martes, 28 de julio de 2026

Desengaño

Les diré lo que es la vejez: desengaño. Te has pasado la vida intentando comprender lo que dijeron unos y otros produciendo con ello irreconciliables ideologías. Los unos epicúreos, los otros estoicos; los unos católicos, los otros protestantes; los unos de derechas, los otros de izquierdas... infinitas dicotomías. Como les decía ayer, todo filfa. Todo el mundo es de todo y nadie es de nada: eso es exactamente lo que enseña la experiencia. De lo que sí pueden estar seguros es de que todo el mundo, salvo algún iluminado con pulsiones suicidas, es de lo que cree que le conviene, porque cree que sale ganando, en el momento en el que se ve en el trance de tener que escoger. 

Entonces van unos sabios conferenciantes y dicen: entonces llegó la era del racionalismo y todo cambio. ¿Racionalismo, dice usted? ¿A qué se refiere? ¿Acaso a que desapareció la superstición? Para mí que desde que el mono bajó del árbol ha habido en el mundo los mismos porcentajes de gente sensata y gente chisgarabís. Y eso no lo va a cambiar ninguna ideología, ni ninguna religión, ni ninguna como sea que quieran llamar a las mandangas que se inventa la gente para que los débiles puedan parasitar a los fuertes... o los chisgarabises a los sensatos. 

Se imaginan ustedes todo lo que se mató la gente entre sí por sostener los unos que estamos predestinados y los otros que tenemos libre albedrío. ¿Se pueden imaginar mayor imbecilidad? ¿Quién puede estar seguro de que hace lo que hace porque así lo quiere él y no porque las circunstancias le han comido el coco para que se decante por lo que le perjudica en beneficio de otros? Hasta los más sensatos se dejan arrastrar por las corrientes dominantes. Es inútil pararse a considerar tales extremos porque nunca se puede llegar a conclusión alguna. Al respecto, solo hay una cosa de la que podemos estar bastante mucho seguros: nuestros actos tienen consecuencias de las que, queramos o no queramos, siempre somos responsables y, tarde o temprano, recibiremos las recompensas, o tendremos que pagar, por ellas. En eso se resume toda la filosofía de la vida y es inútil hacerse ilusiones y acogerse a la anécdota para justificar que puede ser de otra manera. 

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