Las cosas iban de mal en peor; el relato que durante siglos había configurado el pensamiento mágico de la gente ya no servía. Demasiados dioses para cosa buena; daban una imagen del poder demasiado dispersa. Se necesitaba algo que diese soporte ideológico a una concepción monolítica del poder. Entonces, unos tipos influyentes se reunieron en una ciudad llamada Nicea, o algo así, y pensaron que una buena solución podría ser elevar a la categoría de Dios único a aquel judío que, tiempo atrás, había fundado una secta que tenía bastante tirón entre la gente del común. Dicho y hecho, fundaron lo que se dio en llamar cristianismo. A partir de ahí, la natural relación del hombre con lo divino se hizo a través de ese Dios único al que para darle el soporte material que todo lo divino necesita se le empezaron a construir templos por doquier a la vez que se liquidaba a todo el que cuestionaba el invento. Con el tiempo, a ese pensamiento mágico le fueron saliendo brotes que se adaptaban mejor a las necesidades de los tiempos cambiantes. Y así hasta que, so capa de racionalismo, le salió el hijo tonto del marxismo que es el que viene predominando en el mundo ya va para siglo y medio.
En fin, el caso es ese, que no hay forma de escapar al pensamiento mágico por la sencilla razón de que la realidad es algo que no podemos abarcar con nuestros escuálidos cerebros. Al respecto, lo único que nos demuestra la experiencia acumulada a lo largo de la historia es que cuanto más se ha tratado de racionalizar la explicación de la realidad mayor ha sido el desastre que ha dejado como rastro. No por otra causa es que siempre hayan existido apóstoles del orden espontáneo, desde Lao-Tse, pasando por Heráclito, hasta llegar Hayek en estos tiempos que corren. Tú, te dicen estos, déjate llevar y adáptate a las circunstancias. Como el río que fluye.
A partir de ahí, la relación con lo divino no necesita para nada templos. Los templos se los dejas a los turistas. A ti te basta con un papel y un lápiz para ponerte a resolver ecuaciones o, en su defecto, con una guitarra, para producir secuencias armoniosas de sonidos. Y eso es todo: regodeo en la agonía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario