Una cosa es ponerse a intentar desentrañar la realidad, tarea ardua donde las haya y, otra, que, merced a los hallazgos que obtuviste, siempre inciertos, estás en posesión de las claves del futuro. Ese salto en el vacío no hay filósofo que no caiga en la tentación de darle, para, por lo general, cagarla bien cagada.
Dice el tal, ya va para cien años:
«Acertará quien no se fie de cuanto hoy se pregona, se ostenta, se ensaya y se encomia. Todo eso va a irse con mayor celeridad que vino. Todo, desde la manía del deporte físico (la manía, no el deporte mismo) hasta la violencia en política; desde el "arte nuevo" hasta los baños de sol en las ridículas playas de moda. Nada de eso tiene raíces porque todo es pura invención, en el mal sentido de la palabra, que le hace equivaler a capricho liviano. No es creación desde el fondo sustancial de la vida. No es afán ni menester auténtico. En suma: todo eso es vitalmente falso.»
Si el filósofo hubiese prescindido de la frase, todo eso va a irse con la misma celeridad con la que vino, el conjunto tendría una indudable consistencia, pero esa frase le hace tambalearse, porque es error fatal dar carta de naturaleza a lo que solo son deseos, por muy loables que estos sean. Imagínense el chasco que iba a llevarse el filósofo si hoy levantase la cabeza: no solo no se ha ido nada, sino que se ha elevado a la enésima potencia. Y está aquí para durar porque todos esos caprichos livianos se han convertido en el fundamento de una parte más que sustancial del producto interior bruto de los países desarrollados. ¿Quién lo iba decir? El mismísimo Poirot, en observando a unos elegantes burgueses que se tostaban al sol en una playa del Adriático, comenta a su acompañante: "like livind dead, n´est pas?". Pues sí, qué duda cabe, igual que muertos vivientes, y a mayor gloria de Dios, porque qué sería si todos esos cientos de millones de muertos vivientes estuviesen dando el coñazo por las calles... si quieren comprobar lo qué es eso, vengan a Santander un día lluvioso en plena temporada; ni se les ocurra pisar el centro porque no podrán dar un paso.
Nada se va y, diría yo que, cuanto más ridículo es el invento, más se afianza. Es como si la ridiculez se constituyese en aquellas cadenas, o caenas, que el pueblo vitoreaba. Es el ¡viva el absolutismo!, ¡viva lo que no tiene vuelta de hoja! Porque es que, ¿a quién en su sano juicio se le va a ocurrir ponerse a cuestionar lo que nos da de comer? Y eso por mucho que el menos común de los sentidos nos diga que es pan para hoy y hambre para mañana... precisamente por eso, porque es el menos común nadie osa.
Ya te digo, la violencia en la política... ¡tantos como quieren vivir de ese pastel! No hay nada más que ir pedaleando por una carretera solitaria de Castilla y ver, allá a lo lejos, un revuelo de buitres alrededor de una oveja despeñada. Eso es la política, trincar una tajada de la oveja muerta; tajada por aquí, tajada por allá, los buitres sobreviven. No entiendo como el filósofo no ha entendido algo tan sencillo como que para eso se inventó la democracia, para que los buitres sobrevivan picoteando a las ovejas que vendrían a ser los living dead, n´est pas?
En fin, hay lo que hay y lo único que podemos hacer para que no nos pille el toro es evitar el centro de la ciudad los días lluviosos en plena temporada de verano.
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