¿Y ahora qué? La gente se pasó la noche dando el coñazo porque unos deportistas multimillonarios, por los que se sienten representados, ganaron un torneo. ¿Y qué saca en limpio con todo esto toda esa gente? Supongo que exaltar un poco más el sentimiento de pertenencia. ¡Somos los mejores! ¿Está usted seguro? ¿Qué algo de mérito ha hecho usted para poder sentirse así?
Cada uno es cada uno y se las apaña como mejor puede. En lo que a mí respecta nunca he podido identificar dentro de mí fuertes sentimientos de pertenencia a absolutamente nada que no sea a mí entorno más inmediato. Y no es que no comprenda que el haber nacido en este lugar que llaman España me ha reportado ciertas ventajas comparativas respecto de gentes nacidas en otros lugares del mundo; en la mayoría de los lugares, si ustedes me apuran. Aunque esto de mejor o peor es radicalmente relativo, porque es mejor nacer en el peor sitio en el seno de la mejor familia, que al revés. Para mí, en eso de la identidad, pertenencia, y mandangas por el estilo, hay muy poco recorrido más allá de la familia. Y, en la mía, nunca vi a nadie entusiasmarse por acontecimientos colectivos. Todas las admiraciones en mi casa iban dirigidas a individuos concretos, sin tener en cuenta su origen o condición; si habían hecho algo de contrastado mérito, se les admiraba y punto.
En definitiva, a lo único que uno puede adscribirse es a una forma de ver el mundo; algo muy etéreo por cambiante, en cualquier caso. Ir más allá lo considero extremadamente peligroso. De hecho, las peores manifestaciones del comportamiento humano siempre han estado ligadas a los fuertes sentimientos de pertenencia. Es lo que genera los "nosotros y ellos" irreconciliables que siempre han estado en el origen de las guerras... aunque también comprendo que la guerra es una tecnología muy útil para resolver problemas enquistados a los que no se encuentra solución, por así decirlo, racional.
Puesto a ser Dios, lo que yo haría sería reproducir el modelo judío de antes de que se fundase el Estado de Israel. O sea, cuando era el Pueblo del Libro. Todo el mundo era su territorio natural y la cohesión les venía de la concepción del mundo que les proporcionaba el Libro... fundamentalmente, la adscripción a ley natural. Por ese procedimiento, fueron muchas veces perseguidos, pero nunca fueron perseguidores que es lo que realmente es odioso.
En fin, qué bueno que ya pasó la ola hortera esa. Ahora, a esperar que pase la que ya tenemos en ciernes, la Semana Grande, que le dicen. ¿Qué habremos hecho para merecernos esto?
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