miércoles, 1 de julio de 2026

El Padre Astete

Había remoloneado mucho con respecto a la Serenata Española de Malat. Me parecía un reto que sobrepasaba mis capacidades. Una excusa, en definitiva, para justificar mi pereza. Llevo menos de un mes estudiándola y ya puedo tocar largos fragmentos con la correspondiente satisfacción al sentir como resuena en mi interior. En realidad, en eso consiste la gran magia de la vida que nos ha sido dada a los humanos: poder proponernos algo y, merced al ejercicio de la voluntad, conseguirlo. Y así es que, de logro en logro, vamos tomando confianza en nosotros mismos y ya no nos parece gran cosa poner un pie en la luna. 

Contra pereza, diligencia, recitábamos como loritos en el colegio. Nos poníamos en corro alrededor de las mesas del aula, el profesor indicaba un pasaje del catecismo del Padre Astete y nombraba a cualquiera para que empezase a recitar. Cuando el recitante titubeaba, el profe daba un golpe con su vara sobre la mesa y pasaba el turno al siguiente para que prosiguiese. Así es que, todavía hoy, puedo recitar grandes tozos de aquel manual de conocimientos básicos para poder tirar hacia delante sin darte calabazadas contra las paredes.

Todos los pecados capitales, o vicios, tienen su contrapartida en la virtud correspondiente. En la lucha de las unas contra los otros es donde reside toda la enjundia de esta vida. Porque, por mucho que te esfuerces, siempre está ahí el pelo de coño que tira más que soga de marinero o carreta de bueyes. Y caes y te levantas y vuelves a caer. Todo a tu alrededor está concebido para que caigas en la tentación... en eso consiste, precisamente, el noventa por ciento, y me quedo corto, de lo que llaman economía de mercado. El secreto de su éxito estriba en convencerte de que es una chorrada ejercitar la voluntad. ¿Para qué someterse al doloroso ejercicio de la disciplina si la tecnología te resuelve en dos patadas lo que a la disciplina le cuesta años? Al respecto, siempre recuerdo aquel chiste en el que un padre le está diciendo al profesor de música de su hijo que no le apriete mucho porque de mayor se podrá comprar todos los discos que quiera. 

Y ahí es donde reside todo el quid de la cuestión, que solo con el dolor de la disciplina se consiguen habilidades, de cuyo ejercicio es de donde, a la postre, se extraen las mayores cuotas de placer, diríamos que sostenible... porque del insostenible ya sabemos todos por dónde van los tiros. ¡Dios mío, cuanto tiempo perdido en tonterías antes de caer en la cuenta de algo tan evidente! Caer en la cuenta de lo fácil que es atarse al palo mayor de la nave para no poder correr tras las sirenas. Así, las oyes, y como quien oye llover. 

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