Por lo visto eso de la inteligencia artificial es el acabose. Como si fuese el paso definitivo que, por aquello de la omnisciencia, nos convierte en dioses. De ilusión en ilusión y tiro porque me toca. O, lo que es lo mismo, de hostiazo en hostiazo y no aprendo nada. Y así venimos desde que Prometeo le robó el primer fuego a los dioses. La inteligencia para mí es hacer servir para algo los datos que acumulaste en la memoria; saber interrelacionarlos de forma que te facilite el conseguir la manduca, por ejemplo.
Saber Interrelacionar datos, aunque es algo que, en principio, todos traemos de fábrica, no por eso conviene hacerse ilusiones. En la inmensa mayoría de los casos ese interrelacionar es muy rudimentario y siempre dependiente de las emociones del momento. Así que podemos considerar que la gran tarea de nuestras vidas consiste en intentar perfeccionar ese mecanismo interrelacionador. Es algo que, de tan elemental como es, nos suele pasar desapercibido y por eso es que deleguemos con tanta facilidad nuestra responsabilidad en manos mercenarias.
Todos los imperios han sucumbido cuando empezaron a delegar funciones esenciales, empezando por la seguridad de las fronteras, en manos mercenarias. Y es que el mercenario no tarda ni cuatro días en apercibirse de cuál es su poder y cómo lo puede utilizar para quedarse con todo. Eso es exactamente lo que nos ha pasado con el aprendizaje de la interrelación de datos, que, al haberlo delegado en el Estado, el Estado se ha quedado con todo. El Estado nos enseña lo que le viene bien para sus fines de dominio y nos hurta lo que pueda poner en entredicho ese dominio. Por eso, nos enseña a obedecer y procura impedirnos por todos los medios a su alcance que aprendamos a pensar por nuestra cuenta.
¿Y cómo logra esa meta absolutamente inhumana? Para empezar, desterrando del imaginario colectivo aquella máxima libertaria por antonomasia que estaba grabada a cincel en el frontón de la Academia: «Que nadie entre aquí si no sabe geometría». La geometría es exactamente eso, interrelacionar datos para resolver problemas. Dicho de otra forma, es gimnasia del espíritu. Es pensar con método. En definitiva, es todo lo que ayuda a ser libre. Porque es de eso de lo que se trata, de libertad, algo de lo que el que te tiene esclavizado no quiere oír hablar.
Así que, señoras y señores, no se dejen engañar: inteligencia artificial es un oxímoron, o un imposible metafísico, si mejor quieren. O, ya puestos, una ortopedia para discapacitados. Lo suyo para que no te tomen el pelo es desayunarte todos los días con un problema de geometría. Es la forma ideal de hacer músculo espiritual, el que te defiende de los parásitos, vampiros, comunistas, o como quieran llamar a los que pretenden vivir de tu esfuerzo.
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