sábado, 25 de julio de 2026

¿De cuáles eres?

 Ayer por la tarde estaba tan aburrido que probé a aliviarme encendiendo la televisión. Estaban echando una película protagonizada por un John Wayne bastante joven, si es que ese hombre lo fue alguna vez. El caso es que estaba junto a un niño que intentaba pescar peces, pero no lo conseguía. Es que estás de espaldas al sol y haces sombra sobre el agua y, eso, espanta a los peces; tienes que ponerte en la otra orilla, le dice. Es que no puedo ir allí porque no sé nadar. Sin mediar palabra, agarra al niño como si fuese un pelele y lo arroja en mitad del río. El niño manotea un poco, pero en menos de lo que se dice ya había llegado a la otra orilla con la cara iluminada por la satisfacción de haber vencido un miedo ancestral. Es toda una concepción de la vida que este mundo en el que nos ha tocado vivir se empeña en enterrar bajo siete capas a cada cual de ellas más maricona. 

Ahora, aquí, estamos en una cosa que llaman Semana Grande. Es una especie de fiesta en casa de Trimalción con toda la mariconería de la ciudad haciendo de maestros de ceremonia. La única forma de ir por libre o, más exactamente, de que no te expriman, es quedándote en casa. Mala cosa, pienso yo, tiene que ser el que papá y mamá te organicen el entretenimiento. Lo que ellos quieren siempre es que no te hagas pupa. Lo de la paz y todas esas cosas que de puro aburridas conducen inexorablemente al consumo de estupefacientes... que es en lo que mayormente está la gente. 

Yo veo por ahí a todos esos jóvenes recogiendo cacas de perro por la calle; los mismos jóvenes que, luego por las noches, van a los bailes de vampiros de moda y lo dejan todo tan asqueroso que obligan a la alcaldesa a salir en los medios de comunicación de masas para decir que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa: así es como los regaña. En honor a la verdad hay que decir que solo vemos a la morralla; lo valioso, anda por ahí, el mundo adelante, buscándose la vida. Siempre hubo, y siempre habrá, libres y esclavos. Y no se engañen, las empatías, socializaciones, y todas esas mandangas que enseñan en las escuelas públicas, no son más que los eslabones de la cadena que llevan al cuello los esclavos. Los espíritus libres no van a la escuela; pescan a la orilla del río a la espera de que llegue un John Wayne y les enseñe a nadar. Resumiendo, los unos se mueren por ir todas las noches a casa de Trimalción y, los otros, ni ciegos de grifa irían. ¿De cuáles eres tú?

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