lunes, 27 de julio de 2026

Filfa

Uno va por ahí en bicicleta, pongamos que por Valderredible, por la carretera que bordea los meandros del Ebro, y escucha el susurro del agua que se desliza apacible, el del viento que acaricia las hojas y, sobresaliendo de ese fondo sonoro, el canto de los pájaros que, sin duda, es conversación entre ellos. Los pájaros tienen ese privilegio, que, de forma natural, conversan cantando. 

Los seres humanos a duras penas podemos imitar ese privilegio y, esa imitación, allí hasta donde llegue, quizá sea nuestro máximo logro como especie. Ésta es la conclusión a la que creo que he llegado después de más de ochenta años de devanarme los sesos. Todo lo demás que hacemos, excepción hecha del procurarnos manduca, es pura filfa. La música, incluyendo en ella, por supuesto, la poesía, es nuestra única posibilidad de comunicación real... es decir, el intento de acercarnos a la verdad de lo que sentimos. 

Así que, todo eso que llaman filosofía es, como digo, pura filfa. Que yo sepa, solo ha servido para dar pábulo al ansia de dominio de los unos sobre los otros. El ansia nacida del no poder expresarse cantando. O sea, de la insuficiencia. 

En fin, bajo a la tierra, porque tengo que hacer unas burocracias que me son indispensables para asegurarme la manduca. En cuanto las termine me vengo para casa a toda mecha para agarrar una guitarra que vendría a ser la ortopedia de la que no puedo prescindir si quiero acercarme a la verdad de lo que siento. 

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