domingo, 26 de julio de 2026

Sin trampa ni cartón

 Ayer estuve escuchando una clase que Jesús Huerta de Soto daba a sus alumnos en no sé qué universidad. Una clase a propósito de por qué en España siempre habían fracasado todos los intentos de liberalismo. Una clase a la que, por cierto, bien se la pudiera considerar como magistral sin que tal calificativo, como suele ser el caso, fuera mera propaganda. Hace el maestro un recorrido por la historia en el que quedan expuestas sin trampa ni cartón las causas de nuestra tragedia, principalmente, la pureza de sangre y su secuela inmediata, la inquisición. En definitiva, el trono y el altar en perfecta sintonía para un estrangulamiento continuo de cualquier intento de libertad en su manifestación más pura, el comercio. La nuestra es una historia hecha por soldados y curas yendo de la mano... es decir, la fuerza bruta casada con el embeleco. 

En realidad, toda la historia de la humanidad, groso modo, ha sido eso. El poder apoyándose en la fuerza bruta y el mito para justificar lo injustificable, es decir, apoderarse de una buena parte de las rentas del trabajo de la gente decente. Porque ahí está la cuestión, que todo poder basado en la fuerza y la mentira es, por naturaleza, indecente y, por tal, efímero. 

En fin, es descorazonador comprobar lo poco que el tiempo puede hacer para cambiar estas cosas. Y es que, por lo que sea, la gente del común adora las cadenas. ¡Vivan las cadenas!, gritaba el pueblo llano hace dos siglos, cuando recién se había yugulado un tímido intento de liberalismo. Y eso, por no hablar de hace dos días, como quien dice, cuando la gente salía a los balcones a aplaudir porque nos habían encerrado en casa, por nuestro bien, decían.  Siempre triunfa la lógica del "llámame alfombra y dame de comer"... aunque sea mierda lo que me das. 

Pero, así todo, por descorazonador que parezca, la semilla de la libertad nunca muere. Al ínclito Carlos quinto de Alemania —¡de Alemania tenía que haber sido!— y primero de España, se le enfrentaron los comuneros y pudo haber sido el comienzo de una bonita historia. Y nunca cejaron los intentos en ese mismo sentido, el de bajar los humos al poder. Y nunca cejarán, porque está en el espíritu de cada vez más gente el no dejar que nadie te venga a tocar los cojones... que no por otro sentir es que tengan tantos adeptos las películas de Clint Estwwood, entre otros. Por no hablar de las conferencias de Huerta de Soto que, ya digo, sin trampa ni cartón.  

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