proceloso donde vas a engolfarte, que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.

­­—Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada.

—Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra."

Como habrán podido comprobar si han leído hasta aquí, en los dos primeros consejos -el resto de los que le da son de relleno-, se encierra toda la sabiduría de la Biblia y la de la filosofía socrática. En realidad, esa es toda la sabiduría a la que ha podido llegar el ser humano después de miles de años de darle al coco. Temer a Dios es lo mismo que ser prudente, tener conciencia de sí mismo, saber diferenciar el bien del mal. Conocerte a ti mismo -el aprendizaje que según Pessoa te llevará toda la vida-, es la aspiración suprema de cualquiera que esté realmente vivo... cosa, la de estar vivo, no tan evidente en la mayoría de los casos como pudiera parecer a primera vista.

En resumidas cuentas, mil veces que leyese El Quijote, mil veces que me maravillaría. Uno no se explica cómo puede caber tanta sabiduría en un libro a no ser que sea obra de la gracia divina. En cualquier caso, tengan por seguro que la mayor ventaja comparativa que tenemos los que hemos nacido en el mundo hispano es la de poder leer El Quijote en su lengua original. Así que, allá cada cual con lo que hace al respecto... porque the cuestion is to be porro or not to be porro. ¿Y cómo dejar de serlo si te niegas a escuchar los consejos de Don Quijote? 

jueves, 31 de julio de 2025

Sentido del humor



Yo no digo que el sentido del humor sea la estocada que derrumba regímenes políticos pasados de vueltas en lo que a podredumbre hace, pero sí aseguraría que es la puntilla que remata la faena. Esto se vio meridanamente claro en la Unión Soviética en donde la gente se reunía en las cocinas comunitarias de los bloques de viviendas a comer patatas, beber vodka y contar chistes. Ronald Reagan les dio el último empujón contando chistes acerca de aquel régimen putrefacto... esos fueron los tanques que les envió para darles el golpe de gracia. Aquí en España, en los estertores del franquismo, tres cuartos de lo mismo: los humoristas -Chumy Chumez, Summer, Forges...- eran los reyes del mambo. Muchos éramos los que esperábamos con ilusión el nuevo número de Hermano Lobo, una secuela de La Codorniz, aquel portento de humor que fue el gran consuelo de los resignados durante los años de la dictadura. 

 Recuerdo que de niños, en el colegio, no parábamos de contar chistes. Hoy día recuerdo muchos de ellos y me maravillo de los buenos que eran. El otro día le contaba uno a un amigo y me pidió que se lo escribiese para poder utilizarlo en las conferencias que da acerca del poder terapéutico de la palabra. Yo no sé si hoy día los niños se cuentan chistes entre sí; me gustaría que alguien me lo aclarase porque, si la respuesta fuese positiva, aumentarían mucho mis esperanzas respecto del próximo futuro de la humanidad.  

Yo, para distinguirme rebuzno, dice Chumy Chumez. En el Quijote hay una historia de rebuznos que es para partirse el culo de risa. ¿Por qué  creen ustedes que España resiste a los embates de estulticia que le envían desde todos los ángulos de su periferia? Pues porque España es el país del Quijote. Nadie puede destruir a una persona que tiene por única filosofía de su vida el que nadie le toque los cojones. Dice lo que quiere y hace lo que quiere y nunca, ni por asomo, se queja cuando como consecuencias de sus decisiones acaba molido a palos. Humor y resistencia al sufrimiento, ese es el coctel que hace invencible a una persona. 

Y eso el lo que echo en falta en estos tiempos que corren, ese toque de humor imprescindible para poder dar la puntilla a este marxismo cultural que nos tiene enmierdados hasta la coronilla. ¿Por qué tanta trascendencia para demonizar a los Sánchez, Vonderleyen y demás espabilados de tres al cuarto? ¡Pero si son personajes de sainete! Lo suyo sería empezar y no acabar de hacer chistes acerca de sus andanzas y opiniones. Porque son un material inagotable de sandeces. 

En fin, como comentábamos el otro día, el gran problema que tenemos es que cien años de sistema público de educación -que no de enseñanza- han acabado por demoler las naturales capacidades del ser humano para el lenguaje simbólico, justo, lo que nos diferenciaba del resto de los animales. Y así está el patio, con una población instalada en la literalidad de los mensajes. O sea, aborregamiento botellonero... eso sí, todos vacunados contra el covid para que no haya nada que temer.  

miércoles, 30 de julio de 2025

Misis Vonderleyen


Playa de Somo un atardecer de verano

Anda por ahí la chusma política muy mohína porque, según su opinión, Trump se la ha metido doblada a Misis Vonderleyen con motivo de no sé qué asunto de tipo comercial. Una vez más, toda esa mohinería no es más que teatrillo para tener distraído al populus mientras le siguen metiendo la mano en el bolsillo... que es de lo que se trata. 

El caso es que Misis Vonderleyen se gasta en peluquería lo que no está escrito. Y, ahí, sí que ha tenido un éxito sin paliativos, porque su ejemplo ha cundido everywhere; en mi calle, en menos de cien metros hay siete u ocho peluquerías... el espacio que queda es para bares. Por cierto, París bien sigue valiendo una misa; veía esta mañana un video en el que se mostraba el estado de sus calles después de una noche de socialización, empatización y todas esas cosas que tanto le gustan a la Vonderleyen y sus amohinados colegas. Se ve que las masas enfebrecidas  dan trabajo por las noches a camellos y camareros y por las mañanas a los servicios de limpieza. Todo cuadra y la nave va.  

Es muy curioso todo esto; a veces me topo por ahí con algún antiguo funcionario reconvertido en turista hasta que la muerte nos separe que, en menos de lo que canta un gallo, me trae a colación la decadencia de los EEUU de América. Indiscutiblemente es un whisful thinking promovido por el ansia de consuelo. Porque si EEUU está en decadencia, nosotros, ni te digo. ¿Qué hemos aportado, nosotros los europeos, a toda esta revolución digital que se nos está llevando por delante? Se lo diré: nada de nada. Todo ha sido creación estadounidense... nunca país alguno, tecnología digital mediante, consiguió tal grado de colonización a escala mundial. ¡Si eso es decadencia, que venga un exfuncionario y me lo explique!

Nosotros, aquí en Europa, con unos buenos servicios de limpieza lo tenemos todo solucionado. Ahí, en la foto que les muestro, tienen una prueba irrefutable de la creatividad europea. La juventud de Santander, y comunidades colindantes, reunida una tarde cualquiera de verano en una playa al sur de la bahía para socializar, empatizar y ponerse hasta el culo de marxismo cultural. No es inocente la cosa; es una manera de crear cientos de puestos de trabajo. A la mañana siguiente, mesnadas de trabajadores de la limpieza cruzan la bahía en las barcas de Los Reginas -antaño eran los Diez Hermanos-, para paliar el desaguisado. El caso es que cada uno cumpla con su misión en esta vida, unos a ensuciar y otros a limpiar. ¿Qué objeciones podríamos poner a tan sabia distribución social del trabajo? ¡Felicitaciones Misis Vonderleyen! ¡Lo borda usted! Nos vemos en la peluquería. 

martes, 29 de julio de 2025

Víctimas

 


Las víctimas no retienen rehenes


En uno de esos discursos que hace el Papa León XIV para ponernos en guardia contra demonios, vampiros y mediocres, nos pide que hagamos oídos sordos a las quejas de aquellos que son víctimas de los problemas que han creado ellos mismos. No sé si lo habrá dicho pensando en los palestinos, pero, en cualquier caso, la sentencia les va como anillo al dedo. Y ahí tenéis a todos esos millones de falsos indignados, echando mano de los niños -¡matan niños!-, para justificar su odio a los judíos. ¿Quién es el que está matando a los niños, alma de cántaro? Ni dos neuronas hacen falta para darse cuenta de quiénes son los culpables de todo el desaguisado. Pero claro, ya saben, ¡los judíos, esos malvados...!

Diría yo que hay pocos asuntos que mejor definan la condición humana que el odio secular a los judíos. Supongo que ese odio, como casi todos los odios, nacerá de la envidia: los judíos tienen lo que yo deseo, pero nunca podré tener. ¿Y qué es lo que tienen? Bueno, ahí en Palestina hay siete millones de judíos rodeados por mil ochocientos millones de musulmanes que se los quieren merendar y no pueden. ¿Por qué será? Pues muy sencillo, lo primero, porque son valientes. Lo siguiente porque son disciplinados. Y, para colmo, el principal objetivo de sus vidas es cultivar el intelecto. Las tres características más odiadas por deseadas e inalcanzables de toda la chusma mundial de todos los tiempos. 

Sí, odiar a los judíos, ha sido, es y será, por siempre jamás, el deporte preferido de todos los que tuvieron la desgracia de no haber sido educados desde el primer día de su vida en el santo temor de Dios. Sin esa exigencia la vida se desvaloriza mucho y luego pasa lo que pasa, que necesitas del combustible de la envidia para poder seguir arrastrando por el mundo tu miserable condición. ¡Es que hay que estar ciegos para no verlo!  

En fin, uno mal que bien, tuvo la suerte de nacer en una familia bastante judía dentro de lo que cabe... por comparación con el entorno. Como supongo que en España eran la mayoría de las familias con trayectoria por generaciones de profesiones liberales. Pero esta es otra historia. 


lunes, 28 de julio de 2025

La pasión

Hace tiempo me dedique a indagar y reflexionar sobre la palabra pasión: miré por aquí y por allá y ya no me acuerdo de nada. Supongo que algún poso quedará por ahí dentro, enredado en mis entresijos mentales. Lo traigo a colación porque ayer comentaba con un amigo que una vida sin pasión ni es vida ni es nada. Claro, son ese tipo de afirmaciones que se hacen presuponiendo muchas cosas, entre otras que sabes a qué te estás refiriendo cuando pronuncias la palabra pasión. Nunca me ha resultado sencilla esta palabra. Debiéramos suponer que lo misma relación que tiene acción con actividad la debiera tener pasión con pasividad. Sin embargo, tendemos a considerar que un ser apasionado es cualquier cosa menos pasivo. Un galimatías, en fin, que nos desvela hasta qué punto el lenguaje es limitado. De ahí, supongo, el empeño de Euclides en dejar, antes que nada, meridianamente claro el significado de los términos con los que luego iba a construir sus razonamientos.

Quizá decimos pasión porque apasionarse por algo es salirse del mundo en todo lo que no tenga que ver con ese algo. Es como ponerse a cavar en busca de un tesoro, que, te las prometes tan felices, que todo lo demás huelga. Entonces, sí, la pasión tiene que ver con la pasividad respecto del resto del mundo que no sea tu objetivo. Pessoa llama a eso erudición de la sensibilidad: restringir el tamaño de tus aspiraciones y profundizar en ellas. Lo contrario de lo que hace el activo que, por lo general, tiende a diluirse en el mundo como lo hace un azucarillo en el agua y, a la postre, no  queda nada de él que no sea un dulzor empalagoso. 

El apasionado, por contra, tanto cavar siempre en la misma dirección acaba por taladrar la tierra y descubrir lo que hay al otro lado. Nada se descubre sin pasión. Y ese es el asunto, que la naturaleza crea a unos para descubrir cosas y a otros para impregnar el mundo de ese dulzor empalagoso que es la marca de la casa. Pasivos y activos, pasión y acción, dos formas de ser que se complementan y dan como resultado este mundo siempre dispéptico. Y es que a los activos les cuesta mucho digerir los descubrimientos de los apasionados y a los apasionados les exaspera el mal aliento de los activos. 

En fin, a la postre, la pasión se asocia con la muerte -pasión y muerte de Jesucristo- y, la acción, con la inmortalidad de los vampiros que bailan en cualquiera de los castillos que Drácula tiene distribuidos por todo el mundo. Así se lo cuento porque así es como yo lo veo. Que tenga o no tenga que ver con la realidad, esa, ya, es otra historia.   

domingo, 27 de julio de 2025

Leyendas urbanas

El ser humano necesita para sobrevivir fundamentalmente tres cosas: comida, techo y vestido. Satisfechas esas tres necesidades, su principal preocupación, desde la noche de los tiempos, fue desvelar los misterios de la condición humana. Y no por nada, sino porque intuía que el principal peligro a su integridad venía de los otros seres humanos; conociéndolos, les podría ver venir y, así, ponerse a salvo. El caso es que, como ese desvelamiento era harto dificultoso, no le quedó más remedio que inventar una herramienta que le facilitase el empeño: así fue como descubrió la literatura. También podemos llamar a esa herramienta, ficción. La ficción es tan poderosa que con el paso del tiempo se hace indistinguible de la realidad por medio de la leyenda. Y no se crean que hace falta mucho tiempo para que esa circunstancia se dé: hoy día circulan por el mundo ficciones de hace cuatro días convertidas ya en leyendas urbanas que la inmensa mayoría interpreta como realidades. 

Así es que, literatura mediante, estamos prisioneros de la maldición prometeica: no conseguimos, en la mayoría de los casos, distinguir lo que es realidad de lo que es ficción, lo cual nos estanca en nuestro afán develador de esos misterios de la condición humana que nos obsesionan. De hecho, diría yo que hemos avanzado muy poco porque, quizá, ese poco sea todo lo que los dioses nos permiten avanzar... lo cual no es óbice ni cortapisa para que no cejemos en nuestro empeño de hacer literatura. En realidad, yo diría, que la hacemos casi siempre que abrimos la boca para hablar. 

Es lo que tiene inventar cosas con la pretensión de facilitarnos la vida, que de inmediato tenemos que pagar peaje a los dioses. Inventamos la literatura y pasamos al plano de lo simbólico, lo cual nos obliga a una nueva tecnología cuyo manejo exige un aprendizaje costoso... o sea, privilegio de unos pocos. Y esa es la maldición, que la mayoría toma lo simbólico por real o, si mejor quieren, la leyenda por historia. A la postre, la literatura, en su inmensa mayoría, no queda en otra cosa que no sea propaganda. Es decir, que lo único que nos desvela de la condición humana es su irrefrenable afán de sacar ventaja por medio de la mentira. 

De ahí que leer -en los libros o en donde sea- sea algo tan sutil. Nos pasamos la vida leyendo sin saber, la mayoría del tiempo, que lo estamos haciendo. Leemos y automáticamente interpretamos. Por eso es tan importante aprender a leer; quizá el más difícil de todos los aprendizajes. Qué leer, para qué leer y, sobre todo, cómo leer. 

En fin, perdonen mi insistencia, pero es que llega un momento en el que uno ya no puede más de tanto soportar las leyendas urbanas que dominan el inconsciente colectivo. ¡Joder, pero qué malos que son los judíos!

sábado, 26 de julio de 2025

Renacimiento

 Ayer les comentaba acerca de las sorprendentes por eternas ideas del Papa actual. Porque, ese es el asunto, que, lo que llamamos modernidad no quiere aceptar por incómodas esas ideas. Y es que esa obra del demonio que se conoce como marxismo cultural se las ha apañado para convencer a la gente de que el sacrificio es algo del pasado, de cuando el hombre no se había elevado a la categoría de dios por medio de la tecnología. El Papa dice que, el ser católico, el estar dentro de la Iglesia, es, fundamentalmente, sacrificio. El sacrificio de la cruz. No por otra razón es el que los socialistas españoles quieran derribar la cruz del Valle de los Caídos; nada define mejor su condición de vampiros que esa pretensión. La cruz, como símbolo de sacrificio, horroriza a los vampiros; tanto o más que los ajos. 

Con el mismo horror que las ideas del Papa, contemplan los vampiros las de Milei. Escuchaba ayer el discurso que había pronunciado en la universidad de Harvard. Un discurso cuyo eje central era la incomodidad. La Universidad no puede ser un lugar cómodo, porque de ser así estaría muerta. Tiene que tener la incomodidad del campo de batalla. En la Universidad se discute todo y nunca se da nada por sentado. Al final, tras digerir la conmoción que sus palabras habían causado en el campus, las responsables de la institución le ofrecieron una cátedra volante -ir por allí de vez en cuando a dar una charla-. Milei declinó el ofrecimiento, pero la Universidad creó un departamento para estudiar sus ideas. 

Diría yo que lo de Trump es, más o menos, lo mismo que lo del Papa y Milei. Un canto a la incomodidad o, si mejor quieren, un retomar los valores primitivos inscritos sobre la piedra. Resumiendo: volver al temor de los dioses, de los que estamos a años luz, y no cesar de ofrecerles sacrificios; en eso han consistido, pienso, todos esos periodos históricos a los que se ha calificado de renacimientos. 

Sí, señoras y señores, no hay nada que mejor explique lo que es la putrefacción de los espíritus que eso tan alabado por la contemporaneidad que llamamos Estado del Bienestar. El bienestar, por definición, solo puede existir en la otra vida si es que te lo has ganado en esta. En la otra vida, que vendría a ser el recuerdo que dejas a los que te suceden. ¿Te sacrificaste por ellos? ¿Sí o no? No caben engaños al respecto. 

En fin, diría yo que todo apunta a que se está cociendo un nuevo Renacimiento, un volver al reconocimiento de la agonía como el único motor posible de vida.