Hay un portal en YouTube de nombre Liberalístico que se diría ser la obra del mismísimo Murray Rothbard, pero no, lo es de una tal Cristina Soto, un prodigio de sabiduría y comunicación. No, por cierto, le han caído esos dones del cielo, aunque supongo que algo también, porque se da el caso de que Cristina ha estudiado Derecho, Economía, Psicología e Ingeniería Informática, con especialización en computación, neuropsicología del aprendizaje y Escuela Austriaca de Economía, ¡ahí es nada! Resumiendo, es una mujer que no habla a humo de pajas. Las cosas, para Cristina, no son como son porque sí; todas, para ella, tienen su porqué y su labor consiste en desentrañar ese porqué utilizando los conocimientos adquiridos tras los años de intensa preparación; así, entretejiendo argumentos en los que difícilmente se aprecian puntadas al aire, construye piezas informativas que, a mi juicio, son verdaderas obras de arte.
Pongamos que el vídeo sobre el origen de la escuela pública, ese mito al que es casi imposible hincarle el diente sin rompértelo. Cuestionar que la escuela pública es un bien absoluto es comprar todas las papeletas para la rifa del ser quemado en la hoguera. Una herejía, en definitiva. El problema, claro está, es que sin herejes todavía estaríamos en la edad de piedra... que, no nos engañemos al respecto, es donde cualquier poder constituido quiere que estén sus súbditos. Y eso es lo que se demuestra con datos incontestables en ese vídeo de Cristina sobre la escuela pública, que su función no es otra que mantener a las masas en un estado troglodita, es decir, atadas a los mitos, o sea, privadas de cualquier atisbo de pensamiento crítico.
A propósito de la escuela pública, recuerdo ahora que, hace un par de años o así, iba yo a mis asuntos por el muelle, hacia las once de la mañana, cuando me topé con una recua de niños que portaban pancartas alusivas a la paz; los niños iban escoltados por una maestra bollera... y digo bollera basándome en el hecho de que la tal iba abrazada y morreándose con otra mujer como si fuese la cosa más natural del mundo. Claro, la paz, ¿quién no la quiere? Por cierto, en ninguna de aquellas pancartas se hacía alusión a la famosa máxima: "Si vis pacem, para bellum". La guerra, ¡qué horror!, algo completamente superado. Eso es lo que enseñan a los niños en la escuela pública. O sea, se les adoctrina en la idea de que, echándole empatía y socialización al asunto, se puede vivir perfectamente con los conflictos enquistados, porque, sin guerras, ya me dirás tú cómo los desenquistas. Sería todo ello de una inocencia enternecedora si no viésemos que, por detrás, está la mano del mal barriendo para casa: los conflictos enquistados en el pueblo son la mejor garantía de estabilidad para el poder constituido.
En fin, desmitificar, no hay otra salida a los males del mundo. Y, para ello, no hay otra solución que la de la guerra. La guerra, ese invento liberador que, entre otras cosas, nos ayudó a descubrir la herramienta de la disciplina, la más útil, quizá, de todas las que existen. Por cierto, les recomiendo vivamente ver el video: Israel, el Estado nacido de la culpa.
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