martes, 14 de julio de 2026

El rugido de las masas

Por lo visto hay por ahí un torneo deportivo de muy alto nivel que tiene sorbido el seso de las masas. Estoy tranquilamente en casa y, de pronto, me llega desde la terraza que hay en el extremo sur de la calle un estruendoso rugido. Son las masas educadas para identificarse con cosas que, en puridad, que diría el filósofo, ni les va ni les viene. Porque ¿en qué puede afectar a la vida de esa pobre gente que gane o pierda un equipo de millonarios? Sin embargo, lo que sí les afecta de una forma decisiva, eso, ni siquiera saben que existe. ¿Acaso alguno de entre todos esos desgraciados sabe quién descubrió el chip? O cualquier otro de los inventos que lo han puesto todo patas arriba con el consiguiente sufrimiento para los más débiles que son, precisamente, los que constituyen las masas... los que rugen.  

No sé, porque uno no puede estar seguro de nada —norma número uno para aspirar a una mínima salud mental—, pero sospecho que todos esos torneos que organiza el pérfido poder con la pretensión de, así, tener adormecidas a las masas no sirve para absolutamente nada. Porque lo de adormecer a las masas, pienso, no es más que un pleonasmo: masa y adormecido vendrían a ser una y la misma cosa. En este mundo, siempre ha habido, hay y habrá, masa adormecida y una exigua minoría despierta a la que el poder nunca ha podido, ni puede, ni podrá, meter en cintura por más que dedique todos sus esfuerzos a conseguir ese fin... hoy matan a un Giordano Bruno y mañana les crece un Galileo que se lo pone todavía peor. 

Así es que siempre estamos en las mismas, la masa rugiendo desde las terrazas de la esquina sur de la calle y la exigua minoría investigando en la soledad de sus laboratorios. Y el poder con el culo prieto... no hay más que ver cómo se le ha puesto la cara en cuatro días al presidente de nuestro país de tanto apretarlo. Se nota de lejos que el pobre hombre vive sin vivir en él. Hay que estar muy poseído por el demonio para poder soportar esos cargos como si tal cosa. 

El caso es que está ahora el poder con la cuestión esa de las redes sociales. Dicen que acaba de meter por la puerta de atrás una ley para poder controlarlas mejor. Es difícil imaginar una pendejada mayor. ¿Controlarlas, cómo? La parte de esas redes que afecta a las masas ya la tiene de sobra controlada, porque hasta un niño podría, pero la parte de las minorías sencillamente no pueden por razones de lenguaje: para el poder lo que hablan las minorías entre ellas es una jerga ininteligible; por eso no puede hacer otra cosa que pegar palos de ciego. En fin, cómo van a evitar que se difunda entre los jóvenes más avezados el mensaje de Murray Rothbard si ni siquiera saben que existe tal señor. Por eso, cada día que pasa, los vídeos con sus ideas se multiplican por cien sin que nadie tenga interés en poner coto... los que no saben es como los que no ven. 

Por lo demás, qué mierdoso es esto del verano en esta ciudad... ¡cuánto echo de menos los veranos que pasé en Castilla! Allí, por mucho que rugiesen las masas, no las oía. 

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